Archivo de la categoría: Liturgia

Domingo de la Santísima Trinidad

26/05/2024

Comenzábamos el año litúrgico con el Adviento y la Navidad, celebrando como Dios Padre envía a su Hijo al mundo. El domingo pasado, el de Pentecostés, celebramos el envío del Espíritu Santo, que nos prepara para celebrar a los tres en una sola fiesta. En este, ya tenemos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, tenemos a la Trinidad, por eso hoy celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad, culminado ya el tiempo pascual y hemos retornado al tiempo ordinario. Celebramos también la vida contemplativa, la jornada “Pro Orantibus” cuyo lema para este año es “Contemplando tu rostro, aprendemos a decir: ¡Hágase tu voluntad!”

Las lecturas escogidas para hoy se relacionan con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. En la primera lectura pasa revista a los grandes acontecimientos que le han dado al pueblo de Israel una identidad: Dios Padre los libera la esclavitud en Egipto, se manifiesta en el Sinaí, les da la tierra prometida, Canaán “el suelo que el Señor, tu Dios, te da para siempre”. La antífona del salmo nos recuerda precisamente la elección del pueblo “Dichoso el pueblo que el Señor eligió como heredad” En la segunda lectura el Espíritu Santo nos lleva a invocar a Dios, como lo hizo Jesús, el Hijo, como “Abbá, Padre”. En el evangelio es el Hijo el que nos envía a hacer discípulos, además de ser el texto más claro de todo el Nuevo Testamento en la formulación trinitaria “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos”

La lectura del libro del Deuteronomio, escrito siglos antes de Jesús, no habla de la Trinidad. La revelación de Dios es progresiva a lo largo de la historia. El texto se limita a hablar de Dios y busca inculcar en los israelitas tres actitudes: primero, la admiración ante lo que Dios ha hecho por ellos “¿Intentó jamás un dios venir a escogerse una nación entre las otras mediante pruebas, signos, prodigios, y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso con terribles portentos, como todo lo que hizo el Señor, vuestro Dios, con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos?”; segundo, el reconocimiento de que es el único Dios y no hay otro, “el Señor es el único Dios allá arriba en el cielo y aquí abajo en la tierra” esto es algo que a nosotros nos puede parecer normal, pero en esa época no lo era tanto, los pueblos tenían muchos dioses, algo similar ocurre en nuestra sociedad, tiene muchos dioses, tenemos nuestros panteones particulares, en los que encontramos al dios dinero, al dios poder, etc.; y tercero, Dios les pide fidelidad a sus preceptos, “Observad los mandatos y preceptos que yo te prescribo hoy”

En Romanos, Pablo, subraya, no solo que Dios es Padre de Jesús, sino que es Padre de cada uno de nosotros, porque nos adopta como hijos. Y el Espíritu Santo nos libra del miedo y nos hace gritarle “¡Abbá, Padre!”, nos hace coherederos con Cristo “Ese mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios; y, si hijos, también herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo, de modo que, si sufrimos con él, seremos glorificados también con él” La formulación de la Trinidad que hace Pablo no es tan clara como la que hace el evangelio, pero Pablo menciona expresamente al Espíritu de Dios, al Padre y a Cristo, y pone de relieva la relación de cada una de las personas de la Trinidad con nosotros.

En el evangelio se muestra la formula trinitaria de forma clara: “…bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo” Jesús después de su muerte adquiere pleno poder en el cielo y en la tierra, y puede garantizar a los discípulos que estará con ellos hasta el fin del mundo. Nos lanza a la misión de hacer nuevos discípulos por todo el mundo. Esta misión se lleva a cabo bautizando y enseñando. Mientras en la primera lectura, Dios exigía a los israelitas que cumplan y guarden los preceptos que les entregó, en el evangelio Jesús hace hincapié en la importancia de “guardar todo lo que os he mandado”

Señor, haznos conscientes de que nos has pasado el testigo.

Feliz domingo de la Santísima Trinidad y feliz semana.

