Oración compartida-Viernes Santo

Ayer, 3 de abril, de 19:00 a 21:00, la Iglesia de Torrealquería acogió de nuevo un profundo encuentro de oración compartida bajo el lema “Amor que sirve y muere por amor”.

Bajo la segunda parte del lema, “Amor que muere por amor”, la oración nos condujo a contemplar el misterio de la cruz, signo del amor llevado hasta el extremo. En un clima de silencio y recogimiento, nos acercamos al dolor de Cristo, reconociendo en Él todas las cruces del mundo: el sufrimiento, la soledad y la entrega silenciosa de tantos.

La adoración de la cruz se convirtió en el centro del encuentro, un gesto sencillo y profundo que nos permitió acercarnos personalmente a ese amor que se entrega sin medida.En ese silencio compartido, cada uno pudo encontrarse con Dios y dejarse abrazar por su misericordia.

Se vivió un ambiente muy especial, marcado por la profundidad, la oración y la comunión entre todos. Fue, sin duda, una experiencia estupenda y profundamente significativa.

🙏 Gracias a todos los que participaron e hicieron posible este momento tan intenso y lleno de sentido.

El reposo del Señor y la Stabat Mater

Mientras los discípulos están encerrados por miedo, con el corazón roto por el fracaso y la culpa, María permanece en una soledad que no es aislamiento, sino espera habitada. Ella es la Memoria de la Iglesia. Ella no olvida la promesa: “Al tercer día resucitaré”.

El Sábado Santo es el día de la Paciencia Teologal. María sostiene el cuerpo muerto de su Hijo en la Piedad y luego lo entrega a la tierra. La resonancia existencial toca nuestra herida de la pérdida y el aparente silencio de Dios

¿Cuántas veces nuestra vida parece un Sábado Santo? Proyectos que mueren, seres queridos que parten, oraciones que parecen no tener respuesta. El mundo cree que el silencio de Dios es Su ausencia; María nos enseña que el silencio de Dios es Su modo de trabajar en lo profundo, como la semilla bajo la nieve. Ella es la que espera contra toda esperanza la que mantiene encendida la llama cuando todos los demás han soplado la suya.

Un sepulcro sellado donde nada se mueve, hoy debemos aprender de María a “estar sin hacer.” Acompañar a María en su soledad es aprender que la fecundidad pastoral no nace del activismo, sino de la fidelidad en la hora del vacío. Es el día de la intercesión silenciosa por el pueblo que sufre.

Es un día que nos invita a la esperanza activa. No es una espera pasiva, sino un velar el corazón. Acompañar a María es permitir que ella nos enseñe a leer nuestra propia historia no desde la derrota del Viernes, sino desde la promesa del Domingo. Ella nos toma de la mano para que no caigamos en la desesperación.

Hagamos “Comunión en el Silencio”, no busquemos palabras. Miremos a la Virgen. En su rostro no hay desesperación, sino un dolor transido de luz. Ella es el puente entre el madero y la gloria.

Madre de la Soledad, gracias por tu fe inquebrantable. Hoy me siento a tu lado, en el umbral del sepulcro. Enséñame a esperar. Que tu corazón sea mi refugio en las horas en que la luz parece haberse apagado. No me dejes solo en mi Sábado Santo; que contigo aprenda que el grano de trigo que muere está ya germinando la Vida.

✨ Oración Compartida-Jueves Santo ✨

Ayer, 2 de abril, de 19:00 a 21:00, la Iglesia de Torrealquería acogió un hermoso encuentro de oración compartida bajo el lema “Amor que sirve y muere por amor”.

Bajo la primera parte del lema «Amor que sirve» La oración tuvo su centro en el signo del lavatorio de los pies de la liturgia del Jueves Santo, que se realizó entre los propios participantes, invitándonos así profundizar en el servicio humilde y el amor entregado a los demás.

Se vivió un ambiente muy especial, creando un bonito clima de recogimiento, silencio y encuentro con Dios y con la comunidad.

🙏 Gracias a todos los que participaron e hicieron posible este momento tan significativo.»

La Cruz no es solo un lugar de suplicio, sino el trono de la Gloria

“Mirarán al que traspasaron”. En el Evangelio de Juan, la Cruz no es solo un lugar de suplicio, sino el trono de la Gloria. Desde allí, con los brazos extendidos para abrazar a toda la humanidad, Jesús pronuncia su última palabra sobre el mundo: “Todo está cumplido”. No es el grito de un derrotado, sino el suspiro de quien ha llevado el amor hasta sus últimas consecuencias.

Hoy viernes pondremos nuestra mirada en la cruz y en las palabras del Señor, nos fijaremos en “Tengo sed”. Es la sed física de la agonía, pero sobre todo es la sed de Dios por el hombre. La resonancia existencial toca el misterio del sufrimiento inocente y el abandono.

Hoy, el silencio de la Cruz responde al silencio de tantos calvarios modernos: la soledad de los ancianos, el grito de los perseguidos, el vacío de quienes han perdido el sentido de la vida. Jesús no quita el dolor del mundo con una varita mágica; lo asume, lo habita y lo transforma desde dentro. El Viernes Santo nos enseña que no hay ninguna herida humana que no esté ya en las llagas de Cristo. Él ha hecho del dolor un camino de comunión.

escuela de la esperanza contra toda esperanza. Adorar la Cruz no es amar el dolor, sino amar el Amor que venció al dolor. Es la invitación a no huir de nuestras propias cruces, sino a dejarnos abrazar por Aquel que ya las cargó primero. En el silencio de hoy, aprendemos que el amor que no duele, quizá no es amor todavía.

Hoy nos acercamos a besar el madero. Ese beso no es un rito vacío, es el sello de nuestra alianza con el Varón de Dolores. El silencio de hoy no es el silencio de la nada, sino el silencio del que espera el susurro de la vida.

Señor Jesús, ante tu cuerpo entregado, callo. No tengo explicaciones para el mal, solo tengo tu Cruz. Gracias por no habernos dejado solos en nuestra noche. Que, al besar tus pies heridos, aprenda a amar mis propias heridas y las de mis hermanos. En tus manos, Padre, encomiendo mi espíritu.

Viacrucis al Cardón

Hola comunidad parroquial! aunque muchos ya lo sabéis, en la tarde-noche del miércoles santo compartimos junto a Jesús y María, un viacrucis. Fue profundamente significativa, vivida con recogimiento, respeto y gran participación por parte de la comunidad.

Cada estación fue proclamada por miembros de nuestra parroquia y se desarrolló con orden y solemnidad, permitiendo a los asistentes reflexionar y acompañar a Jesús en esos momentos tan especiales en su camino hacia la cruz, de regreso al templo fuimos rezando el santo rosario. Destacamos el compromiso y la colaboración de todas las personas que hicieron posible su realización,(policía local, protección civil y grupo parroquial) así como la actitud ejemplar de quienes participaron.
Damos gracias porque todo transcurrió con normalidad y en un ambiente de paz, cumpliendo plenamente el sentido espiritual de este encuentro. Muchas gracias a todos por ser parte. Paz y Bien.