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Solemnidad de Todos los Santos 01/11/2025

Hoy solemnidad de Todos los Santos celebramos el misterio de esa multitud innumerable de personas que ya gozan de Dios y siguen en comunión con nosotros. Es la fiesta del triunfo de los Santos, no solo de los reconocidos por la Iglesia, los canonizados, sino también de todos aquellos que han sido fieles al Evangelio, de los que han vivido en el amor, a los que el Señor ha llevado a la gloria del cielo. Se trata de una fiesta que trasmite alegría y optimismo, que ha caldo muy hondo en nuestra sensibilidad junto con la que celebraremos mañana con el recuerdo de los difuntos. Es una fiesta en la reafirmamos nuestra fe “Creo en la comunión de los Santos” pues alegrémonos todos en el Señor y celebremos la esta festividad en honor de todos los Santos.

El libro del Apocalipsis, nos dice que la santidad no es cosa de unos pocos, sino que es cosa de todos “Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas” de aquellos que buscan a Dios, como lo cantamos la antífona del salmo “Esta es la generación que busca tu rostro, Señor”. S. Juan en la segunda lectura nos habla acerca de que vivir la plenitud de vida cristiana no es otra cosa que llegar a la unión íntima con Dios “Veremos a Dios tal cual es”. El Evangelio muestra que el camino de santificación del cristiano, pasa por la cruz y la resurrección “Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo”.

Hoy tenemos un reconocimiento especial los santos anónimos, no canonizados pública y oficialmente, pero cargados y llenos de vida evangélica, de vivencia de las bienaventuranzas, de experiencia de Dios, de sentimientos, de obras de caridad, de misericordia, de compromisos con la justicia y la solidaridad, especialmente con los más pobres y necesitados. Es el día de la santidad presente en tantas personas que han reflejado en su vida el rostro de Dios. Ellos ya alcanzaron la eterna bienaventuranza, son Iglesia celeste, Iglesia glorificada. No tuvieron vidas mediáticas, ni populares, no ocuparon las primeras páginas de revistas y noticieros, sus obras no llaman la atención. Han sido personas normales y corrientes, cuyo milagro ha sido dejarnos su testimonio, transmitirnos la fe. Ellos arraigaron la santidad en la vida de cada día, en la cotidianeidad, y su recompensa ha sido grande en el cielo.

Esta fiesta nos llama a verificar y comprobar nuestras ideas sobre la santidad. Nos obliga a recuperar la memoria de tanta santidad escondida detrás de esas vidas anónimas, que, según el Apocalipsis, son multitud. Es una fiesta en la que renovamos la profesión de fe en la comunión de los Santos. Junto a ellos, Iglesia glorificada que está junto al Señor, nosotros que somos Iglesia que camina y peregrina por esta tierra, y juntos con los ángeles nos unimos en un mismo canto de alabanza a Dios. Así lo hacemos cuando entonamos en comunión, con el coro de ángeles y de los Santos, a una misma voz “Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en el nombre del Señor. Hosanna en el cielo”, es lo que hacemos en cada celebración de la Eucaristía, en cada celebración de gracias, en cada misa.

Que su ejemplo de santidad cunda en todos nosotros, y que sea testimonio para generaciones futuras. Feliz día de Todos los Santos.

XXX Domingo Del Tiempo Ordinario

26/10/2025

 XXX del Tiempo Ordinario, hoy es la campaña de las personas sin hogar 2025 cuyo lema es “Sin hogar, pero con sueños”, también serán bendecidos por nuestro obispo los remozados y ampliados salones parroquiales. Si el pasado domingo Jesús nos instruía sobre la oración, en este sigue enseñándonos sobre el mismo tema, poniendo el acento sobre las disposiciones interiores necesarias para orar bien y ser escuchados, en la actitud humilde que hemos de tener ante Dios. Vamos a escuchar como Dios tiene debilidad y preferencia por los que sufren, por todas aquellas personas que piden con lágrimas, con dolor, con verdadera necesidad.

