Todas las entradas por aguilaj3

XXI Domingo Del Tiempo Ordinario 24/08/2025

Profundizamos hoy en el gran don de la fe y el compromiso que ello conlleva. El amor de Dios se presenta como absoluto, incondicionado, preveniente e indulgente, que no puede ser limitado por categorías o fronteras humanas, sino que se mueve libremente a través de todos los tiempos y lugares para alcanzar a toda la humanidad. Ya, La primera lectura de Isaías anticipa esta apertura universal de Dios hacia la humanidad y su plan de salvación.

Una breve síntesis, la primera lectura, del profeta Isaías, al igual que Jesús en el Evangelio, nos dice que vendrán a sentarse en la mesa del Reino muchos que no pertenecen a la raza judía, la salvación es universal “Y de todas las naciones, como ofrenda al Señor, traerán a todos vuestros hermanos”.  En consecuencia, nos encontramos con el Salmo que tiene un gran carácter misionero “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.” La segunda lectura, de la carta a los Hebreos, trata de animar en su fe a algunos cristianos que se encuentran desanimados por dificultades tanto internas como externas “fortaleced la manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes” En el Evangelio, Jesús siguiendo la línea de la primera lectura, ante los judios que se creían privilegiados les dice que “Vendrán de oriente y occidente, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios”

La primera lectura, del profeta Isaías, anuncia la salvación universal, asegura que el Señor vendrá “vendré para reunir a las naciones de toda lengua […] a las costas lejanas que nunca oyeron mi fama ni vieron mi gloria” De todos los países vendrán con ofrendas “hasta mi santa montaña de Jerusalén” y de entre ellos también dios elegirá “También de entre ellos escogeré sacerdotes y levitas” nadie quedará excluido del Templo. La salvación no es exclusiva del pueblo judío, por ese motivo cantamos en una de las estrofas del cortísimo salmo “Alabad al Señor todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos” 

En segunda lectura, de la carta a los Hebreos, Dios permite muchas cosas para “Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor, ni te desanimes por su reprensión; porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos”. Estas dificultades las tenemos que tomar como correcciones que un padre permite para que sus hijos maduren mejor “¿qué padre no corrige a sus hijos?”, es como el viñador que poda la vid y la cuida para producir mejor fruto, y si el fruto es malo la arranca.  Por difícil que resultara ser cristiano en los tiempos de la carta, y en los actuales, la recomendación es positiva “Ninguna corrección resulta agradable, en el momento, sino que duele; pero luego produce fruto apacible de justicia a los ejercitados en ella.”

En el Evangelio, Jesús toma pie para sus enseñanzas por medio de una pregunta espontánea de alguno de sus oyentes. A la pregunta “Señor, ¿son pocos los que se salvan?” la respuesta no parece muy optimista: “Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán” Los judios se tenían como privilegiados, por pertenecer al pueblo elegido por Dios. Pero Jesús relativiza esa seguridad, porque si no viven conforme a esa pertenencia y esa Alianza, se exponen al “No sé quiénes sois” Mientras que otros que no pertenecen a la raza y pueblo de Abrahán, vendrán de Oriente y Occidente y se sentarán en el Reino de Dios.

La pregunta nos la podemos hacer también nosotros hoy ¿son muchos los que se salvan? ¿son pocos? ¿ qué tengo que hacer para salvarme? O mas bien la pregunta que engloba a todas ¿ qué pasará en el más allá?, el que hizo la pregunta a Jesús tenía la idea de que sólo se salvan los judíos, tal vez nos ocurra los mismo a nosotros por el hecho de ser cristianos, o por ser practicantes, por cumplir unos rezos o prácticas de devoción.

