VIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 27/02/2022

Octavo domingo del tiempo ordinario, primera parte del tiempo ordinario del ciclo litúrgico que cerraremos el martes, para dar paso el miércoles, al inicio de la Cuaresma.

Este es un domingo donde las lecturas recogen textos, joyas de la sabiduría popular judía, en los que se recogen dichos populares y reflexiones sapienciales. Los textos nos hablan sobre la sensatez humana, sobre el buen juicio iluminado por la fe y sobre el buen criterio creyente, que llegan a alcanzar la categoría de Palabra de Dios.
La primera lectura, sacada del libro del Eclesiástico, sugiere que la maldad o la bondad provienen del corazón del hombre y por ello el hombre se prueba en su razonar “la palabra revela el corazón de la persona”.

En el salmo cantamos la antífona “Es bueno darte gracias, Señor” pues en debemos asentar nuestra vida, Él hace prosperar al justo, a las personas de buena voluntad. San Pablo, en la segunda lectura tomada de la primera carta a los Corintos, nos dice que lo que en esta vida es imperfecto y corruptible, se transformará en perfecto y eterno “Cuando esto corruptible se vista de incorrupción, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: La muerte ha sido absorbida en la victoria”.

Jesús en el Evangelio nos dice que antes de meternos a corregir a los demás, nos corrijamos a nosotros mismos y entonces podremos “ver claro para sacar la mota del ojo de tu hermano”.

La primera lectura, enmarcada dentro de los libros sapienciales o sabiduría judías, puede interpretarse al margen de una visión religiosa, y tendríamos un buen consejo extrapolable a todos: hay que cuidar lo que decimos, hay que ser prudentes en lo que comentamos, hay que medir las palabras. En relación con la lectura nosotros tenemos decimos cosas parecidas y semejantes: “somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras”; “por la boca muere el pez” o bien “el que mucho habla mucha yerra”. Según el texto, a las personas se las conoce por sus obras y por sus palabras, y nos invita a la escucha del otro, a no precipitarnos en el hablar. La necedad de las palabras, las torpezas de las expresiones y los juicios temerarios, ponen a prueba la calidad humana, pues unas palabras desafortunadas o hirientes desdicen de la persona que las pronuncia “cuando la persona habla, se descubren sus defectos”

La segunda lectura, San Pablo habla acerca de la muerte que es la meta final de toda la humanidad, esta aparece en la reflexión de todas las culturas y de todos los tiempos. No hay nadie, sea creyente o ateo, que no sepa que es mortal. Las falsas propuestas de algunas filosofías y sectas, no pueden evitar ni ignorar que somos mortales. Esto mismo tuvo que afrontar Pablo en la comunidad de Corinto. Pablo no rebusca en filosofías esotéricas ni en ritos mágicos, es más, podíamos decir que es tan grande su fe, que San Pablo, de modo sarcástico, se ríe de la muerte “¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?” La victoria sobre la muerte y sobre la corrupción es obra de Jesucristo. Él, es el motivo para que nuestra fe sea firme y no esté sometida a los vaivenes de las filosofías y sectas así lo cantamos en la última estrofa del salmo “mi Roca”. Somos mortales y estamos llamados a participar de la victoria de Cristo que nos reviste de inmortalidad.

En el texto nos encontramos con cuatro reflexiones sapienciales: la primera tiene que ver con los inexpertos maestros que entorpecen en vez de ayudar “¿Acaso un ciego puede guiar a otro ciego?” que nos invita a aceptar nuestras propias cegueras, nuestras propias insuficiencias, o bien que aceptemos que no lo podemos saber todo, que no lo podemos remediar todo, que no lo estamos solos en este universo.

En el evangelio del domingo pasado, Jesús se refería a la actitud ante los enemigos con cuatro órdenes: amad, hacer el bien, bendecid, rezad; en este domingo se refiere a la conducta ante los otros miembros de la comunidad, lo hace por mediante dos prohibiciones y dos mandatos. Jesús aparece hoy como un maestro de sabiduría, un maestro sapiencial, que enseñaba a saber estar en la vida, una perspectiva que no menoscaba ni anula su condición profética y mesiánica.

La segunda reflexión tiene que ver con los juicios temerarios, que son aun más graves cuando están marcados por la superioridad moral “¿Por qué te fija en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?” , en esta enseñanza nos viene a decir que no podemos ver siempre lo malo en los demás. No debemos pensar siempre que son los otros, los que se equivocan, los quieren protagonismo. El que sólo ve los defectos en su prójimo es que nunca se para y mira su propia vida. Jesús nos invita a mirar nuestra vida antes que la de nadie.

La tercera sentencia nos lleva al dicho conocido “por sus frutos los conoceréis” “Pues no hay árbol bueno que de fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno”; y la última, nos advierte que nuestras palabras reflejan, seamos conscientes o no, lo que realmente somos y pensamos; nuestras expectativas y nuestros juicios sobre la realidad y sobre las personas “porque de lo que rebosa el corazón habla la boca”.

Pidamos al Señor y por la intercesión de María, que nuestras palabras reflejen que el es nuestro Señor, rogamos también por la Paz.

Feliz y buen domingo. Feliz semana.

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