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Solemnidad S. Pedro y S. Pablo

29/06/2025

En esta solemnidad, que en este año coincide en domingo, con el reciente nombramiento de Monseñor José Antonio Satué como obispo de nuestra diócesis, un año jubilar “Peregrinos de Esperanza”, hemos visto otros nombramiento y cambios, le hemos dados gracias a Dios por la labor del papa Francisco y hemos acogido a un nuevo papa León XIV, nuestra parroquia desde septiembre tenemos nuevo párroco, y también en estos días últimos de junio, nos encontramos inmersos en las fiestas patronales de S. Juan Bautista.

Las lecturas de hoy traen a nuestra memoria los primeros pasos de las primitivas comunidades cristianas, de las cuales, San Pedro y San Pablo fueron cimientos y puntales de la evangelización cristiana, fueron fundamento de nuestra fe cristiana. Simón Pedro fue el primero en confesar la fe, cuando, reconoció a Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios. A raíz de ello, Jesús le dijo: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”

Pablo fue el maestro insigne que interpretó la fe y la extendió, como el primer gran misionero, entre los pueblos gentiles. Sus cartas son la gran catequesis sobre el misterio de Cristo y su Iglesia. Los dos, con la fuerza de la fe y el amor a Jesucristo, anunciaron el Evangelio en la ciudad de Roma en tiempos del emperador Nerón. Ambos sufrieron el martirio: Pedro crucificado cabeza abajo y sepultado en el Vaticano, y Pablo, decapitado y enterrado en la vía Ostiense.

San Pedro y San Pablo fueron dos personajes muy distintos. Pedro fue un pescador rudo, probablemente inculto, espontáneo, voluntarioso y con altibajos en su comportamiento. Pablo fue un fariseo culto, apasionado, y, a partir de su conversión, muy seguro de sí mismo, creativo, luchador, valiente y decidido. Sobre Pedro fundó Cristo su Iglesia. Pablo fue el principal predicador y propagador de la fe cristiana y el principal fundador de las primeras comunidades cristianas del Asia Menor. Pedro se dedicó principalmente a predicar la fe entre los judíos; Pablo fue el apóstol de los gentiles.

Una de las cosas más interesantes de estos apóstoles tan distintos entre ellos, es que ambos vivieron y actuaron siempre movidos por el mismo Espíritu, por el Espíritu de Jesús de Nazaret, por el Espíritu Santo. Pero todo no es de color rosa, la relación entre ambos no estuvo exenta de trifulcas, recordemos el altercado de Antioquía, en la carta a los Gálatas, y quien diría que tiempo después los celebraríamos juntos, pues en realidad lo que celebramos hoy, no es cantar las glorias de cada uno de ellos, sino celebrar la obra común que Dios llevo a cabo por medio de ellos. Repito: celebrar la obra común que Dios llevó a cabo a través de ellos. Y esta fue la raíz y causa de su éxito y de su fecundidad.

Todo un ejemplo para nosotros, cristianos del siglo XXI, podemos ser muy distintos en el carácter, en la cultura, en nuestra vivencia de lo religioso, en nuestra vocación y en nuestras actividades; pero si estamos todos llenos de un mismo espíritu, del Espíritu de Jesús de Nazaret, todos caminaremos en la misma dirección, aunque caminemos por caminos distintos.

No debe asustarnos la diversidad, ni en la religión, ni en la vida. La diversidad es necesaria y no vamos a poder nunca evitarla, ella es fuente de progreso y estímulo para la búsqueda. Cada uno de nosotros somos y actuamos como individuos únicos e irrepetibles, distintos a cada uno y a todos los demás, pero, si tenemos el mismo Espíritu, todos colaboraremos al bien común, al bien de la persona, de la sociedad, de la Iglesia, de nuestra comunidad parroquial. Insisto es este nuevo punto: Pedro y Pablo fueron muy distintos, pero los dos se dejaron guiar siempre por el Espíritu de Jesús de Nazaret y eso fue bueno para la difusión y consolidación de la primitiva Iglesia cristiana. Tratemos nosotros de imitar su ejemplo.

La fe, confianza sin límites en el poder y en el amor del Señor, hizo que San Pedro y San Pablo no perdieran nunca el entusiasmo y la valentía en la predicación del evangelio. Los dos sufrieron calamidades, en el cuerpo y en el alma, encarcelados, ejemplo de ello las lecturas de hoy, en la que ambos sufren cárcel, continuamente perseguidos y, al final, condenados a muerte. Pero ninguna dificultad les quitó el ánimo, ni el entusiasmo interior. Su fe les dio siempre la seguridad de que el Señor resucitado estaba con ellos y, de hecho, esta seguridad de que el Señor les protegía y los amaba fue la que, realmente, les libró de todas sus tribulaciones.

