Domingo XVII del tiempo ordinario, el pasado domingo invitábamos a Jesús a nuestra casa, escuchamos y vivimos de su Palabra como verdaderos discípulos, ahora Jesús nos enseña a orar, a llamar a Dios Padre Nuestro, Abba, nos enseña a hablar con un Padre que nos quiere, que nos escucha. Coincide este domingo con la V Jornada Mundial de los Abuelos y los Mayores cuyo lema para este año, dentro del contexto del año jubilar, es: “¡Feliz el que no ve desvanecerse su esperanza!” (Eclo 14,2). El tema central de este domingo es la oración perseverante y llena de confianza en la providencia y misericordia de Dios, lo que engendra esperanza, esto se ve reflejado de manera especial en la sabiduría y el papel intercesor de los abuelos y personas mayores.
Podemos sintetizar las lecturas de la siguiente manera: en la primera, vemos cómo, por la oración de Abrahán, Dios está dispuesto a perdonar a las habitantes de Sodoma “Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más”. Y habiendo experimentado la misericordia de Dios, podremos proclamar y cantar como lo hacemos en el salmo: “Daré gracias a tu nombre por tu misericordia y tu lealtad. […] Cuando te invoqué me escuchaste, acreciste el valor en mi alma” En la segunda lectura, Pablo en la carta a los Colosenses, nos dice que nosotros, que estábamos muertos por nuestros pecados, recibimos de parte de Dios la vida en Cristo recibiendo el perdón por el bautismo “Os vivificó con él, perdonándoos todos los pecados”. Y Jesús, en el evangelio, nos enseñó lo que debemos pedir, con el Padrenuestro, y nos insiste en que pidamos con fe lo que necesitemos: “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá”.
La primera lectura, tomada del libro del Génesis, es continuación del leído la semana pasada, el episodio de Mambré en el que Abrahán y Sara fueron visitados por tres personajes divinos. Tras la visita se dirigen a Sodoma y Abrahán, que continua con la hospitalidad, los acompaña para despedirse de ellos. La lectura de este domingo nos habla de la intercesión de Abrahán “Insistió Abrahán” en favor de una ciudad pecadora llamada Sodoma. Pone a Abrahán como ejemplo de persona que tiene una profunda confianza en Dios, es un hombre justo y fiel “es que vas a destruir al inocente con el culpable”, que exige fidelidad a los designios de Dios, y se atreve a insistir en la oración, a pedir cada vez más, porque sabe que el Señor es bueno Abrahán continuó: “Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más: ¿Y si se encuentran diez?. Contestó el Señor: En atención a los diez, no la destruiré”. El relato destaca la desproporción: a pocos inocentes que haya, Dios inclina la balanza, perdonando a un número de culpables mucho mayor.
La segunda lectura, de la carta a los Colosenses, destaca la generosidad de Dios, que nos dio vida en Cristo, perdonándonos todos nuestros pecados “Canceló la nota de cargo que nos condenaba”. Dios nos ha perdonado todos los pecados por medio de la muerte y resurrección de su Hijo. Jesús nos tomos a todos en su misterio pascual, no volviéndolo de un modo individualista, sino que dando su vida como rescate por todos nosotros. Con el bautismo que hemos recibido los creyentes morimos a la antigua condición de pecadores “Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo” y hemos renacido a una nueva condición “habéis resucitado con él”
Lucas, en el evangelio, nos muestra en primer lugar, que el ejemplo de Jesús suscita en el corazón de los discípulos el deseo de orar como Él. El cuál oraba con frecuencia y en la soledad, a veces se levantaba muy temprano para orar tranquilamente. Su ejemplo hace que los discípulos tengan el deseo ardiente de ser instruidos en la oración “Señor, enséñanos a orar” Jesús anima a sus discípulos en la oración poniendo unos ejemplos sugestivos. Dice que, si un hombre se deja convencer con una petición insistente, con mayor razón Dios, que es tan bueno, no puede dejar de escuchar nuestras oraciones. Por eso tenemos que tener confianza en que Dios nos escuchará y la misma oración nos permite tener una relación más fuerte y profunda con Dios. Jesús, en su instrucción de la oración, nos enseña a orar bien, nos da una fórmula de oración, el Padre nuestro, que contiene toda la sustancia de nuestra relación con Dios y en la que nos unimos a nuestro prójimo para dirigir nuestras peticiones al Padre. Las primeras peticiones están relacionadas con el Padre, “Padre, santificado sea tu nombre” la segunda parte del Padre nuestro tiene que ver con nuestras necesidades “danos cada día nuestro pan cotidiano” También nos hace pedir por el perdón de los pecados, pero con condición “porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe” Jesús insiste muchas veces en el Evangelio en la necesidad del perdón que debemos dará nuestro prójimo si queremos tener el perdón del Padre. La última de las peticiones es que nos libre de caer en la tentación y en el mal “no nos dejes caer en la tentación”. El Padre nuestro es toda una enseñanza en la que tenemos que profundizar e intentar comprender mejor y acogerlo en nuestros corazones de tal manera que los deseos que expresa Jesús se conviertan en nuestros deseos más profundos, para que nuestras vidas sean lo más fecunda para el mundo que nos rodea.
