XXII Domingo Del Tiempo Ordinario

31/08/2025

Jesús, en este Domingo XXII del Tiempo Ordinario, sigue instruyéndonos, hoy nos invita a la humildad, la nobleza y a la generosidad desinteresada.

La primera lectura, nos invita a proceder con humildad y sencillez, Dios revela sus secretos a los humildes “Humíllate, y así alcanzarás el favor del Señor”, y así cantamos como Dios tiene preferencia por los pobres, por los últimos en la antífona del salmo “Tu bondad, oh, Dios, preparó una casa para los pobres”. La segunda lectura, presenta a Jesús mucho más que como un maestro de sabiduría, pues es el Mediador de la Nueva Alianza, “Vosotros os habéis acercado al monte Sion, ciudad del Dios vivo […], y al Mediador de la nueva alianza, Jesús”. El Evangelio nos invita a ocupar los últimos puestos porque el que se humilla será enaltecido, como Jesús, que no vino a ser servido sino a servir “El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.” También se nos llama a dar y a darnos gratuitamente sin esperar recompensa alguna.

En primera lectura, del libro del Eclesiástico, resuenan unas palabras que invitan a la humildad “Hijo, actúa con humildad en tus quehaceres” destacando que una de las ventajas que nos dice el sabio es que seremos o caeremos simpáticos a los demás “y te querrán más que al hombre generoso” y ante Dios quedaremos mejor “alcanzarás el favor del Señor. Muchos son los altivos e ilustres, pero él revela sus secretos a los mansos”, nos invita a escuchar a los sabios en lugar de a los cínicos.  El salmo, como cantamos en una de sus estrofas, insiste en la preferencia de Dios por los pobres y humildes “Padre de huérfanos, protector de viudas, Dios vive en su santa morada. Dios prepara casa a los desvalidos, libera a los cautivos y los enriquece”.

En segunda lectura, de la carta a los Hebreos, nos dice como los elementos de culto que tenían los israelitas, el sacerdocio, los sacrificios y el templo, han sido superados y perfeccionados por Cristo Jesús. Hace una comparación en que se refiere al acontecimiento del Sinaí, a la Antigua Alianza, el encuentro del pueblo con Dios, que fue espectacular, con fuego encendido, densos nubarrones, tormentas y una voz que asustaba. Pero la Nueva Alianza, sellada por Cristo Jesús, presenta una cara más amable, presenta a la Jerusalén del Cielo “os habéis acercado al monte Sion, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a las miríadas de ángeles, a la asamblea festiva de los primogénitos inscritos en el cielo”, más cercana, con la asamblea innumerable de Dios, ángeles y bienaventurados que rinden cultos llenos de alegría y entusiasmo “a Dios, juez de todos, y al Mediador de la Nueva Alianza, Jesús”.

En el Evangelio, Jesús aprovecha que ha sido invitado a comer a casa de un fariseo importante para dar una enseñanza sobre la humildad y la generosidad desinteresada. Una enseñanza dirigida a los invitados preocupados por los primeros puestos y otra para el anfitrión que se muestra selectivo y exclusivo a la hora de elegir a sus invitados. Ya en la primera lectura, el sabio Ben-Sira, nos recomienda que seamos humildes en nuestra manera de actuar. Este es el camino a la sabiduría del discípulo, de ahí la nobleza, y por supuesto la generosidad.

Lo contrario a la humildad es la soberbia, amasada de engreimiento, de empavonarse, de desprecio a los demás, de sus propuestas y de sus cosas “los convidados escogían los primeros puestos”. El humilde se queda el último, no como estrategia, sino porque considera que ese es el sitio que le corresponde.

La sabiduría y la soberbia no se llevan bien. El sabio no alardea, ni se levanta en medio de la reunión para que todo el mundo le escuche. El sabio, por el contrario, escucha con atención las propuestas ajenas, incluso si estas no son brillantes ni sugerentes. La sabiduría no tiene que ver con la acumulación de doctrinas ni conocimientos, sino del paso por el corazón de las experiencias humanas repensadas, revividas, contrastadas. El sabio es humilde porque reconoce la verdadera condición humana “el que se humilla será enaltecido”.

