Miércoles de Cenizas

18/02/2026

Nos hemos reunidos hoy bajo el signo de la ceniza, ese polvo gris que nos recuerda que somos pequeños ante la grandeza de Dios, pero inmensamente amados por Él. La Cuaresma no es simplemente un tiempo de tristeza, sino un camino de esperanza que nos conduce hacia la luz de la Pascua.

El Evangelio de hoy nos da el mapa para este recorrido, señalando tres prácticas esenciales: la limosna, la oración y el ayuno. Jesús nos pide que hagamos estas cosas con un corazón sincero y no para que los demás nos aplaudan o nos vean como personas muy buenas. El Señor nos advierte contra la hipocresía, esa tentación de usar una máscara religiosa para impresionar a los hombres, olvidando que nuestro Padre ve lo que hay en lo más profundo de nuestro corazón, en lo más escondido de nuestra alma.

En primer lugar, nos habla de la limosna, que es compartir lo que tenemos con los que más sufren. Para nosotros esto significa que lo que somos por dentro es más importante que lo que tenemos, y que compartir es convertir el egoísmo en ceniza. La limosna es una llamada a la justicia y a la solidaridad real, reconociendo que no somos dueños de nada, sino administradores de la gracia de Dios.

En segundo lugar, Jesús nos invita a la oración. Rezar no es repetir fórmulas mágicas o palabras huecas, sino hablar con Dios en lo secreto, como un hijo habla con su padre que lo ama profundamente. En este tiempo, busquemos ese desierto interior para escuchar la Palabra de Dios, que es el alimento más necesario para nuestra alma. La oración verdadera es la que transforma nuestra mentalidad para que nuestra vida se parezca cada día más a la de Cristo.

Finalmente, el Señor nos propone el ayuno. Ayunar no es solo dejar de comer algún dulce o carne, sino privarnos de lo que nos sobra para aprender a depender solo de Dios. Podemos ayunar de críticas, de redes sociales, de mal humor o de pereza, demostrando que somos dueños de nuestros deseos y no esclavos de ellos. Jesús nos dice que, al ayunar, no pongamos cara triste, sino que nos perfumemos la cabeza, porque el sacrificio hecho por amor es siempre fuente de alegría espiritual.

Al recibir la ceniza, que proviene de los ramos bendecidos el año pasado, estamos diciendo un lo siento sincero a Dios. Estamos reconociendo que necesitamos su misericordia para rehacer lo que está roto en nosotros, no echemos en saco roto la gracia de este tiempo favorable. Que este Miércoles de Ceniza sea el comienzo de una historia nueva en nuestras vidas, una historia escrita con el amor de Dios que nos perdona y nos invita a resucitar con Él. Que nuestra Madre María nos acompañe en este ascenso hacia el monte santo de la Pascua.

Feliz Cuaresma, camino hacia la Pascua.

Imposición Cenizas

Este miércoles 18 de febrero, miércoles de Ceniza se impondrán la ceniza en los siguientes horarios:

Celebración de la Palabra:

  • Torrealquería a las 17h
  • Romeral a las 18h
  • Parroquia a las 17:00h y 18:00h

Eucaristías en la Parroquia a las 9:15h y a las 19:30h

VI Domingo del Tiempo Ordinario

15/02/2026

Este sexto Domingo del Tiempo Ordinario, próximo al inicio de la cuaresma, la Palabra nos ilumina con una sabiduría divina que no es de este mundo, sino que ha sido predestinada por Dios para nuestra gloria. También celebramos, en las misas de este domingo en nuestra parroquia con oraciones y preces, la XXXIV jornada de los enfermos del paso miércoles 11 de febrero día de la Virgen de Lourdes., cuyo lema es La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro”

Nos reunimos en esta asamblea tan diversa, jóvenes esperanzados, adultos cargados de afanes y ancianos llenos de experiencia, este domingo el Señor nos dirige un mensaje de una profundidad y exigencia asombrosas, pero a la vez cargado de una inmensa promesa de libertad.

La liturgia de hoy nos sitúa ante el misterio de la libertad humana, el libro del Eclesiástico nos recuerda que Dios nos ha creado libres, ante nosotros están el fuego y el agua, la vida y la muerte. No somos esclavos del destino ni de nuestros impulsos; Dios no obliga a nadie a ser impío ni da permiso para pecar. Esta es la grandeza de nuestra dignidad, podemos elegir guardar los mandamientos y permanecer fieles a su voluntad si así lo queremos. “Si quieres guardarás los mandamientos y permanecerás fiel a su voluntad” Sin embargo, esta elección no puede ser un simple ejercicio de la voluntad propia, sino que requiere de la verdadera sabiduría, que te hará bienaventurado, así lo cantamos en el salmo “Dichoso el que camina en la ley del Señor”

San Pablo nos advierte que existe una diferencia abismal entre la sabiduría de los hombres, que a veces se limita a las matemáticas o a la física y se olvida de lo esencial, y la sabiduría misteriosa y escondida de Dios “la sabiduría no es de este mundo” La sabiduría divina consiste en comportarse como el Señor se comporta, en sintonizar nuestro corazón con el Espíritu que lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios. Ser sabio hoy no es saber mucho, sino saber amar conforme a la voluntad del Padre.

