
Hoy viernes 24 de diciembre, celebramos la misa del gallo a las 24:00 horas. Por ello, no habrá misa a las 8 de la tarde.
Además, para aquellos que no podáis asistir, se retransmitirá en directo por Facebook.

Hoy viernes 24 de diciembre, celebramos la misa del gallo a las 24:00 horas. Por ello, no habrá misa a las 8 de la tarde.
Además, para aquellos que no podáis asistir, se retransmitirá en directo por Facebook.
Cuarto domingo de Adviento, entramos en la octava previa en la que nos centramos en la preparación inmediata de la Navidad. Estos días el tono es más navideño y se destaca la centralidad de María y la inminente llegada del Señor.

El Adviento tiene esa doble dimensión: es el tiempo de preparación para la Navidad, en las que se conmemoramos la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es el tiempo en el que dirigimos las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos, del retorno del Señor, pero en gloria y majestad. La banderola de este domingo nos advierte que está muy próximo “Él está llegando”, cubrimos la bola del mundo con la red que hemos ido tejiendo para una casa común.
Una síntesis de las lecturas puede quedar así: El profeta Miqueas nos pide que no despreciemos lo pequeño, lo que no cuenta: Belén es una aldea pobre en la montaña de Judá “Y tú, Belén de Efratá, pequeña entre los clanes de Judá, de ti voy a sacar al que ha de gobernar Israel”. Y en el salmo cantamos “Pastor de Israel, […]; despierta tu poder y ven a salvarnos” La carta a los Hebreos nos adentra en lo novedoso: la salvación no viene de la repetición de sacrificios animales, sino de la entrega de Cristo “Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, ni holocaustos, ni victimas expiatorias”. El evangelio nos invita a contemplar a María, mujer humilde, creyente “Bienaventurada la que ha creído”, que espera en Dios y en su salvación.
La profecía de Miqueas se mueve en el mesianismo davídico, David es el pastor de Israel, el más pequeño e insignificante de todos. La teología de lo pequeño, de lo último, aparece con frecuencia la Biblia: Jacob es el hermano menor, el reino de Israel proviene de las últimas tribus de José y Benjamín, David es el menor de sus hermanos, etc. La salvación viene de lo pequeño. El mesías no nacerá en un palacio lujoso de Jerusalén, Miqueas apunta a lo pequeño, a la aldea insignificante y perdida de la montaña, de la que saldrá el que pastoreará a Israel “pastoreará con la fuerza del Señor”.

En la carta a los Hebreos, la salvación anunciada por los profetas llega a su cumplimiento. La oblación de Cristo, se sitúa en el ámbito de la obediencia incondicional a Dios “He aquí que vengo para hacer tu voluntad” y definitivamente “una vez para siempre” con Cristo hemos entrado en el tiempo definitivo de la salvación.
Los domingos nos propusieron a tres figuras humanas en el Adviento: primero, de forma colectiva, los profetas, portadores de conversión y esperanzas; segundo a Juan Bautista, figura mitad profética, mitad mesiánica, y hombre provocador; y tercero, una sencilla y humilde mujer judía, que vive en Galilea, tierra precisamente de gentiles. Los tres tienen en común que apuntan al futuro, creen en Dios y anuncian esperanza. Dios anuncia que hay futuro y que hay esperanza, y se sirve del anuncio de que va nacer un niño, por medio del profeta Isaías; de que las situaciones y las personas pueden ser distintas, como así lo manifestó Juan Bautista; de que una joven y humilde virgen lleva en su seno la vida plena de Dios, mediante María.
Pero el evangelio de este último domingo de Adviento habla del encuentro de dos mujeres, de abrazo de dos tiempos de salvación, de bendición, de fe y de cumplimiento. La primera mujer es María que porta en su seno la promesa misma, a Jesús. La segunda, Isabel, lleva en su seno a Juan, el precursor y el nexo de unión con la profecía de todo el Antiguo Testamento. Ambas son portadoras del precursor y realizador de la nueva alianza. Son dos mujeres que se abrazan, al mismo tiempo abrazan dos tiempos de salvación, el de Israel y el de la Iglesia, el nuevo Israel.
El evangelio habla también de bendición, María ha sido bendecida por Dios y su Hijo es la Bendición.

