III DOMINGO DE PASCUA

Tercer domingo de Pascua, en el evangelio, los apóstoles ven a Jesús y no le reconocen; “se abre su entendimiento” cuando comparte el pez asado, y escuchan que en él se ha cumplido lo previsto en la Escrituras. Jesús se manifiesta a los apóstoles de diversas formas. Ellos van convenciéndose de la resurrección cuando Jesús realiza signos que llevan a captar su presencia real. Jesús resucitado se reviste de aspecto corporal, realiza acciones concretas perceptibles por los sentidos, que conducen a la fe de los apóstoles que van perdiendo el miedo y anuncian que el crucificado vive, ¡sin miedo!

Las personas con poco conocimiento de la cultura antigua suelen decir que la conciencia del pecado es fruto de la mentalidad judeocristiana, que desea amargarle la vida a la gente. Pero la angustia por el pecado se encuentra documentada milenios antes en Babilonia y Egipto. Lo característico del Nuevo testamento es anunciar el perdón de los pecados gracias a la muerte de Jesús.

Las tres lecturas de este domingo tienen en común el tema del perdón de los pecados gracias a la muerte de Jesús. La primera lectura finaliza “Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados” En el salmo oiremos al alma que se siente perdonada “En paz me acuesto y en seguida me duermo, porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo”. La segunda empieza “Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: Jesucristo, el justo”. En el evangelio, Jesús dice que “en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos”

La lectura del libro de los Hechos, el segundo discurso de Pedro después de Pentecostés, proclama con claridad la fuerza del mensaje pascual: la muerte y resurrección de Jesús. La ocasión es la curación extraordinaria de un paralítico, alguien que está impedido. El texto pretende decirnos que la resurrección de Jesús hace posible que todas las imposibilidades ya sean estas físicas, psíquicas o morales, no sean impedimento para seguir el camino nuevo que se estrena tras la resurrección de Jesús. Pedro es el encargado del discurso dejando constancia de que ahora ya no tienen miedo para seguir a Jesús, ni ante las autoridades judías, ni ante las autoridades romanas. Pedro pone de manifiesto que el Dios de los Padres, el Dios de la Alianza, el Dios de Israel, es el que ha glorificado a Jesús, y no otro dios cualquiera. Y si quieren ser fieles a las promesas de Dios, el único camino es Jesús muerto y resucitado.

La segunda lectura, al igual que el domingo pasado, insiste en los mandamientos de Jesús para vencer al pecado. Uno de los problemas que la comunidad de Juan es la idea propagada por algunos de que quien conoce a Dios no ha pecado ni peca. Es un tema que aborda Juan con bastante pasión, “Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos” (1ª Juan 1,8) y hacemos pasar a Dios por mentiroso. Pero reconocer nuestro propio pecado no nos debe llevara a la angustia, porque tenemos a Jesús que intercede por nosotros.

La lectura del evangelio de hoy quiere enlazar con el evangelio del domingo pasado: “Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo”

Las enseñanzas que nos trae Lucas son las experiencias de la presencia de Jesús el crucificado, en la comunidad. El texto se puede dividir en dos partes, en la primera Jesús se aparece y da muestras de que es Él, la segunda es una breve catequesis sobre su pasión, muerte y resurrección.

El hecho de que Jesús comiese un trozo de pescado es una prueba para los discípulos, pero no lo es para nosotros lectores del evangelio en el siglo XXI, por eso Lucas añade la breve catequesis de Jesús que está dirigida a todos nosotros, en la que no pretende probar nada, sino explicar el sentido de su pasión, muerte y resurrección. Dando a entender lo que decían las escrituras, lo anunciado por Moisés, los profetas y los salmos; con lo que ilumina para nuestro entendimiento, el misterio de su muerte, que es para nosotros causa de perdón y salvación.

La frase final “vosotros sois testigos de esto” esta dirigida a todos nosotros, somos testigos de la expansión del evangelio entre personas que, como dice la primera carta de Pedro a propósito de Jesús “lo amáis sin haberlo visto”, Esta es la mejor prueba de su resurrección.

Feliz domingo y feliz semana.

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