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TERCER DOMINGO DE PASCUA 01/05/2022

Tercer Domingo de Pascua, que coincide este año con la fiesta del trabajo, S. José Obrero.

Precisamente en la lectura del evangelio de este domingo encontramos a un grupo de siete apóstoles que regresan a sus quehaceres diarios, a lo cotidiano, a sus trabajos, los vemos faenando en el mar de Tiberíades.

Nos recordará a otro texto del evangelio de Lucas que fue proclamado el pasado quinto domingo del tiempo ordinario, el de la pesca milagrosa, que presenta paralelismo con el texto que proclamaos hoy, el nulo resultado de toda una noche de faena pescando, la abundancia de la misma ante las indicaciones de Jesús y de nuevo escucharemos “sígueme”.

La síntesis de las lecturas de hoy puede quedar así: En la primera lectura, del libro de los Hechos, nos recuerda el kerigma de Pedro: “El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús”. El Kerigma es el primer momento de la evangelización; el punto de arranque, el punto fundamental y cuyo mensaje es precisamente esas palabras de Pedro. Con el salmo cantamos la alegría por la liberación “Te ensalzaré Señor, porque me has librado” La segunda lectura, sacada del libro del Apocalipsis nos presenta a Jesús como el “Cordero degollado” que redime. Y el evangelio es una contemplación de Jesús resucitado que nos llama a su seguimiento “Sígueme

El libro de los Hechos nos da pistas de como la comunidad emergente, la Iglesia aún en un estado que podemos llamar embrionario, pues aún anda gestándose, sigue sin desligarse de las instituciones judías, el domingo anterior veíamos a Pedro predicar y anunciar al Señor en el Pórtico de Salomón del Templo. Esta actitud los lleva a ser requeridos por las autoridades que les insisten en la prohibición de hablar en nombre de Jesús “¿No os habíamos ordenado formalmente no enseñar en ese Nombre?”, pero los apóstoles una vez liberados de este requerimiento siguieron anunciando a Jesús.

La antífona que cantamos en el salmo va en esa línea “Te ensalzaré, Señor, porque me has librado”.

El anuncio de los apóstoles supone un paso decisivo, pues aquel crucificado que los judíos ven como un maldito conforme a la Ley, los apóstoles lo proclaman exaltado por Dios “El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. Dios lo ha exaltado …” Es más, los apóstoles afirman que siguen un designio divino y no hacen, sino que obedecer al mismo Dios. El anuncio de Cristo Resucitado no es algo accidental o segundario, es central, nuclear, fundamental e irrenunciable en la vida cristiana.

La lectura del libro del Apocalipsis nos recuerda al cuarto cantico del Siervo de Yhwh del profeta Isaías, como manso cordero que es conducido a la muerte; también nos recuerda al cordero pascual que remite a la liberación de Egipto. El cordero es Cristo Resucitado con señales de haber sido degollado, o como Cristo entregado. A la asamblea le proclama vencedor y se rinden a sus pies. La comunidad creyente “escuche a todas las criaturas …” ante el cordero degollado hace memoria de su entrega hasta el final y celebra su triunfo, anticipo del de todos los creyentes “Al que está sentado en el trono y al cordero la alabanza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos”. El camino que lleva a la victoria no es la violencia injusta que nunca se sacia, sino el de la entrega consumada por amor.

En el evangelio Jesús Resucitado aparece en el Tiberíades. Algunos apóstoles vuelven a sus quehaceres diarios, a sus trabajos, a lo cotidiano. Van a pescar, pero no recogen nada. Jesús está en la orilla, pero no lo reconocen, tan solo Juan, el discípulo amado “Es el Señor”. Pedro, que había regresado a sus faenas “Me voy a pescar”, junto a sus compañeros “Vamos también nosotros contigo” trabaja sin obtener fruto “Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada”.

Se lanza al agua cuando le dicen que Jesús está a la orilla, sigue siendo un discípulo impetuoso, seguro de sí mismo, que está dispuesto a todo, es el discípulo que llegó a decir que nunca lo abandonaría, pero la realidad es que Pedro no quería el sufrimiento ni la muerte, era una relación aún no madurada.

Jesús parte el pan, expresión sublime de la presencia de Jesús entre los suyos. Siete discípulos que representan a toda la Iglesia, no pescan anda porque sin Jesús la Iglesia no puede nada “Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis”, una red que no se rompe y recibe a todos sin excepción. Jesús que prepara la comida, la Eucaristía “toma el pan y se lo da, …”. Pedro se encuentra con el Resucitado, a las tres negaciones de Pedro en casa de Caifás “No lo conozco”, le corresponde las tres preguntas de Jesús ¿me amas más que estos? ¿Me amas? ¿me quieres? Pedro solo se atreve a decir que lo quiere, es la prueba de la madurez “Tú lo sabes todo, sabes que te quiero”. Tras el derrumbe de Pedro, como aquella noche de la pasión que ante la mirada misericordiosa de Jesús lloró amargamente por sus negaciones, Pedro da el paso de la humildad, ahora vuelve la mirada de nuevo, esa mirada a los ojos, vuelve el abrazo de Jesús y de nuevo la misión “Sígueme” se deja llevar por Jesús. El seguimiento de Jesús es desde la humildad. No se puede seguir a Jesús desde la seguridad de uno mismo y en las propias fuerzas, desde mis criterios adaptando el evangelio a mis deseos.