Habla de fe, María es bienaventurada; es bendita porque cree, confía, espera y obedece en Dios y al mismo Dios.
Habla de cumplimiento, María posibilita el cumplimiento de la espera del tiempo de salvación. Y habla de servicio, porque María, tras dejarla Gabriel “se levantó, y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel”. Tras el anuncio, María se pone en acción, con celeridad, se pone a servir a su pariente Isabel.
Contemplemos a María como modelo de fe que, desde su sencillez, desde su madurez, acepta que Dios lleve por medio de ella su plan. Maria es modelo de espera y entrega a Dios.
Abramos nuestro corazón y quitemos los obstáculos a la venida del Señor.
Feliz domingo y feliz semana.

El próximo miércoles 15 de diciembre, la misa de tarde se adelanta y se celebrará a las 19:30h.
A las 20:00h, tendremos el acto penitencial de adviento, con el que nos prepararemos para la próxima venida del Mesías. Para ello nos acompañarán varios sacerdotes de parroquias vecinas.

Tercer domingo de Adviento, conocido como de Gaudete, domingo de la alegría, pues es la alegría de Dios la que nos contagia, nuestra alegría brota de la fe, la esperanza y la caridad. Cristo es nuestra alegría completa. El mensaje de la banderola de este domingo es “Gritad jubilosos” que forma parte de la antífona del salmo.
Alegrémonos el Señor está cerca. Seguimos formando nuestra red “Tejiendo redes para una casa común” que elaboraremos con a la bobina y la aguja, que ofrecemos y colocamos junto a la bola del mundo.
Una síntesis de la Palabra de hoy puede quedar así: el profeta Sofonías pronuncia la promesa de Dios de convertir a su pueblo, por medio de un amor inmerecido y que provocaba una alegría incluso en Dios mismo “El Señor tu Dios está en medio de ti, … se alegra y goza contigo”. Con el salmo cantamos la grandeza de Dios porque: “… mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación”. San Pablo, en la carta a los filipenses, nos exhorta a estar siempre alegres pues “El Señor está cerca”. Alegría que se mantiene firme aún en las adversidades. Lucas, en el evangelio, presenta, por medio del Precursor, unas pautas de acción, “¿Y nosotros qué debemos hacer?” que vienen a suscitar también alegría y paz tanto en el que da como en el que recibe.

En la primera lectura, del profeta Sofonías, se comprende mejor si leemos los versículos precedentes. En ellos, Dios ha pronunciado su juicio para que el pueblo se convierta y vuelva a Él. Pero, como si fuese una terca misericordia, Dios anuncia una promesa con la cual llegará un día en que borrará toda conciencia de culpa en el corazón de su pueblo “te renueva con su amor”.
De esta forma la promesa se convierte en la alegría del mismo Dios como bailando por su pueblo “se alegra contigo como en el día de fiesta” renovado por el amor de Dios y lleno de júbilo por Judá.
La segunda lectura forma parte del final de la carta a los Filipenses. San Pablo, que expresa siempre alegría en esta carta, da unos consejos finales. Muestra la alegría en el Señor en medio del sufrimiento, pues San Pablo está en la cárcel cuando escribe la carta, convirtiendo esta experiencia personal suya en una invitación a la comunidad creyente de Filipos para que viva sin preocupaciones fundamentándose en la inminente venida del Señor, esperaban la Parusía de un momento a otro. Los cristianos deben destacar por su amabilidad y cercanía, por vivir confiados y pacificados “que vuestra mesura la conozca todo el mundo”. Valores que no se logran por el propio esfuerzo, sino que son don y regalo de Dios.
En el evangelio, Lucas relata como la gente se acercaba al Bautista con deseos de transformación, respondiendo a la llamada a dar frutos de conversión. Entre ellos había personas de distinto tipo y condición, también con mala reputación como publicanos y soldados. Son personas de grupos sociales diversos, etnias diversas y profesiones diversas.

Lucas, sin renunciar a los valores evangélicos, propone un modelo de seguimiento asumible por muchos “El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida haga lo mismo”.
Hace ver que creer en Dios tiene que ver con la vida y con las actitudes hacia el otro: ayudar a quien lo necesita, no explotar a los demás, no acusar en falso para obtener beneficios “No exijáis más de lo establecido” “No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie con falsas denuncias, …”. El ministerio de Jesús y el movimiento de sus seguidores arranca del deseo del pueblo de Israel de vivir de un modo nuevo, nosotros somos el nuevo Israel que tiene carácter universal ya no es una etnia en particular.
Y la mejor conclusión para hoy son estás palabras de San Pablo: “Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. El Señor está cerca”. Feliz domingo y feliz semana.

Os invitamos al Acto Ecuménico que se celebrará el sábado 11 de diciembre, a las 18 horas, en la Plaza de España.
Celebremos la Navidad Juntos!