Domingo de Pentecostés

19/05/2024

Hoy la Iglesia celebra la fiesta del Espíritu Santo, la solemnidad de Pentecostés a cincuenta días después de Pascua, de la experiencia pascual de la Resurrección. Acentuamos, en este día, lo que sintieron aquellos primeros hermanos nuestros en la fe cuando perdieron el miedo y se atrevieron a salir del cenáculo para anunciar el Reino de Dios. Sin el Espíritu Santo los apóstoles no habrían podido llevar a cabo la misión de continuar la obra de Jesús. Celebramos también el día de la Acción Católica y del apostolado seglar, cuyo lema para este año es “Laicos por vocación, llamados a la misión”.

La primera lectura relata el acontecimiento de Pentecostés, como experiencia comunitaria “… se llenaron todos de Espíritu Santo” El salmo, un canto de alabanza por las obras del Espíritu, su poder vivificador “Envía tu Espíritu, Señor y repuebla la faz de la tierra” Si el salmo habla de la acción del Espíritu sobre toda la creación, en la segunda lectura habla de la acción del Espíritu en todos los cristianos, gracias al cual confesamos que “Jesús es Señor”. En el evangelio es un breve pasaje con la versión de Juan del envío del Espíritu Santo “sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo”

En la primera lectura Lucas sitúa la venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés, la segunda fiesta judía más importante después de la fiesta de Pascua, conocida también como fiesta de las Semanas, de la Siega o de las Primicias, aunque es una fiesta agrícola, el pueblo de Israel le da sentido teológico, ya que se produce en un contexto muy similar a la constitución del pueblo de Dios en el Sinaí, celebra la acogida del don de la Ley como condición de vida para la comunidad renovada.  La plenitud del Espíritu se instala en todos los presentes como una fuerza viva que les impulsa a proclamar la victoria de Jesús y el Reino de Dios “… y cada uno los oímos hablar de las grandezas de dios en nuestra propia lengua”. La irrupción del Espíritu en los discípulos les devuelve aquel dinamismo que tenían cuando compartían la vida de Jesús y que ahora vuelven a sentir vivo entre ellos. Dejan de ser victimas del miedo y del fracaso, quedan llenos de amor, alegría, paz, compresión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad y de dominio de sí “… según el Espíritu les concedía manifestarse”. Lo mismo nosotros estaremos llenos de los dones del Espíritu siempre que vivamos por el Espíritu y nos dejemos guiar por Él.  

 

 

La segunda lectura, trata de la acción del Espíritu en todos los cristianos. Gracias al Espíritu existen en la comunidad cristiana diversidad de ministerios y de funciones, que no rompen su unidad. Todo lo que somos y tenemos los cristianos es fruto del Espíritu, porque es la forma en que Jesús resucitado sigue entre nosotros, “un mismo Dios que obra todo en todos”. Cuando afirmamos que la Iglesia comenzó a ser viva prolongación de Cristo en la tierra entendemos que es el mismo Espíritu que engendró a Jesús en las entrañas de María, el que dio vida y origen a la Iglesia como comunidad creyente sin distinción entre judíos y griegos, esclavos y libres, “Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu”. Negar la acción del Espíritu vivificador es anular la fuerza del creyente y reducir su existencia a la mera posibilidad humana de crecimiento y desarrollo, sin mayor horizonte que el de nuestra propia naturaleza. El Espíritu Santo es un don que potencia al hombre para vivir según la Verdad.

En el evangelio se distinguen cuatro momentos: el saludo, la confirmación de que es Jesús quien se aparece, el envío y el don del Espíritu. El saludo es el habitual de los judíos “¡La paz esté con vosotros!” que no es un simple saludo, pues los apóstoles por el miedo a los judíos, estaba muy necesitados de paz. La confirmación, las puertas cerradas, les muestra las manos y el costado, “y el costado” confirma que realmente es él.  Todo podía haber terminado aquí, con la paz y la alegría que sustituye al miedo, pero Jesús les encarga una misión, “Como el padre me envió, así os envío yo” Jesús los envía, para lo cual sopla sobre ellos e infunde sobre ellos el Espíritu Santo, “Recibid el Espíritu Santo” don estrechamente vinculado con la misión que les ha encomendado.

