XXXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 21/11/2021

Trigésimo tercer domingo del tiempo ordinario, solemnidad de Cristo Rey con la que concluimos el año litúrgico durante el cual hemos reflexionado y meditado todo el misterio de su vida, su predicación y el anuncio de su Reino.

Los siguientes domingos los dedicaremos a preparar la Navidad, hoy toca cerrar el año, esta solemnidad, que celebramos hoy, invita a todos los bautizados a participar del reino de Dios: reino de verdad y de vida, reino de justicia y de paz.

En la primera lectura leemos que su poder es eterno, no cesará, “A él se le dio poder, honor y reino”, y en el salmo cantamos la fiabilidad y seguridad que da su reinado “El Señor reina, vestido de majestad”. En la lectura del libro del Apocalipsis encontramos que, habiéndose ofrecido en el altar de la cruz, Cristo ha entregado al Padre un reino eterno y universal, “nos ha hecho reino y sacerdotes para Dios”, el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz.

En el evangelio Jesús es Rey, pero Jesús dice “Mi reino no es de este mundo”. No está basado en el poder político, en el económico o en la fuerza de las armas. Antes las preguntas de Pilato, el la última responde “Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz”

La primera lectura, un breve texto del profeta Daniel, anuncia el triunfo de “y vi venir una especie de hijo de hombre” que recibe el poder y la gloria. Hijo de hombre uno de los títulos mesiánicos con el que los cristianos conocemos a Jesús, aunque en el texto se hace referencia al pueblo de Israel “el pueblo de los santos del Altísimo”, los cristianos hemos visto en esta figura a Jesús, al que concedemos poder, honor y reino.

La segunda lectura, del comienzo del libro del Apocalipsis, tiene dos partes, la primera nos da tres títulos de Jesús: “Jesucristo es testigo fiel, primogénito entre los muertos y príncipe de los reyes de la tierra”. Un príncipe que no se considera lejano ni por encima a nosotros “nos ama y nos ha lavado con su sangre” compartimos con Él su dignidad. La segunda parte, recoge las palabras de la primera lectura del libro de Daniel que anuncia la vuelta de Jesús que principio y fin de todo “Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y ha de venir, el todopoderoso”

El evangelio da una visión más crítica de la realeza. Pilato interroga a Jesús que no se limita simplemente a responder. A la primera pregunta, Jesús responde con otra pregunta casi insultante para Pilato, “¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?” es como si le dijera eso es tuyo o lo has copiado de otro. A la segunda pregunta no responde “¿Qué has hecho?”.

Con la tercera pregunta vuelve a la primera y, Pilato, recibe una respuesta un tanto extraña, Jesús habla de un reino que no es de aquí que no ha venido a gobernar ni ha recibir honor y gloria, sino a dar testimonio de la verdad. Testimonio que le llevó a ser acusado de blasfemo y que le costará la vida, vida que entregó por nosotros. Jesús es “el camino y la verdad y la vida”

“Todo el que es de la verdad escucha mi voz” Jesús nos revela su misión reconciliadora de anunciar la verdad con palabras que nos invitan a vivir de acuerdo con sus enseñanzas y su ejemplo. Estas palabras también nos invitan a felicitar a quien tanto ha hecho por nosotros. A felicitar a Cristo, Rey a quien se le ha dado todo poder en el Cielo y la tierra, que gobierna siendo manso y humilde de corazón, sirviendo a todos, que no vino a ser servido sino a servir. Se puede pensar que solo llegaremos al Reino de Dios al pasar por la muerte, pero la verdad es que el Reino ya está aquí presente en el mundo a través de la Iglesia. Y todos los que se encuentran con el Señor, escuchan su llamada a la santidad y emprenden ese camino conversión haciéndose discípulos y miembros del Reino de Dios.

Su trono fue primero un pesebre en Belén, luego una cruz en el Calvario. Siendo el Príncipe de los reyes de la tierra, no exige más que la fe y el amor. Fue un ladrón el primero en reconocerle rey, pidiéndole que se acuerde cuando este en el reino. Pidamos al Señor ser colaboradores del Reino que ya está aquí presente entre nosostros.

Feliz domingo y feliz semana.

Os dejamos el enlace al vídeo de «Verbo Divino» que nos acerca al evangelio de este domingo 👇

https://youtu.be/ROW_a96R_Qs

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