Muchas veces, nuestros miedos y nuestras inseguridades, interiores y exteriores, son simplemente falta de fe. Si sabemos que Dios está con nosotros no podrán vencernos las dificultades, ni el dolor, ni la muerte. San Pedro y San Pablo fueron en esto, como en tantas otras cosas, un ejemplo admirable.

Feliz domingo día del Señor, solemnidad de S. Pedro y S. Pablo y feliz semana.

Solemnidad Corpus Christi

22/06/2025

La Solemnidad del Corpus Christi, prolongación del misterio que conmemorábamos el Jueves Santo, la celebramos este año en el contexto del año jubilar como “Peregrinos de Esperanza” y en puertas de nuestras fiestas patronales en honor de S. Juan Bautista, la celebración del Corpus Christi se presenta como un tiempo de gracia, tiempo para renovar la fe, el amor, la esperanza, dejándonos transformar por Jesús Sacramentado, por la Eucaristía, en la manifestamos nuestra fe en la presencia real de Jesús en el sacramento.

Hoy domingo hacemos veneración pública y solemne de la Eucaristía, memorial de la entrega pascual de Jesús, su victoria final y su Resurrección. Es uno de los días más grandiosos y gozosos, llenos de alegría y de gran júbilo del calendario litúrgico. La Eucaristía es el sacramento del inmenso amor del Señor, su Cuerpo y su Sangre son recuerdo permanente de lo que fue su vida, muerte y resurrección. Es el misterio de Amor hecho Pan de Vida.

Las lecturas de hoy centran la atención en el compromiso del cristiano con Dios, sellado con el sacrificio del Cuerpo y la Sangre de Cristo. La primera lectura cobra singular importancia la ofrenda: pan y vino, acompañada de una bendición “Bendito seas Abrahán por el Dios Altísimo”. En el salmo entonamos la antífona donde se identifica a Jesús con el misterioso Melquisedec, rey de Salem, raíz de la que parte también shalom, paz, es decir de Jerusalén, pero ahora lo hace como sacerdote eterno “Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec” La segunda lectura se centra en la tradición que hemos recibido, nos evoca a la celebración del Jueves Santo “… tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: …” El evangelio tiene sus referencias eucarísticas: levantar los ojos al cielo, bendecir los panes y repartirlos, es un pan que se parte y se reparte “Entonces, tomado él los cinco panes y los dos peses y alzando la mirada el cielo, pronunció la bendición sobre ellos, lo partió y los iba dando a los discípulos para que los sirviera a la gente”

En la lectura del Génesis, nos encontramos ante un personaje misterioso, su mismo nombre significa rey de justicia; se le presenta como rey de Salén, como sacerdote del Altísimo. Salén significa paz y forma parte del nombre de Jerusalén. Igualmente se afirma de él que es sacerdote del Dios Altísimo. Los elementos que ofrece al Dios Altísimo: pan y vino, tienen un fuerte sentido simbólico que nos ayuda para la comprensión de la Eucaristía, evoca, por una parte, el culto y, por otra, los alimentos básicos. Las palabras de bendición a Dios y a Abrahán, la bendición dirigida a Dios es el reconocimiento de su grandeza y bondad “Bendito sea el Dios Altísimo”, y la dirigida a Abrahán “Bendito seas Abrahán por el Dios Altísimo” es la consolidación de la que recibió de Dios en el momento de su vocación. Abrahán le dio el diezmo de todo, la entrega de los diezmos y primicias son un signo de agradecimiento y de reconocimiento del señorío de Dios sobre todas las cosas “creador de cielo y tierra”

En la segunda lectura, de la Primera Carta a los Corintios, hemos oído: “Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó un pan…” Las palabras utilizadas por Pablo reflejan la convicción de que la celebración eucarística arranca del mismo Jesús y que ha sido transmitida fielmente. Jesús mismo, en la Última Cena, realizó signos y pronunció palabras que los primeros cristianos, presididos por los apóstoles reiteraban constantemente. Con ello seguían el mandato de Jesús. No es un rito que la Iglesia descubra más tarde, aunque, ciertamente, para la formulación exacta intervino la experiencia iluminada y asistida por el Espíritu. Los creyentes de todos los tiempos podemos celebrar la Eucaristía seguros de estar reproduciendo un gesto del propio Jesús. Las palabras tratan de explicar el contenido misterioso del Pan y del Vino. Ciertamente siempre estamos ante un misterio desbordante