El sabio es humilde porque sabe estar sin presumir ni aparentar. No busca el aplauso ni el reconocimiento “no te sientes en el puesto principal”. Ahí está su nobleza, en su sencillez verdadera, en su simplicidad, que no es lo mismo que simplismo. Jesús fue humilde y sabio, su nobleza no provenía de su condición social, ni de superioridad cultural. Jesús nos enseña otro camino el del discipulado que anuncia y anticipa el Reino, desde los más pobres y últimos.

Jesús nos invita a ser generosos, que invitemos a quienes no nos pueden devolver y pagar, con ello seremos bienaventurados, “Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte” de lo contrario seremos correspondidos y estaremos siendo pagados por la invitación.

El camino del discípulo es un aprendizaje continuo y de revisiones constantes de nuestras actitudes personales y sociales desde Jesús. Vivamos en humildad, sabiduría, generosidad y verdad como vivió Él.

Feliz domingo día del Señor y feliz semana.

XXI Domingo Del Tiempo Ordinario 24/08/2025

Profundizamos hoy en el gran don de la fe y el compromiso que ello conlleva. El amor de Dios se presenta como absoluto, incondicionado, preveniente e indulgente, que no puede ser limitado por categorías o fronteras humanas, sino que se mueve libremente a través de todos los tiempos y lugares para alcanzar a toda la humanidad. Ya, La primera lectura de Isaías anticipa esta apertura universal de Dios hacia la humanidad y su plan de salvación.

Una breve síntesis, la primera lectura, del profeta Isaías, al igual que Jesús en el Evangelio, nos dice que vendrán a sentarse en la mesa del Reino muchos que no pertenecen a la raza judía, la salvación es universal “Y de todas las naciones, como ofrenda al Señor, traerán a todos vuestros hermanos”.  En consecuencia, nos encontramos con el Salmo que tiene un gran carácter misionero “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.” La segunda lectura, de la carta a los Hebreos, trata de animar en su fe a algunos cristianos que se encuentran desanimados por dificultades tanto internas como externas “fortaleced la manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes” En el Evangelio, Jesús siguiendo la línea de la primera lectura, ante los judios que se creían privilegiados les dice que “Vendrán de oriente y occidente, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios”

La primera lectura, del profeta Isaías, anuncia la salvación universal, asegura que el Señor vendrá “vendré para reunir a las naciones de toda lengua […] a las costas lejanas que nunca oyeron mi fama ni vieron mi gloria” De todos los países vendrán con ofrendas “hasta mi santa montaña de Jerusalén” y de entre ellos también dios elegirá “También de entre ellos escogeré sacerdotes y levitas” nadie quedará excluido del Templo. La salvación no es exclusiva del pueblo judío, por ese motivo cantamos en una de las estrofas del cortísimo salmo “Alabad al Señor todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos” 

En segunda lectura, de la carta a los Hebreos, Dios permite muchas cosas para “Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor, ni te desanimes por su reprensión; porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos”. Estas dificultades las tenemos que tomar como correcciones que un padre permite para que sus hijos maduren mejor “¿qué padre no corrige a sus hijos?”, es como el viñador que poda la vid y la cuida para producir mejor fruto, y si el fruto es malo la arranca.  Por difícil que resultara ser cristiano en los tiempos de la carta, y en los actuales, la recomendación es positiva “Ninguna corrección resulta agradable, en el momento, sino que duele; pero luego produce fruto apacible de justicia a los ejercitados en ella.”

