29/03/20226
Hoy nos situamos en el umbral de la Semana Santa, el corazón del tiempo cristiano, donde el misterio de la Redención se despliega ante nuestros ojos no como un mero recuerdo del pasado, sino como una presencia viva y transformadora. Iniciamos este camino con el Domingo de Ramos, una jornada marcada por un contraste que define la tensión de nuestra propia fe: el júbilo de la entrada mesiánica en Jerusalén y la gravedad solemne de la Pasión del Señor.
La liturgia comienza fuera del templo, en un estallido de alegría, aclamando a Jesús, quien, cumpliendo la profecía de Zacarías, entra en Jerusalén, la Ciudad Santa montado en un humilde borrico. Este detalle no es anecdótico; nos revela la naturaleza del Reino de Dios. Nuestro Rey no cabalga un corcel de guerra para imponerse por la fuerza, sino un pollino, signo de mansedumbre, para enseñarnos que el verdadero triunfo se manifiesta en la sencillez y en el amor que sirve.
Al agitar nuestros ramos, no solo recordamos un hecho histórico; expresamos nuestra voluntad de acompañar a Cristo, reconociéndole como el enviado de Dios. Pero esta entrada triunfal es solo el prólogo de una entrega mayor. Jesús sabe que, aunque parece entrar como Rey, primero debe sufrir para alcanzar la gloria. Él entra en Jerusalén consciente de lo que ocurrirá, asumiendo voluntariamente su destino por solidaridad con cada uno de nosotros.
Al entrar en la Eucaristía, cambiamos el tono de la celebración, de las palmas pasamos al drama de la cruz. Escuchamos en la primera lectura al Siervo de Yahvé, quien “ofrece la espalda a los que le golpean” y no esconde su rostro ante los ultrajes. Este Siervo prefigura a Cristo, quien en su pasión asume el dolor y el castigo de toda la humanidad.
San Pablo, en su himno a los Filipenses, nos ofrece la clave teológica fundamental para vivir esta semana: la kenosis o el anonadamiento de Dios. Cristo, siendo de condición divina, se despojó de su rango, se rebajó hasta la muerte, y una muerte de cruz. Este es el viaje pascual de Jesús: un movimiento descendente de humillación que culminará en el movimiento ascendente de la glorificación por parte del Padre. Es la lección suprema para nuestras comunidades: que los mismos sentimientos de Cristo, su humildad y su entrega, reinen entre nosotros.
En este ciclo A, contemplamos la Pasión según san Mateo. El evangelista nos presenta a un Jesús plenamente consciente de su misión, que asume la injusticia de un proceso culpable y la soledad del abandono. En el calvario, el silencio de Dios y la aparente ausencia de su auxilio nos muestran la profundidad del sacrificio de Cristo. Su último aliento es un acto de confianza absoluta: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”.
Es paradójico y revelador que sean los paganos, como la mujer de Pilato o el centurión al pie de la cruz, quienes mejor perciben la inocencia y la dignidad de Jesús. Ellos nos invitan a nosotros, que a menudo estamos acostumbrados a la historia sagrada, a dejarnos impresionar de nuevo por la generosidad de Aquel que se entrega para reconciliarnos con el Padre.
Pues, al salir hoy del templo con nuestros ramos bendecidos, no lo hagamos como espectadores de una representación piadosa, sino como discípulos que acompañan a su Maestro. La lectura de la Pasión nos afecta a todos porque se refleja en nuestras propias vidas, en nuestros momentos de dolor, enfermedad o fracaso.
Cargar con la cruz no es el destino final del cristiano. Estamos destinados a la vida, no a la muerte; a la alegría perfecta, no al sufrimiento eterno. La Semana Santa es el faro que da sentido a todo nuestro año litúrgico, recordándonos que no hay tumba que se resista al Espíritu vivificador. Que estos días de oración intensa nos ayuden a pasar del hombre viejo al hombre nuevo, para que, participando ahora de su cruz, merezcamos un día tener parte en su resurrección gloriosa.
Que por intercesión de María, Reina de la Paz, esta semana transforme nuestro corazón y nos haga instrumentos de reconciliación en medio de nuestra sociedad.
Feliz domingo de Ramos e intensa Semana Santa.









































