SOLEMNIDAD MADRE DE DIOS 01/01/2022

Concluimos la octava de Navidad, ocho días de fiestas y de celebraciones por el nacimiento de nuestro Señor. La octava, la comenzábamos celebrando a Jesús, hijo de María, y la terminamos celebrando a María Madre de Jesús. Es la fiesta mariana más importante del año, todo lo que se pueda decir de María depende de un hecho, que no es otro que la vocación y llamada a ser Madre del Mesías, Madre de Nuestro Señor. Madre de Dios argumenta los demás dogmas marianos y todo lo que podamos decir de María.

Iniciamos un Año Nuevo y dejamos atrás otro año que aún, ha seguido y sigue el que comienza, marcado por la pandemia, que en estos últimos días nos tiene amenazados con la sexta ola. Comenzamos el año, como no puede ser de otra manera, y a pesar de la pandemia, con bendiciones y los mejores deseos. Coinciden en el día de hoy la celebración de María Madre de Dios, y la LV Jornada Mundial de la Paz cuyo lema este año es: DIÁLOGO ENTRE GENERACIONES, EDUCACIÓN Y TRABAJO: INSTRUMENTOS PARA CONSTRUIR UNA PAZ DURADERA.
La síntesis de las lecturas puede quedar de esta manera: comenzamos el año con bendiciones, la primera lectura sacada del libro de los Números, nos presenta la fórmula de bendición, y de la que sacamos “El Señor se fije en ti y te conceda la paz”. Una paz y salvación, que pedimos por la intercesión de María, para todos los pueblos, como cantamos en el salmo, “Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben” Celebramos que María, es verdaderamente la Madre de Dios, en la segunda lectura, en la carta a los Gálatas, nos dice s. Pablo, “nacido de mujer, nacido bajo la ley”, donde realza la humanidad y condición judía de Jesús. El evangelio, dice, que siguiendo las costumbres judías fue circuncidado a los ocho días de nacer y “le pusieron por nombre Jesús”, que significa Dios Salva.

“El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre tu rostro y te conceda la paz” Dios nos bendice y nos llama a bendecir, queremos que este año también sea bendecido por el Señor. Iniciamos el año, esperanzados, en presencia de Dios y acompañados de la mano de María, Madre de Nuestro Señor, pidiendo por la paz que es más que una ausencia de conflictos, es una experiencia humana de alegría, de plenitud, lo cantamos en la segunda estrofa del salmo “que canten de alegría las naciones”

En la carta a los Gálatas s. Pablo resalta la humanidad de Jesús “nacido de mujer” y su condición judía “nacido bajo la Ley” Nos subraya que hemos sido rescatados y liberados, que somos hijos libres, puesto que hemos recibido el Espíritu de Jesús y por tanto nos podemos relacionar con Dios como Jesús lo hacía, como Padre y exclamar como Jesús: “¡Abba Padre!”
El evangelio de hoy, que fue leído en la misa de pastores el día de Navidad, es la primera misa, después de la del Gallo, al deslumbrar el día, centremos nuestra atención en tres de los personajes del relato: los pastores, los admirados y asombrados, y María.

La lectura resalta que los pastores, los más sencillos, los más humildes, las gentes sin clase, los que no gozaban de estima social, son los primeros que, tras el anuncio del ángel, van a toda prisa a contemplar lo que el ángel les había anunciado, encontrando al niño según la consigna dada “acostado en el pesebre” Son ellos, a su vez, anunciadores que simbolizan al pueblo de Israel, que por fin reconocen a su Señor, glorifican y alaban a Dios por lo que han visto y oído. Causan admiración y asombro dando testimonio de lo que han contemplado.

El haber visto y oído, algo muy común en nuestros días, no lleva a la fe, los pastores vuelven a sus quehaceres cotidianos, son los oyentes de la parábola del sembrador que “han oído la Palabra, pero por los afanes y quehaceres de la vida no llegan a dar fruto”.
El asombro y la admiración es una reacción muy común en el evangelio, que no conduce necesariamente a la fe. En este relato, estos asombrados y admirados, son como los oyentes de la palabra del sembrador “al escuchar la palabra, la acogen con gozo, pero no echan raíces” Pero hay una excepción entre los oyentes asombrados, María que “conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”
María no se limita a asombrarse, sino que escucha con más atención, ella en la parábola del sembrador ejemplifica “a los que escuchan la palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen y dan fruto con perseverancia”. Por eso, María es  la persona de los relatos de la infancia que aparecerá durante el ministerio público de Jesús y en la Iglesia naciente. Aparecerá junto a los que oyen la Palabra de Dios y la cumplen, en Hechos aparecerá con la Iglesia naciente formando parte de la comunidad creyente que espera Pentecostés. De esta manera María se convirtió en modelo del creyente cristiano.
Pues como María, y con su intercesión, escuchemos la Palabra con corazón dispuesto, retengámosla y meditémosla perseverando en ella. Y pidamos también su intercesión por la paz en estos momentos en que el mundo vive, amén de la pandemia, una escalada armamentística, a nivel mundial, que no se recuerda desde la guerra fría.
Feliz Año Nuevo y que María, nuestra Madre, siempre nos acompañe.

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