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Jueves Santo

28/03/2024

El Jueves Santo es uno de los días más plenos, concluimos la cuaresma y damos paso al Triduo Pascual, que abarcará los tres días siguientes: Viernes Santo. Sábado de Gloria y Domingo Resurrección. Es un día lleno de acontecimientos: última cena, lavatorio de los pies, institución de la eucaristía, oración en el huerto. La liturgia se limita a los tres primeros.

La primera lectura nos presenta las indicaciones de como se debe celebrar la fiesta de Pascua, “Este será un día memorable para vosotros; en él celebraréis fiesta en honor del Señor. De generación en generación, como ley perpetua lo festejaréis” El salmo un preludio de la oración de Jesús en el huerto, “El cáliz de la bendición es comunión de la sangre de Cristo” en la segunda lectura tenemos el relato más antiguo que se conoce de la institución de la Eucaristía “Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido” El evangelio se nos relata el lavatorio de los pies y la institución de la eucaristía. “se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos”

La cena de Pascua era una fiesta que los pastores celebraban en primavera al comienzo de la trashumancia, se sacrificaba un cordero o cabrito, para rogar por la fecundidad del ganado y una buena trashumancia. Con la sangre se untaban los palos de la entrada de la tienda para ahuyentar a los malos espíritus, la plaga exterminadora. Esta fiesta, más tarde, es relacionada con la liberación de Egipto. La plaga exterminadora se concreta en el paso del Señor, que exterminará a los primogénitos y con la derrota de los dioses de Egipto, permitiendo la salida de los Israelitas de aquel país. La cena se adaptó a aquellas circunstancias angustiosas del momento. Se celebra con la cintura ceñida, las sandalias calzadas, bastón en mano y a toda prisa. Tiene su relación con la fiesta de los Ázimos, que no es de pastores, sino de agricultores, es cuando comienza el cordero a acompañarse de panes sin fermentar, “Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, y comeréis panes sin fermentar y hierbas amargas” la levadura se toma de la cosecha antigua y los ázimos simbolizan la vida.

El salmo es todo un preludio de la agonía de Jesús en el monte de los Olivos durante la oración, en la que llegó a sudar gotas de sangre. Al tiempo que nos preludia el precio que pagó Dios por nuestro rescate “Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles”

En la segunda lectura encontramos el relato mas antiguo sobre la institución de la Eucaristía, estos relatos proceden de los evangelios sinópticos y de este texto de la carta a los corintios. Este gesto de Jesús se convertirá en costumbre y norma para la Iglesia. Imaginémonos presentes en la cena como un apóstol más, nuestra primera reacción seria no entender mucho, como los apóstoles. Bendecir el pan y repartirlo era algo muy normal, pero decir “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía” resultaría a primera vista raro y enigmático. Luego bendice la última copa y al pasa diciendo “Esta es mi sangre, de la alianza, que se derrama por todos” Jesús establece una alianza nueva, anunciada antaño por los profetas, como Jeremías, que sella derramando su sangre. Jesús es consciente de que va a morir y que su muerte cambiará radicalmente las relaciones entre Dios y la humanidad. Los apóstoles en un primer momento no pudieron comprender, pero a los pocos días, al ver al Señor resucitado, pudieron percibir la relación entre el pan partido y el cuerpo de Jesús, la relación entre le vino y la sangre derramada.

La Eucaristía actualiza la muerte y resurrección de Jesús, es el alimento indispensable del cristiano, es la nueva alianza entre Dios y el hombre, supone un compromiso con el prójimo al igual que Jesús se comprometió con nosotros al entregar su cuerpo y derramar su sangre.

El evangelio de Juan que tanta importancia concede al discurso del Pan de Vida, no cuenta la institución de la Eucaristía. Se limita a relatarnos el gesto de humildad, de amor para los discípulos, y para nosotros, que debemos seguir e imitar su ejemplo “debéis lavaros los pies unos a otros” Jesús se rebaja hasta límites insospechables, haciendo lo que hacen los esclavos, es tal la carga expresiva de este acto, de esta acción que podemos considerarla como su testamento.

Vivamos hoy, Jueves Santo, aquella misma memorable Cena en que el Señor, antes de entregarse a la muerte, confió a la Iglesia el banquete de su amor, el sacrificio nuevo de la alianza eterna.

Jueves Santo, feliz día del Amor Fraterno.

