Segundo Domingo de Adviento 05/12/2021 

Segundo domingo de Adviento está dominado por la figura de Juan el Bautista. El mensaje de la segunda banderola es “Poneros en pie”, permaneced despiertos, levantad la cabeza se acerca la liberación. Preparemos los caminos y las sendas al Señor, Dios cuenta con nuestra acción. Seguimos tejiendo nuestra red “Tejiendo redes para una casa común» colocando ahora junto a la bola del mundo la bobina y la aguja para tejer la red. 

El profeta Baruc nos invita a experimentar la misericordia de Dios, que nos hace volver a gozar de su esplendor, dejando atrás la oscuridad “Dios guiará a Israel, con alegría…”. Así lo cantamos en el salmo: “El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres”. San Pablo en la segunda lectura nos anima a prepararnos interiormente para que cuando el Señor venga nos encuentre “limpios e irreprochables”.  En el evangelio, Juan Bautista, precursor del Mesías, predica un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, cumpliendo la profecía de Isaías: “…en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”.  

El profeta Baruc invita a Jerusalén a olvidar sus achaques y lamentos y a revestirse con vestidos y adornos de fiesta, a dejar atrás el duelo y dar paso a un rito de fiesta. Y como pasara el domingo pasado el profeta Jeremías no animaba a la esperanza con el retorno después del destierro. Baruc sigue en la misma línea promete pronto el retorno a la Ciudad Santa y le dará un nuevo nombre “Paz en la justicia y gloria en la piedad” Israel no debe desentenderse de los otros, justicia, ni de Dios, piedad. Quien tiene esperanza no puede perder de vista el horizonte último de la historia, horizonte de luz y de gracia, de vida en plenitud, de salvación. En el horizonte está Dios. El profeta nos convoca a vivir con autoestima. El adviento es preparación para algo grande que nos va ocurrir.  

Pablo en continuidad con el tema de la parusía del domingo anterior, la venida del Señor, nos sigue alertando y animando para que no nos pille desprevenidos ni distraídos, para que lleguemos a ese día “limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia,…” 

El amor que Pablo desea a los fieles de Filipo no es mero contento y adulación recíproca. “que vuestro amor siga creciendo más y más en penetración y sensibilidad para apreciar los valores” El amor desvela lo que hay de valioso en nosotros los seres y en los acontecimientos, lo que en último extremo hace valiosa nuestra vida. Es lo que nos permitirá cargarnos de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús.  

Lucas, en un alarde de conocimiento de la historia, nos da los siete nombres de los personajes más poderosos y famosos del momento, nos va a situar la acción en la historia, nos indica el momento de la actividad del Bautista: en tiempos del emperador Tiberio, del procurador Poncio Pilato, del rey de Judea Herodes Antipas, del sumo sacerdote Anás y su yerno Caifás, siendo padre Zacarías, nos sitúa en un contexto humano en donde la Palabra del Señor se dirige a Juan, en el desierto, para comenzar la acción. Lucas no cuenta la llamada y vocación de Juan, pues era profeta ya desde el vientre de su madre. El Bautista predica un bautismo de arrepentimiento, de perdón, nos invita a la conversión: a volver a Dios y a cambiar de forma de vida.  

 Comienza su actividad en el desierto, lugar inhóspito, lugar donde si gritas nadie te oye, nadie se te acerca, nadie te defiende, si experimentas alegría o pena no tienes a nadie con quien compartirla. Pero hay otro desierto, el que cada uno de nosotros lleva dentro. Justamente el corazón puede transformarse en un desierto: árido, apagado, sin afectos, sin esperanza, lleno de arena. El Evangelio de hoy habla de una voz que resuena en el desierto de nuestro corazón “voz que clama en el desierto”, anuncia la llegada del Mesías con palabras sencillas, nos introduce en la proximidad de la Navidad. Preparar “el camino del Señor” no fue sólo la vocación de Juan el Bautista, sino también la nuestra. El camino del Señor es un camino que conduce a la salvación, un camino que podemos y debemos hacer juntos y en el que debemos hacer un sitio a los que se pierden y a los que excluimos.  

Cada momento de la historia tiene sus propias demandas y posibilidades, el oráculo de Isaías nos da pistas para nuestra creatividad: “allanar los senderos”: facilitar el fatigoso peregrinar de los humanos; “elevar los valles”: confortar a quien se siente deprimido y necesitado de horizontes en la vida; “hacer descender los montes y colinas”: porque sólo se puede caminar juntos si somos iguales y pacientes con los más lentos, y agradecidos a los más veloces; “que lo torcido se enderece”: porque no todo es recto en nuestro mundo y no podemos callar ante lo que causa sufrimiento y desesperanza; “que lo escabroso se iguale”: porque todo lo que es abrupto y violento exaspera a los otros, está reñido con el amor. 

Que el Adviento nos prepare a comprometernos en desbrozar los caminos del Señor en nuestro entorno. Vivamos bien despiertos para que los afanes de este mundo no nos impidan nuestro encuentro con Cristo. 

Feliz domingo y tiempo de adviento y feliz semana. 

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