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XIX Domingo Del Tiempo Ordinario

11/08/2024

Decimonoveno Domingo del Tiempo Ordinario, continuamos con el discurso del Pan de Vida contenido en el capítulo sexto del evangelio de s. Juan.  La semana pasada, Jesús ofrecía un pan infinitamente superior al del milagro de la multiplicación, ese pan es Él mismo, pan bajado del cielo. Las las lecturas de este domingo nos hablan de tres tipos de pan: el que alimenta por un día, el maná; el que da fortaleza para aguantar cuarenta días, el recibido por Elías; y el pan que da la vida eterna, Jesús mismo.

El profeta Elías, con la fuerza del alimento que le proporcionó el ángel del Señor, pan y agua, caminó hasta el monte de Dios “Levántate y come, pues el camino que te queda es muy largo”. Se nos anuncia, en la primera lectura, la eucaristía, Eucaristía prefigurada, como alimento para el camino de la vida. El salmo, una alabanza al Señor por su protección y salvación “Yo consulté al Señor y me respondió, me libró de todas mis ansias” y la antífona proclama “Gustad y ved qué bueno es el Señor”. En la carta a los Efesios, s. Pablo, nos dice que hemos sido marcados por el Espíritu Santo para distinguirnos en el día de la liberación final “Él os ha sellado para el día de la liberación final”, Eucaristía vivida. En el Evangelio Jesús se manifiesta como el pan bajado del cielo, “Yo soy el pan de la vida” Eucaristía prometida: no es solo ya la fe en él lo que nos da la vida eterna, sino el participar en su sacrificio, comulgando, la Eucaristía celebrada, lo que nos salva. Desde ahí tenemos que vivir en el amor, que fue lo que llevó a Cristo a entregarse por nosotros.

El contexto de la primera lectura, es un contexto de crisis religiosa en el reino del Norte, Israel, el rey Ajab se casó con una princesa fenicia, Jezabel, devota del dios cananeo Baal. El influjo de la reina y permisividad del rey provocó que Dios dejara de tener valor para pueblo, a lo que se opuso el profeta Elías, lo que provoca su intervención y su consecuente persecución y huida hacía el monte Horeb, al monte Sinaí. En su huida y largo viaje, Elías desesperado desea la muerte ¡Ya es demasiado Señor! ¿Toma mi vida, pues no soy mejor que mis padres! La intervención de un ángel del Señor, le proporciona alimento que le proporciona fuerzas para caminar durante cuarenta días y sus noches, hasta el monte donde Dios se reveló a Moisés. El salmo es toda una alabanza a la intervención de Dios “El afligido invocó al Señor, Él lo escuchó y lo salvó de sus angustias” Es una imagen muy viva de que nuestro caminar por la vida, los cuarenta días imagen de nuestro caminar por la vida, camino largo y lleno de suplicas a Dios, y para caminar por la vida nos alimentamos con la eucaristía.

En la segunda lectura, s. Pablo, aplica la imagen de la sangre del cordero en los dinteles en la noche de Pascua del pueblo de Israel, al Espíritu Santo, que nos ha marcado con su sello para señalarnos y diferenciarnos en el día de la liberación final. Añade una serie de consejos para vivir aquí en la tierra, la vida eterna del cielo. “Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda maldad” es la Eucaristía vivida “Vivid en el amor como Cristo” que nos lleva a ser hombres nuevos.

El evangelio comienza contando la objeción de los judíos ante la afirmación “Yo soy el pan bajado del cielo” ¿Cómo puede haber bajado del cielo al que conocen desde niño, conocen a su padre y a su madre? Esta misma pregunta la podemos extrapolar a hoy ¿Cuántos de nuestros conocidos, vecinos, amigos, familiares …, lo conocen celebran su nacimiento, conocen a su padre y a su madre, festejan su pasión y cruz, y ahí quedan?  pero no lo aceptan.

