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V Domingo del Tiempo Ordinario

02/08/2026

Este V domingo del Tiempo Ordinario coincide con la campaña de Manos Unidas, cuyo lema es “Declara la guerra al hambre” y como la luz que disipa las tinieblas y sal que preserva la vida, estamos llamados a ser cauces de la caridad divina para declarar la guerra al hambre, transformando nuestra existencia en un sacrificio vivo que devuelva la esperanza y la dignidad a los más vulnerables.

Ser sal de la tierra y luz del mundo es el resultado de una fe que confía en el poder de Dios y se traduce en obras concretas de amor hacia los más pobres y desamparados.

En nuestra realidad cotidiana, rodeados de prisas y, a veces, de un asfalto que parece enfriar el corazón, muchos podemos sentirnos como sonámbulos del corazón. Caminamos haciendo muchas cosas, pero a veces la vida nos sabe regular, como una comida sin sal, o nos vemos envueltos en la oscuridad de las preocupaciones, el paro o la soledad. Hoy Jesús nos revela nuestra verdadera identidad: “Vosotros sois la sal… vosotros sois la luz”. No es algo que seremos en el futuro, sino lo que ya somos si dejamos que el Espíritu de Dios actúe en nosotros.

Jesús utiliza dos imágenes sencillas de la vida diaria para explicarnos el Reino de Dios. La sal cumple dos funciones: da sabor y preserva de la corrupción. Como cristianos, estamos llamados a evitar que nuestra sociedad se deshumanice y a dar un gusto diferente a la existencia a través de la bondad y la alegría. Por otro lado, la luz no existe para brillar por sí misma, sino para que otros vean por dónde caminan y no tropiecen.

En la segunda lectura, san Pablo nos confiesa algo muy íntimo: él no llegó a Corinto con discursos sabios ni gran elocuencia, sino “débil y temblando de miedo”. Esta es una gran noticia para nosotros cuando nos sentimos cansados o insuficientes. La verdadera espiritualidad del discípulo no se apoya en sus propias fuerzas, sino en el poder del Espíritu Santo. En nuestra oración personal, debemos preguntarnos: ¿estoy dejando que la luz de Dios ilumine mis propias heridas para que Él las cure y me convierta en un faro para otros? La luz del cristiano es, en realidad, la luz de Cristo reflejada en un corazón que se sabe amado y perdonado.

El profeta Isaías nos da la hoja de ruta para que nuestra luz brille de verdad: “Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, cubre al desnudo y no te desentiendas de los tuyos”. En nuestra vida diaria, en lo cotidiano, esto se traduce en no mirar para otro lado ante el vecino que sufre o el forastero que busca acogida.

No se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para que alumbre a todos los de casa. Dios no quiere que seamos lumbreras famosas, sino que iluminemos los rincones sencillos de nuestra familia, nuestro trabajo y nuestro barrio.

Que la Virgen María, que nos toma de la mano para hacer el bien, nos ayude a ser testigos alegres de la luz de su Hijo.

Feliz domingo día del Señor, feliz semana.

Fiesta de la Presentación del Señor

La Candelaria 2026

Hoy celebramos la fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo, conocida popularmente con el nombre de la Candelaria o Purificación de María. Esta fiesta es una prolongación de la Navidad, pero también es una proyección, que anuncia y presagia la pasión, “y a ti misma una espada te traspasará el alma”, de ahí las imágenes de las dolorosas.

En nuestra comunidad parroquial es una fiesta con gran tradición, de cuya preparación se encarga el grupo parroquial Virgen de la Candelaria. Estos se encargan de organizar la presentación de los niños, procesión, fuego, roscas de pan.

La raíz de la fiesta es que, a los cuarenta días de su nacimiento, Jesús fue llevado por María y José al Templo, como prescribía la ley judía, para ofrecerlo a Dios y rescatarlo dejando en su lugar una ofrenda, dejando en su lugar, como eran pobres, un par de tórtolas o dos pichones. También, como prescribía la ley judía, la purificación de mujer después de la cuarentena, de ahí en nombre que tenía: Purificación de María.

Lucas en el Evangelio presenta el sentido de esta fiesta: el encuentro del Mesías, siendo un bebé en brazos de su Madre, con el pueblo. Simeón y Ana representan al pueblo. En la tradición de nuestra comunidad se escenifica este hecho, durante la procesión de la Virgen de la Candelaria, una niña porta al Niño de Dios, al Jesús niño, presentándolo a pueblo, que es ahora como Simeón y Ana. 