Que el Señor nos ayude a seguirle con humildad y a vivir nuestra fe dentro de la comunidad, desde la Iglesia, se lo pedimos por intercesión de María. Seguimos pidiendo por la Paz en el mundo, en Ucrania.
Feliz domingo y feliz semana.

RETRANSMISIÓN MISAS QUINCENALES

En estos tiempos tan difíciles hemos querido facilitaros la oportunidad de participar en Misa de domingo y en las Misas de Pascua desde casa.

Pasado ya este tiempo de Pandemia y vuelta a la normalidad, aunque todavía debemos tener cuidado y seguir cuidando de los más vulnerables para evitar posibles contagios de Covid, se ha tomado la decisión de retransmitir por Facebook las misas quincenalmente, es decir, la primera y la tercera de cada mes.

SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA 24/04/2022

Finalizamos la octava de Pascua, ochos días seguidos en los cuales hemos celebrado la Resurrección de Nuestro Señor.

En este segundo domingo de Pascua nos encontramos con la incredulidad del apóstol Tomás, que nos viene a decir que fe, necesita de la comunidad, no cree uno solo, no es algo personal y exclusivo. Se asiente personalmente, pero se vive en comunidad.

En la primera lectura, del libro de los Hechos, los apóstoles con su fe y sus carismas hacían signos y prodigios y por eso crecía el número de los creyentes “Crecía el número de los creyentes, una multitud tanto de hombres como de mujeres, que se adherían al Señor”. El salmo es continuación del pasado domingo “Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia”. La segunda lectura está tomada del libro del Apocalipsis que nos acompañará todos los domingos de Pascua, nos da testimonio de que el Señor sigue presente entre nosotros “Estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos”. El evangelio se encargará de recordarnos que el domingo es el día del Señor “Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa […] A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos”

Lucas, en la lectura del libro de los Hechos, presenta a los fieles que se reunían en el pórtico de Salomón, es decir, dentro del Templo. El cristianismo nace en el interior del judaísmo, pero a la vez con rasgos de identidad propios. Los habitantes de Jerusalén son conscientes de que se trata de algo nuevo, distinto, pues si bien admiraban a los discípulos del Nazareno “no se atrevían a juntárseles, aunque la gente se hacía lenguas de ellos; más aún, crecía el número de los creyentes, una multitud tanto de hombres como de mujeres, que se adherían al Señor”. También hoy hay muchos que no se atreven a decir abiertamente que son cristianos por temor al que dirán. El poder de la Resurrección de Jesús es patente en la adhesión de nuevos miembros y en el poder de los signos. La Iglesia comienza con la fuerza de la Resurrección, no con el poder que se impone a la fuerza; entre los más necesitados, los enfermos, los poseídos, etc., no en los círculos legalistas. Lucas sitúa el nacimiento de Iglesia en el corazón de los pobres y necesitados de la ciudad, sobre los que irrumpe la fuerza del Resucitado.

El Apocalipsis nos habla, en la lectura de hoy, presentando a Cristo resucitado. El que habla, ya no se trata de Dios ni de uno de sus ángeles, sino de Cristo mismo. Él es quien se revela y quien comunica su verdadero misterio: “estaba muerto y estoy vivo”. Sus títulos son novedosos: “soy el primero y el último”, en Cristo llega a cumplimiento toda la historia.

“Soy el viviente”, su vida no es como la de los mortales, sino la de aquel que ha vencido a la muerte: “Tengo las llaves de la muerte y del abismo”, su vida es Buena Noticia para toda la humanidad sometida a la finitud. Cristo resucitado se revela como horizonte definitivo del hombre.

El evangelio se puede dividir en tres partes, la primera y última inician con la indicación de los discípulos reunidos el primer día de la semana, nuestro domingo, en ellas Jesús se presenta con el saludo “Paz a vosotros” y en medio de las apariciones tenemos la ausencia de Tomás.
La actitud de Tomás nos presenta las dificultades a la que nuestra fe está expuesta. Es un apóstol que fue llamado por Jesús, que recorrió con Él Jerusalén, Galilea, Samaría, vio signos y señales que realizó Jesús. Fuera y al margen de la comunidad no cree en la resurrección del Señor “Y los otros discípulos le decían: Hemos visto al Señor. Pero él les contestó: Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo” No estaba presente cuando Jesús se hizo presente al resto de discípulos, lo que nos quiere decir es que la fe, vivida desde el personalismo, está expuesta a mayores dificultades, al margen de la comunidad no hay camino para ver a Dios que resucita y salva y quiere creer desde el mismo, desde sus posibilidades.

Tomas se siente llamado a creer como sus hermanos, como todos los hombres, al decir “Señor mío y Dios mío” acepta que la fe deje de ser puro personalismo, algo personal, para ser comunión.

Pidamos a Nuestro Señor por la intercesión de su madre, María, que nos ayude a vivir nuestra fe dentro comunidad, desde la Iglesia.

Feliz domingo y feliz semana.