Domingo de Ramos

24/03/2024

Con el Domingo de Ramos, llegamos junto a Jesús, a la ciudad de Jerusalén, meta del itinerario de su ministerio público y lugar de su manifestación como Hijo de Dios y Mesías. En Jerusalén, en la Pascua, se inicia la aventura cristiana.

Iniciamos las celebraciones, más importantes para los cristianos, los días santos de la Semana Santa. La liturgia de este domingo, tras la alegría y el gozo de cantar el triunfo mesiánico de Jesús, su entrada triunfal en Jerusalén, la misma liturgia, nos invita a seguirle en su Pasión.

Durante toda la Cuaresma hemos acompañado a Jesús camino de su Pascua. Este camino culmina en Jerusalén. La Palabra de Dios nos invita a llegar con Jesús hasta el final de ese camino que durante la cuarentena cuaresmal se ha ido haciendo presente cada domingo, hemos acompañado a Jesús:

1) el desierto (las tentaciones)

2) la montaña (la Transfiguración)

3) el Templo que será destruido y reconstruido en tres días,

4) el amor de Dios Padre que entrega al Hijo para salvar al mundo y

5) el grano de trigo que si no muere queda infecundo y no da fruto.

De la alegría y gozo, al grito de “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino que llega, el nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas! ”, con el que se recibe a Jesús, por parte de la ciudad de Jerusalén, se pasa al grito “crucifícale”, narrado por las lecturas de este Domingo, que nos sumergen, con toda su hondura, en el gran misterio de la Pascua que vamos a celebrar.

Iniciamos con la bendición de palmas y lectura de la entrada de Jesús en Jerusalén, donde será aclamado y luego humillado. El profeta Isaías nos trae uno de los contos de Siervo de Yahvé, un texto dramático que nos anticipa la Pasión de Jesús “no me tapé el rostro ante insultos y salivazos … Y yo no me resistí ni me eché atrás”. El salmista canta a un hombre justo, sometido al sufrimiento, despreciado por los suyos, que se siente abandonado por Dios “Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?”, en medio del dolor, suplica ayuda divina con confianza inquebrantable. En Filipenses, el camino del Hijo es de vaciamiento y entrega hasta la muerte “no hizo alarde de categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos”.  En el Evangelio oímos el relato de la Pasión según S. Marcos “Verdaderamente este hombre era hijo de Dios” Un texto siempre muy actual, y que podemos leer como un espejo, donde nos identificamos y reconocernos en los personajes:

1) Llama la atención la cantidad de personajes que aparecen a lo largo del relato; ese elenco tan variado invita a reconocernos en alguno de ellos, en alguna de sus actitudes.

2) Los discípulos no aguantan junto a Jesús, ni en la oración del huerto, se duermen, ni en el momento de su prendimiento, huyen.

3) Jesús siempre reconcilia, une, crea comunión; incluso, entre los que son enemigos: las autoridades judías y Pilatos se ponen de acuerdo a propósito del destino de Jesús; los que son enemigos se unen gracias a él.

4) Es interesante que Jesús, a lo largo del relato, va hablando cada vez menos; al final solo habla con su Padre; ante el Sumo y Sacerdote y Pilato guarda silencio; no responde a sus preguntas; es como si no reconociera su autoridad en relación a su doctrina o su persona.

5) Es un pagano, el centurión, el que hace la confesión de fe Pascual más nítida de entre todos los personajes del relato “Verdaderamente este era Hijo de Dios”

6) Las mujeres observan dónde colocan el cuerpo de Jesús tras su muerte. Ellas serán las primeras que testifiquen su resurrección.

Proclamemos como en la carta a los filipenses “Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre”

Feliz Domingo de Ramos.

V Domingo De Cuaresma

17/03/2024

Con este quinto domingo se abre la última etapa del itinerario cuaresmal, nos recuerda la inminencia de la celebración central, estamos a dos semanas escasas del Triduo Pascual. Seguimos acercándonos al sentido de la Semana Santa, las lecturas de hoy culminan el mensaje de las promesas de Dios para la humanidad, que se consumarán con la pasión, muerte y resurrección del Señor, Jesús nos hablará sobre su significado, hablará de la hora, de esa hora que es glorificación y sufrimiento.