En el Evangelio, Jesús toma pie para sus enseñanzas por medio de una pregunta espontánea de alguno de sus oyentes. A la pregunta “Señor, ¿son pocos los que se salvan?” la respuesta no parece muy optimista: “Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán” Los judios se tenían como privilegiados, por pertenecer al pueblo elegido por Dios. Pero Jesús relativiza esa seguridad, porque si no viven conforme a esa pertenencia y esa Alianza, se exponen al “No sé quiénes sois” Mientras que otros que no pertenecen a la raza y pueblo de Abrahán, vendrán de Oriente y Occidente y se sentarán en el Reino de Dios.

La pregunta nos la podemos hacer también nosotros hoy ¿son muchos los que se salvan? ¿son pocos? ¿ qué tengo que hacer para salvarme? O mas bien la pregunta que engloba a todas ¿ qué pasará en el más allá?, el que hizo la pregunta a Jesús tenía la idea de que sólo se salvan los judíos, tal vez nos ocurra los mismo a nosotros por el hecho de ser cristianos, o por ser practicantes, por cumplir unos rezos o prácticas de devoción.

La respuesta de Jesús es que Dios quiere la salvación de todos. No sólo del pueblo de Israel, el pueblo elegido, sino de todos, como dice en otro texto, en la primera carta de Pablo a Timoteo, muy propio “Dios, nuestro Salvador, quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad

Jesús nos dice que hay que saber conjugar la misericordia universal de Dios con la exigencia de la respuesta personal. No quiere llevar a engaños a nadie. Lo que vale cuesta. Dios quiere salvarnos, pero con la condición de dar una respuesta clara de fe y de una vida de acuerdo con la fe. No nos da recetas fáciles para salvarnos, nos habla de puerta estrecha y en ocasiones cerradas “entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera” Jesús nos habla del riesgo de quedarnos fuera, su respuesta no nos resulta cómoda, el Reino no es un coladero fácil, la salvación no se gana fácilmente, requiere esfuerzo. La misericordia infinita de Dios se conjuga con nuestra respuesta de amor.

Esforcémonos en entrar en el Reino, firmes en la fe, demos nuestra respuesta de amor a la infinita misericordia de Dios.

Feliz domingo día del Señor y feliz semana.

Oración por la Paz – Capilla de El Romeral

En respuesta a la convocatoria del Papa León XIV para una jornada mundial de oración por la paz, la comunidad parroquial de El Romeral y Santa Amalia se reunió el 22 de agosto en la Capilla de El Romeral.

Durante el acto, se elevaron oraciones por la paz en el mundo y se reflexionó sobre la importancia de ser instrumentos de reconciliación y esperanza. Participaron fieles de ambas barriadas, unidos en un mismo espíritu de fe y compromiso.

El encuentro concluyó con un gesto simbólico de luz y unidad, reafirmando el deseo común de construir un mundo más justo y fraterno.

XX Domingo Del Tiempo Ordinario

16/08/2025

XX Domingo del Tiempo Ordinario, Jesús nos avisa del que el camino del cristiano no es fácil, si el domingo pasado nos invitaba a la vigilancia, en este pone el acento en la fortaleza que necesitaremos para ser coherentes con nuestra decisión de seguirle a Él en el camino, nos muestra que el camino del cristiano no es sencillo; la fe es exigente y nos sitúa ante opciones que demandan mucha energía

En la primera lectura, del profeta Jeremías, nos habla de su experiencia provocada por la Palabra que Dios le dirige. El mensaje le impulsaba a desvelar la realidad sin engaño y a proponer un cambio de actitudes en la relación con Dios y con los demás. “Hay que condenar a muerte a ese Jeremías, pues, con semejantes discursos, está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad y al resto de la gente” El salmo parce una oración del profeta dentro del pozo, así suena la antífona del mismo: “Señor, date prisa en socorrerme” La segunda lectura, de la carta a los Hebreos, nos invita a seguir nuestro camino, como una carrera en el estadio, “corramos, con constancia, en la carrera que nos toca” con los ojos fijos en Cristo Jesús, quien lo ha recorrido modélicamente.  Jesús subraya que, por el hecho de seguir el camino de la fe, no deja de estar exenta de divisiones en una misma familia, porque la fe exige opciones radicales “¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división”

