1 TRIDUO DE COFRADÍAS Y HERMANDADES

Comenzamos el triduo de nuestras Cofradías y Hermandades con el templo vacío, pero la Iglesia llena, sí, he dicho bien, llena. La Iglesia donde se celebra en estos días de confinamiento, y sin presencia física, los actos y sobre todo la Eucaristía, sacramento de comunión y unidad, es en ella donde se dan cita todas las pequeñas Iglesias domésticas, abarrotando y llenando la Iglesia cuando desde la distancia nos unimos espiritualmente para la Eucaristía, bien a través de internet, bien a través televisión o  bien por medio de las redes sociales.

Que no se aflijan nuestros corazones si este año no pueden salir nuestros Sagrados Titulares, ya están fuera, están presentes en los hospitales, en todos aquellos que, de alguna forma, cada uno desde su labor, están luchando contra esta pandemia que tiene arrinconada y amenazada a la humanidad. No olvidemos que, se trata de una cuaresma y Semana Santa diferente, otra forma de vivir estos Sagrados Misterios de la Pasión, Muerte y por supuesto, no lo olvidemos, de la Resurrección de Nuestro Señor.

Empezamos hoy el triduo con la Solemnidad de la Anunciación/Encarnación, dos caras de una misma moneda, la primera cara la Anunciación del ángel Gabriel a María, la otra, el Sí de María “Hágase en mi según tu palabra”. La Encarnación momento importante para nosotros los cristianos, pues es un hecho que se hace patente en un trozo de pan cada vez que celebramos la Eucarística. Ambos, Anunciación y Encarnación son momentos que los artistas han sabido muy bien representar: en la Anunciación es María quien se postra ante el mensajero, ante el enviado de Dios, en el instante de la Encarnación es el ángel Gabriel quien se postra ante María de quien Dios toma humanidad. Gabriel hace reverencia y se postra ante aquella que ha de llevar en su seno durante nueve meses a Dios hecho hombre, a Enmanuel, Dios encarnado.

Nuestro Padre Jesús de la Paz y el Amor llevado a lomos de un pollino, al que alfombramos a su paso con nuestras capas y mantos, agitando nuestras palmas y ramos en señal de júbilo; donde nos unimos a los coros celestiales, a los coros de los ángeles, a los que  ya escuchamos el día de Navidad con el himno “Gloria in Excelsis Deo” , cantando y elevando el himno de su gloria al tres veces Santo: “Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en el nombre del Señor. Hosanna en el cielo”.

Pidamos al Señor de la Paz y el Amor nos ayude a ser pescadores de hombre, y en estos momento tan difíciles que nos ayude a superar esta la pandemia que nos atenaza, que ayude a los que están luchando contra ella, que ilumine a los científicos para dar pronto con un remedio, que acoja a nuestros hermanos victimas del coronavirus, que nos ayude a superar el dolor de la separación;  y pidamos a nuestra Madre de la Esperanza que nos acoja bajo su amparo y que aparte de nosotros todo peligro y todo mal,  y que nunca perdamos la  esperanza.

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