La pascua de cristo

— Cristo es la verdadera Pascua: es así porque toda su vida es un «paso» o «tránsito» hacia el Padre, en el que está implicada la humanidad entera. Este carácter pascual permanente está marcado en Cristo por acontecimientos (obras, gestos, milagros, drama personal, rechazo o aceptación…), por palabras (predicación, anuncio y denuncia profética, diálogos y hasta discusiones…), y por ritos (celebración anual de Pascua, participación en la sinagoga y en el templo, imposición de manos y unciones…). Por todo ello la tradición cristiana ha considerado siempre la encarnación y toda la vida de Cristo como comienzo verdadero de la Pascua: «Este es aquel que se encarnó de una Virgen, que fue colgado del madero, que fue sepultado en la tierra, que resucitó de entre los muertos, que fue elevado a lo alto de los cielos»

— Pero el momento culminante de la Pascua de Cristo se encuentra en lo que San Juan llama la «hora». Porque es entonces cuando el acontecimiento pascual (pasión-muerte-resurrección) y rito pascual (última cena) llegan a su realización más plena y densa, en una coincidencia con la conmemoración del acontecimiento pascual hebreo (liberación de Egipto) y del rito pascual judío (Pascua en Jerusalén). Los evangelios sinópticos sitúan sobre todo en la última cena el momento del «paso» de la antigua a la nueva Pascua. Jesús instituye la eucaristía como cena pascual de la nueva alianza.

Es sobre todo San Juan quien ve en la muerte de Cristo el cumplimiento de la antigua Pascua. La nueva Pascua nace en el calvario, donde Jesús es inmolado como cordero, precisamente en el momento en que se inmolaban en el templo los corderos pascuales para la cena judía. Esto llevará a Juan a decir que «Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo…» (Jn 1,29). Y Pablo, insistiendo en lo mismo dirá: «Nuestra Pascua o nuestro Cordero pascual es Cristo» (1 Co 5,7).

La cruz en el cruce del camino.
La cruz en el cruce del camino.
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