Los judíos no aceptan que ha bajado del cielo porque no creen en Él. Y si no creen en Él es porque el Padre no los ha llevado hasta Él “Nadie puede venir a mí si no lo atrae el padre que me ha enviado” recordándonos que no somos nosotros los que le elegimos, sino que es él quien nos elige a nosotros. Dios instruye a todos, pero no todos quieren aprender “Serán todos discípulos de Dios”. “Todo el que escucha al Padre y aprende viene a mí” Solo el que acepta su enseñanza viene a Jesús, lo acepta, y cree que ha bajado del cielo, que da la vida, y vida eterna, a diferencia del maná, que solo calma el hambre física “Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo” Eucaristía celebrada, vivida y venerada. Nadie puede echarle la culpa a Dios de no creer en Jesús.

Ayúdame, Señor, a vivir la eucaristía en el servicio y entrega al otro, el amor desinteresado es el único pan que nutre y da sentido a la vida.

Feliz domingo día del Señor,  y feliz semana.

Domingo XVIII del Tiempo Ordinario

04/08/2024

En este decimoctavo domingo del Tiempo Ordinario seguimos escuchando el discurso del Pan de Vida, que comenzábamos el domingo pasado. Tras el reparto de los panes y los peces, y la gente que lo quería proclamar rey, Jesús escapó de la multitud. Hoy comenzamos en este punto, la gente sigue buscándole y Jesús inicia una serie de diálogos con la intención de invitarles a creer, este discurso nos ocupará los próximos tres domingos. A través de sus palabras, Jesús, se irá revelando progresivamente como el Pan del Cielo.

En la lectura del Éxodo, el pueblo de Israel, de camino a la Tierra Prometida, tiene hambre y Dios les envía el maná, mostrándonos que Dios acompaña y cuida de su pueblo “Al atardecer comeréis carne, por la mañana os hartaréis de pan; para que sepáis que yo soy el Señor Dios vuestro”. El salmista reflexiona sobre este episodio del maná y proclama “El Señor les dio el pan del cielo” El apóstol Pablo, en la carta a los Efesios, nos invita a despojarnos de todo lo viejo y revestirnos de la condición de hombre nuevo, una llamada a vivir conforme a la fe, pues Jesús mismo, se nos da como alimento que nos ayuda a “revestirnos de la nueva condición humana creada a imagen de Dios” En el Evangelio, esta nueva condición de hombre nuevo, produce el encuentro personal con el Señor que nos promete: “el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed”.

Tras cruzar el mar Rojo, el pueblo de Israel comienza el camino por el desierto, el cual fue difícil a causa de básicamente tres problemas: el hambre, la sed y el acoso de pueblos adversarios que combatían con Israel. Cuando aparece la dificultad, el pueblo culpa de sus desgracias a Moisés y Aarón “¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos alrededor de la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos!”  Moisés entiende que el enfado no va contra él y su hermano Aarón, sino que culpan a Dios de ello, e incluso dudan de Él Pero a pesar de todo, Dios está con ellos y les provee agua que mana de la roca, la llegada del cielo el maná y las codornices, y el pueblo que los hostigaba, los amalecitas, fueron derrotados, en definitiva es la dulzura con la que Dios trata siempre a su pueblo a pesar de las dudas e infidelidades. Es tal el amor que dios siente por su pueblo que los guía y les da de comer, ante la pregunta del pueblo ¿Qué es esto? Moisés responde “Es el pan que el Señor os da de comer” A nosotros hoy, Iglesia, Pueblo de Dios, nos alimenta con el Pan de Vida bajado del cielo, que es el mismo Jesús hecho pan, Jesús sacramentado.

