21 de junio de 2023
Nos encontramos en el Domingo XII del Tiempo Ordinario, previo a la feria y fiestas de nuestro pueblo en honor a S. Juan Bautista. El tiempo ordinario es el espacio del discipulado cotidiano donde la gracia de Dios debe encarnarse en nuestras vidas. La síntesis de la Palabra que hoy se nos regala puede resumirse en esta verdad fundamental: la victoria de la gracia de Dios y su protección providencial frente al miedo y la persecución.
En la primera lectura, el profeta Jeremías nos abre su alma en un momento de asedio, oyendo el cuchicheo de la gente. Jeremías experimenta la incomprensión incluso de sus amigos, pero en medio de la angustia surge una certeza inquebrantable: “el Señor es mi fuerte defensor”. El profeta nos enseña que la fe no es la ausencia de conflictos, sino la seguridad de que Dios vela por la causa de los suyos, aunque el horizonte parezca oscuro.
Esta confianza se hace súplica en el salmo “Señor, que me escuche tu gran bondad”. Es el clamor de quien se reconoce pobre y cautivo, pero busca al Señor para que “reviva su corazón”. El salmo nos recuerda que la fidelidad de Dios atraviesa todas las edades y que Él nunca desprecia a quienes se encomiendan a su misericordia.
San Pablo, en la segunda lectura, nos ofrece la clave teológica de nuestra esperanza al contrastar la figura de Adán con la de Cristo. Si bien por un solo hombre entró el mal, Pablo subraya con fuerza que “no hay proporción entre el delito y el don”. La gracia de Dios otorgada en Jesucristo se ha desbordado infinitamente sobre todos nosotros, dándonos una nueva posibilidad de futuro que sobrepasa cualquier herencia de pecado.
El Evangelio nos sitúa en el centro del discurso misionero. Jesús nos repite tres veces: “No tengáis miedo”. No es una invitación al optimismo superficial, sino a la vigilancia en la esperanza. Jesús nos habla de los gorriones y de los cabellos de nuestra cabeza, todos contados por el Padre. Si Dios cuida de lo más pequeño, ¿Cómo no va a cuidar de nosotros, que valemos más que muchos pájaros?
Actualizando este mensaje a nuestro hoy, estamos invitados a ser discípulos misioneros, se nos pide declarar nuestra fe desde la azotea, sabiendo que no caminamos solos. Que esta Eucaristía nos fortalezca para reconocer a Cristo ante los hombres con una vida coherente y valiente, confiando siempre en que su gracia es nuestro escudo y su amor nuestra victoria definitiva.
Feliz domingo y feliz semana, feliz feria de S. Juan Bautista

































