XV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO10/07/2022

En este XV domingo del tiempo ordinario Jesús nos pregunta ¿de quien nos hacemos prójimos? Ante la dignidad humana pisoteada, a menudo permanecemos con los brazos cruzados o con los brazos caídos, impotentes ante la fuerza oscura del mal.

Ante nuestro prójimo, imagen y semejanza de Dios, no podemos caer en la indiferencia y permanecer con los brazos cruzados. Coincidiendo con este domingo hemos celebrado en las vísperas la misa de acción de gracias por el final de curso pastoral.

Una ambientación de las lecturas puede ser: La primera lectura nos viene a decir que Ser cristiano es ser seguidor de Cristo en todos los aspectos, guardando su mandamiento, que está en nuestros corazones “El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca, para que lo cumplas”. La lectura epistolar de la carta a los Colosenses nos trae un himno cristológico muy antiguo utilizado y recitado por la primitiva comunidad cristiana “Y por Él y para Él quiso reconciliar todas las cosas, las del cielo y de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz” El Evangelio nos presenta la parábola del buen samaritano, como ejemplo de amor al prójimo que nos llama a la práctica de la misericordia “Y al verlo, se compadeció” que lo mismo que decir se le conmovieron las entrañas, sintió misericordia.

La primera lectura, del libro del Deuteronomio, llama la atención la idea de la enseñanza sobre el cumplimiento de la Ley plasmada en la Torá por Moisés “vuelve al Señor, tu Dios, con todo tu corazón con todo tu alma” cuyo “mandamiento está muy cerca de ti, en tu corazón” Esta enseñanza de Moisés nos recuerdan a enseñanzas posteriores de los profetas Jeremías y Ezequiel sobre la transformación del corazón: “Pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré” dice Jeremías, y Ezequiel nos dice “Os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne” , los corazones de piedra del sacerdote y del levita, en oposición al corazón de carne del samaritano del evangelio de hoy. Vivir conforme a la ley no es cumplir unos mandatos que nos vienen desde fuera, sino que tiene que haber una conversión, una transformación interior, así lo cantamos en la antífona del salmo “Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón”

El texto de la segunda lectura, de la carta a los Colosenses, recoge un himno antiquísimo compuesto y que recitaban las primeras comunidades cristianas que presentan al Señor Jesucristo como primogénito de toda criatura, colaborador en la creación: “… primogénito de toda criatura; porque en él fueron creadas todas las cosas, …” que nos recuerda al inicio del evangelio de San Juan donde Jesús-Palabra acompaña a Dios en su tarea creadora. El himno confiesa a Jesús como Señor y como Dios “Cristo Jesús es imagen del Dios invisible”, y mantiene uno de los núcleos de la fe más primitivos: la cruz de Jesús nos ha mostrado que Dios nos ama y nos invita a vivir reconciliados “… quiso reconciliar todas las cosas, las del cielo y de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz”.

En el evangelio, Lucas, expone la parábola del Buen Samaritano contada por Jesús en respuesta a la pregunta del maestro de la ley ¿Quién es mi prójimo, a quien debo amar como a mi mismo? “Y quién es mi prójimo”. Jesús no elabora un discurso complicado, sino que cuenta una historia, con la que intenta cambiar la manera de ver las cosas de quien la escucha, intenta cambiar los corazones, transformar, revivir el corazón. Al maestro de la ley se le ponen delante tres personajes distintos que se encuentran con un hombre, imagen y semejanza de Dios, que ha sido victima de una injusticia. El sacerdote y el levita, tienen una actitud de indiferencia, de cumplimiento, de cumplo y miento, de corazón de piedra, de ley no grabada en el corazón, de ley externa al hombre, que le impiden acercarse al hombre herido. Mientras, un representante de un pueblo mal visto, un pueblo cismático, malos judíos, un samaritano, que no tiene conocimientos de la ley mosaica como el sacerdote y el levita, pero se compadece, se llena de misericordia, se le conmovieron las entrañas, actúa con sentimientos humanos, con la ley grabada en su corazón, se deshizo en cuidados “llegó a donde estaba a él” dedicó su tiempo, curó sus heridas “le vendó las heridas, echándoles aceite y vino”, y cuidó de él. El aceite y el vino tienen valor terapéutico, el aceite alivia las heridas y el vino actúa como aséptico, formaban parte de las provisiones que el samaritano llevaba para el camino y que compartió con el herido, solo eso, sino que lo monto en su cabalgadura y llevó a una posada donde siguieron los cuidados. Cuando termina de contar la historia Jesús pregunta al escriba: ¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos? A lo que el escriba responde: “El que practicó la misericordia con él”. “Anda y haz tú lo mismo” fue lo que le dijo Jesús. Para Él, el amor no tiene límites y no se contenta con atender a las necesidades de los cercanos y conocidos, sino que sale al encuentro, se hace cercano de todo ser humano necesitado. Nos enseña que nuestro prójimo es todo ser humano necesitado, sin restricciones fundadas en las razas, religión, situación social ni en reglamentos, pues el amor actúa siempre y todas partes.

Señor, que sepamos descubrir, no sólo en los cercanos, sino que todos somos prójimos, todos somos imagen y semejanza de Dios, todos somos hermanos hijos de un mismo Padre, y que amemos unos a otros como a nosotros mismos.

Feliz domingo y feliz semana.

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