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Solemnidad de la Asunción

15/08/2025

Celebramos la Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, dogma que fue declarado hace ya 75 años por el papa Pío XII en 1950, es una fiesta que nos alegra el verano, siendo la fiesta mayor en muchos pueblos de nuestra geografía. En ella celebramos la glorificación y el triunfo de María, con la certeza de que, al final de su vida no conoció la corrupción del sepulcro, sino que fue asunta inmediatamente al cielo. Es una fiesta que podemos considerar ecuménica, pues la celebran también los anglicanos y los ortodoxos. 

En la primera lectura, del libro del Apocalipsis, observamos símbolos propios de esta advocación mariana: “Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida del sol y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza”. En el Salmo, resalta la figura de una mujer, presente en el triunfo de Dios, aplicado a la Virgen María, cantamos la antífona “De pie a tú derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir”. La segunda lectura, de la Carta a los Corintios, presenta a Jesucristo como primicia de lo que nos espera “Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos”, de lo goza en plenitud la Virgen María, como predecesora. El Evangelio de San Lucas, María, nuestra Madre y hermana en la fe entona el Magníficat: “el poderoso ha hecho obras grandes en mi”.

La fiesta de la Asunción presenta tres momentos de la glorificación o victoria sobre la muerte: primero Jesucristo, luego María, y por último la nuestra. De las tres las dos primeras, la de Cristo y María, ya están consumadas, la nuestra se está consumando y la contemplaremos al final de los tiempos.

En la segunda lectura S. Pablo habla acerca de la victoria del Señor Resucitado, que es el punto culminante del plan salvador de Dios. Él es la primicia “Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos”, el que triunfa plenamente de la muerte y del mal, pasando a la nueva existencia, como un segundo y definitivo Adán que corrige el fallo del primero y conduce a la nueva humanidad a la salvación “Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida”

La glorificación de María, como primera seguidora de Jesús, elevada a la gloria definitiva en cuerpo y alma, ya participa de la victoria de su Hijo. Ella, que se abrió totalmente a Dios, al que alabó con su Magníficat “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava” y que respondió con un sí total a su vocación “hágase en mis según tu palabra”, es ahora glorificada y asociada a la victoria del Hijo. Ella estuvo siempre con Jesús, en su nacimiento, en su vida, al pie de la cruz y en la alegría de la resurrección. Ella se dejó llenar del Espíritu desde la concepción, y luego en su maternidad y en el acontecimiento de Pentecostés “Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mi: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”

La Glorificación de María es también nuestra victoria, porque el triunfo de Cristo y de su Madre se proyecta a la Iglesia y a toda la humanidad “Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza”. En María se condensa nuestro destino. Al igual que su sí fue como representante del nuestro, también el sí de Dios a ella, glorificándola, es un sí a todos nosotros: nos señala el destino que Él nos tiene preparado, que ya está aquí pero que aún no se consumado.

 La Virgen es figura y primicia de la Iglesia, que un día será glorificada: ella es consuelo y esperanza del pueblo, que todavía peregrina en la tierra.

¡Guíanos a todos a amar, adorar y servir a Jesús, fruto bendito de tu vientre, oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Amén.

Feliz día de la Asunción y feliz semana.

XIX Domingo Del Tiempo Ordinario

10/08/2025

Continuamos en este decimonoveno domingo del tiempo ordinario acompañando a Jesús camino de Jerusalén, en que nos enseñará y pondrá en aviso para que estemos en alerta, en vigilancia.

El tema central de las lecturas y el salmo de este domingo nos invitan a una reflexión profunda sobre la vigilancia activa y la esperanza fundamentada en la fe, mientras esperamos la definitiva manifestación de Dios en nuestras vidas y en la historia. La Palabra de Dios nos exhorta a vivir preparados, con las lámparas encendidas, confiando en las promesas divinas que se cumplen a lo largo del tiempo, conscientes de que nuestro futuro está en manos de Dios.

La primera lectura, del libro de la Sabiduría, hace memoria de los antepasados “después de haber cantado las alabanzas de los antepasados”. Nos propone como modelo de personas vigilantes a los judíos en la cena pascual. En la noche de su salida de Egipto comieron de pie y con la cintura ceñida, es decir, preparados para emprender la marcha, y confiados, con fe, “sabiendo con certeza en qué promesas creían” de que Dios iba a actuar en favor de ellos, liberándolos de la esclavitud. Una confianza en Dios que se refleja en el salmo como cantamos en parte de una de sus estrofas “Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo”. Los judíos son fieles a la solidaridad entre ellos; la confianza en Dios y la solidaridad son condiciones para el Éxodo, para el camino, “los fieles compartirían los mismos bienes y peligro”.

