El próximo sábado 4 de junio, tendrá lugar la Vigilia de Pentecostés, después de misa de tarde.
El Espíritu Santo nos guia en esta oración previa a la Solemnidad de Pentecostés, que revivimos la efusión del Espíritu Santo sobre los Apóstoles, reunidos en oración con la Virgen María en el Cenáculo.
El pasado sábado 28 de mayo, un grupo de la Parroquia acudieron en peregrinación Mariana, a la Virgen de Gracia de Archidona. Se salió temprano, sobre las 9.00 de la mañana, y una vez que se desayunó, se tomó la subida para ir a la Ermita, donde se celebró la misa.
Después del almuerzo se hizo una ruta por Archidona, visitando las Iglesias y el convento de las Mínimas.
Ya por la tarde, se cogió de nuevo el autobús y de vuelta para Alhaurín.
La Ascensión del Señor es uno de los tres días, que según nuestras tradiciones, lucen más que el sol, son aquellas solemnidades celebradas hace años en jueves: Jueves Santo, Corpus Christi y Ascensión. Este año la solemnidad coincide con la peregrinación de nuestra comunidad parroquial a un santuario mariano, en esta ocasión ha sido a la virgen de Gracia de Archidona, en el que hemos celebrado la eucaristía y reflexionado sobre María, estaba allí, presente en los comienzos de la Iglesia.
La síntesis de las lecturas puede quedar de esta manera: la primera lectura nos relata la escena de la Ascensión del Señor “fue llevado al cielo” y del envío a ser sus testigos “El evangelista concede mucha importancia al tema de la misión de los apóstoles “Vosotros sois testigos”” El salmo relacionado con la primera lectura “Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.” La segunda lectura de la carta de S. Pablo a los Efesios, nos ayuda a comprender la fiesta de hoy, se centra sobre el triunfo “está sentado a la derecha de Dios, por encima de todo y de todos” El evangelio, relacionado con la primera lectura, con la Ascensión “Mientras los bendecía, fue llevado hacia el cielo”
La primera lectura, el relato de la escena de la Ascensión, coincide con el final del evangelio de Lucas, autor también de los Hechos. Es el único autor que nos reata esta escena de la Ascensión y por dos veces, en sus dos escritos. Y por tanto hay una serie de elementos que se repiten en los dos textos: Jesús como protagonista que asciende al cielo y la promesa del Padre que enviará al Espíritu Santo, aunque al final del evangelio no lo dice tan explícitamente como en Hechos. La Ascensión supone el fin de las manifestaciones de Jesús tras la resurrección. Es su última manifestación a los apóstoles, y lo hace subiendo al cielo.
Se trata de un comienzo en Jerusalén, corazón del judaísmo que entronca a la nueva comunidad con el pueblo elegido de Dios. El Reino de Dios sigue anunciándose fuera de Jerusalén y Galilea, salta las fronteras y se introduce en las tierras de Samaría donde fructificará el Evangelio y así hasta los confines del mundo “seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta el confín de la tierra.” Jesús les pide que no se alejen de Jerusalén “aguardad que se cumpla la promesa del Padre” con lo que el texto nos introduce desde ya en la preparación de la fiesta de la venida del Espíritu Santo, Pentecostés, solemnidad que celebraremos la próxima semana.
La segunda lectura es muy interesante para comprender la fiesta de la Ascensión del Señor, no habla directamente de la ascensión de Jesús al cielo, pero carga todas las tintas hablando del triunfo “está sentado a la derecha de Dios” palabras que recitamos en el Credo y que predicaron los apóstoles. Es la manifestación visible del triunfo del crucificado: aquel, a quien todos pudieron verle crucificado, ahora, coronado de gloría, está en el cielo, como juez y señor de todo lo creado.
El evangelio nos habla de la glorificación de Jesús, de ser llevado al cielo y de la promesa del Espíritu Santo, “Mirad, voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre […] Y mientras los bendecía, se separó de ellos, y fue llevado hacia el cielo”. El evangelista concede mucha importancia al tema de la misión de los apóstoles “Vosotros sois testigos”
En comparación con Hechos, donde los apóstoles muestran su preocupación política acerca del reino de Israel y a la que Jesús desvía la atención a la venida del Espíritu, que les dará fuerzas para ser sus testigos en todo el mundo y como dice el evangelio “comenzando por Jerusalén” Mientras en Hechos quedan embobados mirando al cielo, en el evangelio quedan con gran alegría y bendiciendo a Dios “se volvieron a Jerusalén con gran alegría, Y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios”. Lucas, tanto en Hechos como en el Evangelio, da mucha importancia al hecho del comienzo desde Jerusalén y de ahí a todos los confines de la tierra, ir al mundo entero. Aún hoy, después de más de dos mil años, Jesús nos sigue enviando a anunciar el Evangelio. La Ascensión o el triunfo de Jesús, no es para quedarse mirando al cielo. Hay que mirar a la tierra, al mundo, en el que los discípulos de Jesús debemos de continuar su misma obra, contando con la fuerza del Espíritu y la compañía constante del Señor.
