Estaba previsto que hoy fuese el acto penitencial de Cuaresma pero se tiene que suspender porque los dos sacerdotes que venían de fuera están enfermos.
Será -Dios mediante- el miércoles próximo 23 de marzo.
Un abrazo
Estaba previsto que hoy fuese el acto penitencial de Cuaresma pero se tiene que suspender porque los dos sacerdotes que venían de fuera están enfermos.
Será -Dios mediante- el miércoles próximo 23 de marzo.
Un abrazo

El próximo miércoles 16 de marzo, después de la misa de la tarde, sobre las 20:30h, tendremos el acto penitencial de cuaresma, con el que nos prepararemos para la Pascua.
Para ello nos acompañarán varios sacerdotes de parroquias vecinas, y todo el que lo necesite, podrá recibir el Sacramento de la Reconciliación.

Segundo domingo de Cuaresma, domingo de la Transfiguración del Señor. No existe Cuaresma sin Transfiguración, y este año, este ciclo, lo hace desde la oración. El evangelio de hoy nos anticipa su triunfo final y nos ayuda a enfocar adecuadamente estas semanas de Cuaresma que tenemos por delante.
Unas semanas para situarnos ante la fuerza de la fe para dejar transformar nuestros corazones por medio de las promesas. Promesas que pone a prueba nuestra esperanza en el plan de Dios que se realizará plenamente en la Pascua.
Una breve síntesis de todas las lecturas podía quedar así: La primera lectura nos recuerda un episodio de la historia de la salvación: promesa y alianza que Dios hace a Abrahán “Dios inició un pacto fiel con Abrahán”.
Una promesa en la que ponemos nuestra fe, confianza y esperanzas en el Señor, como cantamos en el salmo “El Señor es mi luz y mi salvación”. Este pacto tiene su culmen cuando todos los hombres, judios y paganos, formen parte de ese pueblo, sencillamente por la fe en Dios, su culmen será en Jesucristo, San Pablo nos invita a imitarlo y a manteneos firme en el Señor “mi alegría, mi corona, manteneos así, en el Señor”. En el evangelio proclamamos el texto de la Transfiguración, que tiene su paralelismo con el bautismo, pues en ambos la voz del cielo confirma a Jesús como su Hijo amado “Este es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo”
En la primera lectura, del libro del Génesis, Dios inicia un pacto con Abrahán “Dios inició un pacto fiel con Abrahán” hace dos promesas: la descendencia y la tierra. Abrahán es anciano ¿cómo será padre de tantas estrellas hay en el cielo? Abrahán es también un pastor trashumante ¿cómo será propietario, dueño de una tierra? Dios se revela como Dios de la historia, que se ha comprometido con el hombre, con toda la humanidad. La primera alianza, sin contar aquella que realizó Dios con Adán y el árbol de la vida, la estableció Dios con Noé: nunca más habrá un diluvio; la destrucción no tiene la última palabra. Eso mismo podemos decir nosotros estos días de barbarie y destrucción en Ucrania, las bombas y la destrucción no tienen la última palabra.

Algo parecido cantamos en el salmo “El Señor es mi luz y mi salvación ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida ¿Quién me hará temblar?” pues somos agraciados con la dicha del Señor siempre que pongamos nuestras esperas, nuestros ánimos, y valentías en Él. La alianza con Abrahán pasará a ser establecida con todo el pueblo en el Sinaí y de ahí al Nuevo Pueblo de Dios, con Jesucristo, mediador de la alianza.
La segunda lectura de la carta que dirige San Pablo a los Filipenses, comunidad de cristiana que fue la primera de Europa, estaba formada por soldados y mercenarios romanos, que eran licenciados y jubilados de sus servicios, y por un pequeño grupo de judios que hacían negocios. Los orígenes pesan mucho y la nueva comunidad no puede mirar hacia atrás, tan sólo les queda mirar a hacia adelante, ya no les valen las religiones mistéricas paganas, ni la reencarnación del alma. El cristiano ha muerto a la vida vieja, y ahora vive como discípulo del Señor, a quien esperan y con quien se encontrarán en la gloria. Pablo anuncia a Cristo resucitado, presente y horizonte del cristiano, invita a que seamos imitadores de sus sentimientos, seguidores del Dios de la cruz “Cristo nos configurará según su cuerpo glorioso”
El evangelio nos presenta a Jesús que sube al monte a orar “Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió” Nuestro Dios es un Dios que salva, y, que, en la persona del Padre, nos dice: “Éste es mi Hijo amado; escuchadlo”. Expresión que se dirige a Jesús, pero también a cada uno de nosotros nos dice: “Tú eres mi hijo amado”. El episodio de la Transfiguración, lleno de luz, anticipa la resurrección de Jesús, y también la nuestra, pero antes hay que recorrer el camino de la cruz.
Jesús elige a tres de sus discípulos Pedro, Santiago y Juan, y subieron a un monte alto, según la tradición, el monte Tabor, la montaña es morada o lugar de la revelación de Dios. Lucas añade a “orar”, no se preocupa por la altura y aislamiento del monte, lo que interesa es que Jesús reza en todas las ocasiones transcendentales de su vida. Dios no se manifiesta en cualquier lugar, sino en la montaña, que por su altura se concibe como la morada de Dios. A esta montaña no tiene acceso todo el pueblo. La presencia de Dios se expresa mediante la imagen de una nube, desde la que Dios habla.
En el monte se produce una visión, la transformación de las vestiduras de Jesús, una luz que es símbolo de la gloria de Jesús. Aparecen Elías y Moisés. Elías es considerado en el Antiguo Testamento como el precursor del Mesías. Y Moisés es el gran mediador entre Dios y su pueblo, el profeta con el que Dios habla cara a cara. Jesús se encuentra en la línea de los grandes profetas, llevando su obra a plenitud, pues, Él es culmen de la historia de la Salvación.
Sintamos hoy la gloria de la Transfiguración. Cristo, cuyos pasos debemos seguir, se expuso, por ser hombre, a las decisiones humanas; pero Dios lo resucitó, y está presente entre nosotros, para animarnos en nuestro caminar. Hagamos caso a la voz de lo alto: “escuchadlo”
Pidamos al Señor ser imitadores suyos y a la Reina de la Paz, María, su intercesión por la paz en el mundo.
Feliz domingo y feliz semana.