La primera lectura, del profeta Jeremías, es un ejemplo de cómo un profeta puede provocar contradicciones en la sociedad en la que Dios le manda hablar en su nombre. En los años anteriores al destierro a Babilonia fue cuando actuó Jeremías, durante los reinados de Joaquín y Sedecías. Cuando Dios le llamó al ministerio profético, sacándole de la tranquilidad de su vida den un pueblo pequeño cercano a Jerusalén, no contaba todavía con veinte años, siendo de carácter pacífico, tuvo que pronunciar palabras de denuncia sobre la corrupción y la pérdida de la fe en su tiempo, cosa que no gusto mucho a las autoridades, sobre todo militares “está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad”, por lo que intentaron hace callar su voz. El rey Sedecías, que era débil, “Ahí lo tenéis, en vuestras manos. Nada puedo hacer yo contra vosotros” lo dejó a merced de otras autoridades que le enterraron en un pozo sin agua, lleno de fango. Jeremías hundido en el fango del pozo es un símbolo de lo que fue toda su vida. Pero él valientemente siguió hasta el final proclamando la voluntad de Dios. Tuvo momento en los que estuvo tentado de dimitir como profeta, pero no lo hizo. El salmo parece toda una oración en boca del profeta que confía en el Señor: “Me levantó de la fosa fatal, de la charca fangosa […] Yo soy pobre y desgraciado, pero el Señor se cuida de mí”

La segunda lectura, de la carta a los Hebreos, después de proponer, a el domingo pasado, Abraham y Sara como modelos de fe, este domingo alude a una cantidad ingente de testigos que nos miran “Teniendo una nube tan ingente de testigos”, como en un estadio la multitud contempla la carrera de los atletas. El autor de la carta nos invita a que corramos animados por tantos testigos hacia la meta “corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba”. Los espectadores del estadio son los creyentes de todos los tiempos que han corrido esa carrera y ahora nos animan a nosotros a perseverar y acabar el recorrido. Pero sobre todo nos pide que nos fijemos en el que corre delante de nosotros, Cristo Jesús, que superó todas las dificultes, incluso la muerte en cruz “fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz”

En el evangelio, Jesús nos sorprende con lo que nos dice con imágenes muy expresivas. No he venida a traer paz sino guerra, y a prender fuego “He venido a prender fuego a la tierra” Jesús viene a transformar, cambiar, purificar el mundo, y nos avisa que esto va a dividir a la humanidad: unos le van seguir y otros no. En la primera lectura; Jeremías provocó división, porque pronunció palabras exigentes. Jesús, que había venido a reunir a los hijos de Dios dispersos, se convierte también, como ya anunciara el anciano Simeón a María y José en el Templo, en signo de contradicción. “¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división”

Por supuesto de Jesús quiere la Paz, ha venido a reconciliar al hombre con Dios, a los hombres entre sí y cada hombre consigo mismo. Ha venido a reunir a los hijos dispersos, no a dividir. Pero se ve que hay dos tipos de paz, y de las dos, hay un tipo de paz que él no quiere: la paz perezosa, hecha de compromisos, la paz de los que se instalan cómodamente y no se deciden a seguir caminos exigentes. Cuando habla de fuego, no se trata de un fuego que devasta los bosques, sino del fuego de un amor decidido, de una entrega apasionada como la de Él.

 Si en nuestro seguimiento de Jesús sólo buscamos la paz y consuelo para nuestros males, o la garantía de obtener el favor de Dios, es que no hemos entendido sus intenciones más profundas. El Evangelio, la fe, aparte de ganarnos la antipatía de algunos, nos produce en algunas ocasiones conflictos, incluso en la misma familia, nuestro entorno social más próximo. El Evangelio, la fe, intenta transformar nuestras vidas.

Mantengámonos siempre perseverantes y fieles al Evangelio, a pesar de los conflictos que nos pueda acarrear ser seguidores de Jesús.

Feliz domingo día del Señor y feliz semana.