CONMEMORACIÓN DE LOS SANTOS DIFUNTOS 02/11/2021

Un día después de haber celebrado la Solemnidad de Todos los Santos, es el turno de la conmemoración de Todos los Fieles Difuntos, que complementa la fiesta de ayer.

En esta ocasión rezamos por aquellos que una vez acabada su vida terrenal se encuentran en estado de purificación. Este es el día en el que de una forma especial los sentimos más cercanos a nosotros, es un día en el que manifestamos que la muerte no es el final definitivo, sino que todavía permanecen entre nosotros y que su recuerdo los hace estar a nuestro lado. Ellos nos animan y nos estimulan en la vida que nos queda por vivir.

La primera lectura tomada del libro del Apocalipsis muestra la visión de la Ciudad Santa, la Nueva Jerusalén “vi un cielo nuevo y una nueva tierra”. El salmo no dice que es lugar donde la misericordia y la ternura de Dios son eternas y desaparecen las tribulaciones “tu ternura y tu misericordia son eternas”. Es la ciudad de la que seremos ciudadanos, la segunda lectura no revela que seremos transformados, glorificados por nuestro Salvador “Él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso”. El Evangelio ratifica el que está vivo y cree en Él, no morirá, y el que ha muerto vivirá “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”

Magnifico texto el que leemos hoy del Apocalipsis de San Juan. Todo es nuevo. La vieja creación ha pasado y se inaugura el reinado de Cristo. Nada malo queda, pues hasta la muerte ha sido finalmente vencida y todo está sometido al reinado de nuestro Dios “Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto, ni dolor, porque lo primero ha desaparecido”. Estos textos nos conducen a la esperanza y la alegría. Si hemos entendido bien el mensaje de Cristo, la Palabra de nuestro Dios, sabemos que el momento de la muerte es semejante a un nuevo nacimiento.

En la brevísima segunda lectura, San Pablo, no dice que seremos glorificados según el modelo de Nuestro Señor “según el modelo de su cuerpo glorioso”.

Leemos en el Evangelio el episodio de la resurrección de Lázaro, el cual volvió a la vida que ya había tenido, para volver a morir nuevamente un tiempo después. La resurrección de Cristo es definitiva: para nunca más morir. El revivir de Lázaro puede ser una imagen de la resurrección del propio Jesús, pero solo una pálida imagen.

Los apóstoles presentes en Betania, no entendieron lo que pasaba, lo descubrirían después con la Resurrección de Jesús. Le han visto morir, lo saben por el testimonio de Juan, de Nicodemo, de María, de María Magdalena…, y todos aquellos que aguantaron el drama a pie de cruz, y que asistieron a aquel apresurado entierro, y que regresaron a casa, viviendo el dolor de la muerte del ser querido.

Que en nuestra visita al cementerio no veamos en los restos que allí quedan que son nada, solo polvo, sino la gloria de Dios, donde todos los que dejaron este mundo conocido, están presentes y donde un día nos encontraremos con ellos.

Feliz día de los fieles difuntos.

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