V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 06/02/2022

Proseguimos caminando por este tiempo ordinario, que hoy nos trae, de la mano de Lucas, la llamada, la vocación, para lo cual pone el acento en Pedro. Vocación, como todas las vocaciones, que vienen de Dios. Y coincidiendo con el tema de la vocación, recordemos que este pasado miércoles día de la Candelaria y festividad de la Presentación del Señor, celebrábamos la Jornada Mundial por la Vida Consagrada, jornada que se viene celebrando desde el 2 de febrero de 1997, cuyo para este año es “Caminando juntos” haciendo referencia al sínodo sobre la sinodalidad en el que toda la Iglesia se halla inmersa.

Una síntesis de todas las lecturas de este domingo puede ser esta: La llamada y el envío a la misión no viene de nosotros, sino de Dios. Así lo leemos, en la primera lectura, la vocación del profeta Isaías a quien, a pesar de sentirse pequeño, Dios lo envía “Aquí estoy, envíame” Esto lleva a nuestro corazón a cantar, como lo hacemos en el salmo, “La gloria del Señor es grande” y a unirnos a los coros de los ángeles, a los serafines “¡Santo, santo, santo es el Señor del universo, llena está la tierra de su gloria!” Una experiencia de pequeñez parecida a la de Isaías la encontramos en el apóstol Pablo, que leemos en la segunda lectura, “por la gracia de Dios soy lo que soy” En el evangelio vemos como para Pedro, y el resto de los discípulos, Jesús es siempre una sorpresa, una novedad. Lo bueno de Pedro es que se fía de Jesús “puesto que tú lo dices, echaré las redes”
La semana pasada leíamos la vocación de Jeremías, hoy le toca el turno al profeta Isaías. Ser profeta no es una profesión, sino que es una vocación, una llamada. Dios los llama y ellos obedecen a la llamada. La vocación tiene una triple dimensión: una llamada que en el caso de Isaías es una visión, consagración con la que purifica los labios de Isaías mediante ascuas ardiendo lo que invita a cantar, como hacemos en la antífona del salmo “tañeré para ti” y hace acrecentar nuestra alma, así lo entonamos en una de las estrofas “acreciste el valor de mi alma”, la misión de Isaías es hablar al pueblo. “¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros? Contesté: Aquí estoy, mándame” Dios se revela para llevar adelante la salvación de la humanidad, y en este caso lo hace por medio de profetas, aquí lo hace por medio de Isaías.
En la segunda lectura, destacamos como Pablo nos da el centro del anuncio, el kerygma cristiano: yo os he transmitido lo que he recibido, que Cristo murió y resucitó y que se ha aparecido. Pablo hace de Jesús exaltado el motivo último de toda su misión y se reconoce agraciado por el don que Dios le ha concedido: anunciar a su Hijo. Pablo resalta que no es obra suya sino de Dios. “Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo”
El evangelio es el relato de la llamada y vocación de los discípulos. Lucas pone el acento en Pedro. Anteriormente, Jesús, había estado predicando por las sinagogas de Galilea y Judea, ahora cambia de escenario y predica al aire libre de manera más cercana a la gente. Entre ellos había gente que no pisaban las sinagogas, como recaudares de impuestos y prostitutas. Jesús provoca tal interés en la gente, que esta se agolpa para escucharlo “La gente se agolpaba junto a él para escuchar la palabra de Dios”
Antes el interés que provoca por su enseñanza, y ante el tumulto de la gente, Jesús se sube a una barca, no se trata de una braca cualquiera, Jesús vio dos barcas, no se sube a una barca, sino a la barca de Pedro y le pide que se aleje un poco de la orilla. Con este gesto destaca la importancia de Pedro que, junto con sus compañeros serán los continúen lo que hizo Jesús, la predicación de la palabra de Dios.
En la pesca milagrosa, ante la orden de Jesús de echar las redes, Pedro llama a Jesús jefe diciéndole que han estado faenando toda la noche sin pescar nada, dando a entender que resulta algo inhumano y absurdo “Jefe, hemos bregado toda la noche sin cobrar nada”. Pedro confía en la palabra de Jesús “pero, por tú palabra, echaré las redes” y consigue una pesca tan abundante que dificulta el arrastre, necesitando para ello la ayuda del resto de compañeros. Esto provoco asombro, estupor y admiración en Pedro y sus compañeros, entre ellos los hermanos Zebedeo: Santiago y Juan. La reacción de Pedro fue caer de rodillas, y desde ese momento no llama a Jesús jefe, sino Señor “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador” Esto nos recuerda la vocación de Isaías cuando dice al Señor que sus labios son impuros. Jesús confía a Pedro la misión: “No temas, desde ahora serás pescador de hombres” Y dejando todo, no solo Pedro, sino también lo demás, lo siguieron “Entonces, sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron”
La vocación no sigue esquemas humanos, sino que Dios se sirve de personas que dudan, que se saben débiles, pero que a su vez se dejan tocar por Jesús, por el Señor.
Dejémonos tocar por el Señor y ponernos a su servicio, al servicio de la misión.
Feliz domingo y feliz semana.

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