Una síntesis de las lecturas puede ser esta:  La lectura del libro del Eclesiástico, también llamado Sirácida por su autor Jesús Ben-Sirá nos enseña que Dios tiene predilección por los pobres y humildes “La oración del humilde atraviesa las nubes” El salmo insiste en esta predilección “El Señor está cerca de los atribulados”, es un salmo dirigido sobre todo a animar a los humildes. Si la primera lectura habla de los gritos del pobre, el salmo también se hace eco de esos gritos. S. Pablo en el final de la segunda carta a Timoteo, expresa su confianza en que Dios no le abandonará. Como no le ha abandonado a largo de su azarosa vida de apóstol “me está reservada la corona de la justicia” Lucas trae un relato muy contundente con tres de sus temas más recurrentes: misericordia, los excluidos y la oración “dijo esta parábola a algunos que se confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás”

La lectura del libro del Eclesiástico afirma que Dios es justo y no puede ser imparcial, es un juez justo que hace justicia al pobre “escucha la oración del oprimido” y que los gritos de los pobres llegan a Él y no se mantiene neutral, ecuánime ante la injusticia y las suplicas de los oprimidos “No desdeña la súplica del huérfano, ni a la viuda cuando se desahoga en su lamento”  Ante la pobreza, la opresión y la injusticia hay necesidad de orar con humildad, y la humildad inexorablemente va acompañada de la confianza. El que ora con humildad, puede estar seguro de ser escuchado, es lo que cantamos en la antífona del salmo “El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó”

La segunda lectura es la conclusión de la segunda carta de Pablo a Timoteo, esta se relaciona con el tema de la oración de dos modos. En primer lugar, Pablo expresa su confianza en Dios “El Señor me librará de toda obra mala y me salvará llevándome a su reino celestial se encuentra en la cárcel, su vida está amenazada, está apunto de ser condenado a muerte. Sin embargo, no pierde la confianza en Dios, sabe que el Señor le librará. En segundo lugar, corresponde a la oración cristiana, así lo expresa Pablo “nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron” adoptando una actitud de indulgencia incluso con aquellas que se muestran indiferentes y hostiles, Pablo tenia derecho a ser defendido, pero nadie intervino en su favor y no se lo tiene en cuenta “¡No les sea tenido en cuenta!”   

 En el Evangelio Lucas, Jesús nos cuenta una parábola que compara la actitud de un fariseo y publicano ante la oración. Sus actitudes contrastan por completo entre sí, el fariseo está de pie; el publicano, en cambio, se mantiene a distancia, ni siquiera se atreve a levantar los ojos al cielo y se da golpes en el pecho.

El fariseo está lleno de si mismo y da gracias a Dios por no ser como los otros “fariseo, erguido, oraba así en su interior: ¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano” con esta actitud se cree que es grato a Dios. Seguidamente le expresa a Dios sus méritos: ayunos, diezmos, … pensando que de este modo será escuchado por Dios.

Sin embargo, el publicano no hace una oración larga, sino humilde, se golpea el pecho “se golpeaba el pecho diciendo: ¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador” a lo que Jesús concluye “Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” La ración del fariseo, a diferencia con la del publicano, no había sido agradable a Dios.

Se trata de dos actitudes religiosas muy diferentes. Jesús nos pone en guardia contra la tentación de orar como un fariseo, que presume de ser justo y desprecia a los otros. Si queremos que Dios nos escuche hemos de estar llenos de misericordia, de bondad y de compresión por los otros, no separados de ellos, sino presentarnos antes Dios junto a ellos, puesto que Dios quiere perdonar y acoger a todos sus hijos.

Al final Jesús dice: “Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” Si una persona se llena de si misma, se cierra a Dios, no hay lugar en ella la gracia de Dios, solo hay sitio para la complacencia en sí misma. En cambio, el que es humilde, el que reconoce sus propias debilidades y sus propias culpas, está disponible a la misericordia de Dios. Imitemos al publicano que se acerca a Dios con humildad.

Feliz domingo, día del Señor, y feliz semana.

