II Domingo de Cuaresma

01/03/2026

Nos encontramos en este segundo domingo de Cuaresma ascendiendo, junto con los discípulos, hacia la montaña santa para contemplar el destino glorioso que Dios tiene preparado para nosotros. La liturgia de la Palabra de hoy traza un arco admirable que une la historia de la salvación desde sus orígenes con el patriarca Abrahán hasta la manifestación plena de la gloria de Cristo en el Tabor. Un domingo aún marcado por el duelo de haber tenido, en menos de una semana tener que despedir  a dos queridos sacerdotes de nuestra diócesis de Málaga, el pasado domingo lo hacíamos por Manuel Ángel y ayer por Pepe Amalio.

En la primera lectura, escuchamos la llamada que Dios dirige a Abrán, pidiéndole realizar un éxodo radical: salir de su tierra y de su patria hacia un destino desconocido “Sal de tu tierra, de tu patria, y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré” Esta vocación es puramente gratuita y no se basa en méritos previos, pues Abrán era pagano cuando recibió esta invitación a fiarse totalmente de la Palabra del Señor. La respuesta de fe de nuestro padre Abrahán es el modelo de nuestro camino cuaresmal, Abrán abandonó sus bienes, las pequeñas y grandes cosas a las que estaba acostumbrado; abandonó sus raíces, su marco cultural, religión y estilo de vida; abandonó los lasos afectivos que le ataban, sus relaciones económicas y tradicionales. Esto nos recuerda que creer es ponerse en camino aun cuando el cielo parezca oscuro, abandonando nuestras falsas seguridades.

A este movimiento de salida y confianza responde el Salmo “La Palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales, él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra” que nos invita a reconocer y exclamar como el salmista, en medio del desierto de nuestra vida, cuando sentimos la precariedad de nuestra condición “Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti”. Esta súplica no es un deseo vacío, sino la certeza de que Dios es nuestro auxilio y escudo en el camino de la fe.

San Pablo, en la segunda lectura, profundiza en esta vocación santa recordándonos que no se nos ha llamado por nuestras obras, sino por el designio y la gracia de Dios “Él nos salvó y nos llamó a una vocación santa, no por nuestras obras, sino según su designio y según la gracia que nos dio en Cristo”. Sin embargo, esta llamada no nos exime del combate; al contrario, el apóstol exhorta a Timoteo y a cada uno de nosotros a tomar parte en los duros trabajos del Evangelio. Es una invitación a no tener miedo de la cruz, pues en la aparición de nuestro Salvador, Cristo Jesús, la muerte ha sido destruida y ha hecho brillar la vida imperecedera.

Este misterio de luz y sufrimiento alcanza su punto culminante en el Evangelio de la Transfiguración. Jesús, tras anunciar por primera vez su pasión y muerte a unos discípulos escandalizados, los lleva al monte para fortalecer sus corazones vacilantes con un anticipo de su resurrección. En el esplendor del Tabor, el rostro de Jesús resplandece como el sol, revelando que Él es la meta de toda la historia, custodiado por Moisés y Elías, representantes de la Ley y los Profetas.

El momento central de esta teofanía es la voz del Padre que resuena desde la nube luminosa: “Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo”. Esto nos recuerda, cuando aquellos fariseos preguntan a Jesús para ponerlo aprueba, acerca del primer y único mandamiento de la Ley, Jesús responde con dos, el primero la “Shemá Israel o Escucha Israel”, el segundo el amor al prójimo, el primer mandato es escuchar. Este es el único mandato que recibimos en el monte: escuchar con docilidad la Palabra de Jesús, estar atentos a la llamada, aceptando íntegramente su mensaje, incluso cuando la cruz nos cause perplejidad. La Transfiguración nos enseña que el camino de la cruz no es un destino de muerte, sino el paso necesario hacia la gloria plena.

Al igual que los discípulos, no podemos quedarnos fabricando tiendas en la montaña; debemos bajar al valle, para trabajar y anunciar el Reino. Pero bajamos con una mirada transfigurada, capaces de ver la presencia de Dios en los acontecimientos cotidianos y en el rostro de los que sufren. Que esta Eucaristía alimente nuestra esperanza y nos conceda la gracia de reconocer que, ya sea en el Tabor o en el Gólgota, nuestro único cielo es Cristo.

Feliz domingo día del Señor y feliz semana.

I Domingo de Cuaresma

22/02/2026

Hoy la Iglesia nos invita a entrar en el desierto con el Señor, lugar de amistad con Dios y de entrenamiento para el corazón.

La Palabra de Dios hoy nos cuenta una historia en dos actos. El primero lo escuchamos en el libro del Génesis Dios nos modeló con amor del polvo del suelo, dándonos su propio aliento de vida El Señor Dios modeló al hombre del polvo del suelo e insufló en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirtió en ser vivo” Sin embargo, apareció la serpiente, que es muy astuta, y engañó a Adán y a Eva con una mentira terrible: les hizo creer que Dios era un rival y que ellos podían ser como dioses sin Él. Al desobedecer, el pecado entró en el mundo y, con el pecado, la tristeza y la muerte.

