REFLEXIÓN. VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 14/02/2021

El texto evangélico de este domingo VI del Tiempo Ordinario, nos narra sobre la actitud de Jesús ante la marginación social y religiosa que representaba el drama de la lepra en el antiguo Israel. El evangelio de hoy es de esos textos que requiere conocer las creencias y costumbres de la época para poder percibir su significado. La prescripción del Levítico recogida en la primera lectura ofrece pistas suficientes para acercarnos y entender como obra Jesús.

En esta primera lectura del libro del Levítico habla de diversas formas de enfermedades de la piel: inflamación, erupciones, manchas, afección cutánea, úlcera … y el sacerdote decide si la persona es pura o impura, curable o incurable.

El leproso será marginado y vivirá fuera del campamento “Es impuro y vivirá fuera solo y tendrá su morada fuera del campamento”

Marcos nos presenta a un leproso, enfermedad grave de la piel que considera a quien la padece impuro y le obliga a vivir apartado, al margen de la sociedad.

Este leproso pide y suplica al Señor, rodilla en tierra y con humildad “Si quieres, puedes limpiarme”, que le cure. Jesús se conmueve e incumpliendo la ley, no tiene miedo a tocarle y le cura diciendo: “Quiero, queda limpio”

El sentido del tacto juega aquí un papel importante, nos invita a acercarnos, a hablar, a tocar al enfermo, al emigrante, al pobre, al necesitado que se alegra al sentirnos cercanos. Jesús quiso enseñarnos que su Padre no es un Dios que margina y que no excluye a nadie. Jesús no acepta una sociedad que excluya a los indeseables, a los descartados, no acepta la marginación como forma de existencia. La forma de reaccionar Jesús ante los excluidos nos ayuda a situarnos compasiva y solidariamente ante las personas que sufren la soledad, el rechazo y la exclusión.

 Pide al leproso sanado que no lo diga a nadie y que se presente ante el sacerdote para certificar que está limpio, que se ha curado, pues la curación se tenía que ser atestiguada oficialmente para que de esta manera pueda volver a tener una vida normal, para dejar de estar excluido.

Pero el sanado hizo caso omiso y se puso a pregonar el acontecimiento. Ahora se cambian los papeles, el excluido es “Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios” aunque la gente seguía acudiendo a él. 

El texto refleja y manifiesta la autoridad de Jesús sobre las leyes de la marginación. La acción de Jesús le devuelve su dignidad al leproso como persona. Cuando decimos que Jesús paso haciendo el bien no debemos imaginarnos que imponía su autoridad. Jesús predica la Buena Noticia, quiere que se cumpla la ley y evita todo triunfalismo. La finalidad de los milagros de Jesús no es afirmar su protagonismo sino, simplemente anunciar la eficacia del Evangelio. Jesús no quiere convertirse en un reclamo terapéutico o como sanador, él ha venido a anunciar el Reino de Dios.

En la segunda lectura escuchamos al Apóstol S. Pablo presentarse como seguidor de Cristo, rechazando todo protagonismo, “procuro contentar en todo a todos, no buscando mi propia ventaja, sino la de la mayoría, para que se salven” No busca su propio bien, sino el de los demás.

Seamos imitadores de Cristo como lo fue S. Pablo “Sed imitadores míos como yo lo soy de Cristo”

Feliz domingo y feliz semana.

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