XXIX Domingo Del Tiempo Ordinario

19/10/2025

 En los domingos anteriores Jesús nos enseñaba acerca de la actitud de ante los méritos y reconocimientos, nos ha enseñado a ser agradecidos ante Dios y que la salvación es universal, es para todos, en este XXIX Domingo del Tiempo Ordinario nos instruye sobre la oración. Este es domingo lleno de actividades y contenido, coincide con el día de la catequesis cuyo lema es “Intuir la esperanza, sembrar la fe”, llevaremos a cabo, en cada Eucaristía, el rito de envío de todos los que tienen alguna tarea pastoral en la parroquia. Es también el domingo del DOMUND “Misioneros de esperanza entre los pueblos”

El libro del Éxodo, muestra la eficacia de la oración de Moisés por su pueblo. Israel se tiene que defender de los ataques de Amalec, de los amalecitas, y su victoria depende por completo de la oración de Moisés, el texto nos dice que mientras tenía el alto la mano vencía Israel, en caso contrario lo hacía Amalec. Así se manifiesta la eficacia de la oración, la necesidad de una oración perseverante e insistente. Los israelitas encuentran el medio para hacer posible una oración perseverante por parte de Moisés, el cual se puso en alto en una colina para rezar a Dios, le sentaron e hicieron que Jur y Aarón les sostuvieran los brazos en alto, para mantener a Moisés en actitud de súplica “Así resistieron en alto sus brazos hasta la puesta del sol. Josué derrotó a Amalec y a su tropa”

El salmo responsorial refleja muy bien esta situación, así cantamos en la primera estrofa “Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra”.

La segunda lectura continúa aún con la segunda carta de Pablo a Timoteo y en esta ocasión insiste en la fe. Afirma que las Escrituras pueden instruir para la salvación, pero que esta se obtiene por medio de la fe en Jesucristo “ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús”. Las Escrituras son un don, un regalo de Dios a todos nosotros, pero este regalo hay que acogerlo mediante la fe. Si alguien las lee sin fe, entonces son texto muerto y no un texto vivificante. Sin embargo, si alguien lee las Escrituras con una actitud de fe, se vuelve vivificante y útiles para todo, para enseñar, reprender, corregir, educar, con educación y pedagogía, equipa al hombre para toda obra nueva “proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, reprocha, exhorta con toda magnanimidad y doctrina”

En texto del Evangelio Lucas parece que haya sido escrito para nosotros y nuestros contemporáneos. El hombre de hoy aprecia la eficacia, el ingenio, el trabajo humano y parece no necesitar a Dios para construir el su mundo, poniendo su confianza en la técnica y el trabajo que le traerán la salvación. Pero cuando fracasa en sus proyectos e instituciones, cuando se encuentra ante una situación compleja, ante una enfermedad, catástrofe natural, que como casi siempre se ceba con los más pobres, no es extraño presentarles la quejas a Dios. Algo muy humano, Jesús también lo hizo de forma clara y desgarradora en la cruz “Por qué me has abandonado”, pues en nuestras vidas también hay momentos de turbulencia y de dolor intenso. Los cristianos hemos experimentado a Dios y su amor, por eso necesitamos presentarles nuestras necesidades, nuestras quejas o manifestar nuestro agradecimiento.

En este caso Jesús se sirve una parábola, de una viuda que insistentemente ruega aun juez injusto, corrupto y sin temor de Dios, a que le haga justicia. El juez por no escucharla le hace justicia “Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme”. Y si este juez que era nada ejemplar actúa así, pues imaginemos como actuará Dios en nuestra insistencia en la oración “Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar”. Pues, así como la viuda, oramos insistentemente y presentamos nuestras vidas a Dios, le pedimos que nos ayude con confianza, insistencia y perseverancia en la en la oración, pues la oración perseverante refuerza nuestra relación personal con Él. La base de nuestra relación personal con Él es orar con insistencia y con actitud de fe. 

Orar pidiendo a Dios no significa tratar de convencerle, sino de entrar en comunión con Él. Dios quiere nuestro bien. Jesús acaba la parábola con una pregunta desconcertante “cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?” Hay exigencias del evangelio que son fe y oración son difíciles de asumir.

Feliz domingo, día del Señor, y feliz semana.