Antes de Concilio se remarcaba, en esta fiesta, el cumplimiento de la Ley judía por José y María, para rescatar al primogénito y purificar a la madre, de ahí nuestra tradición de presentar los niños en este día.

Esta fiesta nos recuerda como Dios protege a los primogénitos del pueblo hebreo esclavo en Egipto en la última plaga, los primogénitos egipcios mueren y el faraón termina doblegándose y dejara en libertad a los hebreos, trae a memoria la pascua judía, el paso de la esclavitud a la libertad, pero también nos anuncia la pasión, anteriormente hemos dicho que en cierto modo clausuraba la Navidad, ahora en cierto modo inaugura la pasión, cuyo desenlace es la resurrección, la pascua cristiana, el paso de la muerte a la vida “Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción, y a ti misma una espada te traspasará el alma, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones”.

En nuestros días la fiesta se centra en el hecho de que Jesús, Hijo Primogénito, fue presentado al Padre, donde la figura de María tiene un papel esencial, portadora de Cristo. Cristo es la luz del mundo. “Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel” Si Cristo es la Luz, María es el candelero que sostiene y levanta al Niño, para que alumbre a todas las naciones como canta Simeón.

La sabiduría popular llamó a este día la Candelaria. Es María quien lleva al Niño al templo y la que nos lo presenta como Luz del mundo. María quiere que nuestra atención se centre, no en ella, sino en el Niño, ella siempre nos conduce a Jesús y pide, como lo hizo en las bodas de Caná de Galilea, “Haced lo que Él os diga”. Solo Jesús es la luz que nos guía y señala el camino.

La tradición de las roscas de pan que se ofrecen durante la celebración de esta fiesta nos dicen que está fundada en una leyenda de una niña perdida, cuidada y alimentada con pan por una mujer, a que la niña identificó con la Virgen de la Candelaria; otros, sin embargo, hablan de la gran actividad panadera de antaño de  nuestro municipio que suministraba de pan a la capital y pueblos de alrededor, otros de la caridad y generosidad de las familias que podían, y que donaban pan a sus vecinos en momentos de hambruna y  de miseria.

Pero, este gesto de la ofrenda del pan, tiene un significado y un sentido más profundo y espiritual, esa misma Luz del Mundo es también Pan de Vida, el Pan bajado del cielo que se ofrece a sí mismo “Yo soy el pan de vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá nunca sed”; sin olvidar al pan material que pedimos, para nosotros y para los demás, en el Padre Nuestro cada vez que decimos “Danos hoy nuestro pan de cada día”, aunque es cierto que muchos cuando están saciados se olvidan “…vosotros me buscáis no por haber visto los milagros, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad no por el alimento que perece sino por el que perdura hasta la vida eterna…”

Hoy se celebra también el día de la vida consagrada, pidamos por la fidelidad de los consagrados y por el aumento de vocaciones.

Aprendamos de María, seamos portadores de Jesús, llevemos su Luz por el mundo entero, alumbrémoslo con su Luz para que el mundo crea en Él. Tomemos ejemplo de Ana, que hablaba a todos del Niño, anunciaba a todos la Buena Noticia, el Evangelio, que es Jesús mismo.

Feliz día de la Candelaria.

IV Domingo del Tiempo Ordinario

01/02/2026

En este IV Domingo del Tiempo Ordinaria, la Palabra de Dios nos presenta una unidad profunda centrada en el elogio de la humildad y la sencillez, la lógica de los humildes, en el Evangelio leeremos las Bienaventuranzas, el carnet de identidad del cristiano.

El profeta Sofonías nos invita a buscar al Señor a través de la justicia y la humildad, prometiendo que Dios dejará un “pueblo humilde y pobre” que encontrará refugio en Él. Este resto de Israel se caracteriza por no hacer el mal y por la ausencia de engaño en su boca, viviendo en una paz que nadie podrá inquietar. Esta es la base para comprender el mensaje de Jesús: Dios no busca a los autosuficientes, sino a aquellos que reconocen su necesidad de Él.