 Pablo en su carta a los Efesios, sigue exhortándonos a vivir en la verdad, a abandonar la vida pagana que lo mismo que es rechazar la autosuficiencia, la mala voluntad, la codicia, … y la vaciedad de pensamientos “renovaos en la mente” poniendo a Cristo en el centro de nuestras vidas, renovándonos en el espíritu, revistiéndonos de nueva humanidad, revistiéndonos de Cristo y despojándonos del hombre viejo, siendo hombres nuevos en verdad, justicia y santidad verdaderas “revestíos de la nueva condición humana creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas” alimentándonos con los panes pascuales de sinceridad y verdad, es decir de Cristo nuestro cordero pascual.

En el Evangelio, Jesús, revela a las personas que lo buscan las verdaderas intenciones desenmascarando la mentalidad material “me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros” siguen a Jesús por el pan material y no por los signos que ha realizado, no alcanzan a entender fruto de su ceguera espiritual. Ante esta ceguera, Jesús, proclama la diversidad que existe entre el pan material y corruptible, y el pan que da la vida eterna “Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios” Jesús les exige una sola cosa ante la pregunta de que deben hacer para actuar como Dios quiere, les exige la adhesión a las obras y al plan de Dios “La obra que Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado”

La gente no está satisfecha, el milagro de los panes y los peces no es suficiente, quieren un signo partículas y mas estrepitoso. Jesús ante esta falta de fe, les responde que el verdadero alimento no está en el don de Moisés ni en la ley, sino en el don del Hijo, que el Padre ofrece a los hombres, “el verdadero Pan del cielo” pero la gente aun no entiende lo que eso significa, están lejos de la verdadera fe. Jesús mismo se anuncia como “Yo soy el Pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás” Él es el don de Dios Padre, con su infinito amor, hace a cada hombre, a cada uno de nosotros. Él es la Palabra en la hemos de creer, quien se adhiere a Él da un nuevo sentido a su propia vida, se reviste de hombre nuevo, y consigue su propia felicidad.

          Feliz domingo día del Señor, y feliz semana.

XVII Domingo Del Tiempo Ordinario

28/07/2024

Domingo XVII del Tiempo Ordinario, que coincide este año con IV Jornada Mundial de los Abuelos y los Mayores cuyo lema para este año, es la invocación de un anciano que relata su historia de amistad con Dios: “En la vejez no me abandones” (Sal 71,9).  Con este lema, el papa Francisco, pretende subrayar cómo la soledad es, lamentablemente, la amarga compañera en la vida de tantos mayores que, a menudo, son víctimas de la cultura del descarte.

Una síntesis de las lecturas puede ser esta: en la primera lectura, el profeta Eliseo, pide que el pan de las primicias, los primeros frutos de la cosecha destinados a Dios, se entregue a la gente, exhorta a confiar en Dios y repartir “Dáselo a la gente y que coman, porque así dice el Señor: Comerán y sobrará”. En consonancia con esta lectura y el evangelio, el salmo invita a alabar a Dios por su generosidad, por el eso entonamos “Abres tu mano Señor y nos sacias” En la segunda lectura, el apóstol Pablo exhorta a mantener la unidad por encima de todo, un solo Señor, una sola fe y un solo bautismo “Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor, esforzándoos en mantener la unidad del Espíritu”. El evangelio es el relato de la multiplicación de los panes y los peces, compartidos, signos de fraternidad “Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió”

La primera lectura, Eliseo, discípulo sucesor de Elías, multiplica los panes, y nos prepara para escuchar la multiplicación que realizó Jesús. Ambas lecturas tienen muchos paralelos, destaca, sobre todo, la desproporción de la cantidad de comida disponible y el gran número de comensales, y que, en ambos casos, después de la comida, sobra pan. Dios promete que “Comerán y sobrará”, en el evangelio sobraron doce canastas de pan. Por eso el salmista a alabar y dar gracias a Dios “tú les das la comida a su tiempo; abres tú la mano, y sacias de favores a todo viviente”

En la segunda lectura, de la carta a los Efesios, Pablo nos invita a que seamos perseverantes en la vocación a la fuimos llamados “os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados” Destaca la unidad que debe de haber entre todos: un solo cuerpo, un solo Espíritu, un Señor, una fe, un Bautismo, un Dios Padre de todos. “Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todos” Se nos invita a ser humildes y amables unos con otros, sobrellevándonos con amor.