La respuesta de Jesús es que Dios quiere la salvación de todos. No sólo del pueblo de Israel, el pueblo elegido, sino de todos, como dice en otro texto, en la primera carta de Pablo a Timoteo, muy propio “Dios, nuestro Salvador, quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad

Jesús nos dice que hay que saber conjugar la misericordia universal de Dios con la exigencia de la respuesta personal. No quiere llevar a engaños a nadie. Lo que vale cuesta. Dios quiere salvarnos, pero con la condición de dar una respuesta clara de fe y de una vida de acuerdo con la fe. No nos da recetas fáciles para salvarnos, nos habla de puerta estrecha y en ocasiones cerradas “entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera” Jesús nos habla del riesgo de quedarnos fuera, su respuesta no nos resulta cómoda, el Reino no es un coladero fácil, la salvación no se gana fácilmente, requiere esfuerzo. La misericordia infinita de Dios se conjuga con nuestra respuesta de amor.

Esforcémonos en entrar en el Reino, firmes en la fe, demos nuestra respuesta de amor a la infinita misericordia de Dios.

Feliz domingo día del Señor y feliz semana.

XX Domingo Del Tiempo Ordinario

16/08/2025

XX Domingo del Tiempo Ordinario, Jesús nos avisa del que el camino del cristiano no es fácil, si el domingo pasado nos invitaba a la vigilancia, en este pone el acento en la fortaleza que necesitaremos para ser coherentes con nuestra decisión de seguirle a Él en el camino, nos muestra que el camino del cristiano no es sencillo; la fe es exigente y nos sitúa ante opciones que demandan mucha energía

En la primera lectura, del profeta Jeremías, nos habla de su experiencia provocada por la Palabra que Dios le dirige. El mensaje le impulsaba a desvelar la realidad sin engaño y a proponer un cambio de actitudes en la relación con Dios y con los demás. “Hay que condenar a muerte a ese Jeremías, pues, con semejantes discursos, está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad y al resto de la gente” El salmo parce una oración del profeta dentro del pozo, así suena la antífona del mismo: “Señor, date prisa en socorrerme” La segunda lectura, de la carta a los Hebreos, nos invita a seguir nuestro camino, como una carrera en el estadio, “corramos, con constancia, en la carrera que nos toca” con los ojos fijos en Cristo Jesús, quien lo ha recorrido modélicamente.  Jesús subraya que, por el hecho de seguir el camino de la fe, no deja de estar exenta de divisiones en una misma familia, porque la fe exige opciones radicales “¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división”

La primera lectura, del profeta Jeremías, es un ejemplo de cómo un profeta puede provocar contradicciones en la sociedad en la que Dios le manda hablar en su nombre. En los años anteriores al destierro a Babilonia fue cuando actuó Jeremías, durante los reinados de Joaquín y Sedecías. Cuando Dios le llamó al ministerio profético, sacándole de la tranquilidad de su vida den un pueblo pequeño cercano a Jerusalén, no contaba todavía con veinte años, siendo de carácter pacífico, tuvo que pronunciar palabras de denuncia sobre la corrupción y la pérdida de la fe en su tiempo, cosa que no gusto mucho a las autoridades, sobre todo militares “está desmoralizando a los soldados que quedan en la ciudad”, por lo que intentaron hace callar su voz. El rey Sedecías, que era débil, “Ahí lo tenéis, en vuestras manos. Nada puedo hacer yo contra vosotros” lo dejó a merced de otras autoridades que le enterraron en un pozo sin agua, lleno de fango. Jeremías hundido en el fango del pozo es un símbolo de lo que fue toda su vida. Pero él valientemente siguió hasta el final proclamando la voluntad de Dios. Tuvo momento en los que estuvo tentado de dimitir como profeta, pero no lo hizo. El salmo parece toda una oración en boca del profeta que confía en el Señor: “Me levantó de la fosa fatal, de la charca fangosa […] Yo soy pobre y desgraciado, pero el Señor se cuida de mí”