El próximo martes 31 de mayo, el Sr. Obispo de la Diócesis de Lai en el Chad, viene a Málaga expresamente a visitar en Alhaurín de la Torre para conocer de primera mano la colaboración de las distintas entidades y asociaciones en distintos proyectos que administra su Diócesis.
Hoy, Sexto Domingo de Pascua, con la mente puesta en la reciente visita pastoral de nuestro obispo Jesús el pasado jueves en la cual visitó a algunos enfermos de nuestra comunidad, celebramos hoy la Pascua del Enfermo cuyo lema este año es “Acompañar en el sufrimiento”
Es el domingo previo a las celebraciones de la Ascensión y Pentecostés, en el cual seguimos leyendo el discurso de despedida de Jesús con la promesa que nos enviará al Espíritu Santo que nos lo enseñará todo. En la primera lectura, Pablo, Bernabé y otros se reúnen con los responsables de la Iglesia para consultar un problema serio surgido en la comunidad y acordar una solución, con unanimidad y el concierto del Espíritu Santo “Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros” El salmista cantamos que todos los pueblos alaben al Señor “Oh, dios, que te alaben todos los pueblos, que todos los pueblos te alaben”, que canten de alegría todas las naciones. En la segunda lectura, Juan describe la Nueva Jerusalén que ya no necesita santuario, Dios y Cristo son el único y verdadero templo “Y en ella no vi santuario, pues el Señor, Dios todo poderoso, es su santuario, y también el Cordero” En el Evangelio, Juan, nos dice que somos templo y moradas de Dios “El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”.
El libro de los Hechos comenta un altercado y discusión violenta entre la pareja de misioneros Pablo y Bernabé, y los judaizantes que trataban de imponer a las comunidades procedentes de la gentilidad el modelo judaizante de espiritualidad basada en la circuncisión y los preceptos judios. Para estos, la salvación venia necesariamente por el cumplimiento de la ley, de estar sometido a su yugo, con lo cual la muerte de Cristo había sido en vano.
El amor y la salvación nos vienen de Jesús, pues en él somos amados y resucitados. La salvación viene de la fe en Cristo y no de someterse a unas prácticas legislativas y cultuales.
El conflicto dio como resultado, con unanimidad de la Iglesia y con la asistencia del Espíritu Santo, al llamado decreto apostólico “Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más carga que las indispensables: que os abstengáis de carne sacrificada a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de uniones ilegítimas” Lo esencial, es no cargar con más de lo indispensable, ni centrar la vida en unas leyes o preceptos, sino vivir la novedad de la salvación en Cristo. En la segunda lectura, en el Apocalipsis, se nos da una descripción de la Ciudad Santa de Jerusalén, que tiene el honor de ser ciudad santa desde tiempos inmemoriales: el monte Moria donde Abrahán estuvo apunto de sacrificara Isaac; Salem la ciudad del sacerdote Melquisedec, Sión la ciudad santa del rey David, la morada de Dios entre los hombres; el lugar donde reside, de donde huye y a donde vuelve la gloria de Dios en el profeta Ezequiel. “Y la ciudad no necesita del sol ni de la luna que la alumbre, pues la gloria del Señor la ilumina, y su lámpara es el Cordero” Ahora es presentada la nueva Jerusalén, pero sin santuario, lo que nos indica que la fe se va configurando al margen de los templos, representados por el de Jerusalén. Cristo, el Cordero degollado y puesto en pie, muerto y resucitado, es el único y verdadero Templo. Solo Él une a la humanidad con Dios. Jesús es morada de Dios con los hombres, no templo de piedras, sino presencia real del Padre. Y cada uno de nosotros somos Templo del Espíritu Santo, y así lo debemos reflejar y ser para los demás presencia y lugar de encuentro con Dios.
Esa unión de Dios con la humanidad es de la que nos habla el Evangelio, estamos llamados a vivir con Dios, a morar con Dios y a ser moradas de Dios. Estamos convocados a vivir en Dios y con Dios.
El mensaje cristiano parte de Jesús y vuelve a Jesús, pero necesita ser iluminado y llevado a su plenitud por la acción del Espíritu Santo, dios sabe de nuestra pequeñez y debilidad, por eso nos envía al Paráclito que nos guie hasta la verdad plena, “el Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo”
La misión del cristiano no se reduce a mantener vivo un recuerdo, sino que el Espíritu Santo tiene la capacidad de iluminar, renovar, recrear, actualizar, el mensaje de Jesús, anunciarlo y compartirlo. Jesús mismo, su vida y sus hechos son el máximo y más claro mensaje de Dios y desde Él que lo abarca todo es de donde nace la paz “La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como os la da el mundo”. Ésta es hoy una palabra muy pronunciada, queremos paz y no las violencias ni las guerras. Sólo conseguiremos la paz si nos volvemos hacia Jesús, ya que es Él quien nos la da como fruto de su amor total. Pero no nos la da como el mundo lo hace, pues la paz de Jesús es la solidaridad que se hace fraternidad, la capacidad de mirarnos y de mirar a los otros con ojos nuevos como lo hace el Señor.
Pidamos al Señor, por la intercesión de María, por la paz en el mundo, por los enfermos, que nos abramos al Espíritu y rebrote todos sus dones en nosotros. Feliz domingo y feliz semana.