XXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO22/08/2021

Vigésimo-primer domingo del tiempo ordinario, retomamos y llegamos al final del discurso del pan de vida del Evangelio de San Juan. Esta parte del discurso cuenta la reacción de los discípulos con dos posturas muy distintas: unos los abandonan, y otros lo siguen, y el aviso de la traición por parte de uno de ellos.

La fe en Dios es un don que el Señor nos ofrece y que nosotros voluntariamente acogemos. Así aparece en la primera lectura de hoy, cuando Josué preguntó a todas las tribus de Israel si querían servir al Señor o irse con otros dioses “¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses!”.

Ellos contestaron que servirían al Señor porque era su Dios. En el salmo repetimos la antífona de hace dos domingos “Gustad y ved qué bueno es el Señor” pues sacó al pueblo de Israel de la esclavitud. La segunda lectura tomada la carta a los Efesios aplica el código familiar a la Iglesia, que no es nada sin su Señor, “Es este un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia”.

Y en el Evangelio, cuando muchos discípulos lo abandonaron porque no aceptaban sus enseñanzas, Jesús preguntó a los Doce si también querían marcharse. Y ellos respondieron: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”.

En la primera lectura, nos encontramos en el capítulo final del libro de Josué, los Israelitas bajo la dirección de Josué habían conquistado toda la tierra que Dios les había prometido. Josué reúne a todas las tribus de Israel en Siquén, les recuerda los beneficios pasados y les ofrece la alternativa de servir o no servir a Dios. Los Israelitas quieren servirlo, “También nosotros serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios” aparentando un final feliz, pero de hecho la historia muestra lo contrario, los israelitas abandonaron a Dios y sirvieron a otros dioses. En comparación con el evangelio: muchos discípulos abandonan a Jesús, solo quedan doce y uno de ellos lo traicionará.

La segunda lectura es uno de los textos más expresivos y polémicos del Nuevo Testamento, ya que el simbolismo de la cabeza y el cuerpo, Cristo y la Iglesia, aplicado a las relaciones hombre y mujer en el matrimonio, ha dado mucho que hablar en estos tiempos reivindicativos de los derechos de la mujer. Pero el texto no está escrito en términos polémicos y reivindicativos. Aquí la sumisión es del uno al otro entendida positivamente, “Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para presentársela gloriosa, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada”, en realidad, no es sumisión, sino entrega mutua.

El evangelio es la última parte del capítulo sobre el pan de vida y la eucaristía. Habla de discípulos escandalizados que abandonan a Jesús, de seguimiento y traición. La mayoría abandonan a Jesús diciendo este discurso es duro “Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?”, intolerable, inadmisible. No solo por la idea de comer su carne, sino por todo lo que ha dicho de si mismo: que es el enviado de Dios, que ha bajado del cielo, que resucitará en el último día a quien crea en él, que es el verdadero pan de vida. La Eucaristía no es memoria del pasado: la muerte de Jesús en la cruz, es también Eucaristía escatológica, que nos adelanta la vida que nos espera tras la muerte. En el fondo comer su cuerpo y beber su sangre es aceptarlo todo tal y como Jesús dice, y eso la mayoría de discípulos no están dispuestos a admitirlo. Lo han visto de hacer milagros, pero eso no les extraña, en el Antiguo Testamento se habla de personajes milagrosos, con la salvedad que ninguno de ellos, ni siquiera Moisés, dijo haber bajado del cielo y ser capaz de resucitar a alguien. Ellos querían un Jesús humano, un mesías político, caudillo, y no un Jesús divino.

Tras el abandono de muchos solo quedan los Doce. La pregunta de Jesús “¿También vosotros queréis marcharos?” sugiere muchas cosas: desilusión, sensación de fracaso, etc.

La respuesta de Pedro, como portavoz del grupo de los Doce, nos recuerda a su confesión de fe en Cesarea de Filipo “Tú eres el Mesías”, aquí pedro no comienza confesando su fe, sino preguntándole a Jesús “Señor, ¿a quién iremos?” abandonar a Jesús y volver a sus actividades cotidianas, a sus trabajos, es algo que no se les pasa por la cabeza. Necesitan un maestro, alguien que los guie. Pedro lo primero que hace es reconocer que necesitan a Jesús, no pueden vivir sin él. Luego sigue la profesión de fe, pero no dice que Jesús sea el Mesías, sino el “Santo de Dios”

Si seguimos leyendo el evangelio, Jesús sabía quién lo iba a entregar, después de la intervención de Pedro, Jesús, añade “¿No os he elegido yo a los Doce? Pero uno de vosotros es un diablo. Lo decía por Judas Iscariote, uno de los Doce, que lo iba a entregar” lo que hace que pensemos porque Judas no lo abandono antes, porque se mantiene en el grupo de los Doce y como puede llegar alguien a desilusionarse de él hasta el punto de traicionarlo. En nuestros días como puede alguien desilusionarse hasta perder la fe.

Pidamos al Señor no desilusionarnos y abandonar la fe, que a pesar de las dificultades trabajemos ilusionados por el Reino de Dios.

Feliz domingo y feliz semana.

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