San Pablo nos ofrece una reflexión interpelante al pedirnos que miremos nuestra propia asamblea: “Dios no ha escogido a muchos sabios, poderosos o aristócratas” según los criterios humanos. Al contrario, ha elegido lo necio, lo débil y lo despreciable del mundo para humillar a los que se creen fuertes. Pablo nos recuerda que las divisiones en nuestras comunidades suelen nacer del orgullo y de la tendencia a sentirnos superiores. Por eso, el mensaje es claro: “nadie puede gloriarse ante el Señor”, pues todo lo que somos, nuestra sabiduría, justicia y redención, se lo debemos a Cristo.

En el Evangelio, Jesús sube al monte y, sentándose como un nuevo Moisés, enseña la carta magna del Reino de los Cielos, las Bienaventuranzas. Estas palabras no son solo una lista de mandamientos, sino que reflejan el corazón de Dios y el modo en que debe ser el nuestro. Jesús proclama dichosos a los que el mundo desprecia: los pobres, los que sufren, los que lloran y los perseguidos.

Ser pobre en el espíritu no significa carecer de cualidades, sino elegir no poner el corazón en las riquezas para dejar espacio a Dios “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”. Ser limpio de corazón es vivir con transparencia, sin trampas ni dobles intenciones “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”. Las bienaventuranzas son el carnet de identidad del cristiano, porque dibujan el rostro de Jesús y su forma de vida.

Vivir según este Evangelio es una invitación revolucionaria que debe transformar nuestro comportamiento diario. Jesús nos pide que sustituyamos la crítica por los buenos pensamientos y el enfado por el perdón. No se trata de aceptar la pobreza social con resignación, sino de luchar contra ella viviendo con humildad, desapego y caridad.

Estamos llamados a ser instrumentos de paz y alegría. Que María, nuestra madre, nos ayude a ser sencillos de corazón para que nuestras obras den gloria al Padre y podamos alcanzar la gran recompensa que nos espera en el cielo.

Feliz domingo y feliz semana.

III Domingo del Tiempo Ordinario

25/01/2026

Este tercer domingo del tiempo ordinario, la Iglesia, celebra de manera especial como el Domingo de la Palabra de Dios, tiempo dedicado a la celebración, reflexión y difusión de la Palabra que es “lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro sendero”. Este año, nuestra celebración dominical se ve enriquecida y providencialmente unida a la fiesta de la Conversión del apóstol san Pablo, jornada que concluye además la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos “Una solo Espíritu una sola Esperanza” Es un día para dejar que “la Palabra de Cristo habite entre nosotros” en toda su riqueza, para que tome residencia estable en nuestro corazón y transforme nuestra existencia.

En la primera lectura, el profeta Isaías nos hablaba de una realidad que hoy vemos cumplida en el Evangelio: un pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz. Esa luz no es otra que la presencia de Jesús, quien comienza su predicación precisamente en la “Galilea de los gentiles”, un lugar periférico, fronterizo y casi olvidado, demostrando que la salvación de Dios no tiene fronteras y alcanza incluso aquellas tierras que no eran consideradas dignas por las personas religiosas de su tiempo. Jesús se establece allí para anunciar que el Reino de los cielos está cerca y hace una llamada urgente a la conversión, a un cambio de mentalidad, a una reorientación completa de nuestra vida hacia Dios.

El Evangelio de hoy nos narra cómo Jesús, que es la Luz, sale al encuentro del hombre en su vida cotidiana para cambiar su destino. Al caminar junto al mar de Galilea, llama a Simón, Andrés, Santiago y Juan. Es asombrosa la sencillez de la llamada y la prontitud de la respuesta: ellos dejaron “inmediatamente” las redes y le siguieron. Esta respuesta inmediata es el adverbio de los que se han enamorado de Cristo; cuando el Señor llama, no hay lugar para la prudencia humana. Ellos pasaron de pescar peces a ser “pescadores de hombres”, una misión que no consiste en atrapar, sino en sacar a los hermanos del agua de la muerte y la angustia para rescatarlos y abrirlos a la eternidad.

La coincidencia de hoy con la fiesta de la Conversión de san Pablo nos ofrece el modelo perfecto de respuesta a esta Palabra. Pablo, que comenzó como un perseguidor de la Iglesia, fue alcanzado por la Palabra de Cristo en el camino a Damasco, una palabra que marcó profundamente su corazón y lo transformó en el gran evangelizador que conocemos. Él comprendió que la vocación es un saberse amado y llamado por la voluntad de Dios, y no por méritos propios.

