SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓNDE LABIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA 15/08/2022

Celebramos hoy la Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, una de las fiestas más populares, una de las fiestas marianas que más han calado el pueblo cristiano. Nos alegra el verano y es la fiesta mayor en muchas poblaciones de nuestra geografía.

Se trata de una celebración muy entrañable, con gran carácter social, muy humana y cristiana que la Iglesia dedica a la Virgen María, que aparece como modelo de lo que es y de lo que espera ser toda la comunidad cristiana. Fiesta contagiosa de esperanza para toda la Iglesia. En ella celebramos la glorificación y el triunfo de María, con la certeza de que, al final de su vida no conoció la corrupción del sepulcro, sino que fue asunta inmediatamente al cielo. Al ser celebrada por nuestros hermanos de las Iglesias anglicana y ortodoxa, es una fiesta que podemos considerar ecuménica.
En la primera lectura, del libro del Apocalipsis, observamos símbolos propios de esta advocación mariana: “Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida del sol y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza”. En el Salmo, resalta la figura de una mujer, presente en el triunfo de Dios, aplicado a la Virgen María, cantamos la antífona “De pie a tú derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir”. La segunda lectura, de la Carta a los Corintios, presenta a Jesucristo como primicia de lo que nos espera “Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos”, de lo goza en plenitud la Virgen María, como predecesora. El Evangelio de San Lucas, María, nuestra Madre y hermana en la fe entona el Magníficat: “el poderoso ha hecho obras grandes en mi”.
La fiesta de la Asunción presenta como tres niveles o momentos de la glorificación o victoria sobre la muerte: primero Jesucristo, luego María, y por último la nuestra. De las tres las dos primeras, la de Cristo y María, ya están consumadas, la nuestra se está consumando y la contemplaremos al final de los tiempos.
En la segunda lectura S. Pablo habla acerca de la victoria del Señor Resucitado, que es el punto culminante del plan salvador de Dios. Él es la primicia “Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos”, el que triunfa plenamente de la muerte y del mal, pasando a la nueva existencia, como un segundo y definitivo Adán que corrige el fallo del primero y conduce a la nueva humanidad a la salvación “Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida
La glorificación de María, que, como primera seguidora de Jesús, la primera cristiana y la primera salvada por su Pascua, participa ya de la victoria de su Hijo, ella es también elevada a la gloria definitiva en cuerpo y alma. Ella, que supo abrirse totalmente a Dios, que le alabó con su Magníficat “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava” y le fue radicalmente dócil en su vida respondiendo con un sí total a su vocación “hágase en mis según tu palabra”, es ahora glorificada y asociada a la victoria del Hijo. Ella estuvo siempre con Jesús, en su nacimiento, en su vida, al pie de la cruz y en la alegría de la resurrección.

Ella se dejó llenar del Espíritu desde la concepción, y luego en su maternidad y en el acontecimiento de Pentecostés “Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mi: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”

Finalmente fue glorificada como primer fruto de la Pascua de Jesús, asociada a su victoria en cuerpo y alma, gozando ya para siempre junto a Él.
Por último, es también nuestra victoria, porque el triunfo de Cristo y de su Madre se proyecta a la Iglesia y a toda la humanidad “Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza”. En María se condensa nuestro destino. Al igual que su sí fue como representante del nuestro, también el sí de Dios a ella, glorificándola, es un sí a todos nosotros: nos señala el destino que Él nos tiene preparado, que ya está aquí pero que aún no se consumado.
La Virgen es figura y primicia de la Iglesia, que un día será glorificada: ella es consuelo y esperanza del pueblo, que todavía peregrina en la tierra.
Damos gracias a Dios por la PEJ (peregrinación europea de juventud) a Santiago que concluyó el pasado lunes 8 de Agosto. ¡Guíanos a todos a amar, adorar y servir a Jesús, fruto bendito de tu vientre, oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Amén.
Feliz día de la Asunción y feliz semana.

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