III Domingo Del Tiempo Ordinario 23/01/2022

El domingo pasado celebrábamos la jornada de la infancia misionera, este domingo, el tercero del tiempo ordinario, es el día elegido este año para la celebración del Domingo de la Palabra de Dios. Esta jornada fue instituida por el papa Francisco no hace mucho, en 2019, para dedicar todo un domingo completamente a la Palabra de Dios. El texto elegido por el papa para este año es sumamente expresivo ¡Bienaventurado el que escucha la palabra de Dios!

No está de más, en esta jornada, releer la exhortación apostólica postsinodal del papa emérito Benedicto XVI Verbum Domini y el capítulo VI de la constitución del Concilio Vaticano II sobre la divina revelación Dei Verbum titulado “La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia”.

La liturgia de hoy se nos invita a escuchar con gozo la Palabra de Dios, esa misma Palabra es la que nos congrega hoy a nosotros como Pueblo de Dios, al igual que fue congregado, como leemos en la primera lectura, del libro de Nehemías, el pueblo de Israel a la vuelta del destierro, fueron congregados para escuchar de la mano del sacerdote Esdras, “Leyeron el libro de la Ley, explicando su sentido”, una vez liberados del destierro. Esa Palabra se convierte en Palabras de vida, así lo que entonamos en la antífona del salmo “Tus palabras, Señor, son espíritu y vida”.  Esta Palabra hace que formemos un solo cuerpo con Cristo como dice s. Pablo en la carta a los Corintios “Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro”. En el Evangelio leemos que en Cristo se cumplen plenamente las Escrituras del Antiguo Testamento “Hoy se ha cumplido esta Escritura”. Él, Ungido por el Espíritu Santo, ha sido enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar el año de gracia del Señor.

En la primera lectura parte del pueblo regresado desde el destierro a Babilonia a Jerusalén acometen la tarea de reconstruir el Templo, de reedificar la ciudad. Asistimos al nacimiento del judaísmo fundado en los cimientos del yahvismo. La ley ocupará un lugar central, el pueblo se reconoce en esa Ley que lo configura, le da identidad y le marca las pautas para no volver a caer en esclavitud. La proclamación de la Ley provoca fiesta y alegría entre los creyentes “¡No os pongáis tristes; el gozo del Señor es vuestra fuerza!”, La Ley, la Torá, es entendida como norma de vida como leemos en el salmo “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón”, desde ahora, tiempo conocido como época persa, como tiempo de la Restauración, la confesión de fe quedará estrechamente unida a la Escritura.  

San Pablo, en la segunda lectura, se sirve de la imagen del cuerpo físico y sus distintos miembros para dar un salto al Cuerpo de Cristo, y de ahí, a la Iglesia. No habla de una Iglesia en sentido sociológico, sino de aquella formada por todos los miembros bautizados en el Espíritu, Iglesia que tiene conciencia de su diversidad, todos distintos, pero a la vez todos necesarios. Nadie es más que nadie y nadie puede despreciar a nadie. Los ministerios solo tienen sentido porque sirven a la construcción de la Iglesia, no son adorno personal.

El evangelio nos presenta dos partes el inicio literario o prólogo literario y el inicio del ministerio público de Jesús. Lucas prudentemente escribe un prólogo breve deja caer cuatro datos esenciales: a quien escribe, por que escribe, que método usa y que pretende. Le escribe a un tal Teófilo, que significa amante de Dios y que algunos piensan que no es un personaje concreto, sino que representa a cualquier cristiano. El motivo es que muchos ya han escrito antes que él, pero no le resulta suficiente y decide “también yo he resuelto escribírtelos por su orden, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.” Lucas encuentra que sus predecesores no han escrito desde el principio, todo, exactamente y por orden; lo que lleva a mejorar lo existente añade la infancia, incluye todo lo que se sabía y exactamente, sitúa los acontecimientos en su contexto histórico y por orden. Y cuya finalidad es conocer la solidez de las enseñanzas.

En la segunda parte contemplamos a Jesús que va a la sinagoga, y delante de sus paisanos que lo conocían se atreve a anunciar algo nuevo que comienza “Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír” no se trata de un hoy cualquiera y cronológico, un hoy que se agota en el calendario, sino un hoy que se prolonga y se renueva continuamente en cada generación. El hoy de Jesús es el hoy de cada creyente que vive la novedad del Evangelio en su vida. Jesús anuncia un mundo nuevo con vida en abundancia, donde no hay esclavos, ni empobrecidos, ni abusados, ni excluidos “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor” Jesús anuncia que ese hoy, ese tiempo, es posible, que él lo ha inaugurado, ya ha comenzado.

Que el Evangelio sea siempre en nosotros una novedad y que ese tiempo, ese hoy sea un hoy se ha cumplido; que sea en nosotros una constante novedad ilusionante.

Feliz Domingo y feliz semana.

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