Dejémonos guiar por el Espíritu Santo para proseguir la misión de anunciar el Reino de Dios.

Feliz domingo día del Señor y feliz semana.

Domingo de la Ascensión del Señor

12/05/2024

VII Domingo de Pascua

El Domingo de la Ascensión del Señor es uno de esos tres días, que nuestras tradiciones, dicen que lucen más que el sol, hace años celebrada el jueves, la tradición decía los tres jueves que lucen más que sol, coinciden con tres fiestas muy importantes: Jueves Santo, Corpus Christi, Ascensión. Coincidiendo con esta fiesta también en nuestra comunidad parroquial nos disponemos a celebración de unción de enfermos en la misa de 12:15, completando de este modo la pascua del enfermo que comenzamos la semana pasada.

La primera lectura nos relata la escena de la Ascensión del Señor “fue llevado al cielo” y del envío a ser sus testigos “seréis mis testigos […] hasta el confín de la tierra” El salmo relacionado con la primera lectura “Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.” La segunda lectura de la carta de S. Pablo a los Efesios, nos ayuda a comprender la fiesta de hoy, se centra sobre el triunfo “está sentado a la derecha de Dios, por encima de todo y de todos” El evangelio, relacionado con la primera lectura con el mandato “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”

La primera lectura, el relato de la escena de la Ascensión, coincide con el final del evangelio de Lucas, autor también de los Hechos. Es el único autor que nos reata esta escena de la Ascensión y por dos veces, en sus dos escritos. La Ascensión supone el fin de las manifestaciones de Jesús tras la resurrección. Es su última manifestación a los apóstoles, y lo hace subiendo al cielo. El Señor estuvo instruyendo a discípulos durante cuarenta días, lo que Lucas pretende decirnos es que los discípulos necesitaron más de un día para convérsese de la resurrección, Jesús se les hizo presente durante el tiempo que consideró necesario y para completar de instruirlos sobre el Reino de Dios.

Les pide que no se alejen de Jerusalén “aguardad que se cumpla la promesa del Padre” hasta recibir el Espíritu Santo, fiesta que celebraremos la próxima semana y que el texto nos introduce en la preparación de la fiesta de Pentecostés.

En los discípulos se observa aún la preocupación política “¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?” a la pregunta Jesús responde que no toca saber el tiempo y el momento del Padre, centra la atención en la venida del Espíritu que les dotará de fuerzas para la evangelización.

La segunda lectura es muy interesante para comprender la fiesta de la Ascensión del Señor, no habla directamente de la ascensión de Jesús al cielo, pero carga todas las tintas hablando del triunfo “está sentado a la derecha de Dios” palabras que recitamos en el Credo y que predicaron los apóstoles. Es la manifestación visible del triunfo del crucificado: aquel, a quien todos pudieron verle crucificado, ahora, coronado de gloría, está en el cielo, como juez y señor de todo lo creado.

Mientras las dos primeras lecturas usan imágenes distintas para hablar de la glorificación de Jesús: ser llevado al cielo y sentarse a la derecha de Dios, en el evangelio se unen ambas “el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios.” El evangelista concede más importancia al tema de la misión de los apóstoles. En comparación con Hechos, donde muestran su preocupación política acerca del reino de Israel y a la que Jesús desvía la atención a la venida del Espíritu, que les dará fuerzas para ser sus testigos en todo el mundo. Además de que en Hechos se quedan embobados mirando al cielo, en Marcos se ponen a anunciar el evangelio inmediatamente.  Marcos trata el tema de la misión en varios puntos: la orden de ir al mundo entero, el evangelio puede ser aceptado o rechazado, las señales y el poder que acompañan a los misioneros (poder de expulsión de demonios, sanación, …), se ponen a la tarea inmediatamente, y la confirmación del mensaje con las señales que los acompañarán.

La Ascensión o el triunfo de Jesús, no es para quedarse mirando al cielo. Hay que mirar a la tierra, al mundo, en el que los discípulos de Jesús debemos de continuar su misma obra, contando con la fuerza del Espíritu y la compañía constante del Señor.

Feliz domingo día del Señor y feliz semana.