Dejamos al evangelista Marcos durante las próximas cinco semanas, en las cuales estaremos acompañados por el evangelista Juan. Hoy comenzamos con la primera parte del capítulo 6, la multiplicación de los panes, con el que se abre el discurso del Pan de Vida.

Mientras en los otros evangelistas son los apóstoles los que reparten el pan y los peces, en este de Juan, es el mismo Jesús quien se encarga de esta tarea., al final sobren doce canastas símbolos de las doce tribus de Israel y de los doce apóstoles, al mismo tiempo que es símbolo de abundancia. Un relato cargado de mucho significado, el pueblo de Israel, junto con su líder Moisés, cruzan el mar y en el desierto reciben el maná, Jesús atraviesa el mar de Galilea, la gente le sigue, les da de comer. El entusiasmo de la gente hace que interpreten, este signo o milagro, una vez más, en calve de mesianismo político. Jesús tiene que huir pues su finalidad es el mesianismo espiritual, inaugurador del Reino de Dios.

Jesús se compadece de la multitud y del hambre que tienen, por eso, además de anunciarles la Palabra que viene de Dios, les multiplica también el pan material. Una lección para todos los discípulos de todos los tiempos. En el encargo de “dadles vosotros de comer” entra nos solo el poder de Dios, sino también la colaboración humana. En el caso de Eliseo en la primera lectura, y también de Jesús, hay personas generosas. En la primera lectura no ofrece veinte panes de cebada, y Dios hace el resto. El joven del evangelio ofrece cinco panes y dos peces, Jesús los bendice y multiplica. Con ello quiere el evangelio enseñarnos que Dios no desestima la aportación humana, al contrario, a partir de ella, realiza el milagro de la multiplicación.

Todos los cristianos estamos llamados colaborar con esa multiplicación de los panes, unos con su tiempo, otros con su trabajo, con su aportación económica “harían falta 200 denarios, dice Felipe”. Pues demos generosamente, de esos cinco panes y dos peces que tenemos, compartamos nuestro tiempo: con los ancianos que se deprimen por la soledad, por la usencia y el olvido de sus de familiares. Seamos generoso con el tiempo para dedicar a los enfermos, a los que están en la cárcel, a los inmigrantes, a los pobres que necesitan “pan…” en definitiva a todos los que necesiten démosles.

Feliz domingo día del Señor y feliz semana.

XVI Domingo Del Tiempo Ordinario 21/07/2024

El domingo pasado Jesús enviaba a los Doce de dos en dos a predicar y curar. Llega la hora de volver junto al Maestro, de compartir lo vivido en los caminos, las plazas y los hogares que han visitado; con su acogida y rechazo, y con su éxito y fracaso. Es hora de compartir con Él, el descanso después del duro trabajo. El gran tema de las lecturas de hoy es la centralidad de Cristo como Pastor y Rey Justo.

La figura de Cristo como Pastor del pueblo de Dios es el centro de la liturgia de hoy. En él se cumple la profecía de Jeremías: “Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas de todos los países adonde las expulsé”. Y ante esta promesa de Dios, pastor bueno, el salmista entona “El Señor es mi pastor” que nos llevará a aguas tranquilas y verdes prados. La segunda lectura nos habla que, Cristo, mediante la cruz, une en uno solo a los dos pueblos, judíos y gentiles, “Él es nuestra paz: el que de los dos pueblos ha hecho uno”. Un solo rebaño y un solo pastor. Esta realidad espiritual se hace presente en la Iglesia de la que están llamados a formar parte todos los pueblos y en la que Cristo Pastor se hace presente. Cristo, en su vida, ya fue Pastor siendo cercano a la gente “andaban como ovejas que no tienen pastor”

