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Oración por la Paz – Capilla de El Romeral

En respuesta a la convocatoria del Papa León XIV para una jornada mundial de oración por la paz, la comunidad parroquial de El Romeral y Santa Amalia se reunió el 22 de agosto en la Capilla de El Romeral.

Durante el acto, se elevaron oraciones por la paz en el mundo y se reflexionó sobre la importancia de ser instrumentos de reconciliación y esperanza. Participaron fieles de ambas barriadas, unidos en un mismo espíritu de fe y compromiso.

El encuentro concluyó con un gesto simbólico de luz y unidad, reafirmando el deseo común de construir un mundo más justo y fraterno.

XX Domingo Del Tiempo Ordinario

16/08/2025

XX Domingo del Tiempo Ordinario, Jesús nos avisa del que el camino del cristiano no es fácil, si el domingo pasado nos invitaba a la vigilancia, en este pone el acento en la fortaleza que necesitaremos para ser coherentes con nuestra decisión de seguirle a Él en el camino, nos muestra que el camino del cristiano no es sencillo; la fe es exigente y nos sitúa ante opciones que demandan mucha energía

En la primera lectura, del profeta Jeremías, nos habla de su experiencia provocada por la Palabra que Dios le dirige. El mensaje le impulsaba a desvelar la realidad sin engaño y a proponer un cambio de actitudes en la relación con Dios y con los demás. “Hay que condenar a muerte a ese Jeremías, pues, con semejantes discursos, está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad y al resto de la gente” El salmo parce una oración del profeta dentro del pozo, así suena la antífona del mismo: “Señor, date prisa en socorrerme” La segunda lectura, de la carta a los Hebreos, nos invita a seguir nuestro camino, como una carrera en el estadio, “corramos, con constancia, en la carrera que nos toca” con los ojos fijos en Cristo Jesús, quien lo ha recorrido modélicamente.  Jesús subraya que, por el hecho de seguir el camino de la fe, no deja de estar exenta de divisiones en una misma familia, porque la fe exige opciones radicales “¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división”

La primera lectura, del profeta Jeremías, es un ejemplo de cómo un profeta puede provocar contradicciones en la sociedad en la que Dios le manda hablar en su nombre. En los años anteriores al destierro a Babilonia fue cuando actuó Jeremías, durante los reinados de Joaquín y Sedecías. Cuando Dios le llamó al ministerio profético, sacándole de la tranquilidad de su vida den un pueblo pequeño cercano a Jerusalén, no contaba todavía con veinte años, siendo de carácter pacífico, tuvo que pronunciar palabras de denuncia sobre la corrupción y la pérdida de la fe en su tiempo, cosa que no gusto mucho a las autoridades, sobre todo militares “está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad”, por lo que intentaron hace callar su voz. El rey Sedecías, que era débil, “Ahí lo tenéis, en vuestras manos. Nada puedo hacer yo contra vosotros” lo dejó a merced de otras autoridades que le enterraron en un pozo sin agua, lleno de fango. Jeremías hundido en el fango del pozo es un símbolo de lo que fue toda su vida. Pero él valientemente siguió hasta el final proclamando la voluntad de Dios. Tuvo momento en los que estuvo tentado de dimitir como profeta, pero no lo hizo. El salmo parece toda una oración en boca del profeta que confía en el Señor: “Me levantó de la fosa fatal, de la charca fangosa […] Yo soy pobre y desgraciado, pero el Señor se cuida de mí”

La segunda lectura, de la carta a los Hebreos, después de proponer, a el domingo pasado, Abraham y Sara como modelos de fe, este domingo alude a una cantidad ingente de testigos que nos miran “Teniendo una nube tan ingente de testigos”, como en un estadio la multitud contempla la carrera de los atletas. El autor de la carta nos invita a que corramos animados por tantos testigos hacia la meta “corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba”. Los espectadores del estadio son los creyentes de todos los tiempos que han corrido esa carrera y ahora nos animan a nosotros a perseverar y acabar el recorrido. Pero sobre todo nos pide que nos fijemos en el que corre delante de nosotros, Cristo Jesús, que superó todas las dificultes, incluso la muerte en cruz “fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz”

En el evangelio, Jesús nos sorprende con lo que nos dice con imágenes muy expresivas. No he venida a traer paz sino guerra, y a prender fuego “He venido a prender fuego a la tierra” Jesús viene a transformar, cambiar, purificar el mundo, y nos avisa que esto va a dividir a la humanidad: unos le van seguir y otros no. En la primera lectura; Jeremías provocó división, porque pronunció palabras exigentes. Jesús, que había venido a reunir a los hijos de Dios dispersos, se convierte también, como ya anunciara el anciano Simeón a María y José en el Templo, en signo de contradicción. “¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división”

Por supuesto de Jesús quiere la Paz, ha venido a reconciliar al hombre con Dios, a los hombres entre sí y cada hombre consigo mismo. Ha venido a reunir a los hijos dispersos, no a dividir. Pero se ve que hay dos tipos de paz, y de las dos, hay un tipo de paz que él no quiere: la paz perezosa, hecha de compromisos, la paz de los que se instalan cómodamente y no se deciden a seguir caminos exigentes. Cuando habla de fuego, no se trata de un fuego que devasta los bosques, sino del fuego de un amor decidido, de una entrega apasionada como la de Él.