La segunda lectura, de la carta a los Hebreos, anima a perseverar en la fe, presenta el ejemplo de Abrahán “Por la fe obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad”, patriarca de todos los creyentes, y a Sara su esposa que concibe un hijo a pesar de su avanzada edad “Por la fe también Sara, siendo estéril, obtuvo vigor para concebir cuando ya le había pasado la edad, porque consideró fiel al que se lo prometía”. La fe no es evidencia, sino que el que cree se fía de Dios, cree en Él, le cree a Él. Abrahán creyó a Dios, salió de su tierra “Salió sin saber adónde iba”, a una edad muy avanzada, vivió como extranjero, habitando en tiendas, “Por fe vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas” estuvo dispuesto sacrificar a su propio hijo Isaac. Como otros personajes del Antiguo Testamento da ejemplo de una fe hecha de esperanza y vigilancia. La fe es camino y búsqueda. El ejemplo de Abrahán y Sara es estimulante para nosotros.

En el evangelio, Jesús sigue enseñando, en esta ocasión nos enseña con varios ejemplos de cómo debe ser de despierta y vigilante nuestra fe. Comienza hablando acerca de las riquezas “Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” y luego sigue con las instrucciones acerca de la vigilancia por medio de tres parábolas con diferentes protagonistas que deben vigilar: los criados, el dueño de la casa y el administrador.

En la primera, que nos recuerda a la parábola de las diez vírgenes: cinco sensatas y cinco necias, en esta ocasión compara la venida del Señor a un amo que se ha ido a una boda y deja sus siervos esperando su llegada. Como no saben a que hora regresará, han de permanecer con la túnica ceñida, que significa estar dispuestos a cumplir una misión, en la primera lectura estaban dispuestos para el camino, para el Éxodo, Jesús en la última cena se ciñe como signo de su vida e instituye la Eucaristía como servicio a la humanidad.  Bienaventurados los siervos que el amo encuentra de esta manera pues “se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo” Ahora es el amo quien sirve, pues así es con Jesús “que no vino a servir, sino a ser servido” 

En la segunda, la del dueño de la casa, recuerda a la parábola del ladrón. Estás parábolas vienen a destacar el carácter repentino e imprevisto de la parusía de Jesús, semejante a la de un robo llevado a cabo con violencia derribando parte del muro de la casa, “Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, velaría y no le dejaría abrir un boquete en casa” si el dueño supiera lo que iba a ocurrir esa noche, vigilaría para impedirlo, pero no lo sabe, por eso hay que estar siempre preparado. “Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre”

La tercera, la del administrador, a consecuencia de la pregunta de Pedro: “Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?” en la que Jesús expone dos modos de comportamiento “¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para que reparta la ración de alimento a sus horas?”, la del siervo o administrador al que el dueño, que se ausenta,  le encarga la adecuada alimentación del resto de los sirvientes, cumpliendo su misión fielmente y que al regresar su señor lo premia, es bienaventurado, pues el amo de la casa aumentará la confianza y fe en él “Bienaventurado aquel criado a quien su señor, al llegar, lo encuentre portándose así”. Así mismo a nosotros se nos encarga el cuidado de la casa y del resto de los sirvientes, nos anima a ser fiel en ausencia del Señor hasta que vuelva. El otro caso es el siervo o administrador infiel, que se hace falsa ilusión de que el amo no vendrá “Mi señor tarda en llegar” y se dedica a la juerga, a maltratar a sus compañeros a sus compañeros a quienes tenía que servir. Pero el día menos pensado llegará el amo, lo pillará y lo castigará “le hará compartir la suerte de los que no son fieles”.

Mantengámonos siempre vigilantes y perseverantes en la fe hasta que el Señor vuelva.

Feliz domingo día del Señor y feliz semana.

XVIII Domingo Del Tiempo Ordinario

03/08/2025

Seguimos tras las huellas del Maestro que continúa camino hacia Jerusalén. Jesús va instruyendo a sus discípulos y, dos mil años después, hace los mismo con nosotros, primero nos llamó a seguir su mismo camino, nos enseñó quien es nuestro prójimo, ya en casa de Marta y María nos aleccionó a estar a la escucha de las enseñanzas y la pasada semana hizo lo propio con respecto a la oración. Este Domingo XVIII del tiempo ordinario nos instruye acerca de las riquezas.  