La segunda lectura, de la carta a los Hebreos, después de proponer, a el domingo pasado, Abraham y Sara como modelos de fe, este domingo alude a una cantidad ingente de testigos que nos miran “Teniendo una nube tan ingente de testigos”, como en un estadio la multitud contempla la carrera de los atletas. El autor de la carta nos invita a que corramos animados por tantos testigos hacia la meta “corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba”. Los espectadores del estadio son los creyentes de todos los tiempos que han corrido esa carrera y ahora nos animan a nosotros a perseverar y acabar el recorrido. Pero sobre todo nos pide que nos fijemos en el que corre delante de nosotros, Cristo Jesús, que superó todas las dificultes, incluso la muerte en cruz “fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz”

En el evangelio, Jesús nos sorprende con lo que nos dice con imágenes muy expresivas. No he venida a traer paz sino guerra, y a prender fuego “He venido a prender fuego a la tierra” Jesús viene a transformar, cambiar, purificar el mundo, y nos avisa que esto va a dividir a la humanidad: unos le van seguir y otros no. En la primera lectura; Jeremías provocó división, porque pronunció palabras exigentes. Jesús, que había venido a reunir a los hijos de Dios dispersos, se convierte también, como ya anunciara el anciano Simeón a María y José en el Templo, en signo de contradicción. “¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división”

Por supuesto de Jesús quiere la Paz, ha venido a reconciliar al hombre con Dios, a los hombres entre sí y cada hombre consigo mismo. Ha venido a reunir a los hijos dispersos, no a dividir. Pero se ve que hay dos tipos de paz, y de las dos, hay un tipo de paz que él no quiere: la paz perezosa, hecha de compromisos, la paz de los que se instalan cómodamente y no se deciden a seguir caminos exigentes. Cuando habla de fuego, no se trata de un fuego que devasta los bosques, sino del fuego de un amor decidido, de una entrega apasionada como la de Él.

 Si en nuestro seguimiento de Jesús sólo buscamos la paz y consuelo para nuestros males, o la garantía de obtener el favor de Dios, es que no hemos entendido sus intenciones más profundas. El Evangelio, la fe, aparte de ganarnos la antipatía de algunos, nos produce en algunas ocasiones conflictos, incluso en la misma familia, nuestro entorno social más próximo. El Evangelio, la fe, intenta transformar nuestras vidas.

Mantengámonos siempre perseverantes y fieles al Evangelio, a pesar de los conflictos que nos pueda acarrear ser seguidores de Jesús.

Feliz domingo día del Señor y feliz semana.

Solemnidad de la Asunción

15/08/2025

Celebramos la Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, dogma que fue declarado hace ya 75 años por el papa Pío XII en 1950, es una fiesta que nos alegra el verano, siendo la fiesta mayor en muchos pueblos de nuestra geografía. En ella celebramos la glorificación y el triunfo de María, con la certeza de que, al final de su vida no conoció la corrupción del sepulcro, sino que fue asunta inmediatamente al cielo. Es una fiesta que podemos considerar ecuménica, pues la celebran también los anglicanos y los ortodoxos. 

En la primera lectura, del libro del Apocalipsis, observamos símbolos propios de esta advocación mariana: “Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida del sol y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza”. En el Salmo, resalta la figura de una mujer, presente en el triunfo de Dios, aplicado a la Virgen María, cantamos la antífona “De pie a tú derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir”. La segunda lectura, de la Carta a los Corintios, presenta a Jesucristo como primicia de lo que nos espera “Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos”, de lo goza en plenitud la Virgen María, como predecesora. El Evangelio de San Lucas, María, nuestra Madre y hermana en la fe entona el Magníficat: “el poderoso ha hecho obras grandes en mi”.

La fiesta de la Asunción presenta tres momentos de la glorificación o victoria sobre la muerte: primero Jesucristo, luego María, y por último la nuestra. De las tres las dos primeras, la de Cristo y María, ya están consumadas, la nuestra se está consumando y la contemplaremos al final de los tiempos.