 Si en nuestro seguimiento de Jesús sólo buscamos la paz y consuelo para nuestros males, o la garantía de obtener el favor de Dios, es que no hemos entendido sus intenciones más profundas. El Evangelio, la fe, aparte de ganarnos la antipatía de algunos, nos produce en algunas ocasiones conflictos, incluso en la misma familia, nuestro entorno social más próximo. El Evangelio, la fe, intenta transformar nuestras vidas.

Mantengámonos siempre perseverantes y fieles al Evangelio, a pesar de los conflictos que nos pueda acarrear ser seguidores de Jesús.

Feliz domingo día del Señor y feliz semana.

Solemnidad de la Asunción

15/08/2025

Celebramos la Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, dogma que fue declarado hace ya 75 años por el papa Pío XII en 1950, es una fiesta que nos alegra el verano, siendo la fiesta mayor en muchos pueblos de nuestra geografía. En ella celebramos la glorificación y el triunfo de María, con la certeza de que, al final de su vida no conoció la corrupción del sepulcro, sino que fue asunta inmediatamente al cielo. Es una fiesta que podemos considerar ecuménica, pues la celebran también los anglicanos y los ortodoxos. 

En la primera lectura, del libro del Apocalipsis, observamos símbolos propios de esta advocación mariana: “Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida del sol y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza”. En el Salmo, resalta la figura de una mujer, presente en el triunfo de Dios, aplicado a la Virgen María, cantamos la antífona “De pie a tú derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir”. La segunda lectura, de la Carta a los Corintios, presenta a Jesucristo como primicia de lo que nos espera “Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos”, de lo goza en plenitud la Virgen María, como predecesora. El Evangelio de San Lucas, María, nuestra Madre y hermana en la fe entona el Magníficat: “el poderoso ha hecho obras grandes en mi”.

La fiesta de la Asunción presenta tres momentos de la glorificación o victoria sobre la muerte: primero Jesucristo, luego María, y por último la nuestra. De las tres las dos primeras, la de Cristo y María, ya están consumadas, la nuestra se está consumando y la contemplaremos al final de los tiempos.

En la segunda lectura S. Pablo habla acerca de la victoria del Señor Resucitado, que es el punto culminante del plan salvador de Dios. Él es la primicia “Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos”, el que triunfa plenamente de la muerte y del mal, pasando a la nueva existencia, como un segundo y definitivo Adán que corrige el fallo del primero y conduce a la nueva humanidad a la salvación “Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida”

La glorificación de María, como primera seguidora de Jesús, elevada a la gloria definitiva en cuerpo y alma, ya participa de la victoria de su Hijo. Ella, que se abrió totalmente a Dios, al que alabó con su Magníficat “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava” y que respondió con un sí total a su vocación “hágase en mis según tu palabra”, es ahora glorificada y asociada a la victoria del Hijo. Ella estuvo siempre con Jesús, en su nacimiento, en su vida, al pie de la cruz y en la alegría de la resurrección. Ella se dejó llenar del Espíritu desde la concepción, y luego en su maternidad y en el acontecimiento de Pentecostés “Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mi: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”

La Glorificación de María es también nuestra victoria, porque el triunfo de Cristo y de su Madre se proyecta a la Iglesia y a toda la humanidad “Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza”. En María se condensa nuestro destino. Al igual que su sí fue como representante del nuestro, también el sí de Dios a ella, glorificándola, es un sí a todos nosotros: nos señala el destino que Él nos tiene preparado, que ya está aquí pero que aún no se consumado.

 La Virgen es figura y primicia de la Iglesia, que un día será glorificada: ella es consuelo y esperanza del pueblo, que todavía peregrina en la tierra.

¡Guíanos a todos a amar, adorar y servir a Jesús, fruto bendito de tu vientre, oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Amén.

Feliz día de la Asunción y feliz semana.

XIX Domingo Del Tiempo Ordinario

10/08/2025

Continuamos en este decimonoveno domingo del tiempo ordinario acompañando a Jesús camino de Jerusalén, en que nos enseñará y pondrá en aviso para que estemos en alerta, en vigilancia.

