6 de Abril 2024

31/03/2024
¡¡¡Resucitó!!!
“Exulten por fin los coros de los ángeles, exulten las jerarquías del cielo, … Alégrese también nuestra madre la Iglesia, revestida de luz tan brillante; resuene este templo con las aclamaciones del pueblo…” estas son palabras que forman parte del pregón pascual proclamado durante la Vigilia Pascual, anunciando la Resurrección de Jesús.
Alegría y Paz hermanos el Señor resucitó, no podemos comenzar este día de otra manera, sino felicitándonos por tan monumental y grandioso acontecimiento. Es hoy un día festivo y alegre, el mas festivo y alegre de todos, de encuentro con el Resucitado. La Pascua no es una fiesta más, es la fiesta de las fiestas. Es la única fiesta que se vive en un continuo, domingo tras domingo ininterrumpidamente desde hace poco más de veintiún siglos. Es tan grande este día que así lo cantamos en la antífona del salmo “Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo” Es la celebración del triunfo de Jesús sobre el dolor y la muerte.
En la Vigilia Pascual, las lecturas son todo un recorrido por la Historia de la Salvación: recordando la creación, el sacrificio de Abrahán, el paso del Mar, dos poemas del libro de Isaías sobre el amor de Dios a Jerusalén y la eficacia de su palabra, una reflexión del libro de Baruc y concluye las lecturas del Antiguo Testamento, con la promesa de un agua pura que purificará, un corazón nuevo y un espíritu nuevo que nos trae la lectura del profeta Ezequiel. A estas lecturas le sigue un texto de la carta de San Pablo a los romanos, relacionada con el bautismo. Nosotros al recibir el bautismo, participamos de la muerte de Cristo y de su resurrección.
En la vigilia Pascual leemos el evangelio según San Marcos sobre la resurrección “Ha resucitado. No está aquí”, en la mañana del Domingo de Resurrección, nos encontramos con las posturas muy humanas de tres personajes, María Magdalena, Pedro y Juan ante el hecho de la resurrección.
María Magdalena al ver que han quitado la piedra del sepulcro, deduce que alguien se ha llevado el cadáver, no se le pasa por la cabeza, ni piensa en ningún momento en la resurrección.
Pedro actúa como un agente que levanta un atestado, un forense, corre hacia el sepulcro, y no se limita como María Magdalena a ver la piedra corrida, entra en el sepulcro y observa que las vendas están en el suelo y el sudario enrollado en un sitio aparte. Algo raro y extraño, pero no saca ninguna conclusión.
El discípulo amado, el más joven de los doce, que también corre, al ser más joven llega antes y espera pacientemente sin entrar a que llegue Pedro. A Juan solo le es suficiente ver para creer. “Entró… vio y creyó”
Hoy el evangelio de Juan, que suele ser enrevesado en sus discursos, ofrece las posturas que podemos tener ante la resurrección de Jesús: podemos pensar que es un fraude, como la postura de María Magdalena “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos pero no dónde lo han puesto” O bien no saber que decir o dudar, la postura de Pedro “entro en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario…” pero no saca ninguna conclusión, no sabe que decir. Y por último la pastura del discípulo amado: “Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.” ¿Con quién nos identificamos: con María Magdalena, con Pedro o con Juan?
Las dos lecturas de este Domingo de Pascua, la de Hechos y Colosenses, afirman rotundamente la resurrección de Jesús. Ambas mencionan los beneficios que tiene para nosotros la resurrección de Jesús, en Hechos el perdón de los pecados, en Colosenses, la gloria futura. Las dos lecturas afirman que la resurrección de Jesús implica un compromiso para los cristianos: la predicación y dar testimonio del Reino de Dios en Hechos, y a buscar los bienes de arriba y no los terrenos en Colosenses.
En la lectura de Hechos encontramos un episodio capital del cristianismo primitivo, la predicación del evangelio a los paganos. Este episodio de Cornelio deja claro que el pueblo no es solo Israel, sino que también tienen cabida los paganos. “Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos.”
