V Domingo Del Tiempo Ordinario

05/02/2023

Continuamos caminando por este V Domingo del Tiempo Ordinario, recordemos que este pasado jueves día de la Candelaria y festividad de la Presentación del Señor, celebrábamos la Jornada Mundial por la Vida Consagrada, jornada que desde el 2 de febrero de 1997 vinimos celebrando, para este año el lema elegido es “Caminando en esperanza”. Ayer sábado se celebraba la Jornada Internacional de la Fraternidad Humana, conmemorando la firma del Documento sobre la Fraternidad Humana por la Paz mundial y la Convivencia Común de 2019 entre el Papa Francisco y el Gran Imán Al-Tayyeb, se nos invita a tener presente la importancia del diálogo interreligioso, y a orar por la fraternidad de las religiones.

 Las lecturas de este domingo pueden quedar sintetizadas de esta manera: El profeta Isaías ofrece al pueblo un camino directo para ser luz ante los demás. No se trata del ayuno de los alimentos, sino de ayudar al hermano sufriente con las obras de misericordia “brillará tu luz en las tinieblas”. El salmo expresa como la vida del fiel que camina en la ley de Dios es luz para los demás, brillando en medio de las tinieblas “El justo brilla en las tinieblas como una luz”. Mientras Pablo en su primera carta a los Corintios, muestras sus humildes credenciales de su ministerio mostrando que la luz de su predicación no viene de él sino de quién lo ha llamado, es decir de Cristo “mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu”. El Evangelio, Jesús nos dice que somos luz del mundo, que esa luz no es para ocultarla, sino que brille en medio de los hombres “Vosotros sois la luz del mundo […] Brille así vuestra luz ante los hombres”.

 La primera lectura, el simbolismo de la luz lo presenta el profeta Isaías para introducirnos en lo que va a decir Jesús en el evangelio. Presenta este simbolismo de la luz de una manera muy concreta y vivencial siendo luz para los demás: partiendo el pan, dar cobijo al que no tiene, verter al desnudo, evitar la opresión, y así otras tantas obras de misericordia. Esto nos lo dice Isaías en un contexto de ayuno y penitencia que no deben quedar en simple y puro ritualismo, sino que debe de estar acompañado de obras “surgirá tu luz como la aurora”. El salmo en la misma línea refleja los mismo que dice el profeta “En las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo”, que seremos luz si ponemos en acción la caridad con los demás “Reparte limosna a los pobres; su caridad dura por siempre”.

En la segunda lectura, destacamos como Pablo hace una confesión de humildad, se presenta ante los corintios débil y temblando de miedo, en su predicación, si  elocuencia alguna, no se apoya en las ciencias y sabiduría humana sino en el poder de Dios “cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría […] presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu”. Para entender lo que nos quiere decir Pablo debemos tener en cuenta que Corintio, ciudad griega, estaba habitada pro grandes sabios, maestros, filósofos, por hombres de ciencias y para Pablo no es la ciencia la salva sino la caridad, por eso se presenta no como sabio según los criterios humanos sino apoyándose en Jesucristo y este crucificado.

El Evangelio, Jesús, siguiendo con el sermón del monte cuyo comienzo fue proclamado el domingo pasado, las bienaventuranzas, sigue en este domingo enseñando lo que debe de significar y aportar un seguidor suyo, este debe ser sal y luz, testigo y profeta en medio del mundo.

 Como dice el refranero popular un día sin sal es como un día sin sol. La sal tiene una doble función: por un lado, dar sabor y condimentar la comida, y por otro sirve para preservar los alimentos de la corrupción. La sal también es vista como símbolo de hospitalidad y acogida, en el AT ofrecer el pan y la sal es acoger en casa al desconocido, al forastero. También es símbolo de esa gracia o salero que debe existir en nuestra convivencia y relaciones fraternas. Toda la Iglesia, es decir, todos los que nos llamamos cristianos y formamos parte de ella, debemos ser sal de la tierra “Vosotros sois la sal de la tierra”, sal de sabiduría humana y cristiana, de amabilidad, sal que contagia sabor y gracia, sal que es alegría, amor e ilusión, sal que da gusto a Evangelio. No olvidemos que la sal también a veces es sal que denuncia los males y mantiene incorrupto y conserva los valores fundamentales del Evangelio. Nos dice Jesús que una sal que no sala no sirve para nada “Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente”

La luz ha sido siempre un símbolo del bien, del amor, de la verdad, de la felicidad y de manera especial se aplica a Cristo esta simbología, por ejemplo, sin ir más lejos, este pasado jueves en la presentación del Niño “luz para alumbrar las naciones” y el mismo Jesús “Yo soy la luz del mundo” y ahora nos dice a nosotros “Vosotros sois la luz del mundo” que hemos de alumbrar con nuestra vida a los hombres, para que vean nuestras obras,  obras de misericordia,  y den gloria a Dios. Iluminados por Cristo nos convertimos en iluminadores de los demás, testigos de esperanza y del verdadero sentido de la vida en medio de una sociedad.  Esta metáfora es complementada por Jesús, para que no guardemos esa luz para nosotros mismos, comparada con una ciudad que debe ser visible en lo alto de una colina, o una lámpara que se enciende para iluminar toda la casa y no para esconderse.

Seamos sal que sala y luz que alumbra, y oremos por la fraternidad humana y la paz mundial.

Feliz domingo, día del Señor, y feliz semana.

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