El Camino de la Fragilidad Gloriosa

Para esta Semana Santa, os propongo un hilo conductor que unifique cada jornada, cada día de nuestra semana más grande, llevará por título “El Camino de la Fragilidad Gloriosa”. Acompañaremos al Señor en su progresivo despojo, descubriendo que en cada paso de su entrega hay una respuesta a las heridas del corazón humano y a nuestros cansancios.

A continuación, comenzamos con la reflexión para hoy, Lunes Santo, que servirá de inicio para las reflexiones de esta semana.

La unción en Betania

Nos encontramos a las puertas del Huerto, pero antes de entrar en la oscuridad del Cedrón, el Señor nos permite descansar en el hogar de sus amigos. Betania es ese oasis necesario antes del desierto final. Contemplamos a María, la hermana de Lázaro, realizando un gesto que rompe la lógica del cálculo y la eficacia: toma una libra de perfume de nardo auténtico, de alto precio, y unge los pies de Jesús.

El Evangelio destaca la sobreabundancia, haciendo uso del símbolo del perfume que no se dosifica; y que se derrama hasta que la casa se llena de su fragancia. Frente a la mirada de Judas, que representa el corazón que mide, que juzga y que acaba traicionando por treinta monedas, el precio de la utilidad, María representa el corazón que ama y derrocha sin medida.

En ocasiones, más de las que creemos, caemos en la tentación de Judas: el utilitarismo. Nos preguntamos si tanto esfuerzo vale la pena, si nuestro sacrificio produce resultados visibles. La queja de Judas sobre los pobres es la máscara de un corazón que ha perdido la capacidad de la gratitud. Jesús, sin embargo, defiende el gesto de María: “Déjala”. Él acepta el perfume como un anticipo de su sepultura.

En este Lunes Santo, la Iglesia nos invita a entender que el amor más puro es aquel que parece desperdiciado a los ojos del mundo. Sentimos el peso de la agenda y el cansancio de las estructuras, luchamos por mantener la fe en medio de un mundo secularizado, Betania es una llamada a la centralidad de la persona de Cristo. No somos gestores de una ONG, sino amantes de un Dios que se entrega. ¿Cuándo fue la última vez que perdimos el tiempo por amor, derramando el nardo de nuestra presencia sin pedir nada a cambio? El aroma de este perfume es lo único que puede perfumar las zonas de nuestra alma que huelen a muerte y a rutina.

Señor Jesús, concédeme en este lunes de tu Pasión la gracia de no medir mi entrega. Que el perfume de mi fe sea auténtico, sin mezclas de vanidad ni cálculos de provecho. Enséñame a ungir tus pies en los hermanos que sufren, sabiendo que nada de lo que se te ofrece a Ti se pierde, sino que se convierte en fragancia de vida eterna. Que mi vida sea, como la de María, un anticipo de tu victoria sobre el sepulcro.

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