III DOMINGO DE CUARESMA 20/03/2022

Continuamos nuestro camino hacia la Pascua, este tercer domingo de Cuaresma en el cual celebramos el Día del Seminario bajo el lema “Sacerdotes al servicio de una Iglesia en camino”, coincidiendo en que es el domingo más próximo a la fiesta de san José, patrón de los seminarios.

La síntesis de las lecturas puede quedar de esta manera: en la primera lectura, en libro del Éxodo, seguimos leyendo la historia de la Salvación, Dios nos revela su nombre “Yo soy” y va cumpliendo sus promesas. Para lo cual, necesitamos que Dios nos restaure con su compasión y misericordia, así lo cantamos en la antífona del salmo “El Señor es compasivo y misericordioso”. La segunda lectura, de la primera carta del apóstol S. Pablo a los Corintios, nos anima a no ceder ni dejarnos seducir por nuevas corrientes que distraen del camino “No quiero que ignoréis […], el que se crea seguro, cuídese de no caer.” La lectura del Evangelio de Lucas nos llama a escuchar la advertencia de Cristo al arrepentimiento y a la conversión: “Si no os convertís, todos pereceréis lo mismo”
En la primera lectura, del libro del Éxodo, se marca un hecho de suma importancia, si antes Dios era el Dios del padre, “Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob”, Dios conocido por referencia a los antepasados, desde este momento, Dios se da a conocer por su nombre “Yo soy” Sigue siendo el Dios de la historia que acompaña al hombre, pues ve la opresión, oye las quejas, conoce los sufrimientos, se presta a liberarlos y conducirlos a una tierra nueva “tierra que mana leche y miel”. Dios va llevar a cabo su plan y para eso llama a Moisés “Yo soy, me envía”, que le hace salir de su mundo, de su zona de confort, para emprender una tarea muy superior a sus fuerzas. Esta conversión de Moisés nos invita a salir de nosotros mismos, a ponernos en camino, a arriesgar; incluso a desprendernos de antiguos lastres y aceptar una nueva visión del mundo, de fe, de Dios mismo, dejar que Dios entre en nuestra vida.
La segunda lectura de la primera carta de San Pablo a los Corintios, hace una breve lectura típica de la antigua alianza. Pablo ve en los acontecimientos del pueblo de Israel, en su travesía por el desierto, un ejemplo, una anticipación, una previsión de la historia de la humanidad. El pueblo de Israel inició la travesía por desierto rebelándose y murmurando constantemente contra Dios que les conducía. Querían llegar pronto, obtener la libertad, pero sin travesía, sin dificultades. A nosotros nos pasa un tanto de lo mismo, queremos seguir a Jesús sin tomar y cargar nuestra cruz, y cuando la tomamos siempre andamos con quejas y murmurando de lo pesada que es, olvidándonos, como dice en la reciente charla cuaresmal “Dios se hace cirineo en Tu pasión” unos de nuestros seminaristas hoy diácono y futuro sacerdote para nuestra diócesis Juan Manuel Caracuel, que Él se hace cirineo en nuestra pasión. (Os dejamos el enlace mas abajo).

Por eso Pablo nos advierte de no dejarnos caer “cuídese de no caer” ante las dificultades nos dejamos caer en raras y extrañas doctrinas donde anuncian una vida sin dificultades y sin cruces.
En el Evangelio, Lucas, recoge tres exhortaciones al arrepentimiento, a la conversión.

Las dos primeras recogen acontecimientos recientes y conocidos en la época, Pilato y la sangre mezclada con la de los sacrificios y el caso de los dieciocho muertos por la caída de la torre de Siloé. La tercera es una parábola. La idea, es que el día a día es imprevisible; el tiempo pasa y urge; no seamos insensatos pensando que no hay prisa ni necesidad. Ante Dios todos estamos necesitados de conversión. La parábola se refiere a Israel y por extensión a todos nosotros. Aunque aún en el día de hoy no demos frutos “Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar” Dios nos concede una nueva oportunidad para la conversión, no solo una, sino que constantemente nos está dando la oportunidad de convertirnos, está constantemente llamándonos. No dejemos pasar esta, ni ninguna de las oportunidades que Dios nos ofrece para la conversión.
Pidamos al Señor no dejarnos arrastrar por doctrinas raras y extrañas; convertirnos y dejemos que nos ayude a llevar nuestras cruces, que sea nuestro cirineo. Y le pedimos también, por la intercesión de María, Reina de Paz, por la paz en mundo y por todos los afectados por la guerra.
Feliz domingo y feliz semana.

Os dejamos el enlace, al canal diocesis tv con la charla cuaresmal del diácono y futuro sacerdote Juan Manuel Caracuel, del que se ha hecho referencia.

Aquí, como siempre, la reflexión del Evangelio

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