Pablo en la carta a los Colosense subraya el cambio que debe producirse en nosotros el hecho de que Cristo ha resucitado y como cambia esto nuestras vidas. La carta invita a buscar los bienes de arriba y dejar las mundanidades. “Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.” No está demás preguntarnos que buscamos en la vida o a que aspiramos, cuando hayamos respondido nos sorprenderá el texto de la carta.
Feliz Pascua de Resurrección y un fuerte abrazo.
30/03/2024
El descenso del Señor al abismo. De una homilía antigua sobre el grande y santo Sábado (PG 43,439-451;462-463)
¿Qué es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio porque el Rey duerme. La tierra temió sobrecogida, porque Dios se durmió en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo. Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoción al abismo. Va a buscar a nuestro primer padre como si fuera la oveja perdida. Quiere absolutamente visitar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.
Él, que es al mismo tiempo Dios e Hijo de Dios, va a librar de su prisión y de sus dolores a Adán y a Eva. El Señor, teniendo en sus manos las armas vencedoras de la cruz, se acerca a ellos. Al verlo nuestro primer padre Adán, asombrado por tan gran acontecimiento, exclama y dice a todos: «Mi Señor esté con todos». Y Cristo, respondiendo, dice a Adán: «Y con tu espíritu». Y tomándolo por la mano le añade: Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz. Yo soy tu Dios, que por ti y por todos los que han de nacer de ti me he hecho tu hijo; y ahora te digo que tengo el poder de anunciar a los que están encadenados: «salid»; y a los que se encuentran en las tinieblas: «iluminaos»; y a los que dormís: «levantaos». A ti te mando: despierta tú que duermes, pues no te creé para que permanezcas cautivo en el abismo; levántate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos.
Levántate, obra de mis manos; levántate, imagen mía, creado a mi semejanza. Levántate, salgamos de aquí, porque tú en mí, y yo en ti, formamos una sola e indivisible persona.
Por ti yo, tu Dios, me he hecho tu hijo; por ti yo, tu Señor, he revestido tu condición servil; por ti yo, que estoy sobre los cielos, he venido a la tierra y he bajado al abismo; por ti me he hecho hombre, semejante a un inválido que tiene su cama entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto, he sido entregado a los judíos en el huerto, y en el huerto he sido crucificado.
Contempla los salivazos de mi cara, que he soportado para devolverte tu primer aliento de vida; contempla los golpes de mis mejillas, que he soportado para reformar, de acuerdo con mi imagen, tu imagen deformada; contempla los azotes en mis espaldas, que he aceptado para aliviarte del peso de los pecados, que habían sido cargados sobre tu espalda; contempla los clavos que me han sujetado fuertemente al madero, pues los he aceptado por ti, que maliciosamente extendiste una mano al árbol prohibido. Dormí en la cruz, y la lanza atravesó mi costado, por ti, que en el paraíso dormiste, y de tu costado diste origen a Eva. Mi costado ha curado el dolor del tuyo.
Mi sueño te saca del sueño del abismo. Mi lanza eliminó aquella espada que te amenazaba en el paraíso. Levántate, salgamos de aquí. El enemigo te sacó del paraíso; yo te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celeste. Te prohibí que comieras del árbol de la vida, que no era sino imagen del verdadero árbol; yo soy el verdadero árbol, yo, que soy la vida y que estoy unido a ti. Coloqué un querubín que fielmente te vigilara; ahora te concedo que el querubín, reconociendo tu dignidad, te sirva. El trono de los querubines está preparado, los portadores atentos y preparados, el tálamo construido, los alimentos prestos, se han embellecido los eternos tabernáculos y moradas, han sido abiertos los tesoros de todos los bienes, y el reino de los cielos está preparado desde toda la eternidad.