Jeremías nos presenta a dos tipos de pastores, uno más semejante al lobo que dispersa y hiere al rebaño, que, lejos de cuidarlo, lo atemoriza y oprime. El otro, un rey que reina con justicia, que reúne a las ovejas desde lugares en las que estaban dispersas, que las apacienta. Dice el profeta que reunirá a todas las ovejas “y las volveré a traer a sus dehesas para que crezcan y se multipliquen” haciendo referencia al cuidado y atención que el Mesías tiene con todos y cada uno de los hombres. “Me conduce hacia fuentes tranquilas y reparas mis fuerzas” nos dice el salmo.  Aunque el texto recoge ideas típicas del tiempo del destierro en Babilonia, por entonces era frecuente acusar a reyes, pastores de haberse despreocupados del pueblo y provocar la marcha al destierro, estos son los primeros pastores que provocan la intervención de Dios que castigará a los monarcas “Ay de los pastores que dispersan …”, pero el castigo no basta, los israelitas están dispersos y la siguiente intervención de Dios es reunirlos de todos los países. Dios restaura la monarquía con buenos reyes y pastores, suscitará un rey maravilloso “daré a David un vástago legítimo: reinará como monarca prudente, con justicia y derecho en la tierra”, es decir, la promesa del Mesías.

 La segunda lectura hace una de las afirmaciones más importantes del NT “Él, es nuestra paz” para algunos se trata de un himno sobre la pacificación de la humanidad, que ha hecho de los dos pueblos uno “Ahora en Cristo Jesús los que antes estaban lejos han sido acercados por la sangre de Cristo… Ha unido a los dos pueblos en uno solo, derribando el muro de enemistad que los separaba”, debemos de tener en cuenta que en esa época, o se era judío, o se era pagano.  Hermosa imagen la de Pablo: los que estábamos lejos unos de los otros hemos sido acercados en Jesús. Los que le creemos e intentamos seguirlo, porque Él nos ha llamado, sabemos que la Paz y la Justicia van de la mano, y que ambas son parte del misterio de este Pastor atento, que escucha, enseña, da pan, da la vida. Pablo presenta la obra de Cristo como restauración de las relaciones amistosas entre Dios y el hombre. El fruto de la reconciliación es la paz y amistad. El don de la paz es un don de Dios y ese don es Cristo mismo.

En el evangelio, los Doce, vuelven de su misión, contentos de lo que han dicho y han hecho. Jesús se preocupa de sus discípulos. Después del trabajo llevado a cabo, merecen un poco de descanso, que se hace imposible por la cantidad de gente que se interesa por Jesús “no encontraban tiempo ni para comer”. Los invita a marchar a un lugar desierto, el desierto nos recuerda al pueblo de Israel caminado hacia la tierra prometida, durante la travesía fue alimentado por Dios con el maná. Ahora, en un lugar desierto, el nuevo pueblo de Israel es alimentado por Jesús. Pero cuando se acercan a la orilla y ve a la multitud reunida, no les dice que remen mar adentro y busque otro sitio, sino que siente compasión de ellos porque los ve abandonados, como ovejas sin pastor. Desde luego que el evangelio nos muestra el hambre que tenía la gente de escuchar un mensaje de salvación “los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron” y de gracia, el que Jesús ofrecía por todas las aldeas y pueblos de Galilea, a lo que contribuyeron también sus discípulos, enviados para llegar a donde no podía llegar Él.

Que el Señor nos haga descubrir a las personas desorientadas para indicarles el camino hacia Él, y que la bienaventurada Madre De Dios bajo la advocación de la Virgen Del Carmen, que hemos celebrado el pasado martes, ruegue por nosotros.

Feliz domingo día del Señor y feliz semana.

XV Domingo Del Tiempo Ordinario

14/07/2024

Decimoquinto domingo del tiempo ordinario, el fracaso en Nazaret, que pudimos leer el domingo anterior, no desanima a Jesús. Todo lo contrario, continúa predicando y envía a sus discípulos a realizar su misma misión.

