25/03/2026
Hoy es un día de fiesta grande para dar gracias, porque Dios ha cumplido su promesa. Estamos celebrando que Dios se ha hecho uno de nosotros en el vientre de la Virgen. Hace una semana celebrábamos el Sí de José, “hizo lo que le había mandado el ángel del Señor”, y dentro de unos días estaremos en el Jueves Santo, tras la cena pascual, Jesús dirá Sí en Getsemaní, “Hágase tu voluntad”. Hoy celebramos que Dios se hace niño en la Virgen María, “Hágase” Es el hilo de oro que une a José, a María y a Jesús.
En la lectura del profeta Isaías, hemos escuchado la historia del Rey Ajaz. Dios le ofrece un regalo, una señal, pero el rey se hace el humilde y dice: “No la pido, no quiero tentar al Señor”. En realidad, Ajaz tenía miedo de que, si aceptaba a Dios, tendría que cambiar de vida. Hace una semana celebrábamos a San José, fiel en la oscuridad, Custodio de lo Inesperado. Él fue todo lo contrario a este rey. Cuando el ángel le habló en sueños, José no puso excusas. No dijo: esto es muy difícil para mí. José se fio de la señal que anunció Isaías: “La virgen está encinta y da a luz un hijo”
A veces somos como el rey Ajaz: nos da miedo que Dios nos pida algo y miramos para otro lado. Aprendamos de José a decir sí a los planes de Dios, aunque nos cambien los nuestros.
En el Salmo hemos repetido todos: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. Y la carta a los Hebreos nos explica qué significa eso. Dice que Jesús, al venir al mundo, le dijo a su Padre: “Tú no quieres sacrificios de animales, pero me has preparado un cuerpo”.
Jesús no vino a traernos cosas, vino a darnos su Cuerpo. Ese cuerpo que hoy empieza a crecer en María es el que, dentro de unos días, en el Jueves Santo y en el Huerto de los Olivos, en Getsemaní, sudará sangre y se entregará por nosotros.
Jesús nos enseña que lo que más le gusta a Dios no es que le demos migajas y limosnas de lo que nos sobra, sino que le digamos: Señor, aquí tienes mi cuerpo, mis manos para trabajar y mis pies para hacer tu voluntad.
Finalmente, en el Evangelio, el ángel Gabriel entra en la casa de María. Ella se asusta un poco, pero escucha la noticia más grande: va a ser la Madre de Dios. Fijaos en lo que dice María al final: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. María no dice yo haré, sino dejo que Dios haga en mí. Ella abre la puerta de su corazón y de su cuerpo para que Dios entre.
María nos enseña que el sí más importante es dejar que Dios trabaje en nosotros. A veces nos esforzamos mucho en ser buenos por nuestra cuenta, y se nos olvida pedirle a la Virgen que nos ayude a decir: Señor, haz conmigo lo que quieras
El sí de Jesús en el Huerto es el mismo sí de hoy en Nazaret. Él aceptó tener un cuerpo para poder entregarlo por nosotros.
La vida es una cadena de síes.
Como José, digamos sí a las responsabilidades que Dios nos da cada día. Como María, digamos sí a Dios, aunque nos dé un poco de miedo lo que nos pida. Como Jesús, digamos sí a la entrega y al amor a los demás, especialmente cuando llega el dolor.
El Dios que hoy se hace pequeño en María, está con nosotros, Él es el Emmanuel, el Dios-con-nosotros, dentro de una semana, estaremos en los días santos de la Pasión, donde Enmanuel se entregará por nosotros. Que hoy, al comulgar, le digamos al Señor con la sencillez de María y de José: “Aquí estoy, Señor. Entra en mi casa, entra en mi vida y enséñame a amar como Tú. Señor, cuenta conmigo”.
Oración de los Tres Sí
Feliz día de la anunciación.