ORACIÓN
Amado Señor, he podido acompañarte hasta aquí, pero ahora la piedra del sepulcro me impide acercarme a ti. Como las santas mujeres en el amanecer del domingo, yo también me pregunto: ¿Quién me retirará la piedra de la puerta? Pero tú no me pides que desentierre esa semilla que has querido plantar en nuestra tierra, sino que aguarde gozosamente su crecimiento. En el sepulcro tengo que enterrar mis pecados, mis infidelidades, para que por la fuerza de tu Resurrección gloriosa me aleje de todo lo que te desagrada, y muera a mi amor propio. ¡Oh, Jesús! Tú ya has obrado esa maravilla el día de mi bautismo, en el que realmente me sepultaste en tu muerte y renací criatura nueva, justificada. Ahora yo creo que tu Padre me mira con inmenso amor, y cuando me ve, es a ti a quien contempla. Sin embargo, tu Pasión no ha terminado del todo. María, tu Madre, llora en su soledad, aunque siga esperando contra toda esperanza. Tus amigos lloran, también, desconsoladamente. Y hoy, aunque hayas resucitado, sigue habiendo en el mundo llanto y sufrimiento, y muerte, y pecado. Que yo no descanse, Señor, que no me quede junto al sepulcro buscando entre los muertos al que vive. Mientras tu Pasión continúe en alguno de mis hermanos, dame la gracia de continuar haciendo el camino de la cruz junto a él. Es por eso por lo que yo puedo llorar ahora tu muerte y tus padecimientos, aunque sepa que vives para siempre: ellos siguen siendo actuales. Señor mío, que reposas en la paz de la tumba, después de haber trabajado tanto y haber entregado tu vida, minuto a minuto, en los caminos de los hombres: tómame contigo en la soledad y el silencio del sepulcro, e imprime en mi corazón con fuerza las llagas de tu Pasión, para que jamás, ni en la alegría ni en la pena, pueda olvidarlas. Así podré decir con san Pablo: no vivo yo, es Cristo quien vive en mí. Que María, Madre de misericordia, sea en mi camino apoyo, consuelo y gracia; y que ella me ayude a guardar todas estas cosas y a meditarlas en mi corazón.
Amén.
29/03/2024
Celebración de la Pasión del Señor
Durante el Viernes Santo y el Sábado Santo, la Iglesia no celebra la Eucaristía, nos alimentamos con la Sagrada Comunión consagradas, ayer Jueves Santo. Hoy comenzamos el Triduo Pascual propiamente dicho, es día de penitencia obligatoria para toda la Iglesia, día la abstinencia y ayuno, también el Sábado Santo hasta la Vigilia pascual. La Iglesia, siguiendo una antiquísima tradición, no celebra la Eucaristía y la Sagrada Comunión sólo se distribuye a los fieles durante la celebración de la Pasión del Señor.
La primera lectura, el cuarto cántico del Siervo Sufriente, tiene tres partes, en la primera y última habla Dios, en la central, se puede decir que es un coro que nos representa a nosotros. Cuenta la vida del Siervo desde su nacimiento hasta su muerte. Se trata de una noticia escandalosa que choca con nuestra mentalidad de que la humillación y el sufrimiento no pueden ser camino de salvación. La obra y el destino del Siervo solo lo comprenden aquellos que admiten que son pecadores y que su pecado merece castigo. Así actúa el coro de la parte central del poema, comienzan considerándose buenos, al reflexionar sobre el destino del Siervo reconocen que son pecadores y admiten que merecen un castigo. La relación entre pecado y castigo no es nueva en Israel, la novedad está en que el castigado es inocente y los que se encuentran bien se reconocen culpables. Este poema que insisten en el sufrimiento del Siervo es, sin embargo, un canto de victoria, “…lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz” por el triunfo del Siervo y el éxito de su misión.
El salmo, cuyas palabras pronuncia Jesús en la cruz y que nosotros repetimos en la antífona “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu” conocemos la vieja costumbre de los escritores judíos de indicar sólo el comienzo de una oración, un verso, una sentencia, dando a entender con ello el texto entero. Muy probablemente Jesús, que como buen judío conocía los salmos de memoria, iba recitando trabajosamente las palabras del salmo 30
Mientras Isaías habla de Jesús como Siervo de Dios, la carta a los Hebreos habla de Jesús como sumo sacerdote. Pero no revestido de esplendor oficiando en el templo de Jerusalén, sino suplicando con gritos y lágrimas verse libre de la muerte, “presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte” No lo consigue y se convierte autor de salvación eterna, “Y, llevado a la consumación, se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación eterna.”
