XXX Domingo Del Tiempo Ordinario

23/10/2022

 Celebramos este domingo XXX del Tiempo Ordinario el Domund, Domingo Mundial, cuyo lema para este año es “Seréis mis testigos” y para este evento acogemos en nuestra parroquia la Eucaristía y Vigilia Misionera de nuestro arciprestazgo, que celebraremos junto al arciprestazgo de Álora. Damos gracias a Dios por los recientemente ordenados, ocho diáconos, de los cuales siete son permanentes, número muy simbólico, pues siete fueron los primeros llamados para este servicio; y un seminarista camino del sacerdocio completa el número de los ordenados. Es una gran alegria para nuestra diócesis. El pasado domingo Jesús nos instruía sobre la oración, este domingo sigue enseñándonos sobre el mismo tema, poniendo el acento sobre las disposiciones interiores necesarias para orar bien y ser escuchados, en la actitud humilde que hemos de tener ante Dios. Para ello Jesús se sirve de una parábola que compara la actitud de dos personas que oran. Vamos a escuchar como Dios tiene debilidad y preferencia por los que sufren, por todas aquellas personas que piden con lágrimas, con dolor, con verdadera necesidad.

Una síntesis de las lecturas puede ser esta:  La lectura del libro del Eclesiástico, también llamado Sirácida por su autor Jesús Ben-Sirá nos enseña que Dios tiene predilección por los pobres y humildes “La oración del humilde atraviesa las nubes” El salmo insiste en esta predilección “El Señor está cerca de los atribulado”, es un salmo dirigido sobre todo a animar a los humildes. Si la primera lectura habla de los gritos del pobre, el salmo también se hace eco de esos gritos. Y S. Pablo, ya en el final de la segunda carta a Timoteo, expresa su confianza en que Dios no le abandonará. Como no le ha abandonado durante a largo de su azarosa vida de apóstol “me está reservada la corona de la justicia” Lucas trae un relato muy contundente con tres de sus temas más recurrentes: misericordia, los excluidos y la oración “dijo esta parábola a algunos que se confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás”

La lectura del libro del Eclesiástico afirma que Dios es justo y no puede ser imparcial, es un juez justo que hace justicia al pobre “escucha la oración del oprimido” y que los gritos de los pobres llegan a Él y no se mantiene neutral, ecuánime ante la injusticia y las suplicas de los oprimidos “No desdeña la súplica del huérfano, ni a la viuda cuando se desahoga en su lamento”  Ante la pobreza, la opresión y la injusticia hay necesidad de orar con humildad, y la humildad inexorablemente va acompañada de la confianza. El que ora con humildad, puede estar seguro de ser escuchado, es lo que cantamos en la antífona del salmo “El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó”

La segunda lectura es la conclusión de la segunda carta de Pablo a Timoteo, y se relaciona con el tema de la oración de dos modos. En primer lugar, Pablo expresa su confianza en Dios “El Señor me librará de toda obra mala y me salvará llevándome a su reino celestial se encuentra en la cárcel, su vida está amenazada, está a punto de ser condenado a muerte. Sin embargo, no pierde la confianza en Dios, sabe que el Señor le librará. En segundo lugar, corresponde a la oración cristiana, así lo expresa Pablo “nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron” adoptando una actitud de indulgencia incluso con aquellas que se muestran indiferentes y hostiles, Pablo tenía derecho a ser defendido, pero nadie intervino en su favor y no se lo tiene en cuenta “¡No les sea tenido en cuenta!”  

 En el Evangelio Lucas, Jesús nos cuenta una parábola que compara la actitud de un fariseo y publicano ante la oración. Sus actitudes contrastan por complete entre sí, el fariseo está de pie; el publicano, en cambio, se mantiene a distancia, ni siquiera se atreve a levantar los ojos al cielo y se da golpes en el pecho.

El fariseo está lleno de si mismo y da gracias a Dios por no ser como los otros “fariseo, erguido, oraba así en su interior: ¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano” con esta actitud se cree que es grato a Dios. Seguidamente le expresa a Dios sus méritos: ayunos, diezmos, … pensando que de este modo será escuchado por Dios.

Sin embargo, el publicano no hace una oración larga, sino humilde, se golpea el pecho “se golpeaba el pecho diciendo: ¡Oh, Dios! ten compasión de este pecador” a lo que Jesús concluye “Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” La ración del fariseo, a diferencia con la del publicano, no había sido agradable a Dios.

Se trata de dos actitudes religiosas muy diferentes. Jesús nos pone en guardia contra la tentación de orar como un fariseo, que presume de ser justo y desprecia a los otros. Si queremos que Dios nos escuche hemos de estar llenos de misericordia, de bondad y de compresión por los otros, no separados de ellos, sino presentarnos antes Dios junto a ellos, puesto que Dios quiere perdonar y acoger a todos sus hijos.

Al final Jesús dice: “Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” Si una persona se llena de si misma, se cierra a Dios, no hay lugar en ella la gracia de Dios, solo hay sitio para la complacencia en sí misma. En cambio, el que es humilde, el que reconoce sus propias debilidades y sus propias culpas, está disponible a la misericordia de Dios. Imitemos al publicano que se acerca a Dios con humildad.

Feliz domingo, día del Señor, y feliz semana.

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