Que el Señor nos enseñe a rezar, con insistencia como Abrahán, dándole gracias por el don de la vida en Cristo, su Hijo, sin mucha palabrería, confiando plenamente en Él, como hijos. Con la fuerza del Espíritu, con Jesús, le decimos Padre nuestro queremos hacer todo lo posible para que su voluntad se cumpla en todos sus hijos.
Celebramos hoy la solemnidad de Santiago Apóstol, patrón de España, que según un códice de finales del siglo XIII y principios del XIV, fue el primer evangelizador de la península Ibérica. Sus restos se veneran en Galicia, en la Catedral de Santiago de Compostela.
Santiago hijo de Zebedeo, hermano del apóstol san Juan, fue el primero de los apóstoles en beber el cáliz del Señor, cuando participó en su Pasión, al ser decapitado por orden del rey Herodes Agripa, nieto de Herodes el Grande. Anunció el reino de Dios que viene por la muerte y resurrección de Jesucristo “En aquellos días, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor” En la segunda lectura, Pablo habla del tesoro del evangelio, “Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros”, que hace posible que los apóstoles no vivan angustiados ni desesperados ni abandonados ni perdidos. Jesús en el evangelio, ante nuestros aires de grandeza, nos habla del servicio “el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo”
Una característica de las tres lecturas de esta fiesta es el testimonio. Como cristianos se nos invita a ser testigos no de una idea, ni de una ideología, sino de una persona: Jesús de Nazaret Hijo de Dios y testigos de su mensaje: predicar el Reino de Dios.
La primera lectura nos dice que los “apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús”. Por ser testigos de Jesús sufren persecución, y el texto nos cuenta al final que “Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago”. El mensaje de Jesús choca muchas veces con nuestra forma de forma de pensar: los hombres hablamos de poder, Jesús habla de servicio y quien quiera seguirlo tiene que aceptar y vivir este mensaje. Los hombres hablamos de leyes, de normas e incluso de esclavitud, Jesús habla de libertad y de paz que brota del corazón que busca el bien de todos.
Este mensaje de Jesús, este ser testigos suyos “lo llevamos en vasijas de barro” nos dice el apóstol Pablo en la segunda lectura. Estas vasijas de barro somos nosotros que desde nuestra vida queremos ser testigos del mensaje de Jesús. San Pablo nos anima diciendo que contamos con la fuerza de Dios. Y desde la fe es desde donde podemos hablar de servicio, de amor, de perdón, de justicia, de paz, de libertad, siendo conscientes que hablar del mensaje de Jesús puede traernos problemas, insultos, burlas.
En el evangelio nos enseña que no se trata de dar testimonio desde puestos privilegiados, “estar sentados a la derecha y a la izquierda” sino desde el seguimiento de Jesús. Beber el cáliz es sinónimo de entregar la vida por los demás a ejemplo de Jesús. Beber el cáliz es servir como Jesús lo hizo. Beber el cáliz es saberse testigo de Jesús.
Ser testigo de Jesús en el mundo actual es comprometerse a vivir la fe en Jesús que nos lleva a hablar, con la palabra y con la vida. Es comprometerse a servir a los demás, a vivir en la libertad de los hijos de Dios y a vivir la paz que Jesús nos trajo. Así seremos testigos, apóstoles de Jesús en el mundo actual.
Pidamos por su intercesión de Santiago que España ser evangelizadores de nuestra sociedad.
Este viernes 18 de julio, tuvimos como todos los años, la Cena fin de curso, en Torrealquería, con diferentes actuaciones preparadas por todas las personas que componemos la Iglesia, Feligreses, Grupos de infantiles y Juveniles, Grupos formativos y de Oración, Liturgia, las diferentes Pastorales, Cáritas.
Algunas actuaciones fueron muy serias y otras muy divertidas, pero todas tenían el mismo fin, la Alegría del Evangelio. Una noche en la que todo el mundo además de traer un plato para compartir, trajo alegría, Unión y se hizo viva la Palabra, porque la Comunidad nos ayuda a acercarnos a Dios. Toda la Comunidad Parroquial os desea que tengáis un feliz Verano.