En el evangelio Jesús les dijo: “Dadles vosotros de comer…” El lugar no permite fácilmente proveerse de alimentos porque están en descampado y porque atardece. La multitud le han seguido porque han visto sus signos y han escuchado su palabra. Las gentes han de ir a buscar su alimento y alojo porque la tarde está ya de caída. Eso es lo razonable y lo conveniente, en la opinión de los apóstoles “Despide a la gente …” y de su modo de entender la vida y por eso piden a Jesús que los despida. Dirijamos nuestra mirada en tres direcciones: la primera, a la multitud que necesita urgentemente una solución; la segunda, a los apóstoles que ofrecen una sensata solución, desde su punto de vista; tercera, a Jesús que, como siempre, escucha, pero actúa a su estilo y según su talante y la realidad de su misión. Jesús invita a los apóstoles a que adopten una actitud singular que no alcanzan a comprender “No tenemos más que cinco panes y dos peces …”, realizará un significativo milagro, anticipo de la oferta del Pan de la Eucaristía. La significación simbólica queda expresada de una manera adecuada en los gestos de Jesús, alza la mirada, bendice, sobre el pan, lo partió y lo repartió, gestos que anticipan y evocan los gestos de la Última Cena.

Señor, que por medio de la Eucaristía seamos miembros activos de tu pueblo, comunión  y unidad de Amor,  y  fuerza para la misión de anunciarte.

Feliz domingo del Corpus Christi y feliz semana.

Domingo de la Santísima Trinidad

15/06/2025

El domingo pasado, domingo de Pentecostés, celebrábamos el envío del Espíritu Santo. Este domingo celebramos a Dios, a Dios Trinidad, a quien invocamos como comunidad: Padre, al Hijo y Espíritu Santo, es decir Dios Uno y Trino, Trinidad Santa, Comunidad Santa. Celebramos también la jornada de la vida contemplativa “Pro Orantibus” en el contexto jubilar, cuyo lema para este año del jubileo es “Orar con fe, vivir con esperanza”

En las lecturas de hoy contemplamos de manera especial el misterio de Dios. La primera lectura del libro de la Sabiduría nos habla precisamente de la sabiduría de Dios, que antes de existir el mundo ya había sido engendrada: “Antes de que la tierra existiera” El salmo es todo un canto a la maravilla de la creación y del hombre “Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para mirar por él?” San Pablo en la carta a los Romanos, segunda lectura, nos dice que ese Hijo, hecho hombre, es Jesucristo, nuestro mediador en el camino hacia Dios, “porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado”. Y en el evangelio, Juan nos dice que “el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena”, que procede del Padre y del Hijo y es igualmente Dios.

La primera lectura destaca que la Sabiduría es anterior a toda la obra creacional “El me estableció al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras antiquísimas” La Sabiduría es una realidad que está más allá de la creación de todas las cosas, lo que nos viene a decir que la Sabiduría y el Espíritu son dos realidades pertenecientes a Dios desde siempre. Las descripciones poéticas que hace la lectura personifican a la Sabiduría y fue una forma de preparar la revelación plena de Jesús como Sabiduría del Padre.

Es lo que cantamos en la antífona del salmo “¡Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra! Dios mira y contempla a su Sabiduría como lo hace con la Palabra para crear el mundo, “como arquitecto” de la obra creadora. Estaba junto al Padre, “jugaba con la bola de la tierra, gozaba con los hijos de los hombres” Estas palabras nos llevan a mirar y contemplar a Dios en dos direcciones: la primera, ascendente, hacia Dios, la segunda, descendente, hacia los hombres; la Sabiduría aparece de esta manera como un intermediario, un puente, un mediador entre Dios y los hombres, al aplicar a Jesús estas descripciones y palabras afirma que es el único Mediador entre Dios y los hombres., es Emanuel, Dios con nosotros.

En Romanos, Pablo, nos dice que Jesús es el puente de comunión con el Padre “Habiendo sido justificados en virtud de la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo” El cristiano participa de una nueva vida que no procede de sus esfuerzos o méritos, sino de una vida nueva que le concede Dios por el Espíritu Santo. Pablo en este texto, y con estas pocas palabras define la esencia de la fe cristiana. Nuestra fe es trinitaria, pero no como una idea ajena a nuestra realidad de personas que queremos vivir y ser felices, sino como una realidad salvífica: el Padre nos ha engendrado al Hijo y por el Espíritu podemos participar de este don de salvación “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado.” La Trinidad afecta a nuestras vidas en cuanto que es misterio de vida en plenitud, de felicidad, de salvación entendida como don de Dios.