En el Evangelio, Jesús se presenta ante nosotros como el Maestro que no viene a abolir la Ley antigua, sino a llevarla a su plenitud y perfección “No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas, no he venido a abolir, sino a dar plenitud”. Cristo nos saca de la lógica de los mínimos, ese conformarse con no matar o no robar, para invitarnos a la lógica de los máximos, la lógica del amor. Jesús utiliza esas poderosas antítesis: “Habéis oído que se dijo… pero yo os digo”. Con autoridad divina, el Señor nos enseña que el pecado no comienza en la acción externa, sino en la raíz del corazón.

Fijémonos en los ejemplos concretos que nos da el Señor. No basta con no cometer un asesinato material; quien se encoleriza contra su hermano o lo desprecia con palabras hirientes ya está quebrando la fraternidad y, por tanto, matando algo en el otro. Jesús nos llama a la interiorización, el no matarás, se convierte en una prohibición del rencor y el insulto. Por eso, la exigencia de la reconciliación es absoluta. Si al presentar tu ofrenda te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, el culto carece de sentido si no vas primero a reconciliarte. Dios prefiere el abrazo con el hermano antes que el incienso en el altar si el corazón está dividido.

Igualmente, la fidelidad conyugal no es solo un contrato externo; es una pureza que nace de la mirada y del deseo del corazón. Jesús es un Maestro exigente porque sabe de qué estamos hechos y sabe que solo en la veracidad total, donde el sí sea sí y el no sea no, el hombre encuentra su verdadera paz y libertad. No necesitamos juramentos complicados si nuestra vida está cimentada en la verdad de Dios.

Para vivir esta justicia mayor que la de los escribas y fariseos, necesitamos pedirle al Señor que nos abra los ojos para contemplar las maravillas de su ley. Ser cristiano es mucho más que estar bautizado o rezar de vez en cuando; es una invitación a que el corazón se empape del amor divino y se convierta en el centro de una nueva ley.

Que la Virgen María, que conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón, nos enseñe a ser dóciles al Espíritu. Empecemos hoy mismo a buscar esa sabiduría que no es de este mundo, siendo responsables, obedientes al Padre y, sobre todo, buenos unos con otros, pues para esto hemos sido creados. Que, en esta Eucaristía, al alimentarnos del Cuerpo de Cristo, recibamos la fuerza para que nuestra fe se traduzca en obras de justicia y perdón, y así caminemos felices en la ley del Señor.

Feliz domingo día del Señor y feliz semana.

V Domingo del Tiempo Ordinario

02/08/2026

Este V domingo del Tiempo Ordinario coincide con la campaña de Manos Unidas, cuyo lema es “Declara la guerra al hambre” y como la luz que disipa las tinieblas y sal que preserva la vida, estamos llamados a ser cauces de la caridad divina para declarar la guerra al hambre, transformando nuestra existencia en un sacrificio vivo que devuelva la esperanza y la dignidad a los más vulnerables.

Ser sal de la tierra y luz del mundo es el resultado de una fe que confía en el poder de Dios y se traduce en obras concretas de amor hacia los más pobres y desamparados.

En nuestra realidad cotidiana, rodeados de prisas y, a veces, de un asfalto que parece enfriar el corazón, muchos podemos sentirnos como sonámbulos del corazón. Caminamos haciendo muchas cosas, pero a veces la vida nos sabe regular, como una comida sin sal, o nos vemos envueltos en la oscuridad de las preocupaciones, el paro o la soledad. Hoy Jesús nos revela nuestra verdadera identidad: “Vosotros sois la sal… vosotros sois la luz”. No es algo que seremos en el futuro, sino lo que ya somos si dejamos que el Espíritu de Dios actúe en nosotros.

Jesús utiliza dos imágenes sencillas de la vida diaria para explicarnos el Reino de Dios. La sal cumple dos funciones: da sabor y preserva de la corrupción. Como cristianos, estamos llamados a evitar que nuestra sociedad se deshumanice y a dar un gusto diferente a la existencia a través de la bondad y la alegría. Por otro lado, la luz no existe para brillar por sí misma, sino para que otros vean por dónde caminan y no tropiecen.

En la segunda lectura, san Pablo nos confiesa algo muy íntimo: él no llegó a Corinto con discursos sabios ni gran elocuencia, sino “débil y temblando de miedo”. Esta es una gran noticia para nosotros cuando nos sentimos cansados o insuficientes. La verdadera espiritualidad del discípulo no se apoya en sus propias fuerzas, sino en el poder del Espíritu Santo. En nuestra oración personal, debemos preguntarnos: ¿estoy dejando que la luz de Dios ilumine mis propias heridas para que Él las cure y me convierta en un faro para otros? La luz del cristiano es, en realidad, la luz de Cristo reflejada en un corazón que se sabe amado y perdonado.

El profeta Isaías nos da la hoja de ruta para que nuestra luz brille de verdad: “Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, cubre al desnudo y no te desentiendas de los tuyos”. En nuestra vida diaria, en lo cotidiano, esto se traduce en no mirar para otro lado ante el vecino que sufre o el forastero que busca acogida.

No se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para que alumbre a todos los de casa. Dios no quiere que seamos lumbreras famosas, sino que iluminemos los rincones sencillos de nuestra familia, nuestro trabajo y nuestro barrio.

Que la Virgen María, que nos toma de la mano para hacer el bien, nos ayude a ser testigos alegres de la luz de su Hijo.

Feliz domingo día del Señor, feliz semana.