22/02/2026
Hoy la Iglesia nos invita a entrar en el desierto con el Señor, lugar de amistad con Dios y de entrenamiento para el corazón.
La Palabra de Dios hoy nos cuenta una historia en dos actos. El primero lo escuchamos en el libro del Génesis Dios nos modeló con amor del polvo del suelo, dándonos su propio aliento de vida “El Señor Dios modeló al hombre del polvo del suelo e insufló en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirtió en ser vivo” Sin embargo, apareció la serpiente, que es muy astuta, y engañó a Adán y a Eva con una mentira terrible: les hizo creer que Dios era un rival y que ellos podían ser como dioses sin Él. Al desobedecer, el pecado entró en el mundo y, con el pecado, la tristeza y la muerte.
Por eso, hoy hemos rezado con el Salmo “Misericordia, Señor, hemos pecado”. Este salmo es el grito de quien reconoce que es pequeño y frágil, pero que confía plenamente en la bondad inmensa de un Padre que siempre perdona.
Aquí es donde aparece la gran noticia, el segundo acto que san Pablo nos explica con alegría, si por la desobediencia de un hombre, Adán, todos quedamos heridos, por la obediencia de otro hombre, Jesucristo, ¡la gracia de Dios se ha desbordado sobre todos nosotros! Jesús es el Nuevo Adán que viene a rehacer lo que nosotros rompimos “por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos justos”
En el Evangelio vemos a Jesús enfrentando al mismo enemigo en el desierto para enseñarnos a vencer. El diablo le presenta tres trampas que son las mismas que nos ponen a nosotros hoy:
1.- La tentación de las cosas materiales: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes”. Jesús responde que no solo de pan vive el hombre, sino de la Palabra de Dios. A veces creemos lo mejor o el último modelo de cualquier cosa nos hará felices, pero Jesús nos dice que lo que de verdad llena el corazón es escuchar a Dios.
2.- La tentación del éxito y el prestigio: “Si eres Hijo de Dios, tírate abajo”. Jesús nos enseña que no debemos tentar a Dios pidiéndole milagros mágicos para nuestro propio orgullo, sino confiar en Él con sencillez.
3.- La tentación del poder: “Todo esto te daré, si te postras y me adoras” El diablo siempre promete lo que no puede dar. Pero Jesús es tajante: “Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo darás culto”. No hay nada más importante que Dios; ni el dinero, ni el poder, ni el propio yo.
Pues sabiendo que Jesús ya ganó la batalla por ti y por mí, por todos nosotros, y que Él no te deja solo en nuestras pruebas, cuando sientas pereza, egoísmo o envidia, recuerda que Él está a nuestro lado en el desierto de nuestras vidas dándonos su fuerza.
En esta Cuaresma, alimentémonos cada día de la Palabra, que es el pan verdadero. Pidamos a nuestra Madre María que nos acompañe en este ascenso hacia la luz de la Resurrección, para que donde abundó nuestro pecado, sobreabunde siempre la gracia de Jesús.
Feliz Domingo, día del Señor y feliz semana.

























