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XXVII Domingo Del Tiempo Ordinario
02/10/2022
En los domingos anteriores, Jesús nos ha estado enseñando acerca del uso de las riquezas, en este XXVII Domingo del Tiempo Ordinario nos instruye sobre otras actitudes como la fe, la paciencia, la humildad, la sencillez y la confianza en Dios.
Una síntesis de las lecturas puede quedar de esta manera: En la primera lectura, del profeta Habacuc reclama al Señor angustiado que responda a su súplica “Hasta cuando, Señor, pediré auxilio sin que me oigas, te gritaré: ¡Violencia!, sin que me salves?” Dios responderá y le enseñará que el justo vive por su fe. En el salmo, el invitatorio de la liturgia de las horas, de la oración matutina de laudes, cantaremos a Dios que nos salva, así cantamos al final de la primera estrofa “Aclamemos al Señor con cantos”. S. Pablo en su segunda carta a Timoteo, nos animará a reavivar el don de Dios que se nos ha dado, a no olvidar dónde está nuestro fundamento y sobre que cimientos está edificada nuestra fe “No te avergüences del testimonio de nuestro Señor” En el Evangelio Jesús, nos hablará de lo pequeño y del amor que no busca paga “Si tuvierais fe como un granito de mostaza …”
En primera lectura, el profeta Habacuc protesta ante Dios “Hasta cuando, Señor, pediré auxilio sin que me oigas …” El profeta está cansado de tantas violencias, desgracias, catástrofes, guerras. ¿Cómo puede ser que Dios lo consienta? Una pregunta que sigue oyéndose hoy con frecuencia, la situación es parecida, en nuestra sociedad parece que reina el desconcierto, violencia, desgracias, catástrofes, pandemia, terremotos, volcanes que arrojan lava y destruyen todo a su paso, fuego, sequía, inundaciones, amenaza de hambruna, guerras olvidadas y no tan olvidadas como la de Ucrania. Por aquellos entonces el pueblo judío, que ha escapado del imperio de los asirios, ahora vive el comienzo del imperio babilónico que será el terror de los israelitas, vamos lo que solemos decir en nuestros días: salieron de guatemala y se metieron en guatepeor “¿Por qué me haces ver crímenes y contemplar opresiones? ¿Por qué pones ante mí destrucción y violencia, y surgen disputas y se alzan contiendas?” Pero la respuesta de Dios invita a tener paciencia, a respetar los tiempos y ritmos de la historia, y a tener confianza “Escribe la visión y grábala en tablillas, que se lea de corrido … pues llegará y no tardará” El justo se fía de dios y le es fiel en su vida, “el justo por su fe vivirá” aunque no entienda muchas cosas, ni los planes de salvación de Dios. Al profeta no se le da la respuesta completa, pero se le pide confianza y fe.
La segunda lectura, de la segunda carta de Pablo a Timoteo, viene a ser como el testamento espiritual que le dirige Pablo a Timoteo desde la cárcel. Como ya sabemos Timoteo es el responsable de la comunidad, y tiene una misión que no es nada fácil a la que Pablo llama con palabras parecidas: los duros trabajos del Evangelio, “toma parte en los padecimientos por el Evangelio” e invita a Timoteo a no tener miedo por dar la cara por Nuestro Señor “No te avergüences del testimonio de Nuestro Señor” Pero para esto es necesario reavivar el fuego de la gracia de Dios que recibió con la imposición de manos y que nosotros también hemos recibido. Nuestro espíritu no debe ser cobarde “Te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos, pues Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de templanza”. Estas son unas cualidades muy necesarias no solo en los que tiene la responsabilidad de la comunidad, sino de todos los miembros de la comunidad que han de ser fieles a su identidad en medio de nuestra sociedad.
En el evangelio, de Lucas, la enseñanza tiene lugar en esta ocasión a consecuencia de una intervención de sus discípulos “auméntanos la fe” Jesús nos invita a ser humildes, a purificar las intenciones y motivaciones de nuestro trabajo. Se trata de una lectura que viene al dedo ahora que estamos en el inicio del curso pastoral.
