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XVIII Domingo Del Tiempo Ordinario

03/08/2025

Seguimos tras las huellas del Maestro que continúa camino hacia Jerusalén. Jesús va instruyendo a sus discípulos y, dos mil años después, hace los mismo con nosotros, primero nos llamó a seguir su mismo camino, nos enseñó quien es nuestro prójimo, ya en casa de Marta y María nos aleccionó a estar a la escucha de las enseñanzas y la pasada semana hizo lo propio con respecto a la oración. Este Domingo XVIII del tiempo ordinario nos instruye acerca de las riquezas.  

Un pequeño compendio de las lecturas puede ser este: la primera, del libro del Eclesiastés o Qohelet, enseña que las riquezas no dan sentido a la vida del hombre, es vanidad, vaciedad sin sentido “tienen que dejarle su porción a uno que no ha trabajado”. El salmo es la contrapartida “Señor, tú has sido nuestro refugio”, todo es caduco, pero Dios es eterno “mil años en tu presencia son un ayer que pasó” y el hombre por el contrario es “como hierba que florece y se renueva por la mañana y por la tarde la siegan y se seca” San pablo en la carta a los Colosenses, nos exhorta a buscar los bienes de arriba, no los de la tierra, nos invita a dar muerte a las idolatrías que nos atan e impiden el seguimiento de Jesús “revestirnos de la nueva condición”. Jesús en el Evangelio nos avisa del peligro de las riquezas y la necesidad del desprendimiento para seguirle “guardaos de toda clase de codicia”

De la primera lectura, del libro de Qohelet, es muy conocida la expresión de este gran libro de la sabiduría judía, libro sapiencial “¡Vanidad de vanidades: todo es vanidad!” el esfuerzo no siempre recibe recompensa. Nos preocupamos, nos fatigamos, y a veces no sirve para nada. Qohelet relativiza los diversos afanes que solemos tener, incluido el trabajo “¿qué saca el hombre de todos los trabajos que lo fatigan bajo el sol?” Nos dice que el hombre no saca nada, tan solo penas e insomnios, “De día su tarea es sufrir y penar; de noche, no descansa su mente” nos da una visión viva de la caducidad del ser humano. El salmo nos recuerda que la vida es como la hierba, que por la mañana esta fresca y por la tarde está seca, en el mismo salmo cantamos al Señor pidiéndole que “Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prosperas las obras de nuestras manos”

En la segunda lectura, de la carta a los Colosenses, San Pablo nos muestra los valores importantes, los trascendentes “los bienes de arriba”. Nos presenta una lista de actitudes a evitar, nos invita a vivir unos valores que van más allá de la moral individual, unos valores que tienen incidencia social. Propone un nuevo modo de vivir con propósito de cambio, nos invita a “despojarnos de la vieja condición humana, con sus obras, y revestirnos de la nueva condición”. Se abandona el hombre viejo, se adquiere una nueva condición “y os habéis revestidos de la nueva condición que, mediante el conocimiento, se va renovando a imagen de su Creador, donde no hay griego y judío, circunciso e incircunciso, bárbaro, escita, esclavo, libre, sino Cristo, que lo es todo, y en todos”

En el evangelio, Lucas, como en otras ocasiones, ante la pregunta de uno de sus oyentes aprovecha la ocasión para desarrollar su enseñanza e instrucción. En esta ocasión es a raíz de uno que le pide que le ayude a resolver una cuestión o problema de herencia, algo muy frecuente entre hermanos de antes y de ahora. Jesús se opone porque no tiene autoridad oficial para dar una sentencia, pero si tiene autoridad moral y desde ella interviene, señalando la causa de este conflicto y en consecuencia interviene para resolverlo.   La causa, lo dice bien claro, es la avaricia, pues aparentemente la posesión de bienes parece garantizar un buen porvenir, pero de hecho no aseguran nada, todo lo contrario, hacen que nos olvidemos de Dios, que es realmente el Señor de la vida y el que asegura un futuro feliz.  Jesús nos avisa contra la excesiva ambición y deseo de tener “guardaos de toda clase de codicia”, porque nuestra vida “no depende de nuestros bienes”.

Con la parábola del hombre que se enriquece queda claro, la gran cosecha recogida hace creer al hombre rico que tiene garantizado un futuro feliz, llegando incluso a decirse a sí mismo “Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años, descansa, come, bebe, banquetea alegremente” El hombre se habla convencido, pero engañado, vive a espaldas de Dios y no tiene en cuenta su finitud, de hecho, la misma noche de la gran cosecha le llega la muerte. Los bienes no libran de la muerte, ni de la muerte prematura. El único que puede asegurar la vida es Dios, por eso el mejor uso que se puede hacer de los bienes es ser rico para Dios, compartir los bienes con los pobres, que es el modo de depositar los bienes en el cielo, la única banca segura. Amontonar bienes es un engaño, la verdadera felicidad la da Dios y se consigue compartiendo.

Busquemos la auténtica felicidad, que no está en los bienes de este mundo, sino en seguir a Jesús, ayudando siempre a los hermanos, sobre todo a los más necesitados, buscando siempre la justicia, la solidaridad, la paz y el amor.

Feliz domingo día del Señor y feliz semana.

Recogida para la tómbola!

Este año se ha cedido a la parroquia la tómbola de la verbena de los años 60 que se celebra todos los años. 

Todo lo recaudado se destinará a la reforma y ampliación de los salones parroquiales.

Invitamos a todos a colaborar aportando objetos para la tómbola (👜👝🛍💍🎲🎳🎯♦️🏓⚽️🏈 …) y también después participando en la compra de los boletos.

Desde ya os agradecemos a todos vuestras aportaciones!.

