
Octubre 2025


05/10/2025
En los domingos anteriores, Jesús nos ha enseñado acerca del uso de las riquezas, en este XXVII Domingo del Tiempo Ordinario nos instruye sobre otras actitudes como la fe, la paciencia, la humildad, la sencillez y la confianza en Dios.
Una síntesis de las lecturas: El profeta Habacuc reclama al Señor angustiado que responda a su súplica “Hasta cuando, Señor, pediré auxilio sin que me oigas, te gritaré: ¡Violencia!, sin que me salves?” Dios responderá y le enseñará que el justo vive por su fe. S. Pablo no anima a reavivar el don de Dios que se nos ha dado, a no olvidar dónde está nuestro fundamento y sobre que cimientos está edificada nuestra fe “No te avergüences del testimonio de nuestro Señor” En el Evangelio Jesús, nos habla de lo pequeño y del amor que no busca paga “Si tuvierais fe como un granito de mostaza …”
En primera lectura, el profeta Habacuc protesta ante Dios “Hasta cuando, Señor, pediré auxilio sin que me oigas …” El profeta está cansado de tantas violencias, desgracias, catástrofes, guerras. ¿Cómo puede ser que Dios lo consienta? Una pregunta que sigue oyéndose hoy con frecuencia, pues nos encontramos ante situaciones parecidas, en nuestra sociedad parece que reina el desconcierto, violencia, desgracias, catástrofes, fuego, inundaciones, guerras olvidadas y no tan olvidadas como la de Ucrania y Gaza. Por aquellos entonces el pueblo judío, que ha escapado del imperio de los asirios, ahora vive el comienzo del imperio babilónico que será el terror de los israelitas, salen de guatemala para entrar en Guatepeor “¿Por qué me haces ver crímenes y contemplar opresiones? ¿Por qué pones ante mí destrucción y violencia, y surgen disputas y se alzan contiendas?” Pero la respuesta de Dios invita a tener paciencia, a respetar los tiempos y ritmos de la historia, y a tener confianza “Escribe la visión y grábala en tablillas, que se lea de corrido … pues llegará y no tardará” El justo se fía de dios y le es fiel en su vida, “el justo por su fe vivirá” aunque no entienda muchas cosas, ni los planes de salvación de Dios. Al profeta no se le da la respuesta completa, pero se le pide confianza y fe.
La segunda lectura, de la segunda carta de Pablo a Timoteo, viene a ser como el testamento espiritual que le dirige Pablo a Timoteo desde la cárcel. Timoteo es el responsable de la comunidad, y tiene una misión que no es nada fácil a la que Pablo llama con palabras parecidas: los duros trabajos del Evangelio, “toma parte en los padecimientos por el Evangelio” e invita a Timoteo a no tener miedo por dar la cara por Nuestro Señor “No te avergüences del testimonio de Nuestro Señor” Pero para esto es necesario reavivar el fuego de la gracia de Dios que recibió con la imposición de manos y que nosotros también hemos recibido. Nuestro espíritu no debe ser cobarde “Te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos, pues Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de templanza”. Estas son unas cualidades muy necesarias no solo en los que tiene la responsabilidad de la comunidad, sino de todos los miembros de la comunidad que han de ser fieles a su identidad en medio de nuestra sociedad.
El evangelio muestra una enseñanza que tiene lugar en esta ocasión a consecuencia de una intervención de sus discípulos “auméntanos la fe” Jesús nos invita a ser humildes, a purificar las intenciones y las motivaciones de nuestro trabajo. Se trata de una lectura que viene muy bien ahora para el el inicio del curso pastoral.
Jesús pone el ejemplo de un criado que ha trabajo todo el día que vuelve a casa fatigado y cansado del duro trabajo, y aún así se le pide que siga trabajando. Según la mentalidad en tiempos de Jesús, el amo o señor del criado, tiene derecho a hacerlo. Por eso el amo no invita al criado a que se siente en la mesa, todo lo contrario, lo pone a que le sirva la mesa, y por último, cuando acabe con todo, ya tendrá tiempo el criado de alimentarse y descansar.
Este ejemplo que usa Jesús puede parecernos desconcertante, pues parece que Jesús defiende una actitud tiránica del amo con el esclavo, pues cuando vuelve el criado de un día duro de trabajo, el amo aún le exige que siga trabajando. Jesús no habla de relaciones laborales, ni alaba al que explota al esclavo. Lo que trata es de subrayar la actitud de sus discípulos antes Dios, que no tiene que ser como la de los autosuficientes, que se presentan ante Dios como exigiendo el premio, sino la actitud de humildad, de los que después de haber trabajado, no se dan importancia y son capaces de decir “somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”
Esta situación es más común de lo que pudiera parecer, pues tanto en nuestra relación con Dios, como en nuestro trabajo laboral, eclesial, pastoral, familiar, tenemos la tendencia espontánea e inconsciente, a pasar factura por todo lo que hacemos. Jesús nos dice que no nos presentemos ante Dios y los demás exhibiendo una lista de derechos y méritos, sino con humildad y sencillez. Los cristianos hemos de hacer el bien gratuitamente y con amor “hemos hecho lo que teníamos que hacer”, pues la salvación no se consigue a base de méritos, como si se tratara de una meritocracia, donde dan premio y reconocimiento a las personas que hacen lo que tiene que hacer. La salvación es gratuita, es don de Dios. Si hemos recibido gratis dones de Dios, es justo que demos gratis, sin esperar que nadie nos alabe ni nos aplauda.