El tema central de las lecturas y el salmo de este domingo nos invitan a una reflexión profunda sobre la vigilancia activa y la esperanza fundamentada en la fe, mientras esperamos la definitiva manifestación de Dios en nuestras vidas y en la historia. La Palabra de Dios nos exhorta a vivir preparados, con las lámparas encendidas, confiando en las promesas divinas que se cumplen a lo largo del tiempo, conscientes de que nuestro futuro está en manos de Dios.

La primera lectura, del libro de la Sabiduría, hace memoria de los antepasados “después de haber cantado las alabanzas de los antepasados”. Nos propone como modelo de personas vigilantes a los judíos en la cena pascual. En la noche de su salida de Egipto comieron de pie y con la cintura ceñida, es decir, preparados para emprender la marcha, y confiados, con fe, “sabiendo con certeza en qué promesas creían” de que Dios iba a actuar en favor de ellos, liberándolos de la esclavitud. Una confianza en Dios que se refleja en el salmo como cantamos en parte de una de sus estrofas “Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo”. Los judíos son fieles a la solidaridad entre ellos; la confianza en Dios y la solidaridad son condiciones para el Éxodo, para el camino, “los fieles compartirían los mismos bienes y peligro”.

La segunda lectura, de la carta a los Hebreos, anima a perseverar en la fe, presenta el ejemplo de Abrahán “Por la fe obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad”, patriarca de todos los creyentes, y a Sara su esposa que concibe un hijo a pesar de su avanzada edad “Por la fe también Sara, siendo estéril, obtuvo vigor para concebir cuando ya le había pasado la edad, porque consideró fiel al que se lo prometía”. La fe no es evidencia, sino que el que cree se fía de Dios, cree en Él, le cree a Él. Abrahán creyó a Dios, salió de su tierra “Salió sin saber adónde iba”, a una edad muy avanzada, vivió como extranjero, habitando en tiendas, “Por fe vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas” estuvo dispuesto sacrificar a su propio hijo Isaac. Como otros personajes del Antiguo Testamento da ejemplo de una fe hecha de esperanza y vigilancia. La fe es camino y búsqueda. El ejemplo de Abrahán y Sara es estimulante para nosotros.

En el evangelio, Jesús sigue enseñando, en esta ocasión nos enseña con varios ejemplos de cómo debe ser de despierta y vigilante nuestra fe. Comienza hablando acerca de las riquezas “Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” y luego sigue con las instrucciones acerca de la vigilancia por medio de tres parábolas con diferentes protagonistas que deben vigilar: los criados, el dueño de la casa y el administrador.

En la primera, que nos recuerda a la parábola de las diez vírgenes: cinco sensatas y cinco necias, en esta ocasión compara la venida del Señor a un amo que se ha ido a una boda y deja sus siervos esperando su llegada. Como no saben a que hora regresará, han de permanecer con la túnica ceñida, que significa estar dispuestos a cumplir una misión, en la primera lectura estaban dispuestos para el camino, para el Éxodo, Jesús en la última cena se ciñe como signo de su vida e instituye la Eucaristía como servicio a la humanidad.  Bienaventurados los siervos que el amo encuentra de esta manera pues “se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo” Ahora es el amo quien sirve, pues así es con Jesús “que no vino a servir, sino a ser servido” 

En la segunda, la del dueño de la casa, recuerda a la parábola del ladrón. Estás parábolas vienen a destacar el carácter repentino e imprevisto de la parusía de Jesús, semejante a la de un robo llevado a cabo con violencia derribando parte del muro de la casa, “Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, velaría y no le dejaría abrir un boquete en casa” si el dueño supiera lo que iba a ocurrir esa noche, vigilaría para impedirlo, pero no lo sabe, por eso hay que estar siempre preparado. “Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre”

La tercera, la del administrador, a consecuencia de la pregunta de Pedro: “Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?” en la que Jesús expone dos modos de comportamiento “¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para que reparta la ración de alimento a sus horas?”, la del siervo o administrador al que el dueño, que se ausenta,  le encarga la adecuada alimentación del resto de los sirvientes, cumpliendo su misión fielmente y que al regresar su señor lo premia, es bienaventurado, pues el amo de la casa aumentará la confianza y fe en él “Bienaventurado aquel criado a quien su señor, al llegar, lo encuentre portándose así”. Así mismo a nosotros se nos encarga el cuidado de la casa y del resto de los sirvientes, nos anima a ser fiel en ausencia del Señor hasta que vuelva. El otro caso es el siervo o administrador infiel, que se hace falsa ilusión de que el amo no vendrá “Mi señor tarda en llegar” y se dedica a la juerga, a maltratar a sus compañeros a sus compañeros a quienes tenía que servir. Pero el día menos pensado llegará el amo, lo pillará y lo castigará “le hará compartir la suerte de los que no son fieles”.

Mantengámonos siempre vigilantes y perseverantes en la fe hasta que el Señor vuelva.

Feliz domingo día del Señor y feliz semana.