XXVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 03/10/2021

Las lecturas acerca del matrimonio dominan la liturgia de este domingo vigésimo-séptimo del tiempo ordinario. La realidad del divorcio se ha penetrado tanto en nuestra sociedad, que afecta a muchas familias cristianas, es bueno recordar el ideal propuesto por el Génesis de la unión plena. Existen motivos para que los que sigan unidos den gracias a Dios, pedir por los que se encuentran en crisis y por los que han emprendido una nueva vida.

En la lectura del libro del Génesis leemos como Dios vio que no era bueno para el hombre la soledad, y decide hacer a alguien como el hombre para que le ayude “No es bueno que el hombre esté solo; voy a hacerle a alguien como él, que le ayude” Ninguno es superior al otro y están llamados a unirse y complementarse, esta unión cuenta con bendición de Dios, así la cantamos en la antífona del salmo “Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida”. En la lectura de la carta a los Hebreos, nos recuerda que Cristo, nos ha santificado por su muerte y resurrección, nos llama hermanos suyos, ya que también nosotros, como él, procedemos de Dios nuestro Padre “El santificador y los santificados proceden todos del mismo”. En el evangelio los fariseos ponen a prueba a Jesús ante la postura por el divorcio “¿Le es lícito al hombre repudiar a su mujer?” y porque Moisés permitió el divorcio.

La primera lectura, leemos parte del segundo relato de la creación. En el leemos como Dios ante la soledad del hombre le hace una compañera con la misma dignidad que el hombre. Dios no ha creado al hombre para vivir en soledad, sino en relación, en compañía. La compañía de los animales domésticos es buena, pero es insuficiente. Adán da a cada uno su nombre; con ello se quiere significar que ejerce dominio y señorío sobre ellos. Pero no basta y ambos se unirán y ya no serán dos sino una sola carne “¡Esta sí que huesos de mis huesos y es carne de mi carne!”  Esta unión vence la soledad del hombre y establece una relación plena, satisfactoria, regocijante, con quien es igual que él. Una unión que, vivida en todo su esplendor y belleza, unifica. Unifica las fuerzas de la inteligencia, que se orientan hacia la vida en común y familiar. Unifica las fuerzas de la voluntad, que acepta el querer de la persona amada y tiende a hacer el bien. Unifica el corazón, centrándolo en el otro.

Unifica las experiencias de la vida “Por eso abandonará el varón a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne”, que son vividas en referencia a la experiencia fundamental, que es la experiencia familiar cuyos frutos son los hijos, “renuevos de olivo” como leemos en salmo, es una unión que cuenta con la bendición de Dios.

La carta a los Hebreos, Jesús hermano de los hombres, por su pasión y muerte, nos lleva a su misma gloria y perfeccionamiento, llegando a santificarnos como el mismo “El santificador y los santificados proceden todos del mismo. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos”.  Es el Hijo que viene a ser nuestro hermano, se pone a nuestra altura, un poco inferior a los ángeles, para que sintamos la fuerza del hermano. Es el mismo Hijo de Dios y hermano nuestro que se compadece de nosotros y da vida por nosotros, haciéndose solidario con nosotros los hombres, sus hermanos.

En el evangelio los fariseos quieren probar a Jesús y ver su postura ante el divorcio. En la época de Jesús, existía dos escuelas o corrientes de pensamiento judío, una conservadora, la escuela de Shamai, que enseñaba que la única razón válida para el divorcio era el adulterio o la infidelidad. Y otra más liberal, la escuela de Hillel, que enseñaba que un varón judío podía divorciarse casi por cualquier causa. Los fariseos queriendo saber si Jesús apoyaba una u otra, le preguntaron si era permitido divorciarse por cualquier motivo y la razón por la que Moisés autorizó el divorcio. En el evangelio leemos la respuesta de Jesús: “Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto…”

Lo primero que el Señor aclara es que nunca estuvo en los planes ni en la voluntad de Dios el divorcio, pero que a causa de la dureza de los corazones Moisés reguló el divorcio en ciertas circunstancias, especialmente para protección de las mujeres.

De manera que Jesús, no apoya a ninguna de las corrientes, “lo que dios a unido que no lo separe el hombre”, con estas palabras Jesús da y eleva al matrimonio a la dignidad de sacramento.

Al final leemos como Jesús pone de modelo a los niños “de los que son como ellos es el Reino de Dios”, estos no tienen prejuicios, están abiertos a cualquier novedad, no están atados al pasado, a tradiciones, a enseñanzas, a saberlo todo. El niño es lo nuevo, el futuro, el adulto, es lo conocido, la experiencia, el pasado.

Que el Señor nos ayude a ser como niños y a participar del Reino de Dios.

Feliz domingo y feliz semana.

 

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