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Domingo de Ramos 28/03/2021

Con el Domingo de Ramos, transcurridos los cuarenta días de la Cuaresma, alcanzamos, junto a Jesús, la ciudad de Jerusalén, meta del itinerario de su ministerio público y lugar de su manifestación como Hijo de Dios y Mesías. En Jerusalén, en la Pascua, se inicia la aventura cristiana.

Comenzamos las celebraciones de la Semana Santa. Entramos en los días más importantes para la vida de los cristianos.

La liturgia de este domingo, tras cantar el triunfo mesiánico de Jesús, nos invita a seguirle en sus humillaciones, en su entrega, en su Pasión.

Se puede indicar que toda la Cuaresma ha sido un acompañar a Jesús camino de su Pascua. Este camino culmina en Jerusalén. La Palabra de Dios nos invita a llegar con Jesús hasta el final de ese camino, que también es el nuestro. Ello supone entrar en Jerusalén y encontrar allí, y que en la Cuaresma se ha ido haciendo presente cada domingo:

1) el desierto (la tentación),

2) la montaña (la luz),

3) el Templo que será destruido y reconstruido en tres días,

4) el amor de Dios Padre que entrega al Hijo para salvar al mundo y

5) el grano de trigo que si no muere queda infecundo y no da fruto.

El paso del gozo, al grito de “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!¡Hosanna en las alturas!”, del recibimiento al Nazareno, por parte de la ciudad de Jerusalén, al grito “crucifícale”, narrado por las lecturas de este Domingo, perfila con toda su hondura el gran misterio de la Pascua que vamos a celebrar.

El texto de la Pasión de Marcos. Un texto dramático, ya nos lo deja caer la primera lectura del profeta Isaías “no me tapé el rostro ante insultos y salivazos … Y yo no me resistí ni me eché atrás”, y en Filipenses “no hizo alarde de categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos” que invita a que entremos a él, a sentirnos implicados “Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?” y concernidos.Un texto siempre actual. Por ejemplo:

1) llama la atención la cantidad de personajes que aparecen a lo largo del relato; ese elenco tan variado invita a reconocernos en alguno de ellos, en alguna de sus actitudes;

2) los discípulos no aguantan junto a Jesús, ni en la oración del huerto, se duermen, ni en el momento de su prendimiento, huyen

3) Jesús siempre reconcilia, une, crea comunión; incluso, entre los que son enemigos: las autoridades judías y Pilatos se ponen de acuerdo a propósito del destino de Jesús; los que son enemigos se unen gracias a él;

4) Es interesante que Jesús, a lo largo del relato, va hablando cada vez menos; al final solo habla con su Padre; ante el Sumo y Sacerdote y Pilato guarda silencio; no responde a sus preguntas; es como si no reconociera su autoridad en relación a su doctrina o su persona;

5) es un pagano, el centurión, el que hace la confesión de fe Pascual más nítida de entre todos los personajes del relato “Verdaderamente este era Hijo de Dios”;

6) Las mujeres observan dónde colocan el cuerpo de Jesús tras su muerte. Ellas serán las primeras que testifiquen su resurrección.

Proclamemos como en la carta a los filipenses “Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre”

Feliz Domingo de Ramos.

RETIRO SÁBADO 27 MARZO

Este sábado 27 de marzo, a partir de las 10:00h y hasta las 14:00h, tendremos un retiro cuaresmal en nuestra parroquia.

Nos guiará en esta ocasión el Reverendo Presbítero D. Miguel Ángel Criado, párroco de la Iglesia del Salvador de Málaga.

Defendió su tesis doctoral en la Pontificia Universidad Georgiana de Roma, bajo el título «Juan Alfaro teólogo de la fe». En ella reflexiona, sobre que la fe no es una realidad estática ni una posición conquistada para siempre. La fe es una realidad vital y dinámica, que no se reduce a la aceptación de una serie de verdades y doctrinas. La fe es un encuentro con Cristo que ha de cultivarse para que ésta se fortalezca y revierta en la tarea evangelizadora de toda la Iglesia.

«El cristiano se hace, no se nace»

(Tertuliano s.II d.C.)

Hasta completar aforo, y siempre con todas las medidas higiénico sanitarias y de distanciamiento. Sigamos siendo responsables.

SOLEMNIDAD DE LA ANUNCIACIÓN / ENCARNACIÓN 25/03/2021

Celebramos hoy la solemnidad de la Anunciación a María que, indisolublemente, es también la solemnidad de la Encarnación del Verbo de Dios. Es el acontecimiento más importante de la historia de la humanidad. El comienzo de nuestra salvación. Dios ha entrado, ha irrumpido, en la historia humana.