Jesús pone el ejemplo de un criado que ha trabajo todo el día que vuelve a casa fatigado y cansado del duro trabajo, y aún así se le pide que siga trabajando. Según la mentalidad en tiempos de Jesús, el amo o señor del criado, tiene derecho a hacerlo. Por eso el amo no invita al criado a que se siente en la mesa, todo lo contrario, lo pone a que le sirva la mesa, y por último, cuando acabe con todo, ya tendrá tiempo el criado de alimentarse y descansar.
Este ejemplo que usa Jesús puede parecernos desconcertante, pues parece que Jesús defiende una actitud tiránica del amo con el esclavo, pues cuando vuelve el criado de un día duro de trabajo, el amo aún le exige que siga trabajando. Jesús no habla de relaciones laborales, ni alaba al que explota al esclavo. Lo que trata es de subrayar la actitud de sus discípulos antes Dios, que no tiene que ser como la de los autosuficientes, que se presentan ante Dios como exigiendo el premio, sino la actitud de humildad, de los que después de haber trabajado, no se dan importancia y son capaces de decir “somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”
Esta situación es más común de lo que pudiera parecer, pues tanto en nuestra relación con Dios, como en nuestro trabajo laboral, eclesial, pastoral, familiar, tenemos la tendencia espontánea e inconsciente, a pasar factura por todo lo que hacemos. Jesús nos dice que no nos presentemos ante Dios y los demás exhibiendo una lista de derechos y méritos, sino con humildad y sencillez. Los cristianos hemos de hacer el bien gratuitamente y con amor “hemos hecho lo que teníamos que hacer”, pues la salvación no se consigue a base de méritos, como si se tratara de una meritocracia, donde dan premio y reconocimiento a las personas que hacen lo que tiene que hacer, es decir que si no dan premio no hacen ni lo que tiene que hacer. La salvación es gratuita, es don de Dios. Si hemos recibido gratis dones de Dios, es justo que demos gratis, sin esperar que nadie nos alabe ni nos aplauda.
Feliz domingo y feliz semana.
Octubre mes del Rosario
XXVI Domingo Del Tiempo Ordinario
25/09/2022
Jesús continúa enseñándonos en este XXVI Domingo del Tiempo Ordinario, este coincide con la 108ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado cuyo lema para este año es “Construir el futuro con los migrantes y los refugiados” El camino de Jesús, que es el nuestro, se muestra domingo tras domingo, este exige opciones valientes y claras. De nuevo el evangelio nos indica cuál es la sabiduría verdadera: situarnos bien ante lo que realmente vale la pena en la vida, ante el uso que hacemos de las riquezas, no quedarnos en los medios y no alcanzar el fin, no dejarnos deshumanizar por las riquezas.
La síntesis de las lecturas puede ser: La primera lectura, del libro del profeta Amós, denuncia la situación de injusticia de los poderosos, clamando contra estos que no entienden lo que es la justicia y la solidaridad, que se enriquecen a costa de los más débiles. “no se conmueven para nada por la ruina de la casa de José” El salmo nos invita a dar gracias porque Dios “hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos… endereza a los que ya se doblan… sustenta al huérfano y a la viuda…”. La segunda lectura, de la primera carta de Pablo a Timoteo, da una serie de recomendaciones para la vida del pastor, este debe ser animador y modelo de la comunidad “Hombre de Dios, busca la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre” En el Evangelio de Lucas, Jesús vuelve a insistir en la enseñanza acerca de las riquezas, repite con la parábola del rico Epulón la situación de injusticia que nos presenta el profeta Amós “recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado”
La primera lectura, el profeta Amós expresa la situación en Samaría en su tiempo. Riqueza y prosperidad, pero a la vez deterioro ético y social. El profeta habla de la condena de Dios contra aquellos que viven en medio del lujo, en la abundancia, y no se interesan por la miseria de los otros, denuncia injusticia y el deterioro de la sociedad donde unos pocos se enriquecen a costa de los más pobres y desfavorecidos. Así dice el profeta: “¡Ay de aquellos que se sienten seguros en Sion, confiados en la montaña de Samaría!” El profeta denuncia toda clase de lujo en los que viven los ricos sin dolerse de las calamidades de los otros “pero no se conmueven para nada por la ruina de la casa de José (Israel)” Con esta situación se atacaba la alianza del Sinaí y la voluntad de Dios expresada en la misma. La denuncia del profeta no es exactamente una denuncia social, sino que lo hace en nombre del Dios de la Alianza denunciando las falsas seguridades de los ídolos, la falsa seguridad apoyada en las riquezas, la confianza que estimula la buena vida y les anuncia que el exilio sobrevendrá como castigo a esta infidelidad a la Alianza con Dios.