Feliz domingo día del Señor y feliz semana.
28/09/2025
Jesús continúa enseñándonos acerca de las riquezas, nos enseña a situarnos ante el uso que hacemos de las riquezas y a no dejarnos deshumanizar por las ellas.
El profeta Amós, denuncia la situación de injusticia de los poderosos, clamando contra estos que no entienden lo que es la justicia y la solidaridad, que se enriquecen a costa de los más débiles. “no se conmueven para nada por la ruina de la casa de José” El salmo nos invita a dar gracias porque Dios “hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos… endereza a los que ya se doblan… sustenta al huérfano y a la viuda…”. La segunda lectura, de la primera carta de Pablo a Timoteo, da una serie de recomendaciones para la vida del pastor, este debe ser animador y modelo de la comunidad “Hombre de Dios, busca la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre” Jesús, en el evangelio nos vuelve a insistir en la enseñanza acerca de las riquezas, repite con la parábola del rico y el pobre Lázaro, la situación de injusticia que nos presenta el profeta Amós “recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado”
La lectura del profeta Amós expresa la situación en Samaría en su tiempo. Riqueza y prosperidad, pero a la vez deterioro ético y social. El profeta habla de la condena de Dios contra aquellos que viven en medio del lujo, en la abundancia, y no se interesan por la miseria de los otros, denuncia injusticia y el deterioro de la sociedad donde unos pocos se enriquecen a costa de los más pobres y desfavorecidos. Así dice el profeta: “¡Ay de aquellos que se sienten seguros en Sion, confiados en la montaña de Samaría!” El profeta denuncia toda clase de lujo en los que viven los ricos sin dolerse de las calamidades de los otros “pero no se conmueven para nada por la ruina de la casa de José (Israel)” Con esta situación se atacaba la alianza del Sinaí y la voluntad de Dios expresada en la misma.
En la segunda lectura, Pablo dice a Timoteo que huya del mal y tienda a “busca la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre” Todo esto va en dirección del bien, y para ello es preciso librar el buen combate de la fe, a estar dispuesto a dar testimonios de nuestra fe “Delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que proclamó tan noble profesión de fe ante Poncio Pilato” Y así conservaremos “el mandamiento sin mancha ni reproche hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo” el mandamiento de amarnos unos a otros como Él nos amó.
La parábola del rico y el pobre Lázaro, se encuentra en el mismo capítulo de Lucas que la parábola del domingo pasado, la del administrador deshonesto, ambas son consideradas parábolas difíciles porque desafían nuestra lógica humana respecto a las riquezas. Jesús, en su camino hacia Jerusalén, dedica estos pasajes a instruirnos sobre cómo reajustar la relación entre las riquezas y el destino de nuestra vida.
La semana pasada reflexionamos sobre el administrador deshonesto. El amo alabó al administrador no por su fraude, sino por haber obrado con inteligencia y astucia al asegurarse su futuro. Jesús utilizó esa figura para inculcarnos una idea central: si los “hijos de este mundo” actúan con tanta previsión para asegurar su futuro terrenal, cuánto más los “hijos de la luz” debemos actuar con urgencia y decisión para nuestro futuro eterno. La lección era sobre la previsión y el uso sabio del dinero, el tesoro inicuo, para ganarnos amigos en el cielo. La parábola concluye con una advertencia tajante: “No podéis servir a Dios y al dinero”
La parábola de hoy, exclusiva del evangelista Lucas, nos presenta a un hombre rico, quien vestía de púrpura y lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Su pecado radical no fue ser rico, sino su indiferencia y su ceguera moral. Lázaro yacía a su puerta, una prueba viva de la injusticia social que el rico ignoró. La condena del rico, que no hizo nada criminal, reside en su egoísmo y en su error de pensar que la abundancia de bienes es lo único seguro en la vida. Él no actuó a tiempo para poner la justicia y la misericordia en práctica. La respuesta de Dios al rico es severa, recordándole que ya tenían la Ley de Moisés y los profetas, como Amós, que denuncia la explotación, para conocer la necesidad de la justicia y la misericordia.
El mensaje es claro, actuar con la misma astucia y urgencia del administrador, pero con la misericordia que el rico rechazó. Nuestra labor como creyentes debe manifestarse en el compromiso con los más necesitados. La verdadera conversión implica dejar atrás el egoísmo y la avaricia, obstáculos que Lucas considera fundamentales para seguir a Cristo.
Que, al igual que el Salmo de hoy nos recuerda que el Señor es clemente y misericordioso y rico en piedad, esforcémonos por reflejar esa bondad y usar nuestros bienes, nuestro tiempo, nuestro dinero, nuestra influencia, para asegurar la felicidad duradera, sabiendo que el camino de Jesús exige opciones valientes y claras.
Feliz domingo día del Señor y feliz semana.