En la primera lectura, el profeta Jeremías, nos anuncia por primera vez en el Antiguo Testamento que va haber una nueva Alianza “meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones”. El salmo hace eco de los sentimientos de Jeremías “Oh Dios, crea en mi un corazón puro2” La segunda lectura, ofrecen una imagen de esta nueva alianza que implica un duro sacrificio para Jesús “a gritos y con lágrimas”. Un sacrificio que le sumergen en la angustia y le mueve a rezar al Padre “Ahora mi alma está agitada, y ¿Qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora?”

Estos domingos de cuaresma, las primeras lecturas, nos han ofrecido una serie de momentos capitales de la historia de la salvación: alianza con Noé, sacrificio de Abrahán, Decálogo, deportación a Babilonia y liberación. Hoy culmina con la promesa de una nueva alianza. Durante el exilio muchos pensaban que Dios había roto las relaciones con su pueblo. Frente a este desánimo el profeta Jeremías repite la fórmula de la alianza del Sinaí “Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo” pero la ley ahora no será escrita en tablas de piedra sino en sus corazones, y todos conocerán al Señor. Así lo rezamos en el salmo “Oh, Dios, crea en mí un corazón puro”

En la segunda lectura, de Hebreos, nos encontramos con un breve pasaje muy impresionante, nos presenta a un Mediador, un Sacerdote que sabe lo que es el dolor y el sufrimiento humano. Si los evangelistas nos hablan de la crisis de Jesús en Getsemaní, a la que podemos muy bien llamar la noche oscura de Jesús, ante la inminencia de su muerte habla del miedo, pavor, tristeza, … del que el evangelista Lucas nos llega a decir que era tal su pavor que llegó a sudar gotas de sangre. Hebreos añade a esto un dato dramático más “a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte” pero por su obediencia se convierte en nuestro salvador “en autor de salvación eterna”

Juan en su evangelio enfoca el relato de la Pasión de manera peculiar y distinta a los evangelios sinópticos, no acentúa el sufrimiento de Jesús, sino el señorío y la autoridad que muestra en cada momento. Por eso no cuenta la angustiada oración en Getsemaní, pero nos sitúa en una experiencia muy parecida en la explanada del templo.

El evangelio comienza y termina en tono de victoria, muestra el alcance universal de la salvación “atraeré a todos hacia mi” Jesús es consciente de que para triunfar tiene que morir, como grano de trigo. Lo mismo le ocurrirá al que quiera seguirlo y ser honrado por Dios. Pero estas ideas consoladoras no ocultan la realidad de la muerte, de ser “elevado sobre la tierra”, crucificado. Ante esta perspectiva Jesús reconoce que está angustiado “mi alma está agitada” es cuando llega el deseo de pedir a Dios: “Padre, líbrame de esta hora”, pero se niega a ello, recordando que precisamente ha venido a eso, para morir. En lugar de pedir al Padre que lo salve le pide algo muy distinto: “Padre, glorifica tu nombre”. Lo importante no es conservar la vida, sino la gloria de Dios.

La voz del cielo “Lo he glorificado y volveré a glorificarlo” confirma que ya había glorificado, cuando el Verbo se hizo carne, habitó entre nosotros y contemplamos su gloria. Y volverá a glorificarlo derrotando al mal y atrayendo a todos hacia Jesús.

Es muy evidente la relación entre la lectura de Hebreos y el evangelio: en Juan, Jesús se siente agitado y en Hebreos se siente angustiado, y en ambas recurre a la oración. En ambas la palabra final no es la muerte sino la victoria de Jesús y la de todos nosotros con Él. Pero entre todas las semejanzas hay una gran diferencia, en el evangelio Jesús no pide al Padre lo salve, y solo quiere la gloria de Dios; mientras, que en la carta pide ser salvado de la muerte. En un primer momento, ante la angustia de la muerte, Jesús, se refugia en la reflexión racional, he venido para morir como el grano de trigo y se niega pedir al Padre que lo salve. En otro momento, cuando la pasión y muerte son ya una certeza, reza con gritos y lágrimas, sudando sangre, “Padre, si es posible, pase de mi este cáliz” reacción muy humana.

A las puertas de la Semana Santa, la experiencia y reacción de Jesús son un ejemplo que nos anima y mueve a agradecerle su entrega hasta la muerte. Aunque sigamos quebrando la alianza, Dios sigue perdonando nuestras culpas y no recordando nuestros pecados.

Feliz domingo, día del Señor y feliz semana.