La segunda lectura, de la primera carta de Pablo a Timoteo, es una invitación a llevar una vida cristiana fiel y generosa. Pablo dice a Timoteo que huya del mal y tienda a “busca la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre” Todo esto va en dirección del bien, y para ello es preciso librar el buen combate de la fe, a estar dispuesto a dar testimonios de nuestra fe “Delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que proclamó tan noble profesión de fe ante Poncio Pilato” Y así conservaremos “el mandamiento sin mancha ni reproche hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo” el mandamiento de amarnos unos a otros como Él nos amó.
En el evangelio Lucas escuchamos la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro, en la que Jesús nos sigue transmitiendo su mentalidad acerca de las riquezas. «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico» El rico Epulón que banqueteaba todos los días no se enteraba o no se quería enterar de la existencia del pobre Lázaro a la puerta de su casa, prototipo de la miseria humana, del que los perros tenían mejor compasión al lamerle las llagas de sus heridas «Y hasta los perros venían y le lamían las llagas». Pero la situación cambia radicalmente, al final a cada uno se le pone las cosas en su sitio: el rico Epulón condenado, y Abrahán junto a Lázaro.
Jesús nos describe la reversión que se da en las situaciones, en este caso, supondrá el fracaso para los que están llenos de sí mismo y se despreocupan de los pobres y necesitados. Mientras el rico parece plenamente feliz: se viste de lino y púrpura, y se permite banquetes diarios, el pobre, sin embargo, no tiene ni para comer y nadie se preocupa de él. Pero al final se aplican las medidas de Dios, que no son la de los hombres. «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado». Al rico le servirán de poco sus riquezas, no se las ha podido llevar a la otra vida. Se cuenta tarde de que se ha afanado en vano. El pobre, que ha puesto su confianza en Dios, no ha perdido lo más profundo, su dignidad humana y es premiado con una felicidad plena. Entre ambos hay un abismo inmenso.
En la primera lectura y en esta del Evangelio, a los ricos no les desautoriza sus riquezas, el hecho de ser ricos, sino porque están tan llenos de sus riquezas y ensimismados que no piensan ni en Dios ni el los demás. Jesús llama necias a estas personas que no han puesto su confianza en algo sólido, sino en bienes efímeros que no les garantiza el pasaporte para la otra vida. El rico llega a la presencia de Dios con las manos vacías al igual que un pobre de solemnidad.
No es necesario que llevemos vidas disolutas a base de banquetes, pero podemos tener a nuestro nivel los mismos defectos, poner nuestra confianza en las riquezas olvidándonos del pobre, cometiendo pecado de omisión, omitiendo la solidaridad. No es que Epulón haya hecho algún mal a Lázaro, su pecado es que no se ha querido enterar de su presencia, lo ignora y hace un uso egoísta de los bienes.
Feliz domingo y feliz semana.
XXV Domingo Del Tiempo Ordinario
18/09/2022
Hace dos domingos Jesús nos enseñaba a buscar la verdadera sabiduría: distinguir lo que es importante y lo que no lo es en nuestra vida, para renunciar, si es el caso, a las cosas secundarias y asegurarnos las que en realidad valen la pena. En este domingo XXV Del Tiempo Ordinario, de nuevo, se nos pone en la misma perspectiva, esta vez con relación al dinero. Jesús nos presenta una parábola puede provocar cierto desconcierto, pues alaba a un administrador corrupto, aunque Jesús lo pone como ejemplo de astucia, no como modelo a seguir. Lucas nos muestra otra enseñanza más de Jesús acerca las riquezas, a la cual considera uno de los mayores obstáculos para el seguimiento.