El pasaje que hemos proclamado del Evangelio de Juan es unos de los textos más completos dentro del Nuevo Testamento sobre la Trinidad. Dios se nos revela como Verdad “cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta verdad plena”, como Claridad, como la Meta “os comunicará lo que está por venir” El Padre y el Hijo nos entregan el Espíritu para que tengamos vida en plenitud. “Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará” El cristiano escucha la voz del Hijo y obedece al Padre, guiado por el Espíritu.

Pidamos al Señor por los que han recibido en la Iglesia la vocación contemplativa: para que, con su oración y la ofrenda de su vida, sean luz, sostengan y acompañen el camino sinodal de la Iglesia.

Feliz domingo día del Señor y feliz semana.

Domingo de Pentecostés

08/06/2025

Solemnidad de Pentecostés, la fiesta del Espíritu Santo, también el día de la Acción Católica y del apostolado seglar, cuyo lema para este año jubilar, es “Testigos de esperanzas en el mundo”. Después de cincuenta días de la experiencia de la Resurrección, que nos han puesto en el camino de la vida verdadera, vida para anunciarla al mundo, para transformar la historia, para fecundar a la humanidad con una nueva experiencia de unidad, de razas, lenguas, naciones y culturas. En este día ponemos de relieve lo que sintieron aquellos primeros hermanos nuestros en la fe, los cuales perdieron el miedo y se atrevieron a salir del cenáculo para anunciar el Reino de Dios que se les había encomendado.

La primera lectura relata el acontecimiento de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo, es el don que el Señor Resucitado entrega a sus discípulos para que puedan continuar su misión. La respuesta de este gran acontecimiento, que viene del salmista, es tanto de alabanza “Bendice, alma mía, al Señor”, como de gratitud “Gloria a Dios”, como de súplica “Envía tu Espíritu” La segunda lectura destaca la diversidad de dones que el Espíritu Santo entrega a la Iglesia. En el evangelio, Jesús infunde su Espíritu sobre los apóstoles, para que transformados puedan llevar a cabo la misión que el Padre encomendó a su Hijo.

La primera lectura es la versión del acontecimiento de la venida del Espíritu Santo de la mano de Lucas en el libro de los Hechos. Lucas sitúa el hecho el día de Pentecostés, la segunda fiesta judía más importante después de la fiesta de Pascua, conocida también como fiesta de las Semanas, de la Siega o de las Primicias, aunque es una fiesta agrícola, el pueblo de Israel le da un sentido teológico, ya que se produce en un contexto muy similar a la constitución del pueblo de Dios en el Sinaí, celebra la acogida del don de la Ley como condición de vida para la comunidad renovada.

La irrupción del Espíritu en los discípulos les devuelve aquel dinamismo que tenían cuando compartían la vida de Jesús y que ahora vuelven a sentir vivo entre ellos. Dejan de ser victimas del miedo y del fracaso, quedan llenos de amor, alegría, paz, compresión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad y de dominio de sí “… según el Espíritu les concedía manifestarse”. Lo mismo nosotros estaremos llenos de los dones del Espíritu siempre que vivamos por el Espíritu y nos dejemos guiar por Él.   

 

La segunda lectura, trata de la acción del Espíritu, que infunde en la comunidad cristiana diversidad de carismas, de ministerios y de funciones, que no rompen su unidad. Todo lo que somos y tenemos los cristianos es fruto del Espíritu, porque es la forma en que Jesús resucitado sigue entre nosotros, “un mismo Dios que obra todo en todos”. Cuando afirmamos que la Iglesia comenzó a ser viva prolongación de Cristo en la tierra entendemos que es el mismo Espíritu que engendró a Jesús en las entrañas de María, el que dio vida y origen a la Iglesia como comunidad creyente sin distinción entre judios y griegos, ni esclavos y libres, “Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu”.

En el evangelio se distinguen cuatro momentos: el saludo, la confirmación de que es Jesús quien se aparece, el envío y el don del Espíritu. El saludo es el habitual de los judíos “¿La paz esté con vosotros!” “Shalom” que no es un simple saludo, pues los apóstoles por el miedo a los judios, estaba muy necesitados de paz. La confirmación, las puertas cerradas, les muestra las manos y el costado, “Y es mostró las manos y el costado” confirma que realmente es él.  Todo podía haber terminado aquí, con la paz y la alegría que sustituye al miedo, pero Jesús les encarga una misión, “Como el padre me envió, así os envío yo” Jesús los envía, para lo cual sopla sobre ellos e infunde sobre ellos el Espíritu Santo, “Recibid el Espíritu Santo” don estrechamente vinculado con la misión que les ha encomendado.