El enfoque del evangelio de Juan es muy distinto al de los evangelios sinópticos, en Juan Jesús no solo sufre y muere, sino que en todo momento muestra su soberanía y autoridad. En Juan, en el prendimiento, es Jesús quien toma la iniciativa, se adelanta y pregunta a quien buscan “¿A quién buscáis?” y cuando responde que es Él, todos caen por tierra. Además, da una orden “si me buscáis a mí, dejad marchar a estos”
Ante el interrogatorio, por parte de Anás, responde casi con atrevimiento y diríamos que con cierta desfachatez “¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que me han oído de qué les he hablado. Ellos saben lo que yo he dicho” e incluso cuando lo abofetean no se deja intimidar “Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?”
Ante Pilatos se debate la realeza de Jesús y su misión de dar testimonio de la verdad “Mi reino no es de este mundo…Pilato le dijo: Entonces, ¿tú eres rey? Jesús le contestó: Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad”
En la escena del calvario, Juan ofrece una muerte serena y con tres palabras exclusivas del evangelio de Juan y sin paralelos en los sinópticos:
Primera apalabra, María que abre y cierra toda la vida de Jesús, presente al nacer, en su vida pública en las bodas de Caná de Galilea, y presente al morir, a los pies de la cruz. Jesús nos la entrega como madre, sin María no se puede concebir la comunidad cristiana. “Mujer, ahí tienes a tu hijo”
Segunda palabra para el cumplimiento de las escrituras, no le quiebran hueso alguno y miran al que traspasaron. El maestro que promete a la samaritana un agua viva que arrastre el corazón hasta la vida eterna; quien le habla de un agua que quitará la sed para siempre; quien nos invita a dar un vaso de agua al sediento, porque es lo mismo que dárselo a Él; quien transformó seis tinajas de agua en valioso vino; quien a voz en grito anunciaba junto al templo de Jerusalén en un solemnísimo día de fiesta: El que tenga sed venga a mí y beba … y de sus entrañas manarán ríos de agua viva, el mismo Jesús ahora, a punto expirar, desde lo alto de la cruz, sólo dice: “Tengo sed”
Tercera palabra “Todo se ha cumplido”, se ha cumplido el plan de Dios desde que mismo Verbo se hizo carne y habita entre nosotros. Juan sabe que es misma palabra en griego original significa también: Todo lo que me ordenó Dios mi Padre lo he cumplido a la perfección. Hijo de Dios como soy desde siempre, en el tiempo señalado he recibido de María la carne y soy plena y perfectamente hombre. He anunciado la buena noticia, el Evangelio del Reino de Dios, lo he confirmado con palabras y obras, he vivido entre los hombres haciendo el bien, les he descubierto que Dios es Padre de brazos abiertos, que espera siempre al hijo pródigo, que los criterios de Dios son algo diferente de aquellos que se usan entre los hombres, y que las palabras más serias no son placer, dinero y poder, sino entrega, misericordia y servicio. He cumplido en obediencia el proyecto de Dios mi Padre. He entregado mi vida a la muerte, para transformar todas las muertes en oportunidad de vida para siempre. Sí, todo está cumplido
La pasión según san Juan viene muy bien con el poema de la primera lectura del profeta Isaías, el cuarto cántico del siervo Sufriente que hemos leído en la primera lectura. No en la descripción del sufrimiento sino en la conciencia de que todo termina con la victoria de Jesús.
Acompañemos a María, hoy viernes y mañana sábado, en estos días de soledad, meditando y reflexionado la pasión y muerte de Nuestro Señor.
Fructífero Triduo, mantengámonos en oración en espera de la Gloriosa resurrección del Señor. Un abrazo.
28/03/2024
El Jueves Santo es uno de los días más plenos, concluimos la cuaresma y damos paso al Triduo Pascual, que abarcará los tres días siguientes: Viernes Santo. Sábado de Gloria y Domingo Resurrección. Es un día lleno de acontecimientos: última cena, lavatorio de los pies, institución de la eucaristía, oración en el huerto. La liturgia se limita a los tres primeros.
