FESTIVIDAD DE SAN SEBASTIÁN

Celebramos hoy el patrón de nuestro municipio y titular de nuestra parroquia, San Sebastián. Debemos tener presente que cuando la Iglesia celebra una fiesta de algún santo, de algún mártir, incluso de María, lo que realmente celebra es a Cristo, toda celebración es cristológica, tan solo que cuando son fiestas de santos, mártires o de María, lo que se celebra es la acción, la actuación de Cristo en ellos.

La acción de Dios en San Sebastián nos recuerda que quien ama de verdad al Señor, afronta toda clase de retos y dificultades, llegando incluso a dar su vida por Él y por sus hermanos. En cada mártir, la Iglesia reconoce, por una parte, la intervención de Dios por medio de su gracia, y por otra, que el martirio es la confesión de fe más grande que un cristiano pueda profesar.

San Sebastián es conocido en el arte como el Apolo cristiano, es uno de los santos más representados. Algunos ven en su representación iconográfica un paralelismo con un modelo corporal idealizado. Pero el paralelismo es teológico, algunos ven en su iconografía un paralelismo con Cristo atado a la columna, otros ven el paralelismo con la crucifixión y no por sus brazos atados, sino por la forma en cruz del árbol o columna donde estaba atado, las fechas representan a los clavos, o a las llagas, o ambos según su número.

Por los documentos Acta Martyrum y Passio Sancti Sebastiani, sabemos que San Sebastián sufrió martirio durante las persecuciones contra los cristianos en tiempos de los emperadores Diocleciano y Maximiano. San Sebastián llegó a ser capitán de la guardia pretoriana imperial de Roma. Cuidaba a los cristianos perseguidos y hacinados en las cárceles, llevando a cabo, en ese tiempo, “la cultura del cuidado” de la que habla el papa Francisco en su encíclica Fratelli Tutti; San Sebastián ya practicaba el cuidado de los unos de los otros, animaba y asistía a los encarcelados y condenados a muerte.  Al ser descubierto, las mismas autoridades que habían confiado en el por sus cualidades humanas, llegando incluso a darle la responsabilidad de la guardia pretorial imperial desconfiaron de su fidelidad y le encarcelaron, le condenaron a muerte, compartiendo los mismos sufrimientos que sus hermanos encarcelados haciendo patente lo que dice la carta a los Hebreos “Pues compartisteis el sufrimiento de los encarcelados” Sobrevivió a este martirio, pero desoyendo el consejo de quienes le invitaban a huir de Roma, el mártir continuó dando público testimonio de Jesucristo. Encolerizadas las autoridades por su actitud, le dieron muerte,  se solidarizó con los aquellos que cuidaba, animaba y asistía en las cárceles, como leemos en la carta a los Hebreos “ya sea cuando os exponían públicamente a insultos y tormentos, ya cuando os hacíais solidarios de los que así eran tratados”  No pudieron borrar el testimonio de su fe, que nos llega hasta el día de hoy, cumpliendo aquello que dijo Tertuliano “La sangre de los mártires es semilla de cristianos”  

Ante la muerte de San Sebastián no nos encontramos con un héroe, sino con un servidor de Jesucristo. El mártir actúa con serenidad y dominio porque la fortaleza de Cristo transforma su debilidad. La lectura del libro de Sabiduría nos dice; “La gente insensata pensaba que morían, consideraba su tránsito como una desgracia, y su partida de entre nosotros como una destrucción; pero ellos están en paz. La gente pensaba que cumplían una pena, pero ellos esperaban de lleno la inmortalidad” la muerte violenta de San Sebastián no es una desgracia, le hace participar de la vida en Cristo. Sostenido por el amor, no dudó en profesar la fe hasta su muerte, cumpliéndose en él aquellas palabras del Señor No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma” comprendiendo bien estas otras palabras del Señor: “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. Aunque saben que la fidelidad les acarrea persecución y muerte, los mártires confiesan a Cristo porque están llenos de su amor y se saben herederos de la vida eterna.

San Sebastián, tiempo atrás, era invocado para la protección en momentos de enfermedad y de muerte, cuando la humanidad era amenazada por alguna epidemia. Pidamos hoy a San Sebastián que interceda por nosotros, por nuestro pueblo y la humanidad en estos momentos de pandemia. Y que, al contemplar su vida y su testimonio creyente, no tengamos miedo a confesar con obras y palabras nuestra fe en el Señor y, acoger y cuidar fraternalmente a nuestro hermano.

Que San Sebastián interceda por nosotros. Feliz día de nuestro Patrón.

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