XXXII Domingo Del Tiempo Ordinario

06/11/2022

El año litúrgico se encamina hacia su término y en este XXXII Domingo del tiempo Ordinario la liturgia nos habla de resurrección y nos invita a centrar nuestra mirada en ella. Dios nos ha dado una gran esperanza, un gran consuelo que nos ayudará a mantenernos firmes en medio de las dificultades. Jesús ya ha llegado a Jerusalén, y las escenas suceden ahora en estos últimos domingos del año litúrgico en el Templo y en la ciudad Santa.

Una posible síntesis de las lecturas puede ser esta:  La primera lectura, del segundo libro de los Macabeos, presenta la fortaleza de aquella madre y sus siete hijos,  que en momentos difíciles, muestran su fe hasta el extremo de dar su vida, pues tiene fe en la resurrección y en la otra vida “Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se tiene la esperanza de que Dios mismo nos resucitará”   El salmo son las palabras de un creyente que está sufriendo por su fe y espera la ayuda de Dios, en una de sus estrofas cantamos “Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío” Pablo quiere que los tesalonicenses tengan consuelo ante las dificultades y que sigan esforzándose en ser fieles a su fe “nuestro Padre, que nos ha amado y nos ha regalado un consuelo eterno y una esperanza dichosa, consuele vuestros corazones y os dé fuerza para toda clase de palabras y obras buenas” Y Lucas, en el Evangelio, trae la enseñanza de Jesús sobre la fe en la vida futura y la resurrección “No es Dios de muertos, sino de vivos”

El Libro de la Sabiduría nos ofrece una reflexión sobre la grandeza de Dios “Señor, el mundo entero es ante ti como un grano en la balanza, como gota de rocío mañanero sobre la tierra” Y a la vez su misericordia “Pero te compadeces de todos, […] no aborreces nada de lo que hiciste” Resalta que Dios perdona a todos “Pero tú eres indulgente con todas las cosas, porque son tuyas, Señor, amigo de la vida” a los que necesita corrección, lo hace con tolerancia y amor. Dios fuente de amor, Dios fuente de conversión, Dios fuente de generosidad, son una imagen de Dios que siempre debemos conservar en nuestras mentes y en nuestros corazones. El salmo confirma esta imagen de Dios, que no solo aparece en este salmo sino en varios de ellos “El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas” confirmando que Dios es amor, compasión y misericordia y por eso pone a todos los hombres en el camino de la esperanza.

La primera lectura nos muestra como en tiempos de la persecución llevada a cabo por Antíoco IV durante la época de los macabeos, dos siglos antes de que naciera Jesús, algunos mártires tuvieron una gran fe en la resurrección.

La fe en la vida futura aún no había sido descubierta por los judios, sus creencias eran similares a la de los pueblos de alrededor, pero su relación con Dio, los lleva a creer que esta relación e intimidad con Dios durante la vida no se podía perder o agotar de manera definitiva tras la muerte. Algunos salmos como por ejemplo el 15 que dice “No me estregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción” y episodios extraordinarios como la ascensión de Elías van conformado la esperanza y la fe, en una vida plena junto a Dios, en la resurrección.

 Esta esperanza se va manifestando poco a poco y se manifestó de manera particular en este periodo de la historia del pueblo judío durante la persecución antes nombrada. Antíoco IV pretendía imponerles a los judíos los usos y costumbres griegos prohibiendo las judías.

 Muchos judíos resistieron de manera heroica, y este es el caso de los siete hermanos, arrestados junto a su madre, fueron torturados «Estamos dispuesto a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres» Lo que les mantiene firmes en su lucha contra el torturador era su fe en la resurrección «el Rey del universo nos resucitará para una vida eterna». Estos hermanos sabían que debían de morir, pero tenían la convicción de que Dios les había compensado con una resurrección gloriosa. Si morían por amor a Dios, no era posible que Él no interviniera en su favor, dándoles la vida eterna. El salmo precisamente es un canto de alguien que sufre por su fe, siendo la antífona expresión de la fe en la otra vida “al despertar me saciaré de tu semblante, Señor”

Pablo en la segunda lectura, nos muestra cómo prepararnos para la resurrección. Pablo desea a los tesalonicenses que Cristo y Dios Padre, que les ha regalado un consuelo permanente y una gran esperanza, les consuele internamente y les de fuerzas para toda clase de palabras y obras buenas “consuele vuestros corazones y os dé fuerza para toda clase de palabras y obras buenas”. Este consuelo permanente se encuentra en la certeza de la resurrección final. La gran esperanza es la esperanza en la resurrección que conforta sus corazones y les confirma en la fe. Pablo les habla que a pesar de la persecución de la que es objeto y que padece, a pesar de todos los obstáculos, sigue adelante con una gran confianza y esperanza inquebrantable convencido que el amor de Dios prevalecerá al final “El Señor, que es fiel, os dará fuerzas”. El amor de Dios manifestado por Jesús en su pasión y resurrección nos promete también a nosotros la resurrección, la plenitud de vida y alegría en la presencia del Señor.

Lucas en el Evangelio muestra a un grupo social, el de saduceos, perteneciente a las clases altas de la sociedad judía, que no creían ni en la otra vida, ni en la resurrección. Son estos lo que hacen a Jesús una pregunta trampa manifiestamente exagerada, sobre los siete hermanos que se casan sucesivamente con la misma mujer a medida que van muriendo sin dejar descendencia tal y como mandaba la ley del levirato. La pregunta es cuando llegue la resurrección ¿de cual de ellos será la mujer? “Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer” La respuesta de Jesús sorteando hábilmente la ridícula pregunta, afirma, ante todo, la fe en la vida futura y la resurrección.

Además, les recuerda que, en la otra vida, como no pueden morir, ya no se casarán, es decir el matrimonio ya no tienen el sentido y función para lo que fue creado, porque todos son hijo de Dios, como ángeles y participan de la resurrección “no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección”. Jesús apoya esta afirmación en la ley de Moisés, como también lo habían hecho anteriormente los saduceos, Jesús elige el pasaje donde Moisés llama al Señor “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob” Dios es de vivos, “No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos”.

Feliz domingo, día del Señor, y feliz semana.

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