SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA 24/04/2022

Finalizamos la octava de Pascua, ochos días seguidos en los cuales hemos celebrado la Resurrección de Nuestro Señor.

En este segundo domingo de Pascua nos encontramos con la incredulidad del apóstol Tomás, que nos viene a decir que fe, necesita de la comunidad, no cree uno solo, no es algo personal y exclusivo. Se asiente personalmente, pero se vive en comunidad.

En la primera lectura, del libro de los Hechos, los apóstoles con su fe y sus carismas hacían signos y prodigios y por eso crecía el número de los creyentes “Crecía el número de los creyentes, una multitud tanto de hombres como de mujeres, que se adherían al Señor”. El salmo es continuación del pasado domingo “Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia”. La segunda lectura está tomada del libro del Apocalipsis que nos acompañará todos los domingos de Pascua, nos da testimonio de que el Señor sigue presente entre nosotros “Estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos”. El evangelio se encargará de recordarnos que el domingo es el día del Señor “Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa […] A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos”

Lucas, en la lectura del libro de los Hechos, presenta a los fieles que se reunían en el pórtico de Salomón, es decir, dentro del Templo. El cristianismo nace en el interior del judaísmo, pero a la vez con rasgos de identidad propios. Los habitantes de Jerusalén son conscientes de que se trata de algo nuevo, distinto, pues si bien admiraban a los discípulos del Nazareno “no se atrevían a juntárseles, aunque la gente se hacía lenguas de ellos; más aún, crecía el número de los creyentes, una multitud tanto de hombres como de mujeres, que se adherían al Señor”. También hoy hay muchos que no se atreven a decir abiertamente que son cristianos por temor al que dirán. El poder de la Resurrección de Jesús es patente en la adhesión de nuevos miembros y en el poder de los signos. La Iglesia comienza con la fuerza de la Resurrección, no con el poder que se impone a la fuerza; entre los más necesitados, los enfermos, los poseídos, etc., no en los círculos legalistas. Lucas sitúa el nacimiento de Iglesia en el corazón de los pobres y necesitados de la ciudad, sobre los que irrumpe la fuerza del Resucitado.

El Apocalipsis nos habla, en la lectura de hoy, presentando a Cristo resucitado. El que habla, ya no se trata de Dios ni de uno de sus ángeles, sino de Cristo mismo. Él es quien se revela y quien comunica su verdadero misterio: “estaba muerto y estoy vivo”. Sus títulos son novedosos: “soy el primero y el último”, en Cristo llega a cumplimiento toda la historia.

“Soy el viviente”, su vida no es como la de los mortales, sino la de aquel que ha vencido a la muerte: “Tengo las llaves de la muerte y del abismo”, su vida es Buena Noticia para toda la humanidad sometida a la finitud. Cristo resucitado se revela como horizonte definitivo del hombre.

El evangelio se puede dividir en tres partes, la primera y última inician con la indicación de los discípulos reunidos el primer día de la semana, nuestro domingo, en ellas Jesús se presenta con el saludo “Paz a vosotros” y en medio de las apariciones tenemos la ausencia de Tomás.
La actitud de Tomás nos presenta las dificultades a la que nuestra fe está expuesta. Es un apóstol que fue llamado por Jesús, que recorrió con Él Jerusalén, Galilea, Samaría, vio signos y señales que realizó Jesús. Fuera y al margen de la comunidad no cree en la resurrección del Señor “Y los otros discípulos le decían: Hemos visto al Señor. Pero él les contestó: Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo” No estaba presente cuando Jesús se hizo presente al resto de discípulos, lo que nos quiere decir es que la fe, vivida desde el personalismo, está expuesta a mayores dificultades, al margen de la comunidad no hay camino para ver a Dios que resucita y salva y quiere creer desde el mismo, desde sus posibilidades.

Tomas se siente llamado a creer como sus hermanos, como todos los hombres, al decir “Señor mío y Dios mío” acepta que la fe deje de ser puro personalismo, algo personal, para ser comunión.

Pidamos a Nuestro Señor por la intercesión de su madre, María, que nos ayude a vivir nuestra fe dentro comunidad, desde la Iglesia.

Feliz domingo y feliz semana.

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