Por eso, hoy hemos rezado con el Salmo “Misericordia, Señor, hemos pecado”. Este salmo es el grito de quien reconoce que es pequeño y frágil, pero que confía plenamente en la bondad inmensa de un Padre que siempre perdona.

Aquí es donde aparece la gran noticia, el segundo acto que san Pablo nos explica con alegría, si por la desobediencia de un hombre, Adán, todos quedamos heridos, por la obediencia de otro hombre, Jesucristo, ¡la gracia de Dios se ha desbordado sobre todos nosotros! Jesús es el Nuevo Adán que viene a rehacer lo que nosotros rompimos “por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos justos”

En el Evangelio vemos a Jesús enfrentando al mismo enemigo en el desierto para enseñarnos a vencer. El diablo le presenta tres trampas que son las mismas que nos ponen a nosotros hoy:

1.- La tentación de las cosas materiales: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes”. Jesús responde que no solo de pan vive el hombre, sino de la Palabra de Dios. A veces creemos lo mejor o el último modelo de cualquier cosa nos hará felices, pero Jesús nos dice que lo que de verdad llena el corazón es escuchar a Dios.

2.- La tentación del éxito y el prestigio: “Si eres Hijo de Dios, tírate abajo”. Jesús nos enseña que no debemos tentar a Dios pidiéndole milagros mágicos para nuestro propio orgullo, sino confiar en Él con sencillez.

3.- La tentación del poder: “Todo esto te daré, si te postras y me adoras” El diablo siempre promete lo que no puede dar. Pero Jesús es tajante: “Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo darás culto”. No hay nada más importante que Dios; ni el dinero, ni el poder, ni el propio yo.

    Pues sabiendo que Jesús ya ganó la batalla por ti y por mí, por todos nosotros,  y que Él no te deja solo en nuestras pruebas, cuando sientas pereza, egoísmo o envidia, recuerda que Él está a nuestro lado en el desierto de nuestras vidas dándonos su fuerza.

    En esta Cuaresma, alimentémonos cada día de la Palabra, que es el pan verdadero. Pidamos a nuestra Madre María que nos acompañe en este ascenso hacia la luz de la Resurrección, para que donde abundó nuestro pecado, sobreabunde siempre la gracia de Jesús.

    Feliz Domingo, día del Señor y feliz semana.

    Miércoles de Cenizas

    18/02/2026

    Nos hemos reunidos hoy bajo el signo de la ceniza, ese polvo gris que nos recuerda que somos pequeños ante la grandeza de Dios, pero inmensamente amados por Él. La Cuaresma no es simplemente un tiempo de tristeza, sino un camino de esperanza que nos conduce hacia la luz de la Pascua.

    El Evangelio de hoy nos da el mapa para este recorrido, señalando tres prácticas esenciales: la limosna, la oración y el ayuno. Jesús nos pide que hagamos estas cosas con un corazón sincero y no para que los demás nos aplaudan o nos vean como personas muy buenas. El Señor nos advierte contra la hipocresía, esa tentación de usar una máscara religiosa para impresionar a los hombres, olvidando que nuestro Padre ve lo que hay en lo más profundo de nuestro corazón, en lo más escondido de nuestra alma.

    En primer lugar, nos habla de la limosna, que es compartir lo que tenemos con los que más sufren. Para nosotros esto significa que lo que somos por dentro es más importante que lo que tenemos, y que compartir es convertir el egoísmo en ceniza. La limosna es una llamada a la justicia y a la solidaridad real, reconociendo que no somos dueños de nada, sino administradores de la gracia de Dios.

    En segundo lugar, Jesús nos invita a la oración. Rezar no es repetir fórmulas mágicas o palabras huecas, sino hablar con Dios en lo secreto, como un hijo habla con su padre que lo ama profundamente. En este tiempo, busquemos ese desierto interior para escuchar la Palabra de Dios, que es el alimento más necesario para nuestra alma. La oración verdadera es la que transforma nuestra mentalidad para que nuestra vida se parezca cada día más a la de Cristo.

    Finalmente, el Señor nos propone el ayuno. Ayunar no es solo dejar de comer algún dulce o carne, sino privarnos de lo que nos sobra para aprender a depender solo de Dios. Podemos ayunar de críticas, de redes sociales, de mal humor o de pereza, demostrando que somos dueños de nuestros deseos y no esclavos de ellos. Jesús nos dice que, al ayunar, no pongamos cara triste, sino que nos perfumemos la cabeza, porque el sacrificio hecho por amor es siempre fuente de alegría espiritual.

    Al recibir la ceniza, que proviene de los ramos bendecidos el año pasado, estamos diciendo un lo siento sincero a Dios. Estamos reconociendo que necesitamos su misericordia para rehacer lo que está roto en nosotros, no echemos en saco roto la gracia de este tiempo favorable. Que este Miércoles de Ceniza sea el comienzo de una historia nueva en nuestras vidas, una historia escrita con el amor de Dios que nos perdona y nos invita a resucitar con Él. Que nuestra Madre María nos acompañe en este ascenso hacia el monte santo de la Pascua.

    Feliz Cuaresma, camino hacia la Pascua.