XVII Domingo Del Tiempo Ordinario

27/07/2025

Domingo XVII del tiempo ordinario, el pasado domingo invitábamos a Jesús a nuestra casa, escuchamos y vivimos de su Palabra como verdaderos discípulos, ahora Jesús nos enseña a orar, a llamar a Dios Padre Nuestro, Abba, nos enseña a hablar con un Padre que nos quiere, que nos escucha. Coincide este domingo con la V Jornada Mundial de los Abuelos y los Mayores cuyo lema para este año, dentro del contexto del año jubilar, es: “¡Feliz el que no ve desvanecerse su esperanza!” (Eclo 14,2). El tema central de este domingo es la oración perseverante y llena de confianza en la providencia y misericordia de Dios, lo que engendra esperanza, esto se ve reflejado de manera especial en la sabiduría y el papel intercesor de los abuelos y personas mayores.

Podemos sintetizar las lecturas de la siguiente manera: en la primera, vemos cómo, por la oración de Abrahán, Dios está dispuesto a perdonar a las habitantes de Sodoma “Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más”. Y habiendo experimentado la misericordia de Dios, podremos proclamar y cantar como lo hacemos en el salmo: “Daré gracias a tu nombre por tu misericordia y tu lealtad. […] Cuando te invoqué me escuchaste, acreciste el valor en mi alma” En la segunda lectura, Pablo en la carta a los Colosenses, nos dice que nosotros, que estábamos muertos por nuestros pecados, recibimos de parte de Dios la vida en Cristo recibiendo el perdón por el bautismo “Os vivificó con él, perdonándoos todos los pecados”. Y Jesús, en el evangelio, nos enseñó lo que debemos pedir, con el Padrenuestro, y nos insiste en que pidamos con fe lo que necesitemos: “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá”.

La primera lectura, tomada del libro del Génesis, es continuación del leído la semana pasada, el episodio de Mambré en el que Abrahán y Sara fueron visitados por tres personajes divinos. Tras la visita se dirigen a Sodoma y Abrahán, que continua con la hospitalidad, los acompaña para despedirse de ellos. La lectura de este domingo nos habla de la intercesión de Abrahán “Insistió Abrahán” en favor de una ciudad pecadora llamada Sodoma. Pone a Abrahán como ejemplo de persona que tiene una profunda confianza en Dios, es un hombre justo y fiel “es que vas a destruir al inocente con el culpable”, que exige fidelidad a los designios de Dios, y se atreve a insistir en la oración, a pedir cada vez más, porque sabe que el Señor es bueno Abrahán continuó: “Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más: ¿Y si se encuentran diez?. Contestó el Señor: En atención a los diez, no la destruiré”. El relato destaca la desproporción: a pocos inocentes que haya, Dios inclina la balanza, perdonando a un número de culpables mucho mayor.

La segunda lectura, de la carta a los Colosenses, destaca la generosidad de Dios, que nos dio vida en Cristo, perdonándonos todos nuestros pecados “Canceló la nota de cargo que nos condenaba”. Dios nos ha perdonado todos los pecados por medio de la muerte y resurrección de su Hijo. Jesús nos tomos a todos en su misterio pascual, no volviéndolo de un modo individualista, sino que dando su vida como rescate por todos nosotros. Con el bautismo que hemos recibido los creyentes morimos a la antigua condición de pecadores “Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo” y hemos renacido a una nueva condición “habéis resucitado con él”

Lucas, en el evangelio, nos muestra en primer lugar, que el ejemplo de Jesús suscita en el corazón de los discípulos el deseo de orar como Él.  El cuál oraba con frecuencia y en la soledad, a veces se levantaba muy temprano para orar tranquilamente. Su ejemplo hace que los discípulos tengan el deseo ardiente de ser instruidos en la oración “Señor, enséñanos a orar” Jesús anima a sus discípulos en la oración poniendo unos ejemplos sugestivos. Dice que, si un hombre se deja convencer con una petición insistente, con mayor razón Dios, que es tan bueno, no puede dejar de escuchar nuestras oraciones. Por eso tenemos que tener confianza en que Dios nos escuchará y la misma oración nos permite tener una relación más fuerte y profunda con Dios. Jesús, en su instrucción de la oración, nos enseña a orar bien, nos da una fórmula de oración, el Padre nuestro, que contiene toda la sustancia de nuestra relación con Dios y en la que nos unimos a nuestro prójimo para dirigir nuestras peticiones al Padre. Las primeras peticiones están relacionadas con el Padre, “Padre, santificado sea tu nombre” la segunda parte del Padre nuestro tiene que ver con nuestras necesidades “danos cada día nuestro pan cotidiano” También nos hace pedir por el perdón de los pecados, pero con condición “porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe” Jesús insiste muchas veces en el Evangelio en la necesidad del perdón que debemos dará nuestro prójimo si queremos tener el perdón del Padre. La última de las peticiones es que nos libre de caer en la tentación y en el mal “no nos dejes caer en la tentación”. El Padre nuestro es toda una enseñanza en la que tenemos que profundizar e intentar comprender mejor y acogerlo en nuestros corazones de tal manera que los deseos que expresa Jesús se conviertan en nuestros deseos más profundos, para que nuestras vidas sean lo más fecunda para el mundo que nos rodea.

Que el Señor nos enseñe a rezar, con insistencia como Abrahán, dándole gracias por el don de la vida en Cristo, su Hijo, sin mucha palabrería, confiando plenamente en Él, como hijos. Con la fuerza del Espíritu, con Jesús, le decimos Padre nuestro queremos hacer todo lo posible para que su voluntad se cumpla en todos sus hijos.

Feliz domingo día del Señor y feliz semana.