Domingo de Pascua ¡Aleluya Resucitó!

“Exulten por fin los coros de los ángeles, exulten las jerarquías del cielo, … Alégrese también nuestra madre la Iglesia, revestida de luz tan brillante; resuene este templo con las aclamaciones del pueblo…”

Son palabras parte del pregón pascual que fue proclamado en la Vigilia Pascual en la tarde noche de ayer, anunciando la Resurrección de Jesús.

 Alegría y Paz hermanos, el Señor resucitó, no podemos comenzar el día de hoy de otra manera sino felicitándonos por tan monumental y grandioso acontecimiento. El de hoy es un amanecer festivo y alegre, de encuentro con el Resucitado. La Pascua no es una fiesta más, es la fiesta de las fiestas. Es la única fiesta vivida domingo tras domingo ininterrumpidamente desde hace ya veintiún siglos. Es tan grande este día que así lo cantamos en la antífona del salmo “Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo” Es la celebración del triunfo de Jesús sobre el dolor y la muerte.

En la Vigilia Pascual, en las lecturas hemos recorrido la Historia de la Salvación: hemos recordado la creación, el sacrificio de Abrahán, el paso del Mar, dos poemas del libro de Isaías sobre el amor de Dios a Jerusalén y la eficacia de su palabra, una reflexión del libro de Baruc y para concluir con las lecturas del Antiguo Testamento, la promesa de un agua pura que nos purificará, un corazón nuevo y un espíritu nuevo que nos trae la lectura del profeta Ezequiel. A estas lecturas le sigue un texto de la carta de San Pablo a los romanos, relacionada con el bautismo. Nosotros al recibir el bautismo, participamos de la muerte de Cristo y de su resurrección.

Si en la vigilia Pascual hemos leído el evangelio según San Marcos sobre la resurrección “Ha resucitado. No está aquí” en el evangelio de hoy Domingo de Resurrección, las palabras más repetidas por Iglesia en este día “Cristo ha resucitado” “Dios ha resucitado a Jesús” no son las protagonistas de la lectura, los protagonistas, son las posturas de los tres personajes, posturas muy humanas, las posturas de María Magdalena, de Pedro y del discípulo amado que nosotros identificamos con San Juan el evangelista.

María Magdalena le basta ver que han quitado la piedra del sepulcro para deducir que alguien se ha llevado el cadáver, la resurrección ni se le pasa por la cabeza.

Pedro actúa como un agente del CSI, corre hacia el sepulcro, y no se limita como María Magdalena a ver la piedra corrida, entra en el sepulcro y observa que las vendas están en el suelo y el sudario enrollado en un sitio aparte. Algo raro y extraño, pero no saca ninguna conclusión.

El discípulo amado que también corre, al ser más joven llega antes y espera pacientemente sin entrar a que llegue Pedro. Se interpreta esta escena como señal de respeto, Pedro es el responsable de la iglesia, aunque en aquellos momentos era una Iglesia en fase embrionaria, en fase de gestación. Pero, sobre todo, el detalle más claro de este personaje es que le basta ver para creer.

Hoy el evangelio de Juan, que suele ser enrevesado en sus discursos, ofrece en el texto de hoy u mensaje claro, las posturas que podemos tener ante la resurrección de Jesús: podemos pensar que es un fraude, es la postura de María Magdalena “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos pero no dónde lo han puesto” O bien no saber que pensar, la postura de Pedro “entro en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario…” pero no saca ninguna conclusión, no sabe que decir. Y por último la pastura del discípulo amado: “Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.” ¿Con quién nos identificamos: con María Magdalena, con Pedro o con Juan?

Las dos lecturas de este Domingo de Pascua, la de Hechos y Colosenses, afirman rotundamente la resurrección de Jesús. Ambas mencionan los beneficios que tiene para nosotros la resurrección de Jesús, en Hechos el perdón de los pecados, en Colosenses, la gloria futura.

Las dos lecturas afirman que la resurrección de Jesús implica un compromiso para los cristianos: la predicación y dar testimonio del Reino de Dios en Hechos, y a buscar los bienes de arriba y no los terrenos en Colosenses.

En la lectura de Hechos encontramos un episodio capital del cristianismo primitivo, la predicación del evangelio a los paganos. Este episodio de Cornelio deja claro que el pueblo no es solo Israel, sino que también tienen cabida los paganos. “Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos.”

Pablo en la carta a los Colosense subraya el cambio que debe producirse en nosotros el hecho de que Cristo ha resucitado y como cambia esto nuestras vidas. La carta invita a buscar los bienes de arriba y dejar las mundanidades. “Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.” No está demás preguntarnos que buscamos en la vida o a que aspiramos, cuando hayamos respondido nos sorprenderá el texto de la carta.

Feliz Pascua de Resurrección y un fuerte abrazo.

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