Dejémonos guiar por el Espíritu Santo para proseguir la misión de anunciar el Reino de Dios.

Feliz domingo día del Señor y feliz semana.

Domingo de la Ascensión del Señor

01/06/2025

Hoy celebramos la Solemnidad de la Ascensión del Señor, un acontecimiento que marca el inicio de un tiempo nuevo para la humanidad y la Iglesia. Jesús, después de explicar a sus discípulos el sentido profundo de su pasión y resurrección a la luz de las Escrituras, no simplemente se despide, sino que les encomienda una tarea monumental: predicar la conversión a todas las naciones, comenzando por Jerusalén. Esta comisión es el corazón de la misión de la Iglesia, un encargo que resuena a lo largo de los siglos. La Ascensión de Jesús al Padre inaugura el tiempo de la Iglesia, llamada a ser su testigo hasta los confines de la tierra, fortalecida por el Espíritu prometido.

La primera lectura nos relata la escena de la Ascensión del Señor “fue llevado al cielo” y del envío a ser sus testigos “seréis mis testigos […] hasta el confín de la tierra” Con el salmo cantamos con alegría “Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.” La segunda lectura nos ayuda a comprender la fiesta de hoy, centrada en el triunfo “está sentado a la derecha de Dios, por encima de todo y de todos” El evangelio, siguiendo y acorde a la primera lectura, Lucas, relata nuevamente la Ascensión “Mientras los bendecía, fue llevado hacia el cielo”

La Primera Lectura es el comienzo del segundo libro escrito por Lucas, que continúa su Evangelio. En ella narra cómo Jesús se presentó a sus discípulos durante cuarenta días después de su pasión, hablándoles del Reino de Dios. La lectura de hoy describe la escena visible de la Ascensión, donde Jesús es elevado y una nube lo quita de su vista. Acto seguido, dos varones vestidos de blanco aparecen y anuncian el futuro regreso de Jesús. Este texto subraya la transición del tiempo de Jesús al tiempo de los Apóstoles y la Iglesia, enfatizando el encargo de los discípulos como testigos de la resurrección y depositarios de la palabra de Jesús, y vinculando esta misión a la promesa del Espíritu Santo, que les daría la fuerza necesaria. La escena utiliza elementos típicos de las grandes teofanías del Antiguo Testamento y expande el campo misionero de la Iglesia desde Jerusalén hasta los confines de la tierra.

El Salmo es un himno a Dios como rey del universo. Invita a toda la tierra a aclamar al Señor que asciende para sentarse en su trono sagrado. La Iglesia canta hoy este salmo con los ojos puestos en su Señor, elevado a la derecha de Dios en su Ascensión, regocijándose en su reinado universal.

La Segunda Lectura se centra en el carácter único y definitivo del acontecimiento de Cristo. Afirma que Cristo ha entrado en el mismo santuario celestial, no en copias hechas por manos humanas. Su sacrificio único e irrepetible abre para nosotros una vía nueva y viva para entrar en la presencia de Dios a través de la cortina, que es su carne. Esta lectura nos da una firme esperanza en la fidelidad de Dios.

El Evangelio es la conclusión del Evangelio de Lucas. Jesús explica a sus discípulos el significado de su pasión y resurrección, cumpliendo así las Escrituras. La Ascensión no es un simple irse o desaparecer, sino el coronamiento de la glorificación de Cristo. Es la manifestación de que la Pascua se completa con la entronización de Jesús como Señor, un misterio que, lejos de ser un episodio aislado, forma parte integrante del único misterio pascual.

La Ascensión nos llama a la confianza en Dios y a la humildad, recordándonos que la fe cristiana es la Palabra de Dios, pronunciada en Jesús Resucitado, que nos invita a dejarnos abrazar por el Padre, y a ser sus testigos, Jesús delega su misión a sus seguidores, “hasta los confines de la tierra”. La promesa del Espíritu Santo es fundamental para ser testigos eficaces. La Eucaristía es el lugar donde Jesús, a través de la Iglesia, actualiza su misterio pascual.

La Ascensión no nos aleja de Jesús, sino que transforma nuestra relación con Él y nos lanza a la misión. Nos recuerda que el Señor, aunque no visiblemente presente como antes, está con nosotros, en nosotros, en la Iglesia, en su Palabra y en los sacramentos. Es tiempo de la Iglesia, tiempo de nuestro testimonio, sostenidos por la promesa del Espíritu Santo y envueltos en la bendición de Cristo que asciende al Padre.

Feliz domingo día del Señor y feliz semana.