QUINTO DOMINGO DE PASCUA 15/05/2022

Quinto Domingo de Pascua, es un día que, si tuviéramos que ponerle un nombre sería el Domingo de la novedad, la novedad de la evangelización de los gentiles, la novedad de un cielo y una tierra nueva, la novedad de un mandamiento nuevo.

Este domingo escucharemos y recordaremos el mandamiento de Jesús y por el que nos reconocerán que somos sus discípulos. El amor es la señal de que los cristianos se tienen uno a otros, cuando amamos al que tenemos cerca nos reconocen como seguidores de Jesús, ser su discípulo es querer al otro como tal y como es, deseándole lo mejor, ayudándole y dejándonos ayudar por él.

En la primera lectura, Pablo y Bernabé, reúnen a la Iglesia que los envió a la misión para darles las novedades, y les cuentan lo que Dios había hecho por medio de ellos, “cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe”. Esa alegría de los frutos recogidos de la evangelización “Explicando tus hazañas a los hombre” la cantamos en la antífona del salmo “Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi Rey” El libro del Apocalipsis refleja esa novedad y ese impulso de la acción misionera de la Iglesia, pues afirma con rotundidad “Mira, que hago nuevas todas las cosas” El evangelio de Juan nos descubre que esa misión se lleva a cabo viviendo el mandamiento nuevo del amor “Os doy un mandamiento nuevo”
El libro de los Hechos de los Apóstoles, continua este domingo hablando de la pareja de misiones, Pablo y Bernabé, en el primer viaje misionero. Relata como de regreso a Antioquía vuelve tras sus pasos visitando y animando a las comunidades recién fundadas. En ellas establecieron responsables “designaban presbíteros” y destaca como novedad que la Buena Noticia, el Evangelio, ha pasado del ámbito judío a ámbito de los paganos. Muchos de los gentiles eran prosélitos o temerosos de Dios que no se incorporaban plenamente a la fe judía, pero la fe cristiana les ofrece por un lado el entronque con la fe judía a la que admiraban y por otro le abría la puerta a la salvación librándoles del peso de la Ley que tantas veces les impedía dar el paso definitivo de su incorporación a la sinagoga.
La lectura del Apocalipsis, nos presenta la novedad absoluta de la nueva creación “cielo nuevo y una tierra nueva” la visión cristiana de la historia que no acaba con la destrucción, sino con una nueva creación “todo lo hago nuevo” es la acción de Dios en la historia, en el mundo y en la humanidad. Se trata de la nueva creación por la que seremos todo en Dios, “Dios entre los hombres, y morará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y el ‘Dios con ellos’ (Enmanuel) será su Dios”. Nos recuerda la profecía de Isaías “Mira: la virgen está en cinta y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel”, a Jeremías “Y vosotros seréis mi pueblo, yo seré vuestro Dios” en la misma línea, mucho antes de los profetas el Levítico “Pondré mi morada en medio de vosotros, y no os rechazaré. Me pasearé en medio de vosotros y seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo” es una novedad que no es ajena al hombre, sino que está en continuidad con la historia.

El evangelio de Juan trae la novedad de un mandamiento nuevo, nos sitúa en el contexto de la última cena, nos recuerda al cuarto cantico del Siervo Sufriente de Isaías, que comienza con el triunfo “Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él”.

Nos sitúa ante una despedida anticipada “Hijitos, me queda poco que estar con vosotros”, donde Juan pone en boca de Jesús estas palabras que vienen a ser el testamento espiritual de Jesús. Es uno de los textos más contemplativos del Nuevo Testamento, es una visión trascendente, como si ya estuviese levantado en la cruz, exaltado en la gloria, ascendiendo al cielo. Es la relación de Jesús con el Padre, una glorificación mutua, de cercanía que tiene lugar por el amor. Es la glorificación del Dios por el hombre y del hombre por Dios, por Jesús. Esta gloria se hace realidad en el amor al hermano “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como y os he amado”. La gloria de Dios es que los hombres glorifican a Dios en el amor al hermano. La señal distintiva del cristiano no es un signo exterior, ni un credo, sino el amor desinteresado y arriesgado “En esto conocerán que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros
Pidamos al Señor que no nos fatiguemos de trabajar para que todos hombres sean y se amen como hermanos, también rogamos por la paz por la intercesión de María que nos trajo a Enmanuel.
Feliz domingo y feliz semana.

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