04/01/2026
Continuamos celebrando la alegría de la Navidad, dando gracias porque Dios se ha hecho hombre, precisamente las tres lecturas de hoy convergen en que Dios está cerca de nosotros.
La primera lectura, del Eclesiástico, presenta a la Sabiduría, no solo como un conocimiento intelectual, sino como la capacidad de mirar y amar a las personas tal como Dios lo hace.
San Pablo, en la carta a los Efesios, nos revela un anuncio maravilloso: Dios nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo para ser sus hijos adoptivos. No somos fruto del azar; Dios ya nos tenía presentes en su corazón desde el principio de los tiempos y nos destinó a ser sus santos y herederos.
El Evangelio de San Juan profundiza en este misterio presentándonos al Verbo, la Palabra eterna de Dios que existía desde el principio y que se hizo carne para habitar entre nosotros. Al decir que habitó, el texto sugiere que Jesús puso su tienda de campaña en medio de nuestra historia humana, embarrándose con nuestra realidad para redimirla desde dentro. Jesús vino para recordarnos nuestra verdadera identidad como hijos de Dios.
Ser hijos significa que los creyentes formamos una única familia, unidos por la misma fe y el amor que Dios nos tiene. Sin embargo, el Evangelio también advierte que la luz brilla en las tinieblas y hay quienes no la reciben, prefiriendo vivir sin acordarse de su Padre. Un buen hijo se comporta bien no por obligación o miedo, sino porque ama a sus padres y desea que se sientan satisfechos con su vida.
En este camino de fe, si llegamos a tropezar, debemos ser como el corredor de maratón que cae, se cura la herida y continúa la carrera con el propósito de mejorar cada día. Pidamos que la Virgen María nos enseñe a mirar a los demás con los ojos de Dios y a vivir con la alegría de sabernos profundamente amados.
Feliz domingo día del Señor.