Primer domingo del tiempo de Cuaresma, la cual iniciamos el pasado miércoles de Ceniza, y en el que comenzamos nuestro camino hacia la Pascua, que es la fiesta por excelencia de nuestra fe. Así lo entendieron los primeros cristianos, pues esta era la única fiesta.
Para preparación y catequesis para los que serían bautizados en la Pascua, apareció la Cuaresma.
Una síntesis de las lecturas puede ser esta: En la primera lectura, del libro del Deuteronomio, Dios acompaña al pueblo de Israel en su peregrinación por el desierto, cuya fe es su respuesta a la historia de salvación y de vida, así también nosotros somos acompañados por Dios hoy. Esa experiencia del pueblo es cantada en el salmo cuya antífona dice “Quédate con migo, Señor, en la tribulación” En la segunda lectura de la carta de San Pablo a los Romanos, se anuncia la salvación de Dios en Jesús, prevista y anunciada en las Escrituras, tomando cita de varios textos “La palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón” El evangelio nos presenta las tentaciones de Jesús “Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y el Espíritu lo fue llevando durante cuarenta días por el desierto, mientras era tentado por el diablo”; nosotros, como Jesús, contamos con la fuerza del Espíritu Santo para vencer las tentaciones que encontramos en la travesía de la vida.
La primera lectura es uno de los credos del pueblo de Israel que encontramos en el Antiguo Testamento, no el único, pero sí el más significativo. El resumen “Tomarás la palabra, y dirás ante el Señor, tú Dios: […]” de esta confesión es fe: Israel es un pueblo que fue emigrante, que fue esclavizado, y que fue liberado por Dios, y al que Dios mismo le entregó una tierra; lo principal de toda esta confesión es: la condición de pueblo y la acción de Dios, que es refugio para todo el pueblo, así lo contamos en una las estrofas del salmo “Refugio mío alcázar mío, Dios mío, confío en ti”. Cuando el pueblo de Israel habla de Dios, no reflexiona acudiendo a teorías y corrientes filosóficas, sino que lo hace contando una historia, habla de lo que el pueblo ha vivido y de su experiencia. Dios para ellos es un Dios personal, no una fuerza impersonal que se confunde con la naturaleza y el cosmos. La Biblia, la Palabra de Dios, no es la lectura de textos ajenos, sino la narración de nuestra personal y particular historia de salvación, la historia de salvación de nosotros mismos que somos nuevo pueblo de Dios, el nuevo Israel.
San Pablo en la segunda lectura anuncia la salvación de Dios en Jesús. En Él se unen palabra y acción. La palabra de fe que anunciamos se identifica con la confesión de fe. No hay posibilidad de decir una cosa con los labios y creer otra con el corazón, pues con el corazón se alcanza la justicia y con los labios se profesa la salvación “Pues con el corazón se cree para alcanzar justicia, y con los labios se profesa para alcanzar la salvación” La confesión de fe de que Jesús es el Señor se hace por los labios, pero esta sale del corazón, es un anuncio que no deja indiferente ni a judíos, ni a griegos. El anuncio de Jesús marca un antes y un después, tiene una dimensión novedosa y universal.

El evangelio nos presenta las tentaciones de Jesús, que tuvo que afrontar como llevara acabo su misión. Él es el Mesías, pero un mesías diferente, puesto que rechaza ese tipo de mesianismo revestido de falso buenismo que satisface las necesidades inminentes de las gentes, pero no cambia la vida “No solo de pan vive el hombre”.
Es la tentación de buscar seguridad económica, de lucha por el poder económico, de convertir las piedras en panes “Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan”, es la tentación de poner nuestras esperanzas en los bienes materiales.
El mesianismo de una falsa política que reduce el reino a cuotas de poder o a imposición de un sistema nuevo “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”. Es la tentación de triunfo, de poder, de superioridad, de idolatrar el poder. “Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me ha sido dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo.”
El mesianismo de una falsa religión que confunde acción de Dios con milagrería o con fenómenos mágicos “No tentarás al Señor, tu Dios”., es la tentación de la seguridad milagrosa, una fe convertida en póliza de seguros y prodigios. “Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece contra ninguna piedra”
Jesús rechaza estos mesianismos porque Él inicia el camino del Siervo de Yhwh que le llevará a la cruz.
Imitemos a Jesús rechazando las tentaciones que se nos presenta en la vida. Pidamos al Dios de la Paz, por la intercesión de María, la Paz.
Feliz y buen domingo, feliz semana.