En este día en que la carne del Hijo de Dios comienza a formase en el seno de la Virgen María la Iglesia celebra también la Jornada en favor de la vida, desde sus inicios hasta su final. Resulta paradójico, que, en estos momentos de pandemia, donde la humanidad lucha en favor de la vida, se aprueben leyes que promueven todo lo contrario y precisamente para las situaciones donde la vida está más amenazada, al principio y al final, como la recientemente aprobada ley de la eutanasia.

Esta solemnidad rompe con el carácter penitencial de la Cuaresma, como ya comentamos en la solemnidad de San José. Por aquella comentábamos los elementos en común de ambas solemnidades: anuncio por ángel; la respuesta positiva a los planes de Dios, leemos hoy en el salmo “Aquí estoy para hacer tu voluntad”; las pocas o nulas palabras y los grandes silencios; poner nombre, “y le pondrá por nombre Enmanuel”. De José destacábamos el corazón de padre imagen del corazón del Padre Dios.

Centrándonos en la solemnidad de la Anunciación/Encarnación, recordamos como el 25 de diciembre celebramos el nacimiento de Jesús, y hoy 25 de marzo, nueve meses antes, recordamos que el nacimiento del Señor fue anunciado a la Virgen María, su madre, por medio del arcángel Gabriel, para pedirle su consentimiento, y hacer posible la humanidad del Hijo de Dios en su seno. La Virgen María con su disponibilidad, su colaboración humana: “Hágase en mí, según tu palabra”, hace eficaz la salvación divina.

Dios se hace hombre eternamente, Dios comparte nuestra suerte, es más, en el Hijo, nosotros somos hijos. Dios se hizo hombre para hacer al hombre dios, como dicen los Santos Padres, hacernos humanidad deificada, o lo que es lo mismo, la transformación del Espíritu Santo lleva a cabo en nosotros. Esta transformación nos lleva alcanzar madurez cristiana, priorizando el Reino de Dios y dejando las mundanidades. Jesús ha conducido a la humanidad a su cumbre, a lo máximo, haciéndonos participar de su divinidad.

“En Él, la naturaleza humana asumida, no absorbida, ha sido elevada también en nosotros a dignidad sin igual. El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre…” (Gaudium et spes nº 22)

En contexto de Cuaresma, podemos decir que toda la vida de Cristo es una cuaresma, un camino hacia la Pascua. Esto los recordamos cada día en el Ángelus, en la oración final, decimos: “Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, para que los hemos conocido, por el anuncio del Ángel, la encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y Cruz lleguemos a la Gloria de su Resurrección.” Es decir, que para llegar a la Pascua de Resurrección comenzamos con la Encarnación, pero inevitablemente tendremos que pasar por la Pasión y Cruz.

 La celebración de este Misterio, nos ayuda a prepararnos para la fiesta de la Pascua. En ella se pone de manifiesto todo lo que encierra este abajamiento del Verbo y cómo con su retorno al Padre, la humanidad entera entra con Él en la comunión para la cual Dios nos creó.

Cristo vino para hacer la voluntad del Padre, leemos en la carta a los Hebreos: “He aquí que vengo … para hacer, oh Dios, tu voluntad” Recibido por nosotros en la Encarnación, lo entregó por nosotros en la Cruz. Recibe de nosotros la humanidad y comparte nuestra misma suerte. En la Cruz entrega todo por nosotros.

En el Calvario, somos reformados por el Amor de Dios. “donde abundo el pecado, sobreabundo la gracia” dice San Pablo o bien como escucharemos en el pregón pascual “Oh, feliz culpa, que nos mereció tal Redentor” Dios nos muestra con este hecho que nos quiere con locura, nos amó hasta el extremo, hasta el fin “Nadie tiene más amor, que el que da la vida por sus amigos”

Que María, interceda por nosotros.

Feliz día de la Anunciación/Encarnación.

REFLEXIÓN V DOMINGO DE CUARESMA

Con este quinto se abre la última etapa del itinerario cuaresmal, el próximo es Domingo de Ramos. Seguimos acercándonos al sentido de la Semana Santa, las lecturas de hoy culminan el mensaje de las promesas de Dios para la humanidad, que se consumarán con la pasión, muerte y resurrección del Señor.

Todo comenzó en el desierto, lugar de la prueba y de la tentación. Luego fuimos conducidos al monte de la Transfiguración para vivir una experiencia anticipada de la Pascua. El tercer domingo nos ubicó en el espacio espiritual de Israel sostenido por la Ley y por el Templo. El cuarto domingo centró la atención en la fiesta de la Pascua. Allí nos sitúa también este quinto domingo.