La síntesis de las lecturas puede ser: La primera lectura, del libro del profeta Amós, nos habla de la denuncia del profeta contra los abusos de los derechos humanos de la sociedad de su tiempo “Escuchad esto, los que pisoteáis al pobre y elimináis a los humildes del país” La preferencia de Dios para con los pobres es resaltada al cantar la antífona del salmo: “Alabad al Señor, que alza al pobre” La segunda lectura, de la primera carta de Pablo a Timoteo, sique con las consignas pastorales para la animación de la comunidad, en este caso para orar por toda la humanidad “Hagan suplicas, oraciones, peticiones, acciones de gracias, por toda la humanidad” En el Evangelio vuelve a insistir en la enseñanza acerca del dinero “No podéis servir a Dios y al dinero”
La primera lectura, del libro del profeta Amós a quien Dios llamó para que hablara en su nombre en el reino del Norte, en Samaría, en el siglo VIII antes de Cristo, critica con rigor la actitud mundana de su pueblo y de su época, una mundanidad en la que se busca siempre el propio beneficio, en lugar de andar en busca de la justicia y la verdad.
El espíritu de mundanidad de no tener ninguna piedad por los pobres, explotar su situación en beneficio propio, usando incluso medios deshonestos “reduciendo el peso y aumentando el precio, y modificando las balanzas con engaño” El Señor no acepta nada de esto, no puede tolerarlo, por eso debemos tener muy claro y saber que el Señor nos impulsa enérgicamente hacia la verdadera generosidad.
La segunda lectura, primera carta de Pablo a Timoteo, nos habla también de generosidad, aunque de forma distinta y complementaria, los cristianos estamos llamados a ser generosos con todos los hombres, estamos invitados a la caridad universal, que se manifiesta especialmente en la oración. Pablo nos dice que es preciso orar de una manera particular por los ejercen el poder, porque tienen una tarea muy importante para la vida de todos los hombres. Si los responsables del poder toman decisiones justas y generosas quedan asegurada la paz, la vida apacible y tranquila, tanto para los cristianos como para todos los hombres. Esta oración debe ser universal, porque el amor de Dios es universal “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”
En el evangelio de Lucas escuchamos otra parábola de Jesús, después de las tres de la misericordia del domingo pasado. La de hoy quiere ilustrar cómo debemos administrar los bienes materiales en nuestra vida para que no sean obstáculo a nuestro crecimiento en la fe. En este caso, trata de un administrador infiel, que, a pesar de ser muy poco escrupuloso, tiene capacidad de hacer cálculos y ver qué le conviene para asegurarse el futuro. Comete fraude: condona deudas y falsifica facturas a los clientes para que luego le apoyen al ser despedido por el amo. Es inteligente para sus propios intereses, no así para los de su amo.
Jesús nos presenta este ejemplo no para ser deshonestos, sino para animar a la astucia “Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido” Muchas veces sucede que personas no creyentes, sin principios religiosos, se muestran más ingeniosas que los creyentes. Jesús quiere suscitar en nosotros una cierta emulación, nos viene a decir que estas personas no se dejan desanimar por las circunstancias (la pérdida del empleo del administrador) encuentran soluciones, así que vosotros discípulos míos debéis mostraros astutos, ingeniosos y buscar soluciones, incluso inesperadas.
Es legítimo tener y buscar el dinero, porque lo necesitamos para nuestra vida, para el bienestar de nuestra familia y el progreso del mundo. También es necesario para la evangelización y la marcha de la comunidad cristiana. Pero todo depende de su uso. Si nos dejamos esclavizar por él, caemos en la desautorización tan repetida de Jesús. El dinero no nos puede hacer olvidar que hay otros valores más importantes en la vida. El dinero puede bloquear nuestra paz interior y nuestra apertura al prójimo y a Dios. La idolatría del dinero nos hace pecar contra el primer mandamiento, porque se convierte en nuestro dios, la cosa en la que más pensamos. Jesús nos avisa que no podemos servir a Dios y al dinero “Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero”. Las riquezas pueden ser un peligro y una trampa, o bien un medio de ayudar a los demás.
Feliz domingo y feliz semana.