Un pequeño compendio de las lecturas puede ser este: la primera, del libro del Eclesiastés o Qohelet, enseña que las riquezas no dan sentido a la vida del hombre, es vanidad, vaciedad sin sentido “tienen que dejarle su porción a uno que no ha trabajado”. El salmo es la contrapartida “Señor, tú has sido nuestro refugio”, todo es caduco, pero Dios es eterno “mil años en tu presencia son un ayer que pasó” y el hombre por el contrario es “como hierba que florece y se renueva por la mañana y por la tarde la siegan y se seca” San pablo en la carta a los Colosenses, nos exhorta a buscar los bienes de arriba, no los de la tierra, nos invita a dar muerte a las idolatrías que nos atan e impiden el seguimiento de Jesús “revestirnos de la nueva condición”. Jesús en el Evangelio nos avisa del peligro de las riquezas y la necesidad del desprendimiento para seguirle “guardaos de toda clase de codicia”

De la primera lectura, del libro de Qohelet, es muy conocida la expresión de este gran libro de la sabiduría judía, libro sapiencial “¡Vanidad de vanidades: todo es vanidad!” el esfuerzo no siempre recibe recompensa. Nos preocupamos, nos fatigamos, y a veces no sirve para nada. Qohelet relativiza los diversos afanes que solemos tener, incluido el trabajo “¿qué saca el hombre de todos los trabajos que lo fatigan bajo el sol?” Nos dice que el hombre no saca nada, tan solo penas e insomnios, “De día su tarea es sufrir y penar; de noche, no descansa su mente” nos da una visión viva de la caducidad del ser humano. El salmo nos recuerda que la vida es como la hierba, que por la mañana esta fresca y por la tarde está seca, en el mismo salmo cantamos al Señor pidiéndole que “Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prosperas las obras de nuestras manos”

En la segunda lectura, de la carta a los Colosenses, San Pablo nos muestra los valores importantes, los trascendentes “los bienes de arriba”. Nos presenta una lista de actitudes a evitar, nos invita a vivir unos valores que van más allá de la moral individual, unos valores que tienen incidencia social. Propone un nuevo modo de vivir con propósito de cambio, nos invita a “despojarnos de la vieja condición humana, con sus obras, y revestirnos de la nueva condición”. Se abandona el hombre viejo, se adquiere una nueva condición “y os habéis revestidos de la nueva condición que, mediante el conocimiento, se va renovando a imagen de su Creador, donde no hay griego y judío, circunciso e incircunciso, bárbaro, escita, esclavo, libre, sino Cristo, que lo es todo, y en todos”

En el evangelio, Lucas, como en otras ocasiones, ante la pregunta de uno de sus oyentes aprovecha la ocasión para desarrollar su enseñanza e instrucción. En esta ocasión es a raíz de uno que le pide que le ayude a resolver una cuestión o problema de herencia, algo muy frecuente entre hermanos de antes y de ahora. Jesús se opone porque no tiene autoridad oficial para dar una sentencia, pero si tiene autoridad moral y desde ella interviene, señalando la causa de este conflicto y en consecuencia interviene para resolverlo.   La causa, lo dice bien claro, es la avaricia, pues aparentemente la posesión de bienes parece garantizar un buen porvenir, pero de hecho no aseguran nada, todo lo contrario, hacen que nos olvidemos de Dios, que es realmente el Señor de la vida y el que asegura un futuro feliz.  Jesús nos avisa contra la excesiva ambición y deseo de tener “guardaos de toda clase de codicia”, porque nuestra vida “no depende de nuestros bienes”.

Con la parábola del hombre que se enriquece queda claro, la gran cosecha recogida hace creer al hombre rico que tiene garantizado un futuro feliz, llegando incluso a decirse a sí mismo “Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años, descansa, come, bebe, banquetea alegremente” El hombre se habla convencido, pero engañado, vive a espaldas de Dios y no tiene en cuenta su finitud, de hecho, la misma noche de la gran cosecha le llega la muerte. Los bienes no libran de la muerte, ni de la muerte prematura. El único que puede asegurar la vida es Dios, por eso el mejor uso que se puede hacer de los bienes es ser rico para Dios, compartir los bienes con los pobres, que es el modo de depositar los bienes en el cielo, la única banca segura. Amontonar bienes es un engaño, la verdadera felicidad la da Dios y se consigue compartiendo.

Busquemos la auténtica felicidad, que no está en los bienes de este mundo, sino en seguir a Jesús, ayudando siempre a los hermanos, sobre todo a los más necesitados, buscando siempre la justicia, la solidaridad, la paz y el amor.

