XX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO14/08/2022

XX Domingo del Tiempo Ordinario, Jesús no avisa del que el camino del cristiano no es fácil , si el domingo pasado nos invitaba a la vigilancia, en este pone el acento en la fortaleza que necesitaremos para ser coherentes con nuestra decisión de seguirle a Él en el camino.

Una breve síntesis de las lecturas: En la primera lectura, del profeta Jeremías, nos habla de su experiencia religiosa provocada por la Palabra que Dios le dirige. El mensaje que contenía le impulsaba a desvelar la realidad sin engaño y a proponer un cambio de actitudes en la relación con Dios y con los demás. “Hay que condenar a muerte a ese Jeremías, pues, con semejantes discursos, está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad y al resto de la gente” El salmo parce una oración del profeta dentro del pozo, así suena la antífona del mismo: “Señor, date prisa en socorrerme” La segunda lectura, de la carta a los Hebreos, nos invita a seguir nuestro camino, como una carrera en el estadio, “corramos, con constancia, en la carrera que nos toca” con los ojos fijos en Cristo Jesús, quien lo ha recorrido modélicamente. Jesús subraya que, por el hecho de seguir el camino de la fe, no deja de estar exenta de divisiones en una misma familia, porque la fe exige opciones radicales “¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división”

La primera lectura, del profeta Jeremías, es un ejemplo de como un profeta puede provocar contradicciones en la sociedad en la que Dios le manda hablar en su nombre. En los años anteriores al destierro a Babilonia fue cuando actuó Jeremías, durante los reinados de Joaquín y Sedecías. Cuando Dios le llamó al ministerio profético, sacándole de la tranquilidad de su vida den un pueblo pequeño cercano a Jerusalén, no contaba todavía con veinte años. Siendo de carácter pacífico, tuvo que pronunciar palabras de denuncia sobre la corrupción y la pérdida de la fe en su tiempo, cosa que no gusto mucho a las autoridades, sobre todo militares “está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad”, por lo que intentaron hace callar su voz. El rey Sedecías, que era débil, “Ahí lo tenéis, en vuestras manos. Nada puedo hacer yo contra vosotros” lo dejó a merced de otras autoridades que le enterraron en un pozo sin agua, lleno de fango. Jeremías hundido en el fango del pozo es un símbolo de lo que fue toda su vida. Pero el valiente siguió hasta el final proclamando la voluntad de Dios. Tuvo momento en los que estuvo tentado de dimitir como profeta, pero no lo hizo.

El salmo parece toda una oración en boca del profeta que confía en el Señor: “Me levantó de la fosa fatal, de la charca fangosa […] Yo soy pobre y desgraciado, pero el Señor se cuida de mí”

La segunda lectura, de la carta a los Hebreos, después de proponer, el domingo pasado, Abraham y Sara como modelos de fe, este domingo alude a una cantidad ingente de testigos que nos miran “Teniendo una nube tan ingente de testigos”, como en un estadio la multitud contempla la carrera de los atletas. El autor de la carta nos invita a que corramos animados por tantos testigos hacia la meta “corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba”. Los espectadores del estadio son los creyentes de todos los tiempos que han corrido esa carrera y ahora nos animan a nosotros a perseverar y acabar el recorrido. Pero sobre todo nos pide que nos fijemos en el que corre delante de nosotros, Cristo Jesús, que superó todas las dificultes, incluso la muerte en cruz “fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz”

En el evangelio, Jesús nos sorprende con lo que nos dice con imágenes muy expresivas. No he venida a traer paz sino guerra, y a prender fuego “He venido a prender fuego a la tierra” Jesús viene a transformar, cambiar, purificar el mundo, y nos avisa que esto va a dividir a la humanidad: unos le van seguir y otros no. En la primera lectura; Jeremías provocó división, porque pronunció palabras exigentes. Jesús, que había venido a reunir a los hijos de Dios dispersos, se convierte también, como ya anunciara el anciano Simeón a María y José en el Templo, en signo de contradicción. “¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división” Por supuesto de Jesús quiere la Paz, ha venido a reconciliar al hombre con Dios, a los hombres entre sí y cada hombre consigo mismo. Ha venido a reunir a los hijos dispersos, no a dividir. Pero se ve que hay dos tipos de paz, y de las dos hay un tipo de paz que él no quiere: la paz perezosa, hecha de compromisos, la paz de los que se instalan cómodamente y no se deciden a seguir caminos exigentes.

Cuando habla de fuego, no se trata de un fuego que devasta los bosques, sino del fuego de un amor decidido, de una entrega apasionada como la de Él. Si en nuestro seguimiento de Jesús sólo buscamos la paz y consuelo para nuestros males, o la garantía de obtener el favor de Dios, es que no hemos entendido sus intenciones más profundas.

El Evangelio, la fe, a parte de ganarnos la antipatía de algunos, pues ser fieles a Jesús nos produce en algunas ocasiones conflictos, incluso en la misma familia, en nuestro entorno social más próximo. El Evangelio, la fe, intenta transformar nuestras vidas.

Mantengámonos siempre perseverantes y fieles al Evangelio, a pesar de los conflictos que nos pueda acarrear ser seguidores de Jesús.

Feliz domingo y feliz semana.

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