En la segunda lectura S. Pablo habla acerca de la victoria del Señor Resucitado, que es el punto culminante del plan salvador de Dios. Él es la primicia “Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos”, el que triunfa plenamente de la muerte y del mal, pasando a la nueva existencia, como un segundo y definitivo Adán que corrige el fallo del primero y conduce a la nueva humanidad a la salvación “Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida”

La glorificación de María, como primera seguidora de Jesús, elevada a la gloria definitiva en cuerpo y alma, ya participa de la victoria de su Hijo. Ella, que se abrió totalmente a Dios, al que alabó con su Magníficat “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava” y que respondió con un sí total a su vocación “hágase en mis según tu palabra”, es ahora glorificada y asociada a la victoria del Hijo. Ella estuvo siempre con Jesús, en su nacimiento, en su vida, al pie de la cruz y en la alegría de la resurrección. Ella se dejó llenar del Espíritu desde la concepción, y luego en su maternidad y en el acontecimiento de Pentecostés “Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mi: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”

La Glorificación de María es también nuestra victoria, porque el triunfo de Cristo y de su Madre se proyecta a la Iglesia y a toda la humanidad “Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza”. En María se condensa nuestro destino. Al igual que su sí fue como representante del nuestro, también el sí de Dios a ella, glorificándola, es un sí a todos nosotros: nos señala el destino que Él nos tiene preparado, que ya está aquí pero que aún no se consumado.

 La Virgen es figura y primicia de la Iglesia, que un día será glorificada: ella es consuelo y esperanza del pueblo, que todavía peregrina en la tierra.

¡Guíanos a todos a amar, adorar y servir a Jesús, fruto bendito de tu vientre, oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Amén.

Feliz día de la Asunción y feliz semana.

XIX Domingo Del Tiempo Ordinario

10/08/2025

Continuamos en este decimonoveno domingo del tiempo ordinario acompañando a Jesús camino de Jerusalén, en que nos enseñará y pondrá en aviso para que estemos en alerta, en vigilancia.

El tema central de las lecturas y el salmo de este domingo nos invitan a una reflexión profunda sobre la vigilancia activa y la esperanza fundamentada en la fe, mientras esperamos la definitiva manifestación de Dios en nuestras vidas y en la historia. La Palabra de Dios nos exhorta a vivir preparados, con las lámparas encendidas, confiando en las promesas divinas que se cumplen a lo largo del tiempo, conscientes de que nuestro futuro está en manos de Dios.

La primera lectura, del libro de la Sabiduría, hace memoria de los antepasados “después de haber cantado las alabanzas de los antepasados”. Nos propone como modelo de personas vigilantes a los judíos en la cena pascual. En la noche de su salida de Egipto comieron de pie y con la cintura ceñida, es decir, preparados para emprender la marcha, y confiados, con fe, “sabiendo con certeza en qué promesas creían” de que Dios iba a actuar en favor de ellos, liberándolos de la esclavitud. Una confianza en Dios que se refleja en el salmo como cantamos en parte de una de sus estrofas “Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo”. Los judíos son fieles a la solidaridad entre ellos; la confianza en Dios y la solidaridad son condiciones para el Éxodo, para el camino, “los fieles compartirían los mismos bienes y peligro”.

La segunda lectura, de la carta a los Hebreos, anima a perseverar en la fe, presenta el ejemplo de Abrahán “Por la fe obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad”, patriarca de todos los creyentes, y a Sara su esposa que concibe un hijo a pesar de su avanzada edad “Por la fe también Sara, siendo estéril, obtuvo vigor para concebir cuando ya le había pasado la edad, porque consideró fiel al que se lo prometía”. La fe no es evidencia, sino que el que cree se fía de Dios, cree en Él, le cree a Él. Abrahán creyó a Dios, salió de su tierra “Salió sin saber adónde iba”, a una edad muy avanzada, vivió como extranjero, habitando en tiendas, “Por fe vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas” estuvo dispuesto sacrificar a su propio hijo Isaac. Como otros personajes del Antiguo Testamento da ejemplo de una fe hecha de esperanza y vigilancia. La fe es camino y búsqueda. El ejemplo de Abrahán y Sara es estimulante para nosotros.

