V Domingo de Pascua

28/04/2024

V Domingo de Pascua, en el que estamos invitados a permanecer unido al Señor, alimentándonos de su Palabra y Vida para dar abundantes frutos como verdaderos discípulos, pero para ello debemos dejarnos poder cuidar por el labrador, Dios, que poda en nosotros todo aquello que impide el crecimiento en la fe, esperanza y caridad.

La primera lectura nos presenta a Pablo perseguidor de la causa del evangelio, ahora perseguido por causa del evangelio, al que los discípulos le tenían miedo le tenían miedo, […] Entonces Bernabé se lo presentó a los apóstoles.” El salmo nos dirá “Me hará vivir para él” consecuencia de estar unidos la vid, al Señor. La segunda lectura nos exhorta a “no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras” Y el evangelio nos trae la imagen de la vid y los sarmientos “Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador”

La primera lectura, relato del libro de los Hechos, nos muestra a Pablo después de la experiencia camino de Damasco, la llamada de Jesús. Es un Pablo podado, para dar buen fruto, cortado por el labrador para sanarlo y dar buen fruto. Toda la vida de Pablo fue una poda llena de persecuciones y sufrimientos. La llegada a Damasco, igual que a Jerusalén, no tiene nada de entrada triunfal, sino de camino de cruz como la del Señor al que perseguía en otros tiempos. Los suyos, los judíos, desean su muerte “Hablaba y discutía también con los judíos de lengua griega, que se propusieron suprimirlo” y los discípulos del Resucitado sospechan de él y le temen “todos le tenían miedo, porque no se fiaban de que fuera realmente discípulo.”  Ahora el perseguidor se ha convertido un heraldo del evangelio y al igual que hizo en Damasco, predica sin miedo el evangelio públicamente en Jerusalén. Las primeras comunidades cristianas, según el mismo relato de los Hechos, “se edificaban y progresaban en la fidelidad al Señor.”

La segunda lectura insiste en el significado del permanecer y del cambio que se obra en nosotros, nos habla del modo de permanecer unido a la vid. El mandamiento de Dios es creer en su Hijo y amarnos unos a otros. Ambas cosas, creer y amar, implican cambios y, a veces, muy profundos, esto es la poda: “Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él.” Y añade “conoceremos que Dios permanece en nosotros por el Espíritu que nos dio” Y si hay alguna actuación propia del Espíritu es la de transformarnos y convertirnos para arraigarnos de verdad en Dios.

Para el evangelio de hoy conviene recordar otras referencias a la vid en el Antiguo Testamento, como por ejemplo el capítulo cinco de Isaías, donde la viña es el Pueblo de Dios, el pueblo de Israel, pero esta viña no da buen fruto y se debe arrancar, sin embargo, en el evangelio no es necesario arrancar, Jesús se presenta como la clave para que la viña produzca buenos frutos. Podar es cortar, herir al árbol, despojarlo de algo que le costado tiempo y esfuerzo producir. Pero el labrador lo hace para que este más sano y fuerte. Es lo que hizo Dios con Pablo. Este trozo del evangelio se encuentra dentro del discurso de despedida, en la que Jesús, hablando a los discípulos durante la última Cena, los anima, los incita a permanecer unidos a él como los sarmientos a la vid. Se trata de una parábola cargada de gran significado, “El que permanece en mí y yo en él”, expresión muy típica en todos los escritos de Juan, define la relación del discípulo con Jesús como una reciprocidad personal, es decir, que expresa con gran fuerza la comunión con Jesús, la relación personal con Jesús. Con palabras del papa emérito: “El secreto de la fecundidad espiritual es la unión con Dios, unión que se realiza sobre todo en la Eucaristía, con razón llamada también Comunión”

Un camino seguro para permanecer unidos a Cristo, como los sarmientos a la vid, es recurrir a la intercesión de María.  Confiemos en María, agradeciéndole su constante intercesión y pidiéndole que siga velando sobre el camino de la Iglesia y de la humanidad.

Feliz domingo día del Señor y feliz semana.

IV Domingo de Pascua

21/04/2024

Cuarto Domingo de Pascua, Domingo del Buen Pastor. En los domingos anteriores hemos recordado diversas apariciones de Jesús resucitado, a partir de este domingo, y hasta el domingo de la Ascensión del Señor, las lecturas del evangelio serán todas del evangelio según s. Juan, se centrarán en diversos aspectos o imágenes de la relación entre Jesús y el cristiano: buen pastor, vid y sarmientos, mandamiento nuevo, oración sacerdotal.

Relacionar las lecturas de este domingo no es fácil, cada lectura presenta imágenes muy distintas, la primera habla y usa la imagen de Jesús como piedra angular, que será la antífona del salmo de este día “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular”. La segunda usa la imagen de padre e hijos para hablar de la relación entre Dios y nosotros “Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios”. Por último, el evangelio usa la imagen de pastor y rebaño para hablar de la relación entre Jesús y nosotros “El buen pastor da su vida por las ovejas”. Tal vez podamos ver en ellas una relación temporal: pasado y presente de Jesús, en la primera; presente y futuro del cristiano, en la segunda; y pasado futuro de Jesús, en la tercera.

La primera lectura es continuidad del discurso de Pedro ante la gente de Jerusalén después de la curación del paralítico, curación que atribuyen a Jesús, condenado a muerte por las autoridades, pero resucitado por Dios. Ahora el testimonio es frente a las autoridades judías, que no pueden permitir que en nombre de Dios se hable de Jesús, estos convocan a Pedro para interrogarlo.

En las palabras de Pedro se resume el pasado y presente de Jesús, el pasado ofrece una imagen de Jesús pasiva, cuenta lo que hicieron con Él las autoridades judías y Dios. Las autoridades lo rechazan y crucifican, Dios lo resucita y lo convierte en “la piedra angular que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular.” De ahí se deduce su presente, Él es quien ha curado al paralítico y el único que puede salvarnos a todos nosotros.

Si en la primera lectura hacíamos referencia al pasado y presente de Jesús, en la segunda nos habla de nuestro presente y futuro. El presente: somos hijos de Dios “ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos” El futuro seremos semejantes a Dios. Es importante en esta lectura saber que es el Padre quien nos hace hijos porque nos ama. Dios, el Dios de Jesús, el Dios del amor, no se guarda para sí lo divino.

El evangelio nos habla del buen pastor que la imagen del día en la liturgia. Comienza con una introducción, Jesús se aplica a sí mismo la imagen del pastor, que, en el pasado en tiempos del Antiguo Testamente era muy frecuente para referirse al rey. Esta imagen simboliza la relación correcta del rey con sus súbditos, relación no despótica sino preocupada por su bienestar. El texto nos recuerda al salmo 23 en que el salmista dice: “El Señor es mi pastor nada me falta” El evangelio concede especial importancia al futuro de Jesús: a su labor con otras ovejas que no son del rebaño, a las que debe de buscar para que haya un solo rebaño y un solo pastor “Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.” Es una referencia las comunidades que se irán formando de origen pagano, y también es una referencia para nosotros.

La imagen de pastor que se aplica Jesús llega hasta el extremo que no se da entre los pastores, da la vida por sus ovejas “El buen pastor da su vida por las ovejas” Cualquier pastor, a diferencia del asalariado, está dispuesto a luchar contra el lobo, lo que no es normal es que esté dispuesto a morir por sus ovejas.

Otra relación de las tres lecturas es: Jesús, buen pastor, nos ha salvado y nos ha conseguido ser hijos de Dios. A nosotros nos corresponde escuchar su voz y agradecerle el don que nos ha hecho.

Feliz domingo día del Señor y feliz semana.