La primera lectura nos presenta las indicaciones de como se debe celebrar la fiesta de Pascua, “Este será un día memorable para vosotros; en él celebraréis fiesta en honor del Señor. De generación en generación, como ley perpetua lo festejaréis” El salmo un preludio de la oración de Jesús en el huerto, “El cáliz de la bendición es comunión de la sangre de Cristo” en la segunda lectura tenemos el relato más antiguo que se conoce de la institución de la Eucaristía “Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido” El evangelio se nos relata el lavatorio de los pies y la institución de la eucaristía. “se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos”
La cena de Pascua era una fiesta que los pastores celebraban en primavera al comienzo de la trashumancia, se sacrificaba un cordero o cabrito, para rogar por la fecundidad del ganado y una buena trashumancia. Con la sangre se untaban los palos de la entrada de la tienda para ahuyentar a los malos espíritus, la plaga exterminadora. Esta fiesta, más tarde, es relacionada con la liberación de Egipto. La plaga exterminadora se concreta en el paso del Señor, que exterminará a los primogénitos y con la derrota de los dioses de Egipto, permitiendo la salida de los Israelitas de aquel país. La cena se adaptó a aquellas circunstancias angustiosas del momento. Se celebra con la cintura ceñida, las sandalias calzadas, bastón en mano y a toda prisa. Tiene su relación con la fiesta de los Ázimos, que no es de pastores, sino de agricultores, es cuando comienza el cordero a acompañarse de panes sin fermentar, “Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, y comeréis panes sin fermentar y hierbas amargas” la levadura se toma de la cosecha antigua y los ázimos simbolizan la vida.
El salmo es todo un preludio de la agonía de Jesús en el monte de los Olivos durante la oración, en la que llegó a sudar gotas de sangre. Al tiempo que nos preludia el precio que pagó Dios por nuestro rescate “Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles”
En la segunda lectura encontramos el relato mas antiguo sobre la institución de la Eucaristía, estos relatos proceden de los evangelios sinópticos y de este texto de la carta a los corintios. Este gesto de Jesús se convertirá en costumbre y norma para la Iglesia. Imaginémonos presentes en la cena como un apóstol más, nuestra primera reacción seria no entender mucho, como los apóstoles. Bendecir el pan y repartirlo era algo muy normal, pero decir “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía” resultaría a primera vista raro y enigmático. Luego bendice la última copa y al pasa diciendo “Esta es mi sangre, de la alianza, que se derrama por todos” Jesús establece una alianza nueva, anunciada antaño por los profetas, como Jeremías, que sella derramando su sangre. Jesús es consciente de que va a morir y que su muerte cambiará radicalmente las relaciones entre Dios y la humanidad. Los apóstoles en un primer momento no pudieron comprender, pero a los pocos días, al ver al Señor resucitado, pudieron percibir la relación entre el pan partido y el cuerpo de Jesús, la relación entre le vino y la sangre derramada.
La Eucaristía actualiza la muerte y resurrección de Jesús, es el alimento indispensable del cristiano, es la nueva alianza entre Dios y el hombre, supone un compromiso con el prójimo al igual que Jesús se comprometió con nosotros al entregar su cuerpo y derramar su sangre.
El evangelio de Juan que tanta importancia concede al discurso del Pan de Vida, no cuenta la institución de la Eucaristía. Se limita a relatarnos el gesto de humildad, de amor para los discípulos, y para nosotros, que debemos seguir e imitar su ejemplo “debéis lavaros los pies unos a otros” Jesús se rebaja hasta límites insospechables, haciendo lo que hacen los esclavos, es tal la carga expresiva de este acto, de esta acción que podemos considerarla como su testamento.
Vivamos hoy, Jueves Santo, aquella misma memorable Cena en que el Señor, antes de entregarse a la muerte, confió a la Iglesia el banquete de su amor, el sacrificio nuevo de la alianza eterna.
Jueves Santo, feliz día del Amor Fraterno.