Feliz domingo día del Señor y feliz semana.

XVII Domingo Del Tiempo Ordinario

27/07/2025

Domingo XVII del tiempo ordinario, el pasado domingo invitábamos a Jesús a nuestra casa, escuchamos y vivimos de su Palabra como verdaderos discípulos, ahora Jesús nos enseña a orar, a llamar a Dios Padre Nuestro, Abba, nos enseña a hablar con un Padre que nos quiere, que nos escucha. Coincide este domingo con la V Jornada Mundial de los Abuelos y los Mayores cuyo lema para este año, dentro del contexto del año jubilar, es: “¡Feliz el que no ve desvanecerse su esperanza!” (Eclo 14,2). El tema central de este domingo es la oración perseverante y llena de confianza en la providencia y misericordia de Dios, lo que engendra esperanza, esto se ve reflejado de manera especial en la sabiduría y el papel intercesor de los abuelos y personas mayores.

Podemos sintetizar las lecturas de la siguiente manera: en la primera, vemos cómo, por la oración de Abrahán, Dios está dispuesto a perdonar a las habitantes de Sodoma “Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más”. Y habiendo experimentado la misericordia de Dios, podremos proclamar y cantar como lo hacemos en el salmo: “Daré gracias a tu nombre por tu misericordia y tu lealtad. […] Cuando te invoqué me escuchaste, acreciste el valor en mi alma” En la segunda lectura, Pablo en la carta a los Colosenses, nos dice que nosotros, que estábamos muertos por nuestros pecados, recibimos de parte de Dios la vida en Cristo recibiendo el perdón por el bautismo “Os vivificó con él, perdonándoos todos los pecados”. Y Jesús, en el evangelio, nos enseñó lo que debemos pedir, con el Padrenuestro, y nos insiste en que pidamos con fe lo que necesitemos: “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá”.

La primera lectura, tomada del libro del Génesis, es continuación del leído la semana pasada, el episodio de Mambré en el que Abrahán y Sara fueron visitados por tres personajes divinos. Tras la visita se dirigen a Sodoma y Abrahán, que continua con la hospitalidad, los acompaña para despedirse de ellos. La lectura de este domingo nos habla de la intercesión de Abrahán “Insistió Abrahán” en favor de una ciudad pecadora llamada Sodoma. Pone a Abrahán como ejemplo de persona que tiene una profunda confianza en Dios, es un hombre justo y fiel “es que vas a destruir al inocente con el culpable”, que exige fidelidad a los designios de Dios, y se atreve a insistir en la oración, a pedir cada vez más, porque sabe que el Señor es bueno Abrahán continuó: “Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más: ¿Y si se encuentran diez?. Contestó el Señor: En atención a los diez, no la destruiré”. El relato destaca la desproporción: a pocos inocentes que haya, Dios inclina la balanza, perdonando a un número de culpables mucho mayor.

La segunda lectura, de la carta a los Colosenses, destaca la generosidad de Dios, que nos dio vida en Cristo, perdonándonos todos nuestros pecados “Canceló la nota de cargo que nos condenaba”. Dios nos ha perdonado todos los pecados por medio de la muerte y resurrección de su Hijo. Jesús nos tomos a todos en su misterio pascual, no volviéndolo de un modo individualista, sino que dando su vida como rescate por todos nosotros. Con el bautismo que hemos recibido los creyentes morimos a la antigua condición de pecadores “Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo” y hemos renacido a una nueva condición “habéis resucitado con él”