En el evangelio, Jesús sigue enseñando, en esta ocasión nos enseña con varios ejemplos de cómo debe ser de despierta y vigilante nuestra fe. Comienza hablando acerca de las riquezas “Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” y luego sigue con las instrucciones acerca de la vigilancia por medio de tres parábolas con diferentes protagonistas que deben vigilar: los criados, el dueño de la casa y el administrador.

En la primera, que nos recuerda a la parábola de las diez vírgenes: cinco sensatas y cinco necias, en esta ocasión compara la venida del Señor a un amo que se ha ido a una boda y deja sus siervos esperando su llegada. Como no saben a que hora regresará, han de permanecer con la túnica ceñida, que significa estar dispuestos a cumplir una misión, en la primera lectura estaban dispuestos para el camino, para el Éxodo, Jesús en la última cena se ciñe como signo de su vida e instituye la Eucaristía como servicio a la humanidad.  Bienaventurados los siervos que el amo encuentra de esta manera pues “se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo” Ahora es el amo quien sirve, pues así es con Jesús “que no vino a servir, sino a ser servido” 

En la segunda, la del dueño de la casa, recuerda a la parábola del ladrón. Estás parábolas vienen a destacar el carácter repentino e imprevisto de la parusía de Jesús, semejante a la de un robo llevado a cabo con violencia derribando parte del muro de la casa, “Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, velaría y no le dejaría abrir un boquete en casa” si el dueño supiera lo que iba a ocurrir esa noche, vigilaría para impedirlo, pero no lo sabe, por eso hay que estar siempre preparado. “Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre”

La tercera, la del administrador, a consecuencia de la pregunta de Pedro: “Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?” en la que Jesús expone dos modos de comportamiento “¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para que reparta la ración de alimento a sus horas?”, la del siervo o administrador al que el dueño, que se ausenta,  le encarga la adecuada alimentación del resto de los sirvientes, cumpliendo su misión fielmente y que al regresar su señor lo premia, es bienaventurado, pues el amo de la casa aumentará la confianza y fe en él “Bienaventurado aquel criado a quien su señor, al llegar, lo encuentre portándose así”. Así mismo a nosotros se nos encarga el cuidado de la casa y del resto de los sirvientes, nos anima a ser fiel en ausencia del Señor hasta que vuelva. El otro caso es el siervo o administrador infiel, que se hace falsa ilusión de que el amo no vendrá “Mi señor tarda en llegar” y se dedica a la juerga, a maltratar a sus compañeros a sus compañeros a quienes tenía que servir. Pero el día menos pensado llegará el amo, lo pillará y lo castigará “le hará compartir la suerte de los que no son fieles”.

Mantengámonos siempre vigilantes y perseverantes en la fe hasta que el Señor vuelva.

Feliz domingo día del Señor y feliz semana.

XVIII Domingo Del Tiempo Ordinario

03/08/2025

Seguimos tras las huellas del Maestro que continúa camino hacia Jerusalén. Jesús va instruyendo a sus discípulos y, dos mil años después, hace los mismo con nosotros, primero nos llamó a seguir su mismo camino, nos enseñó quien es nuestro prójimo, ya en casa de Marta y María nos aleccionó a estar a la escucha de las enseñanzas y la pasada semana hizo lo propio con respecto a la oración. Este Domingo XVIII del tiempo ordinario nos instruye acerca de las riquezas.  

Un pequeño compendio de las lecturas puede ser este: la primera, del libro del Eclesiastés o Qohelet, enseña que las riquezas no dan sentido a la vida del hombre, es vanidad, vaciedad sin sentido “tienen que dejarle su porción a uno que no ha trabajado”. El salmo es la contrapartida “Señor, tú has sido nuestro refugio”, todo es caduco, pero Dios es eterno “mil años en tu presencia son un ayer que pasó” y el hombre por el contrario es “como hierba que florece y se renueva por la mañana y por la tarde la siegan y se seca” San pablo en la carta a los Colosenses, nos exhorta a buscar los bienes de arriba, no los de la tierra, nos invita a dar muerte a las idolatrías que nos atan e impiden el seguimiento de Jesús “revestirnos de la nueva condición”. Jesús en el Evangelio nos avisa del peligro de las riquezas y la necesidad del desprendimiento para seguirle “guardaos de toda clase de codicia”