La primera lectura supone el punto final del recorrido por la historia de la salvación durante la Cuaresma. De optimista anuncia una nueva alianza entre Dios y el pueblo, que tendrá lugar de forma fácil, casi milagrosa, sin especial esfuerzo ni para Dios ni para el hombre. Sin embargo, la segunda lectura y el evangelio que proclamamos hoy, ofrecen una imagen muy distinta, está nueva alianza implica un duro sacrificio para Jesús. Un sacrificio que le sumergen en la angustia y le mueve a rezar al Padre.

Estos domingos de cuaresma, las primeras lecturas, nos han ofrecido una serie de momentos capitales de la historia de la salvación: alianza con Noé, sacrificio de Abrahán, Decálogo, deportación a Babilonia y liberación.

Hoy culmina con la promesa de una nueva alianza. Durante el exilio muchos pensaban que Dios había roto las relaciones con su pueblo. Frente a este desánimo el profeta Jeremías repite la fórmula de la alianza del Sinaí “Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo”  pero la ley ahora no será escrita en  tablas de piedra sino en sus corazones, y todos conocerán al Señor. Así lo rezamos en el salmo “Oh, Dios, crea en mí un corazón puro”

Juan en su evangelio enfoca el relato de la Pasión de manera peculiar y distinta a los evangelios sinópticos: Mateo, Marcos y Lucas. Juan no acentúa el sufrimiento de Jesús, sino el señorío y la autoridad que muestra en cada momento. Por eso no cuenta la angustiada oración en el huerto, pero nos sitúa en una experiencia muy parecida en la explanada del templo. 

El evangelio comienza y termina en tono de victoria, muestra el alcance universal de la salvación “atraeré a todos hacia mi” Jesús es consciente de que para triunfar tiene que morir, como grano de trigo. Lo mismo le ocurrirá al que quiera seguirlo y ser honrado por Dios. Pero estas ideas consoladoras no ocultan la realidad de la muerte, de ser “elevado sobre la tierra”, crucificado. Ante esta perspectiva Jesús reconoce que está angustiado “mi alma está agitada” , es cuando llega el deseo de pedir a Dios: “Padre, líbrame de esta hora”, pero se niega a ello, recordando que precisamente ha venido a eso, para morir. En lugar de pedir al Padre que lo salve le pide algo muy distinto: “Padre, glorifica tu nombre”. Lo importante no es conservar la vida, sino la gloria de Dios.

La voz del cielo “Lo he glorificado y volveré a glorificarlo” confirma que ya había glorificado, cuando el Verbo se hizo carne, habitó entre nosotros y contemplamos su gloria. Y volverá a glorificarlo derrotando al mal y atrayendo a todos hacia Jesús.

El relato de los evangelios sinópticos Jesús va al huerto de los olivos la noche que es apresado. Sabe que va a morir, siente profunda angustia y por tres veces reza al Padre pidiéndole, si es posible, que le evite ese trago amargo. La carta a los Hebreos no se detiene en contar lo ocurrido, pero recuerda lo trágico del momento “a gritos y con lágrimas” cosa que no menciona ninguno de los evangelios, y suplicaba “al que podía salvarlo de la muerte”. El final de esta segunda lectura es optimista y esperanzador: Jesús salva eternamente a quienes le obedecen “Y, llevado a la consumación, se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación eterna” 

En ambas lecturas, evangelio de Juan y carta a los Hebreos, es evidente su relación: en Juan, Jesús se siente agitado y en Hebreos se siente angustiado, y en ambas recurre a la oración. En ambas la palabra final no es la muerte sino la victoria de Jesús y la de todos nosotros con Él. Pero entre todas las semejanzas hay una gran diferencia, en el evangelio Jesús no pide al Padre lo salve, y solo quiere la gloria de Dios; mientras, que en la carta pide ser salvado de la muerte. En un primer momento, ante la angustia de la muerte, Jesús, se refugia en la reflexión racional, he venido para morir como el grano de trigo y se niega pedir al Padre que lo salve. En otro momento, cuando la pasión y muerte son ya una certeza, reza con gritos y lágrimas, sudando sangre, “Padre, si es posible, pase de mi este cáliz” reacción muy humana.

A las puertas de la Semana Santa, la experiencia y reacción de Jesús son un ejemplo que nos anima y nos mueva a agradecerle su entrega hasta la muerte. Aunque sigamos quebrando la alianza, Dios sigue perdonando nuestras culpas y no recordando nuestros pecados.

Feliz domingo y feliz semana.