Lucas, en el evangelio, nos muestra en primer lugar, que el ejemplo de Jesús suscita en el corazón de los discípulos el deseo de orar como Él.  El cuál oraba con frecuencia y en la soledad, a veces se levantaba muy temprano para orar tranquilamente. Su ejemplo hace que los discípulos tengan el deseo ardiente de ser instruidos en la oración “Señor, enséñanos a orar” Jesús anima a sus discípulos en la oración poniendo unos ejemplos sugestivos. Dice que, si un hombre se deja convencer con una petición insistente, con mayor razón Dios, que es tan bueno, no puede dejar de escuchar nuestras oraciones. Por eso tenemos que tener confianza en que Dios nos escuchará y la misma oración nos permite tener una relación más fuerte y profunda con Dios. Jesús, en su instrucción de la oración, nos enseña a orar bien, nos da una fórmula de oración, el Padre nuestro, que contiene toda la sustancia de nuestra relación con Dios y en la que nos unimos a nuestro prójimo para dirigir nuestras peticiones al Padre. Las primeras peticiones están relacionadas con el Padre, “Padre, santificado sea tu nombre” la segunda parte del Padre nuestro tiene que ver con nuestras necesidades “danos cada día nuestro pan cotidiano” También nos hace pedir por el perdón de los pecados, pero con condición “porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe” Jesús insiste muchas veces en el Evangelio en la necesidad del perdón que debemos dará nuestro prójimo si queremos tener el perdón del Padre. La última de las peticiones es que nos libre de caer en la tentación y en el mal “no nos dejes caer en la tentación”. El Padre nuestro es toda una enseñanza en la que tenemos que profundizar e intentar comprender mejor y acogerlo en nuestros corazones de tal manera que los deseos que expresa Jesús se conviertan en nuestros deseos más profundos, para que nuestras vidas sean lo más fecunda para el mundo que nos rodea.

Que el Señor nos enseñe a rezar, con insistencia como Abrahán, dándole gracias por el don de la vida en Cristo, su Hijo, sin mucha palabrería, confiando plenamente en Él, como hijos. Con la fuerza del Espíritu, con Jesús, le decimos Padre nuestro queremos hacer todo lo posible para que su voluntad se cumpla en todos sus hijos.

Feliz domingo día del Señor y feliz semana.

Solemnidad de Santiago Apóstol

25/07/2025

Celebramos hoy la solemnidad de Santiago Apóstol, patrón de España, que según un códice de finales del siglo XIII y principios del XIV, fue el primer evangelizador de la península Ibérica. Sus restos se veneran en Galicia, en la Catedral de Santiago de Compostela.

Santiago hijo de Zebedeo, hermano del apóstol san Juan, fue el primero de los apóstoles en beber el cáliz del Señor, cuando participó en su Pasión, al ser decapitado por orden del rey Herodes Agripa, nieto de Herodes el Grande. Anunció el reino de Dios que viene por la muerte y resurrección de Jesucristo “En aquellos días, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor” En la segunda lectura, Pablo habla del tesoro del evangelio, “Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros”, que hace posible que los apóstoles no vivan angustiados ni desesperados ni abandonados ni perdidos. Jesús en el evangelio, ante nuestros aires de grandeza, nos habla del servicio “el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo”   

Una característica de las tres lecturas de esta fiesta es el testimonio. Como cristianos se nos invita a ser testigos no de una idea, ni de una ideología, sino de una persona: Jesús de Nazaret Hijo de Dios y testigos de su mensaje: predicar el Reino de Dios.

La primera lectura nos dice que los “apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús”. Por ser testigos de Jesús sufren persecución, y el texto nos cuenta al final que “Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago”. El mensaje de Jesús choca muchas veces con nuestra forma de forma de pensar: los hombres hablamos de poder, Jesús habla de servicio y quien quiera seguirlo tiene que aceptar y vivir este mensaje. Los hombres hablamos de leyes, de normas e incluso de esclavitud, Jesús habla de libertad y de paz que brota del corazón que busca el bien de todos.

Este mensaje de Jesús, este ser testigos suyos “lo llevamos en vasijas de barro” nos dice el apóstol Pablo en la segunda lectura. Estas vasijas de barro somos nosotros que desde nuestra vida queremos ser testigos del mensaje de Jesús.  San Pablo nos anima diciendo que contamos con la fuerza de Dios. Y desde la fe es desde donde podemos hablar de servicio, de amor, de perdón, de justicia, de paz, de libertad, siendo conscientes que hablar del mensaje de Jesús puede traernos problemas, insultos, burlas.

En el evangelio nos enseña que no se trata de dar testimonio desde puestos privilegiados, “estar sentados a la derecha y a la izquierda” sino desde el seguimiento de Jesús. Beber el cáliz es sinónimo de entregar la vida por los demás a ejemplo de Jesús. Beber el cáliz es servir como Jesús lo hizo. Beber el cáliz es saberse testigo de Jesús.

Ser testigo de Jesús en el mundo actual es comprometerse a vivir la fe en Jesús que nos lleva a hablar, con la palabra y con la vida. Es comprometerse a servir a los demás, a vivir en la libertad de los hijos de Dios y a vivir la paz que Jesús nos trajo. Así seremos testigos, apóstoles de Jesús en el mundo actual.

Pidamos por su intercesión de Santiago que España ser evangelizadores de nuestra sociedad.

Feliz día de Santiago.