De la primera lectura, del libro de Qohelet, es muy conocida la expresión de este gran libro de la sabiduría judía, libro sapiencial “¡Vanidad de vanidades: todo es vanidad!” el esfuerzo no siempre recibe recompensa. Nos preocupamos, nos fatigamos, y a veces no sirve para nada. Qohelet relativiza los diversos afanes que solemos tener, incluido el trabajo “¿qué saca el hombre de todos los trabajos que lo fatigan bajo el sol?” Nos dice que el hombre no saca nada, tan solo penas e insomnios, “De día su tarea es sufrir y penar; de noche, no descansa su mente” nos da una visión viva de la caducidad del ser humano. El salmo nos recuerda que la vida es como la hierba, que por la mañana esta fresca y por la tarde está seca, en el mismo salmo cantamos al Señor pidiéndole que “Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prosperas las obras de nuestras manos”

En la segunda lectura, de la carta a los Colosenses, San Pablo nos muestra los valores importantes, los trascendentes “los bienes de arriba”. Nos presenta una lista de actitudes a evitar, nos invita a vivir unos valores que van más allá de la moral individual, unos valores que tienen incidencia social. Propone un nuevo modo de vivir con propósito de cambio, nos invita a “despojarnos de la vieja condición humana, con sus obras, y revestirnos de la nueva condición”. Se abandona el hombre viejo, se adquiere una nueva condición “y os habéis revestidos de la nueva condición que, mediante el conocimiento, se va renovando a imagen de su Creador, donde no hay griego y judío, circunciso e incircunciso, bárbaro, escita, esclavo, libre, sino Cristo, que lo es todo, y en todos”

En el evangelio, Lucas, como en otras ocasiones, ante la pregunta de uno de sus oyentes aprovecha la ocasión para desarrollar su enseñanza e instrucción. En esta ocasión es a raíz de uno que le pide que le ayude a resolver una cuestión o problema de herencia, algo muy frecuente entre hermanos de antes y de ahora. Jesús se opone porque no tiene autoridad oficial para dar una sentencia, pero si tiene autoridad moral y desde ella interviene, señalando la causa de este conflicto y en consecuencia interviene para resolverlo.   La causa, lo dice bien claro, es la avaricia, pues aparentemente la posesión de bienes parece garantizar un buen porvenir, pero de hecho no aseguran nada, todo lo contrario, hacen que nos olvidemos de Dios, que es realmente el Señor de la vida y el que asegura un futuro feliz.  Jesús nos avisa contra la excesiva ambición y deseo de tener “guardaos de toda clase de codicia”, porque nuestra vida “no depende de nuestros bienes”.

Con la parábola del hombre que se enriquece queda claro, la gran cosecha recogida hace creer al hombre rico que tiene garantizado un futuro feliz, llegando incluso a decirse a sí mismo “Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años, descansa, come, bebe, banquetea alegremente” El hombre se habla convencido, pero engañado, vive a espaldas de Dios y no tiene en cuenta su finitud, de hecho, la misma noche de la gran cosecha le llega la muerte. Los bienes no libran de la muerte, ni de la muerte prematura. El único que puede asegurar la vida es Dios, por eso el mejor uso que se puede hacer de los bienes es ser rico para Dios, compartir los bienes con los pobres, que es el modo de depositar los bienes en el cielo, la única banca segura. Amontonar bienes es un engaño, la verdadera felicidad la da Dios y se consigue compartiendo.

Busquemos la auténtica felicidad, que no está en los bienes de este mundo, sino en seguir a Jesús, ayudando siempre a los hermanos, sobre todo a los más necesitados, buscando siempre la justicia, la solidaridad, la paz y el amor.

Feliz domingo día del Señor y feliz semana.