XXI Domingo Del Tiempo Ordinario 21/08/2022

En este Domingo XXI del Tiempo Ordinario, Jesús mismo, en el Evangelio, nos recuerda que va camino de Jerusalén. Si hace dos domingos nos invitaba a la vigilancia, y el pasado a la coherencia en nuestro camino, en este suena la pregunta ¿son muchos los que se salvan?

Una breve síntesis de las lecturas puede quedar así: La primera lectura, tomada del profeta Isaías, al igual que Jesús en el Evangelio, nos dice que vendrán a sentarse en la mesa del Reino muchos que no pertenecen a la raza judía, la salvación es universal “Y de todas las naciones, como ofrenda al Señor, traerán a todos vuestros”

En consecuencia, nos encontramos con el Salmo que tiene un gran carácter misionero “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.” La segunda lectura, de la carta a los Hebreos, trata de animar en su fe a algunos cristianos que se encuentran desanimados por dificultades tanto internas como externas “fortaleced la manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes”

En el Evangelio, Jesús siguiendo la línea de la primera lectura, ante los judios que se creían privilegiados les dice que “Vendrán de oriente y occidente, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios”

La primera lectura, del profeta Isaías, anuncia la salvación universal, asegura que el Señor vendrá “vendré para reunir a las naciones de toda lengua […] a las costas lejanas que nunca oyeron mi fama ni vieron mi gloria” De todos los países vendrán con ofrendas “hasta mi santa montaña de Jerusalén” y de entre ellos también dios elegirá “También de entre ellos escogeré sacerdotes y levitas” nadie quedará excluido del Templo. La salvación no es exclusiva del pueblo judío, por ese motivo cantamos en una de las estrofas del cortísimo salmo “Alabad al Señor todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos” 

En segunda lectura, de la carta a los Hebreos, Dios permite muchas cosas para “Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor, ni te desanimes por su reprensión; porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos”. Estas dificultades las tenemos que tomar como correcciones que un padre permite para que sus hijos maduren mejor “¿qué padre no corrige a sus hijos?”, es como el viñador que poda la vid y la cuida para producir mejor fruto, y si el fruto es malo la arranca.  Por difícil que resultara ser cristiano en los tiempos de la carta, y en los actuales, la recomendación es positiva “Ninguna corrección resulta agradable, en el momento, sino que duele; pero luego produce fruto apacible de justicia a los ejercitados en ella.”

En el Evangelio, Jesús toma pie para sus enseñanzas por medio de una pregunta espontánea de alguno de sus oyentes.

A la pregunta “Señor, ¿son pocos los que se salvan?” la respuesta no parece muy optimista: “Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán” Los judios se tenían como privilegiados, por pertenecer al pueblo elegido por Dios.

Pero Jesús relativiza esa seguridad, porque si no viven conforme a esa pertenencia y esa Alianza, se exponen a “No sé quiénes sois” Mientras que otros que no pertenecen a la raza y pueblo de Abrahán, vendrán de Oriente y Occidente y se sentarán en el Reino de Dios.

La pregunta nos la podemos hacer también nosotros hoy ¿son muchos los que se salvan? ¿son pocos? ¿qué tengo que hacer para salvarme? O mas bien la pregunta que engloba a todas ¿qué pasará en el más allá?, el que hizo la pregunta a Jesús tenía la idea de que sólo se salvan los judíos, tal vez nos ocurra los mismo a nosotros por el hecho de ser cristianos, o por ser practicantes, por cumplir unos rezos o prácticas de devoción.

La respuesta de Jesús es que Dios quiere la salvación de todos. No sólo del pueblo de Israel, el pueblo elegido, sino de todos, como dice en otro texto, en la primera carta de Pablo a Timoteo, muy propio “Dios, nuestro Salvador, quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad

Jesús nos dice que hay que saber conjugar la misericordia universal de Dios con la exigencia de la respuesta personal. No quiere llevar a engaños a nadie. Lo vale cuesta. Dios quiere salvarnos, pero con la condición de dar una respuesta clara de fe y de una vida de acuerdo con la fe.

No nos da recetas fáciles para salvarnos, nos habla de puerta estrecha y en ocasiones cerradas “entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera” Jesús nos habla del riesgo de quedarnos fuera, su respuesta no nos resulta cómoda, el Reino no es un coladero fácil, la salvación no se gana fácilmente, requiere esfuerzo. La misericordia infinita de Dios se conjuga con nuestra respuesta de amor.

Esforcémonos en entrar en el Reino, firmes en la fe, demos la nuestra respuesta de amor a la infinita misericordia de Dios.

Feliz domingo y feliz semana.

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