Sin embargo, san Pablo también nos dirige hoy un reproche necesario en la segunda lectura al hablar de las discordias en la comunidad de Corinto. Nos pregunta con seriedad: “¿Está dividido Cristo?”. En este día en que concluimos la semana por la unidad, la Palabra nos urge a estar unidos en un mismo pensar y sentir, recordándonos que el bautismo nos une a Cristo, el único Salvador, y no a grupos o facciones humanas. Las divisiones son un atentado contra Cristo mismo, pues Él quiere que vivamos como hermanos en la fe, abrazados todos a la vez por su amor.

Como comunidad cristiana, estamos llamados a ser testigos de esta luz en medio de nuestra rutina: en el trabajo, en la familia y en cada encuentro diario. No se nos pide ser personas perfectas o sabias según el mundo; Dios ha escogido lo débil del mundo para humillar a lo poderoso, para que nadie pueda gloriarse sino en el Señor. Nuestra misión, al igual que la de aquellos primeros discípulos y la de san Pablo, es señalar a Jesús con nuestra propia vida.

Que la Palabra se hace carne que nos da como alimento nos haga decir con el salmista: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. Que el Espíritu Santo, que movió a Pablo y a los primeros discípulos, encienda nuestro amor por la Escritura y nos conceda un corazón grande reconociéndonos siempre como miembros de un solo cuerpo, la Iglesia. Que la Palabra de Dios sea hoy y siempre el faro que ilumine nuestras decisiones y el motor que nos impulse a anunciar con valentía la buena noticia de la salvación.

Feliz domingo y feliz semana.

FIESTA DE S. SEBASTIÁN

20/01/2026

Nos reunimos hoy para celebrar con alegría la solemnidad de nuestro patrón y titular de esta parroquia, San Sebastián. Sin embargo, esta celebración se ve hoy envuelta en un profundo sentimiento de tristeza y solidaridad. Encomendamos al Señor, de manera especial, a los fallecidos, heridos y familiares del trágico accidente ferroviario ocurrido en Córdoba el pasado domingo.

A la luz de las lecturas que la Iglesia nos propone hoy, la vida de San Sebastián nos ofrece consuelo y esperanza ante las dificultades.

“A los ojos de los insensatos parecía que moría” La lectura del libro de la Sabiduría nos dice que, aunque el tránsito de los justos se considere una desgracia o una destrucción, “ellos están en paz” y poseen una “esperanza llena de inmortalidad”. Al igual que San Sebastián afrontó su martirio con una fe inquebrantable en la resurrección de los muertos, hoy creemos que nada es superior al amor de Cristo, que ha roto las barreras de la muerte. Frente a la fragilidad de la vida, el salmo de hoy nos permite decir con fuerza: “Yo confío en el Señor”

En la primera lectura también recordamos la figura de David, quien Expuso su vida y el Señor le concedió una gran victoria al igual que nuestro patrón, expuso su vida por el servicio a los demás. San Sebastián, siendo capitán de la guardia imperial, no usó su poder para sí mismo, sino para practicar la cultura del cuidado, socorriendo a los perseguidos y encarcelados sin importarle el peligro. Hoy, esa valentía de David y de Sebastián nos invita a latir al compás del corazón del hermano con humildad, acompañando a las personas y a las familias que sufren por cualquier causa.

El Evangelio nos lanza una llamada a la confianza: No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma San Sebastián llevó su amor a Cristo hasta las últimas consecuencias, convencido de que la vida verdadera es la que se vive en Dios. En un mundo marcado por lo caduco y lo efímero, nuestro patrón nos enseña que el corazón del hombre está hecho para deseos más grandes: para el Amor y la plenitud.

San Sebastián fue invocado históricamente como protector en momentos de enfermedad y muerte. Pidamos hoy su intercesión por el eterno descanso de las víctimas de Córdoba y por el consuelo de sus seres queridos. Pidamos también que siga protegiendo a nuestro pueblo de Alhaurín de la Torre y que su ejemplo nos ayude a ser auténticos testigos del Señor, manteniendo viva en nuestra parroquia la firmeza de la fe, la esperanza y la caridad.

¡Feliz día de nuestro patrón San Sebastián!