Amós, en la primera lectura dice de sí mismo “Yo no soy profeta ni hijo de profeta”, es decir, que no es un profeta que dice lo que los poderosos quieren que se diga, es un profeta que no puede callar la verdad de Dios “Voy a escuchar lo que dice el Señor” nos dice el salmo. En la segunda lectura, Dios “nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor, y nos ha destinado por medio de Jesucristo a ser sus hijos.” Esta cercanía de nosotros con el Señor la mantendremos por la oración, los sacramentos y la caridad con el prójimo. Jesús escogió a los apóstoles para que estuvieran siempre con él y enviarlos a predicar. Es lo que nos presenta el Evangelio de hoy, cuando “los fue enviando de dos en dos.”

Amós era un profeta de Tecua, pueblo situado en el reino del sur, en Judá, que fue enviado por Dios a Samaría, capital del reino del norte, Israel, cuando mayor era su esplendor. Pero no es oro todo lo que reluce, este esplendor, lleva aparejado las injusticias, tropelías, en estas situaciones sale a relucir los egoísmos y el afán de poder y dinero. Allí se presenta Amós, pero es rechazado porque pone en tela de juicio el status quo, no es profeta que dice lo que los poderosos desean oír, habla de la verdad de Dios. Es rechazado por el sacerdote, de Betel, Amasías: “Vidente, vete, huye al territorio de Judá. Allí podrás ganarte el pan y allí profetizar”. Pero Amós le responde: “… el Señor me arrancó de mi rebaño y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo Israel.” el verdadero profeta pasa hambre de pan, con tal de anunciar la Palabra de Dios, como dice el salmo, nos anuncia: “Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos”

La segunda lectura, tiene un gran calado teológico, es un himno a Dios, cuyo origen, con toda probabilidad, está en la liturgia bautismal de las primeras comunidades. Canta la exuberante gracia que Dios ha derramado en sus elegidos. Dios es el sujeto de todas las acciones: elección, liberación, redención, recapitulación, predestinación a ser hijos; pero todo ello acontece en Cristo, en quien tenemos la gracia. Y por medio de él recibimos la herencia prometida, en Él hemos sido marcados con el sello del Espíritu hasta llegar a experimentar la misma gloria de Dios. Siempre, Dios, nos ha contemplado a nosotros, desde su Hijo, mira a la humanidad desde su Hijo, es un Dios de gracia y amor. Sin su gracia no podemos tener la verdadera experiencia de ser hijos de Dios. “En él también vosotros, después de haber escuchado la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, creyendo en él habéis sido marcados con el sello del Espíritu Santo prometido.”

En el evangelio, Jesús envía a la misión a los Doce. La fe presenta una doble dimensión: la personal y la comunitaria. Y en el evangelio de hoy se destaca la dimensión comunitaria. Jesús mandó a sus discípulos de dos en dos “vayan de dos en dos” y les indicó no llevar nada, ni preocuparse por lo que van a comer, ni por lo que deben ponerse para vestirse “Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.” Jesús los mandó de dos en dos a cumplir una misión, anunciar el Evangelio. Son enviados al mundo entero anunciando el mensaje que Jesús ha traído para todos los hombres sin excepción.

 Jesús fue un itinerante que proclamaba el reino en aldeas y pueblos. Una sola cosa era importante el ir acompañado del hermano a la misión, la fe es comunitaria y la misión se realiza en comunidad, con otros, con un compañero. El compañero, puede ser un catequista, un animador, alguien que desarrolla un trabajo en la parroquia, un compañero de trabajo, un hermano de la comunidad, mi esposo o esposa, un militante, etc. que nos sostiene, auxilia, interpela, cuestiona, demuestra y que también está convencido de que la vida de Dios es que el hombre viva, que la vida de Dios y la de Jesús nos hacen y harán felices, que la fe es sostén y alegría…

Feliz domingo día del Señor y feliz semana.